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Antropología

Niño, yo soy es hombre, y cómo lo soy

Nuevas cuestiones colocan en jaque la masculinidad contemporánea

Según la definición eminentemente científica de Luis Fernando Verissimo, el hombre que es hombre (el llamado HQEH) solamente ve fútbol en la televisión. Tomándose una cerveza. ¡Y nada de cebollitas en conserva! HQEH eructa y no pide disculpas. HQEH no deja a la mujer enseñar las nalgas, ni en el Carnaval. HQEH no muestra sus nalgas a nadie. Solamente en el vestuario, con otros hombres, y aun así, si mira por más de 30 segundos da problemas. Existe un HQEH dentro de cada brasileño, sepultado bajo capas de civilización, de falsa sofisticación, de propaganda femenina y de acomodación. Si es fácil definir la masculinidad en el humor, el HQEH es un “animal” de difícil aprensión por la ciencia. “¿Al final, qué es ser hombre? Esa es una pregunta de difícil respuesta. Se sabe aún menos sobre la relación de los hombres con la reproducción, su óptica particular sobre la contracepción y los significados que atribuyen a la esfera reproductiva. El hecho es que los hombres han constado en las investigaciones de forma secundaria, aunque participen en la concepción de los niños”, observa la antropóloga y doctora en demografía Sandra García, investigadora del Centro Brasileño de Análisis y Planificación (Cebrap), autora del estudio recién lanzado Hombres en la intimidad: masculinidades contemporáneas (Holos Editora/FAPESP), basado en su tesis de doctorado, apoyada por la FAPESP.

Dispuesta a incluir el HQEH en las investigaciones sobre demografía, Sandra fue al campo y entrevistó hombres entre 25 y 55 años, pertenecientes a las clases medias, para reflexionar sobre la identidad masculina y los cambios en las relaciones de género. El resultado fue un mixto de estereotipos del HQEH con el llamado “nuevo hombre”. Ser hombre, según eles, engloba: ser heterosexual; dar gran importancia al trabajo y al papel de proveedor en la identidad masculina; permanencia de la división sexual del trabajo doméstico para los de la generación de 1960; mantener la dupla moral sexual (‘¡hombre puede, mujer no!’). Al mismo tiempo, hay nuevos conceptos en escena: mayor expresión de la subjetividad, con posibilidad de demostrar sus sentimientos para hombres y mujeres; nueva visión de las dimensiones de lo masculino y de lo femenino; reconocimiento de la sexualidad y del placer femeninos; nuevo abordaje de las funciones paternas; y, para los de la generación de 1970 y 80 en lo adelante, una nueva postura sobre la división sexual del trabajo, aunque con límites colocados por la herencia social y el mercado. “La identidad de género no es más vista como fija, aunque su movilidad no necesariamente indique que la adquisición de nuevos desbanque a los antiguos. Al contrario, las ambigüedades surgen justamente porque conviven juntas en una misma subjetividad e, inmediatamente causan conflictos que esos sujetos intentan superar en sus reflexiones y prácticas”, analiza la investigadora.

Un poeta decía que “el niño es el padre del hombre”, pondera, con razón, Machado de Assis. “Para la mayoría de los informantes, a excepción de algunos de la generación de 1980, el modelo de conyugalidad a que estuvieron expuestos fue rígidamente marcado por los lugares específicos de hombres y mujeres: la mujer ama de casa y que cuida a la familia y las relaciones entre sus miembros y el hombre proveedor, ausente de la convivencia íntima con los hijos”, nota Sandra. Eso confirma el estudio Hombres, esos desconocidos (también financiado por la FAPESP), coordinado por Maria Coleta de Oliveira, del Núcleo de Estudios de la Población (Nepo), de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). “Los hombres se resienten de la relación con los propios padres, clasificados como ausentes y autoritarios, y ven la paternidad como un fardo excesivo, a medida que exigen ser padres mejores que aquellos que tuvieron”, describe la investigación. Pero hay novedades. “Muchas declaraciones hablan de las dificultades de ser padre en un mundo en el que el trabajo tiene una gran dimensión en sus vidas. Mientras tanto, la mayoría afirmó que ejerce la paternidad de forma más participativa desde los primeros cuidados. La redefinición del modelo tradicional de padre generó un proceso de reflexión sobre su lugar en la familia como padre”, analiza la investigadora. “Se verificó que los hombres de la generación de 1960 se adecuaran al modelo antiguo, ausentes de los primeros cuidados con los hijos. Los de las generaciones posteriores fueron conducidos por el ‘proyecto igualitario’ entre los sexos, colocándose como presencia constante de la gestación a los primeros días de los bebés.”

Aún así, continúa Sandra, si los hombres están ocupando un espacio mayor de intimidades con los hijos, las prácticas cotidianas y los cuidados afectan mucho más la vida de las mujeres. La matriz del género, por lo tanto, dice la autora, es actualizada pero no radicalmente transformada. “La paternidad está en el horizonte de esos hombres, pero no es la realización de un objetivo que se deba cumplir necesariamente. La construcción de una familia, el ejercicio de la responsabilidad y el sentido social de continuidad fueron traídos por los informantes como elementos comunes de ser padre.” Para Sandra, los cambios observados ante de la paternidad están en el mismo ámbito de las transformaciones que lanzaron a la mujer en el mercado de trabajo y exigieron una nueva configuración de los papeles de hombres y mujeres en las familias. “Yo creo difícil ser hombre, corresponder a las expectativas de las mujeres, ser proveedor, siempre fuerte, no dejar que los sentimientos comprometan su desempeño profesional. El tipo tiene que ser un gran mujeriego; si la secretaria es bonita, tiene que sentirse atraído por ella. Tienen todas esas exigencias”, se desahoga uno de los entrevistados. Lo mismo ocurre en el mercado de trabajo. Según la investigación, los hombres aún consideran el trabajo como forma de afirmación de la masculinidad, pero demandan que las compañeras contribuyan al presupuesto doméstico, reclamando cuando ellas, estando desempleadas, “sólo buscan trabajo de media jornada”. “El hombre compite en todo con la mujer, desde la cama, para ver quien tiene más placer, hasta en la casa, quien contribuye más, quien hace más por la casa, quien tiene más éxito profesional”, reclama otro informante.

“No hay posiciones confortables o duraderas, pero cambios, incomodidades y tensiones”, explica Sandra. “Los hombres se ven como polifacéticos, en un momento atendiendo las demandas externas de una sociedad competitiva, y en otra construyendo las relaciones más igualitarias, basadas en la división del poder entre los sexos, no siempre de igual forma, peor buscando un camino propio intentando deshacerse de las creencias y de los valores heredados.” Por encima de todo, continúa la autora, los hombres se quejan de tener que confirmar su masculinidad para otros hombres y mujeres. “Como la sexualidad es una pieza clave de la identidad masculina, tenemos la importancia del cumplimiento de las reglas de como proceder como hombre, fuera de toda sospecha, en oposición a la figura del ‘marica’, la amenaza social bastante presente en lo imaginario masculino.” La Homosexualidad e impotencia serían, entonces, las grandes amenazas al modelo predominante de masculinidad. ¿Hay razones históricas para todos esos comportamientos? El concepto de masculinidad es algo reciente, pues hasta el siglo XVIII no había o modelo diferencial de hoy. “El monismo sexual dominó el pensamiento anatómico por dos milenios, en que la mujer era vista como un hombre invertido: el útero era el escroto, los ovarios eran los testículos etc. El modelo de perfección era la anatomía masculina y la mujer, por la regla fálica, era ‘menos desarrollada’ en la escala metafísica”, nota el historiador Thomas Laqueur en su Inventando el sexo. Cuando el siglo XIX puso fin al monismo, lo sustituyó por el “sexo político-ideológico que justifica diferencias morales y de comportamiento entre hombres y mujeres. De hombre invertido, a mujer pasa a ser el inverso del hombre”. El HQEH no sabía lo que hiciera.

“La imagen de ‘hombre invertido’ se va a pegar al mismo hombre, que ahora pasaría por la irremediable oportunidad de ser un ‘invertido sexual’. Nace el culto a la masculinidad.” Prerrogativa y fardo. “Bajo la amenaza de una femenilidad inherente, consecuencia del miedo de que se convirtieran homosexuales, poniendo su sexo a prueba, los hombres tuvieron que cultivar su masculinidad y su virilidad. “La preocupación con una posible feminización con que los hombres construyesen para si una serie de papeles y trazos de su condición masculina. La sociedad machista burguesa y capitalista construía a su nueva imagen de hombre, y como consecuencia vinieron las duras pruebas por las cuales el hombre debería pasar, como las luchas, parte de los ‘componentes del comportamiento masculino'”, anota Laqueur. La masculinidad se convierte en estereotipo. “El ideal masculino era un bastión erigido contra la decadencia; representaba un ideal de virilidad casta que entró fuertemente en la conciencia burguesa. Fue la roca sobre la cual esa sociedad (y, tal vez, aún la nuestra) construyó buena parte de su auto-imagen.” Todo tiene su precio: si en el siglo XVIII un hombre podía llorar en público y tener vértigos, al final del siglo XIX eso no era factible, pues comprometía su dignidad masculina. Pero todo lo que se construye puede ser destruido y rehecho.

“Pero romper con los valores predominantes de género no es una tarea fácil. Es importante que modelos fijos de hombres y mujeres sean rechazados, para trabajar la noción de reproducción como una construcción social de género. Otro punto fundamental es que, por la investigación, se verificó que los hombres están lidiando con las angustias de los cambios más en el nivel individual que en el colectivo. Eso es poco. Es necesario estimular la discusión social, dándole mayor intensidad”, avisa la investigadora. HQEH puede que hasta no le guste el canapé o cualquier cosa que lleve más de 30 segundos para masticar y tragar, pero HQEH merece, sí, un espacio de discusión. De preferencia, después del juego que está pasando en la TV.

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