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Insectos

En pequeñas dosis

Investigadores de la Unesp desarrollan cebos menos tóxicos y con acción lenta para el control de las hormigas

No son repulsivas como las cucarachas ni incomodan tanto como los mosquitos o las moscas, pero, al igual que esos insectos, las hormigas urbanas constituyen una plaga. Vectores de hongos y bacterias, ésta pueden contaminar alimentos en casas y restaurantes, y propagar enfermedades en los hospitales. Por eso deben ser rápidamente controladas. La buena noticia para ese combate, llevado adelante principalmente por las amas de casa y empresas de desinfección, viene con un dúo de biólogos del Centro de Estudios de Insectos Sociales de la Universidad Estadual Paulista (Ceis-Unesp), de la ciudad de Río Claro, que logró desarrollar un sistema eficaz para el control de las hormigas a partir de los conocimientos adquiridos durante más de dos décadas de investigación básica. Es un insecticida, un veneno en forma de cebo, producto que el insecto lleva al interior de su nido como si fuese alimento. Una vez dentro, a causa del complejo sistema de intercambio alimentario de las hormigas – unas suministran comida a las otras con alimentos regurgitados –, el veneno alcanza a una gran cantidad de individuos, aniquilando el hormiguero.

El desafío de los científicos fue producir un cebo tóxico que imitase a la perfección el alimento de las hormigas, porque son animales muy sensibles y no se dejan “engañar” fácilmente. “Por medio de un aprendizaje adquirido a lo largo del proceso evolutivo, las hormigas se han tornado muy especializadas en lo referido a su alimentación y saben evitar aquello que no les hace bien a ellas y a su colonia”, explica el biólogo Odair Correa Bueno, uno de los autores del trabajo. Por eso, el elemento atractivo del cebo, uno de sus principales constituyentes, tenía que tener los propios componentes del alimento del insecto. “Uno de los aspectos más importantes del estudio fue identificar qué atractivos, cuales son los tentadores del cebo, serian los más indicados para la composición del insecticida”, dice el biólogo Osmar Malaspina, el otro integrante de la dupla.

Los investigadores concluyeron que, para controlar a las ocho principales especies de hormigas urbanas existentes, responsables por más del 85% de las infecciones en el mundo, tendrían que desarrollar diferentes cebos. La más diseminada en Brasil es la hormiga fantasma (Tapinoma melanocephalum), que se siente atraída por sustancias azucaradas. Minúscula, ella mide de 1 a 1,2 milímetros y obtuvo ese nombre debido a su cabeza negra y parte del abdomen blanco y translúcido a contraluz. Otras especies, como la lavapiés (Solenopsis saevissima) – que pica principalmente en los pies cuando se pisa un hormiguero, causando un ardor intenso, solo calmado cuando es lavado con agua –, prefieren alimentos grasosos. “Notamos que una única fórmula no sería eficiente porque las distintas especies tienen hábitos alimentarios y comportamiento distintos. Así, desarrollamos cinco formulaciones con dos principios activos: uno para cebos azucarados y otro para los aceitosos”, afirma Odair Bueno.

El principio activo para los cebos dulces fue el ácido bórico y para los grasosos, la sulfluoramida. Las dos sustancias ya se utilizan en cebos vendidos en el mercado, pero los insecticidas creados en los laboratorios del Ceis tienen una diferencia: los principios activos se encuentran en una concentración mucho más baja, de cinco a diez veces menor que la que se encuentra en los cebos comerciales. Esa formulación hace a los cebos menos tóxicos y que tengan acción más lenta. “La baja concentración es ventajosa porque reduce sustancialmente el riesgo de accidentes domésticos, como la ingestión accidental por niños o animales, y la contaminación ambiental. El hecho de ser menos tóxica no hace al cebo menos efectivo que los hormiguicidas comunes”, dice Malaspina. Los investigadores apuntan además otra ventaja en los productos desarrollados por ellos. “Cebos con alta concentración de insecticidas o con principios activos inadecuados matan a la hormiga durante su transporte para la colonia, porque el insecto carga el producto en la boca o su lengua, una especie de primer estómago existente en estos animales”, explica Bueno. No es ese el objetivo. “Queremos que las hormigas responsables de la recolección de alimentos, las obreras forrajeras, lleven el cebo hacia el interior del hormiguero y la distribuyan a los demás individuos del nido, como las larvas, los jóvenes y las reinas.”

Quiebra del metabolismo
“El efecto lento de los cebos hace que las hormigas sean envenenadas en dosis pequeñas o mínimas, sin percibirlo. Caso contrario, ellas pararían de llevar el ‘alimento’ a la colonia y la eficiencia del producto seria nula.” Por contar con principios activos distintos, los cebos de la Unesp poseen mecanismos de acción diversos. No caso de los azucarados, el ácido bórico alcanza el tubo digestivo de la hormiga, provocando la degeneración de su estómago y llevando al animal a la muerte. En los cebos grasosos, la sulfluramida se absorbe junto con el aceite usado en su composición por una glándula localizada en la cabeza del insecto. Eso provoca la muerte del animal, al inhibir la producción de energía en las mitocondrias, que son las estructuras de las células responsables por esa función en el organismo de la hormiga.

Un tercer tipo de cebo, diferente de todos los que existen hoy, está siendo estudiado por el grupo. Su composición sustituirá a los insecticidas actuales. “Pensamos usar ciertas hormonas producidas por los propios insectos que tengan potencial para inhibir el desarrollo de las larvas o interferir en la postura de las reinas. Esos son los cebos ideales. Ya conseguimos desarrollar con éxito el esbozo teórico y experimental. Para iniciar la investigación aplicada, dependemos de la colaboración de los grandes fabricantes de insecticidas”, dice Malaspina, que explica por que la dupla decidió desarrollar nuevos tipos de cebos: “Los métodos convencionales para control de insectos, que utilizan polvo o líquidos pulverizados, no funcionan bien en hormigas porque matan sólo a los individuos visibles, que tuvieron contacto con el veneno. La población restante de la colonia sale ilesa. Cuando perciben que algunos de sus miembros están muriendo, ocurre una dispersión desordenada que acaba, muchas veces, en un reagrupamiento en forma de otros varios nidos”.

Consorcio de empresas
La investigación para el desarrollo de nuevos cebos contó con el apoyo de la FAPESP, que financió los estudios por medio del programa Sociedad para la Innovación Tecnológica (Pite). A fin de colocar los cebos en el mercado, los biólogos buscaron colaboradores en la iniciativa privada. “Nuestra idea inicial era derivar la producción. Durante un año y medio, buscamos un socio, pero no tuvimos éxito. Queríamos encontrar una empresa a la que pudiésemos revelar los conocimientos adquiridos en mas de 20 años de estudio”, cuenta Bueno. La solución, fue montar una empresa propia para la fabricación del producto, Tapinoma, que nació en la Incubadora Tecnológica de la Unesp de Río Claro (Incunesp). Ella sería la responsable de la producción de los cebos formulados con ácido bórico. Los productos a base de sulfluramida serán hechos por Dinagro, una fábrica de insecticidas de Ribeirão Preto (SP) especializada en la síntesis de esa sustancia. La comercialización estará a cargo de la paulista Vitex Agricultura y Ganadería, una distribuidora de productos para control de plagas urbanas que es la empresa asociada al proyecto.

Con todo, el consorcio de empresas fabricará seis productos que deben ser colocados en el mercado a partir de marzo de este año. Sólo aguardan el registro final de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), previsto para fines de febrero. La línea Formitap será vendida en cuatro formulaciones: AB, de ácido bórico, en la formulación pasta; AB-MAX, en gel, para las hormigas que se alojan dentro de las casas, empresas y hospitales; y S, de sulfluramida, en forma de polvo, para hormigas de jardín; y S-PLUS, micro granulada, también para hormigas de jardín. Las indicaciones de cada producto constan en el embalaje y en las instrucciones de cada uno.

Nidos monitoreados
El hormiguicida Simisfor AB-MAX, en la formulación gel, será ofrecido en pomos de, no menos de 30 gramos y será dirigido a las firmas especializadas en control de plagas. El sexto producto, un líquido viscoso atóxico cuyo nombre comercial es Monitap, deberá ser empleado junto con el Simisfor por las desinsectadoras para monitorear si hubo reducción del número de hormigas en el área infectada. En un hospital, por ejemplo, el Monitap puede ser colocado en una cuna infantil u otro lugar cualquiera para atraer y localizar los nidos de hormigas. La ventaja de su aplicación es que, como no son tóxicos, no hay riesgo de contaminación en ambientes sensibles.

Confiados en el éxito del negocio, los investigadores estiman que el mercado nacional de hormiguicidas en el área urbana mueva alrededor de 4 millones de dólares por año. “Lamentablemente, más de la mitad del comercio está dominado por firmas clandestinas, que venden productos ilegales sin rótulos ni nombres del principio activo y sin registro en la Anvisa”, dice Bueno. Además de eso, parte de los cebos vendidos en el país son fabricados a partir de la adaptación de productos extranjeros, sin tener en cuenta las características biológicas y la diversidad de especies que existen en Brasil. En su primer año de actividades, la Tapinoma tendrá una capacidad de producción de mil unidades por día del cebo en gel, el más buscado en el mercado, que deberá costar cerca de 6 reales el tubo de 10 gramos, alrededor del mismo precio, que los productos ya existentes. Conforme a lo previsto en el programa Pite, Unesp y Vitex se quedarán, cada una, con el 49% de los rendimientos líquidos de las ventas y la FAPESP con los 2% restantes.

Además de la producción y comercialización de los hormiguicidas, el proyecto prevé una etapa de certificación de las empresas especializadas en plagas que trabajarán con los productos. “En lugar de una sola aplicación, como ocurre con la mayoría de los productos comerciales, nuestros cebos requieren al rededor de ocho aplicaciones, en un período de dos a tres meses, así como constante monitoreo. Así, cuanto mayor fuera el conocimiento de la metodología por parte de las empresas de desinfección, mayores las posibilidades de éxito en el control de los hormigueros”, destaca el profesor Bueno.

Diferencias urbanas

Los conocimientos de la biología y del comportamiento de las diferentes clases de hormigas invasoras de ambientes urbanos resultaron esenciales para que los investigadores Odair Correa Bueno y Omar Malaspina consiguiesen crear el nuevo sistema de control de hormigas. “Cuando comenzamos con el proyecto Pite, en 2002, toda la investigación básica ya se hallaba lista”, dice Bueno. “Esos estudios fueron importantes porque las hormigas urbanas poseen particularidades que las tornan diferentes de las demás especies, como la existencia de más de una reina en el mismo nido”. La reina es el individuo responsable de poner los huevos en la colonia.

Otra peculiaridad está asociada con la forma de reproducción. La mayoría de las hormigas se aparea en pleno vuelo, en el denominado “vuelo nupcial”, al tiempo que el apareamiento entre las especies urbanas sucede en el interior del mismo nido, muy probablemente como estrategia defensiva para evitar exponerse ante los depredadores. Esas hormigas tampoco precisan construir sus nidos. Ellas usan revestimientos de madera, tuberías de electricidad y espacios huecos detrás de azulejos para formar sus colonias.

Por el contrario que la mayoría de las especies, las urbanas conforman poblaciones monocoloniales. La característica multicolonial hace que hormigas de la misma especie pero de nidos diferentes, disputen el territorio entre sí. Las urbanas perdieron esa defensa colonial y circulan libremente entre varios nidos, que, en promedio, albergan entre 2 mil y 4 mil individuos, sin contar las formas inmaduras (larvas y jóvenes). “Muchas veces, los nidos se comunican entre sí, haciendo a las colonias sumamente populosas”, dice Bueno. “Existen publicaciones científicas acerca de la existencia de una megacolonia en Europa, abarcando España, Portugal, Francia e Italia, que se extendía por más de 6 mil kilómetros sobre las costas del océano Atlántico y del mar Mediterráneo”.

El Proyecto
Desarrollo de un sistema para el control de las colonias de hormigas en ambientes urbanos (nº 02/02967-1); Modalidad Programa Sociedad para la Innovación Tecnológica (Pite); Coordinador Odair Correa Bueno – Unesp; Inversión R$ 114.800,00 (FAPESP) y R$ 84.600,00 (Vitex)

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