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Carta de la editora | 141

El desconocimiento de ellos y el nuestro

Cuando hablamos de determinadas fantasías de algunos extranjeros sobre Brasil, capaces de involucrar incluso a monos paseando libremente en las mayores metrópolis del país, en general lo hacemos indignados o al menos francamente disgustados con el desconocimiento general sobre nosotros. Además, y no hace mucho tiempo, un puñado de esas fantasías fue a parar a un episodio de la premiadísima serie televisiva estadounidense Los Simpsons, un repositorio de fino humor, y produjo por acá una estrepitosa polémica con respecto al carácter irrespetuoso o no de su contenido relativo a esta nación. En resumen, en el episodio Blame it on Lisa, de 2002, la familia Simpson viajaba a Río en busca de Ronaldo, un huérfano que pretendía adoptar y que había desaparecido misteriosamente. Ya estando en Río, los Simpsons, excelente creación de Matt Groening, eran atacados por monos en Copacabana y, en el Pan de Azúcar, una boa se tragaba a Bart Simpson, entre otras interminables peripecias del género. Se discutió mucho en la oportunidad si esas aventuras reforzaban viejos prejuicios contra el país o si, en lugar de ello, estando en una pieza humorística, no terminaban por ironizar arraigados estereotipos internacionales sobre Brasil.

El recuerdo de esto viene a colación del artículo estampado en la portada de esta edición, a partir de la página 34, que motiva incluso el encarte en el final de la revista de un mapa hasta aquí inédito, un regalo del Programa Biota-FAPESP para nuestros lectores, en sociedad con la Secretaría de Medio Ambiente de la Gobernación de São Paulo. El reportaje, elaborado por el editor especial Carlos Fioravanti, tiene como punto de partida un conjunto de 11 mapas tres generales y ocho temáticos que definen directrices para la preservación de la vegetación nativa, la restauración de las áreas degradadas y la investigación ambiental en São Paulo. Y es interesante acotar que, en ella, la primera frase de Fioravanti es: Prepárese para algunas sorpresas. Luego él cuenta que a menos de 300 kilómetros de la capital paulista aún viven jaguares manchados y pardos, los bellos pumas, ciervos del pantanal y jabirúes, en medio de novateiros y palmeras buritíes. Como si esto fuera poco, en otra región a distancia no muy diferente, crece una selva de pitangueros, yabuticaberos, guayaberos de fresas y un montón de árboles frutales que aseguran una alimentación abundante a monos y pájaros. Ahora bien, ¿que brasileño, o que paulista ve eso cuándo se le pasan por la cabeza imágenes de São Paulo? A lo mejor de vez en cuando valga la pena reflexionar sobre nuestro infinito desconocimiento sobre nosotros mismos antes de embarcar sólo en la indignación contra el desconocimiento que otros, en sus fantasías, revelan sobre nosotros.

Ya que hablamos hace poco de monos, aprovecho para recomendar el artículo de Maria Guimarães, editora asistente de ciencia, sobre la diversificación por tamaño y la gran variedad de estos primates en  Latinoamérica, favorecidos por la selección natural, a partir de la página 46.

En tecnología, tenemos un artículo elaborado por el editor Marcos de Oliveira que disputó seriamente la portada de la revista. Oliveira aborda, a partir de la página 66, el tema de los cinco robots acuáticos que se encuentran en desarrollo en el país para explorar por control remoto el fondo del mar, ríos, lagos y represas, en regiones tan distantes entre sí como la Amazonia y la Antártida. Con un toque de humor, Marcos comenta que ellos no hablan y están lejos de la imagen humana con un tronco, dos brazos y dos piernas, pero sirven para ir allá donde el hombre nunca estuvo o tiene mucha dificultad en llegar.

Para finalizar, quiero destacar el artículo de Gonzalo Junior, con hermosas fotos de Miguel Boyayan, sobre la dimensión de la lucha de comunidades descendientes de esclavos por la propiedad de la tierra en todo Brasil, aún apenas si percibida por la sociedad brasileña. La antropología nacional tiene algo que decir sobre esto y, a decir  verdad, no se ha escamoteado de hacerlo. Acoto que ese reportaje no está aquí por coincidencia, sino que deliberadamente aprovecha la oportunidad del Día de la Conciencia Negra, celebrado el 20 de noviembre, un flamante feriado del calendario del estado de São Paulo, para ayudar a reducir un poquito nuestro gran desconocimiento sobre los habitantes de estas comunidades y algunas fases ocultas de la sociedad brasileña.

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