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Luiz Hildebrando P. da Silva

Luiz Hildebrando Pereira da Silva: A orillas del río Madeira

Eduardo CesarLuiz Hildebrando Pereira da Silva dejó Brasil en 1964. En la época, era libre docente de parasitología en la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo y organizaba el laboratorio de genética de microorganismos. Fue detenido y cesanteado por el Acto Institucional nº 1 en octubre de 1964. Buscó exilio en Francia, se integró a los cuadros de investigadores del Instituto Pasteur e intentó regresar a Brasil, más exactamente a la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto, en 1968. Un año después fue nuevamente dejado cesante, esta vez por el Acto Institucional nº 5.

Regresó a Francia y reasumió su puesto en el Instituto Pasteur. Fue director del Departamento de Biología Molecular, y en 1979, asumió la dirección de la Unidad de Parasitología Experimental del instituto, por invitación del director del Pasteur, el premio Nobel Jacques Monod, con el objetivo de desarrollar investigaciones sobre biología molecular de parásitos de la malaria en Cayena, en la Guyana Francesa, Madagascar y Senegal, en África. En 1990, aún en París, en colaboración con Erney Camargo, del Departamento de Parasitología de la USP, organizó un equipo de investigaciones sobre malaria en Rondônia. Se jubiló en el Instituto Pasteur, en 1997, y decidió regresar a Brasil. “Me gusta hacer lo que sé hacer”, justifica.

Se instaló en Porto Velho, Rondônia, un estado que, como él explica, no rechaza la presencia de forasteros. Montó el Centro de Medicina Tropical (Cepem), en la Secretaría de Salud de Rondônia, y creó el Instituto de Investigaciones en Patologías Tropicales (Ipepatro), con un grupo de médicos y biólogos del estado. Ambas instituciones cuentan hoy en día con un centenar de profesionales entre médicos, investigadores, técnicos y estudiantes de posgrado dedicados a la investigación de importantes en la Amazonia – malaria, enfermedades virales como hepatitis y arbovirosis. Él prefiere aún guardar secreto, pero insinúa que su equipo se apresta a registrar la patente de un quimioterapéutico basado en drogas desarrolladas a partir de la biodiversidad. A los 80 años, al mismo tiempo en que organiza un plan de acción en salud para la región donde se construirán las centrales hidroeléctricas del río Madeira, comienza a hacer planes de jubilarse, esta vez de verdad, e instalarse con la familia en una casita “allá en el Midi de la France”.

¿Hace cuánto tiempo está usted en Porto Velho?
Estamos en Porto Velho hace diez años, desde 1997. Concentramos de entrada nuestra actividad en la malaria pero, poco a poco, extendimos eso para ciertas enfermedades virales como las hepatitis virales y las arborvirosis, causadas por virus transmitidos por insectos y arácnidos. Más recientemente, iniciamos investigaciones sobre problemas relacionados con la quimioterapia de enfermedades olvidadas como la malaria, leishmaniasis y la tuberculosis. Estamos también procurando identificar factores inmunológicos para desarrollar seroterapias de enfermedades virales y de ciertas enfermedades emergentes.

¿Cuál es hoy el tamaño del equipo?
Somos un centenar de personas. Comenzamos con un grupo de diez. En 2001, con la Universidad Federal de Rondonia, instalamos un programa de Posgrado que se inició con la maestría y después incorporó el doctorado. Con eso, tenemos una población de estudiantes en formación. Al mismo tiempo, estrechamos las relaciones con los servicios de salud federal, estadual y municipal y hemos integrado a personas vinculadas a la salud pública local.

¿Quién financia el centro?
Contamos recursos públicos y privados. El Ministerio de Ciencia y Tecnología, por medio del CNPq [Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico] y de la Finep [Financiadora de Estudios y Proyectos], nos ha suministrado recursos importantes. La Secretaría de Vigilancia en Salud y el Departamento de Ciencia y Tecnología del Ministerio de Salud también. Conseguimos recursos internacionales de la Organización Panamericana de la Salud, de la Organización Mundial de la Salud e incluso del Instituto Pasteur de Francia, además de contribuciones de empresas tales como Furnas. Prestamos servicio de calidad en el área de diagnóstico, lo que nos da un retorno a partir del sistema SUS [Sistema Único de Salud].Tenemos esperanza de que, con el desarrollo de las actividades en quimioterapia, tendremos pronto algunas patentes que se convertirán en más recursos.

¿Estas patentes están relacionadas con nuevos tratamientos?
Estamos investigando en quimioterapia y seroterapia con drogas desarrolladas a partir de productos vegetales extraídos de la biodiversidad brasileña. Trabajamos en asociación con el grupo de química de productos naturales de la Universidad Federal de Rondônia, que ya obtuvo algunos compuestos químicos activos a partir de productos naturales. En el caso de la seroterapia, usamos una tecnología creada en Bélgica hace alrededor de diez años, que utiliza anticuerpos de camélidos. En Brasil trabajamos con anticuerpos de alpacas. Mejoramos la tecnología de purificación del producto y la definición de objetivos metabólicos estratégicos de los parásitos que queremos combatir. Actualmente la ingeniería genética permite que se preparen y se purifiquen moléculas de las vías metabólicas de la bacteria de la tuberculosis o de los parásitos de la malaria y de la leishmaniasis. Con el auxilio de equipamientos especiales, exponemos esas moléculas a determinados extractos y fracciones purificadas de extractos obtenidos a partir de productos naturales con el fin de identificar aquellos que se adhieren a ellas. A partir de ahí pretendemos purificar esos productos, identificar sus componentes esenciales y, posteriormente, realizar análisis bioquímicos para ver si son capaces de bloquear la actividad biológica de los parásitos. Buscamos detectar objetivos metabólicos precisos. Eso sólo es posible porque el parásito de la malaria está clonado y secuenciado y ya se conoce el genoma del mosquito que la transmite. Con la tuberculosis es lo mismo. La literatura científica internacional permite identificar esas moléculas, prepararlas por medio de la ingeniería genética y buscar productos naturales que sean activos contra ellas.

¿Y qué viene haciéndose con respecto a la seroterapia?
En el caso de la seroterapia, nuestro objetivo son las enfermedades graves en la región amazónica que permanecen sin tratamiento eficaz, como la fiebre amarilla, la rabia y el tétanos. Es posible producir anticuerpos de camélidos, más específicos que los de roedores, para reconocer estructuras moleculares de los agentes causadores de esas enfermedades. El anticuerpo monoclonal del roedor tiene una estructura molecular compleja, mientras que el anticuerpo monoclonal del camélido tiene una estructura muy simple, que, si es manipulada por la ingeniería genética, puede interactuar con virus u objetivos moleculares considerados estratégicos para la inactivación vírica. Inyectamos el virus inactivado en alpacas. Luego aislamos células del sistema inmunológico, llamadas linfocitos, que son productoras de anticuerpos específicos y unimoleculares. Las alpacas producen tres tipos de anticuerpos. Solamente uno de ellos está formado por una única molécula, a diferencia de los anticuerpos de los otros mamíferos, que son formados por dos pares de moléculas asociadas. De esos anticuerpos unimoleculares, aislamos la parte variable, que reconoce el antígeno, y la reproducimos utilizando bacterias u otros vectores usados en ingeniería genética. Así tenemos la fabricación sintética del anticuerpo, que puede ser producido en masa y después purificado.

¿En qué estadio se encuentra esta investigación?
Estamos concentrados en la fiebre amarilla. Ya tenemos anticuerpos bastante eficientes en el reconocimiento del virus. También estamos haciendo pruebas de inactivación contra el virus de la rabia.

¿Hay algún producto extraído de la biodiversidad amazónica prometedor contra la leishmaniasis?
Comenzamos la investigación hace unos dos años. Aún es reciente y forma parte de un contrato con una red de diez laboratorios nacionales, localizados en Río Grande do Sul, Río de Janeiro, Bahía, Ceará, Amazonas y Rondônia. Creemos que toda la actividad científica en nuestra área debe incluir la perspectiva de aplicación o un programa que permita incrementar valor agregado a los productos naturales. Nuestra intención es valorar los productos por medio de la explotación de la biodiversidad. Con eso esperamos dar un salto importante de visibilidad para el Ipepatro.

¿Cómo hizo para poner a esos equipos a trabajar juntos?
La iniciativa básica de nuestro programa en quimioterapia fue de un grupo de la Universidad Católica de Río Grande do Sul, liderado por Diógenes Santiago Santos y Luiz Augusto Basso, que desarrolla investigaciones importantes en el área de tuberculosis.  Diógenes es un viejo conocido y colaborador, desde los albores de la biología molecular. Viejos investigadores como yo tenemos la ventaja de conocer a todo el mundo, o al menos a mucha gente competente. Diógenes, cuando nos invitó para participar del programa, ya tenía contacto con gente relacionada a la biología estructural como Mario Palma, de la Universidad Estadual Paulista de Río Claro, Walter Figueiredo, actualmente en la Universidad Católica de Río Grande do Sul, el grupo de João Batista Calixto, de la Universidad Federal de Santa Catarina, y el de Ícaro de Sousa Moreira, de la Universidad Federal de Ceará. Después integró a Ricardo Ribeiro dos Santos, de la Fiocruz de Bahía. La iniciativa de plantear la convergencia de las investigaciones en paludismo y tuberculosis fue de Diógenes. El punto de partida fue el descubrimiento de que la bacteria de la tuberculosis tiene vías metabólicas muy próximas y equivalentes a las del parásito de la malaria. Esto sucede porque el protozoario de la malaria incluye en su genoma una estructura de origen bacteriana o de algas unicelulares. Con base en esa semejanza de las vías metabólicas, teóricamente, ciertas los productos que son activos contra la tuberculosis, debidamente adaptados, deben funcionar contra la malaria. Actualmente estamos analizando los efectos sobre el parásito de la malaria de los productos derivados de la isoniazida, la principal droga activa contra la tuberculosis, a la cual la bacteria viene desarrollando resistencia. Y están surgiendo algunas pistas.

¿Qué medicamentos aún se usan actualmente en el tratamiento de la malaria?
Actualmente en Brasil se utilizan la cloroquina, la primaquina, la quinina, la mefloquina, la doxiclina, la clindamicina o la artemisina. Pero poco a poco el parásito de la malaria va desarrollando resistencia a esos compuestos. Hubo un progreso bastante importante en los últimos dos años, con la introducción de asociaciones de artemisina y sus derivados. El paludismo más importante en Brasil es el causado por el Plasmodium vivax, y no por el Plasmodium falciparum. Aquí la malaria vivax aún no desarrolló resistencia importante a la cloroquina, usada desde la década de 1940, cuando fue sintetizada por los alemanes. Hasta hoy se la utiliza en campañas de salud pública con un éxito fantástico en relación con la malaria vivax. La campaña de control, dirigida por el Servicio Nacional de Malaria 1950-60, asociando el tratamiento por la cloroquina el combate al mosquito  transmisor de la malaria por el DDT, un insecticida de acción residual, permitió erradicar la malaria en prácticamente todo el territorio nacional, con excepción de la Amazonia.

Pero se oye decir que en varias regiones del mundo ya existe resistencia a la cloroquina…
La resistencia de la malaria falcípara a la cloroquina apareció en Colombia, en Asia y también en Brasil en la década de 1960. Se diseminó por el mundo entero, incluso por África. Por eso en Brasil se empezó hace unos diez años con un tratamiento nuevo a base de quinina asociado a un antibiótico del tipo tetraciclina. Estaba dando buenos resultados, pero en los últimos años aparecieron casos de resistencia a esa asociación. Por coincidencia, eso sucedió en el momento en que la artemisinina fue sintetizada. Hoy en día está usándose un análogo de quinina, denominado lumefantrina asociado a la artemisinina en un medicamento llamado Coartem, con buenos resultados contra la malaria falcípara. El Ministerio de Salud evaluó la sensibilidad en toda el área endémica y no encontró hasta el momento resistencia al Coartem.

Si la resistencia a los medicamentos no es el principal problema de la malaria en Brasil, ¿qué es lo que preocupa? ¿El acceso a los medicamentos?
La malaria está concentrada en la Amazonia, en lugares de difícil acceso a los servicios de salud. Uno de los problemas es la dispersión de la población, sobre todo en las áreas rurales, donde hay carencia total de servicios públicos de salud. El segundo problema es el de las migraciones. Las poblaciones amazónicas son de una inestabilidad total. En los últimos 40 años, con la apertura de carreteras, es intenso el movimiento de personas y la concentración de ellas en las regiones periurbanas. El lugar de mayor incidencia de la malaria en Brasil actualmente es Manaos, por cuenta de la inmigración; de las invasiones de tierra alrededor de las áreas urbanizadas, que son extremadamente insalubres; y de los depósitos de agua estancada, que difícilmente se tornarán objetivo de algún proceso de saneamiento. Eso hace expone sobremanera al población al mosquito vector de la malaria.

¿Cómo influye la inmigración en la dispersión de la malaria?
Las migraciones externas, que vienen de áreas donde no hay paludismo, traen para el área endémica a personas que no tienen experiencia en malaria. Ésa es nuestra mayor preocupación en relación con las centrales hidroeléctricas de Santo Antônio y Jirau, en el río Madeira. El problema no es la población local que va a ser afectada debido a la instalación de las hidroeléctricas por las represas o por el reservorio de agua. Ésa es una población pequeña, que no llega a 10 mil personas, que sufren de malaria pero mantienen un cierto equilibrio con ella por el desarrollo de la inmunidad. Lo que está creciendo rápidamente es la población inmigrante. Las empresas calculan que serán generados 20 mil empleos directos sólo en la construcción de las represas. Si contáramos también a las familias de esos trabajadores, ese número trepa a 60 mil. Esta población no será reclutada toda localmente, y la migración ya ha aumentado. Está claro que los empleados de las centrales no constituyen la población de riesgo más importante, ya que ellos podrán contar con la asistencia de las empresas constructoras, quedarán instalados en campamentos y tendrán atención médica, hasta por determinación de la legislación laboral. El problema será la población emigrante secundaria, que llegará a la región atraída por la demanda por una serie de servicios que van desde la alimentación hasta la prostitución. Ése es el grupo de riesgo, ya que esas personas no tendrán el mismo nivel de asistencia que los empleados de las empresas. Ese grupo tendrá que ser asistido por las estructuras locales de salud pública, que son sumamente deficientes y no atienden ni tan siquiera las necesidades locales de hoy.

¿Cómo usted ve la construcción de estas nuevas hidroeléctricas?
Las hidroeléctricas de Madeira van a contribuir no solamente para ampliar la oferta de energía eléctrica. Por medio de acuerdos con Bolivia y Paraguay ellas crearán también condiciones, en el futuro, para el transporte fluvial de Belém a Manaos. Toda la actividad industrial y agroindustrial dBrasil Central y de los países limítrofes va a fluir por esa vía. La perspectiva de apertura de carreteras desde Porto Velho hasta el Pacífico, atravesando Perú, debe facilitar el acceso de la producción del interior de América Latina al mercado asiático. No estamos, por lo tanto, hablando sólo de hidroeléctricas. Estamos pensando en varios aspectos importantes para el desarrollo de la región. En el comienzo de este año dicté una conferencia en el Instituto Pasteur que tuvo como título: “Como ir de Belém a Buenos Aires sin pasar por el océano Atlántico y sin infectarse con malaria”.

¿Y cuál es el secreto para no contagiarse con malaria?
Para que en el futuro uno no se contagie con malaria tiene que haber un trabajo de saneamiento y la implantación de medidas de prevención a lo largo del valle del río Madeira, particularmente en las áreas vecinas de Porto Velho. El impacto socioeconómico de las centrales y las perspectivas que ellas abren para el futuro justifican que el problema técnico-científico relacionado con la salud también sea resuelto de modo ejemplar, sobre todo ahora que las condiciones de conocimiento científico y técnico no son las mismas del inicio del siglo pasado, cuando se dio el drama de la construcción de la vía ferroviaria Madeira–Mamoré. Tenemos como crear una obra ejemplar en términos de servicios de salud, capaz de contener la explosión de la epidemia y también de promover la mejora del nivel básico de salud de las poblaciones rurales de la cuenca del Madeira.

¿Cuáles deben ser las repercusiones de ese proyecto?
En el área técnica hay mucha repercusión negativa. Está promoviendo indirectamente el aumento de la deforestación en Mato Grosso y Rondonia. Amplía esa manía de “todo alcohol”, de “todo biocombustible”, y también, debido al aumento internacional del precio de la soja y de la carne de vaca para exportación, se acumulan estímulos para la deforestación. Este dominio del mercado de consumo y exportación de productos primarios en áreas subdesarrolladas del país es un problema. El capitalismo paulista, carioca y de Minas Gerais ya sufre la presión de la opinión pública en lo que respecta al equilibrio ecológico y a la protección del medio ambiente. Pero en la Amazonia muchos negocios y actividades económicas aún están en manos de aventureros. En términos de salud, el gran problema es la preocupación con la salud rural. Mi viejo maestro Samuel Pessoa ya decía en la década del 40 ó 50 del siglo pasado: ¿”Por qué existe malaria en la Amazonia”? Y él mismo respondía: “Porque no existe un sistema estructurado de prestación de servicio en salud rural”. Ahora, con las dos centrales hidroeléctricas, están previstas inversiones de 20 mil millones de reales en la región. Será posible realizar obras de saneamiento y la implantación de estructuras básicas de atención a la salud de la población rural. Eso es un deber no sólo de la Nación, sino de las empresas responsables de las obras que van a aumentar su rentabilidad. Después de que se instalen las centrales, sólo la capital, Porto Velho, va a recibir royalties del orden de los 60 millones de dólares. Ese valor puede avalar préstamos de hasta 600 millones de dólares para el saneamiento.

¿Solamente con el saneamiento es posible controlar esas enfermedades?
El saneamiento es uno de los factores esenciales del control. También es necesario que haya una mejora de la estructura de atención básica a la salud. Con las obras, habrá facilidad de transporte fluvial y será posible navegar de Porto Velho hasta el sur del estado, en el límite con Bolivia y Mato Grosso. No estamos hablando de tener un puesto de salud a cada 100 metros, sino de distribuir la estructura de atención del SUS, con agentes comunitarios, sistema de atención a la familia y centros de tecnología y ciencia avanzada. Y eso nosotros sabemos hacerlo bien.

¿Ya se hizo alguna evaluación de los riesgos de la enfermedad en la población?
En relación con los riesgos de epidemias, comenzamos por una evaluación de la prevalencia de la malaria asintomática en la población que será afectada por la represa de la central Santo Antonio. Hicimos una averiguación demográfica para actualizar los datos del IBGE y llegamos a una población total de 3 mil personas. Analizamos una muestra de 1.500 residentes e hicimos una evaluación de la prevalencia de la malaria. Eso sería imposible si estuviésemos utilizando técnicas antiguas. Serían necesarias 1.500 horas de trabajo técnico especializado de microscopistas. Hoy hacemos eso mediante una técnica como PCR, que trabaja en tiempo real y analiza cien reacciones por día. Si el técnico fuera bien capacitado, en dos semanas hace la mitad de la población.

¿Cuál es la tasa de la malaria asintomática?
En algunas áreas encontramos prevalencia de 50% entre los adultos. Cuando la Madeira–Mamoré comenzó construirse, ya existía allí el cauchero, que era un reservorio de malaria. Fue él probablemente el responsable de la transmisión inicial que resultó en una terrible epidemia con miles de muertos. Por lo que se sabe, no existen reservorios extrahumanos de malaria falcípara. Tal vez exista de la vivax, pero aún estamos investigando. La población asintomática es un reservorio: transmite el parásito al mosquito. Los riesgos aumentan con la ocupación humana desordenada, que provoca una gran degradación ambiental fija: crea terrenos anegadizos, derrumba el bosque y bloquea los bosques inundados. El resultado es que el vector de malaria se prolifera. Es preciso sanear el agua de superficie y tratar a los portadores asintomáticos. Pero, para tratarlos, es necesario diagnosticar. Y, para diagnosticar, no da para usar más el microscopio, hay que usar una tecnología más avanzada.

¿Si los asintomáticos fueran tratados, se eliminaría el parásito y se evitaría la transmisión de la enfermedad?
La malaria falcípara no tiene reservorio hepático, en tanto que la malaria vivax es más complicada. Por otra parte, estamos estudiando eso: cuando se trata la malaria vivax, quedan parásitos adormecidos en el hígado, que salen tres meses más tarde. Además de tratar al asintomático, se necesita que haya una vigilancia permanente. Todo los que sufrieron malaria vivax deben permanecer atentos al riesgo de recaídas del parásito. La estrategia es hacer una intervención maciza inicial, seguida de un sistema de vigilancia permanente a nivel calificado. Estamos presentando al Ministerio de Salud y al Ministerio de Ciencia y Tecnología una propuesta de organizar esa estrategia en consorcio. No puede quedar sólo en el ámbito de las secretarías de Salud de la ciudad de Porto Velho o del estado de Rondônia. Tiene que ser algo coordinado por el Ministerio de Salud, ya que es una obra de interés nacional, de la cual deben formar parte desde las secretarias locales hasta las empresas constructoras. La central de Santo Antônio debe entrar en operación en 2012. Los próximos años deberán ser de un dinamismo permanente.

¿Ya se evaluó toda la región que será afectada por las centrales?
Hicimos un análisis global del valle de Madeira. Son 250 kilómetros de río. Ya realizamos un primer análisis del impacto de la primera represa y un acuerdo de asistencia técnica con la Fiocruz y con la universidad local. La intención es organizar un centro de salud modelo en el área de impacto directo y pequeñas unidades de atención y vigilancia a lo largo de las áreas de impacto directo. Ese centro de salud será modelo. Tendrá que encargarse no sólo de la malaria. También tendrá que ofrecer atención en salud básica, salud materno-infantil, desarrollar la prevención de enfermedades de transmisión hídrica y sexualmente transmitidas, sin olvidar de la gravidez en la adolescencia, que es un problema enorme.

¿Es posible proteger a esas personas?
Ese problema puede ser llevado a una ecuación. Hubo dos grandes accidentes en la historia de Rondônia. El primero fue durante la construcción de la vía férrea de Madeira–Mamoré a comienzos del siglo XX. Se calcula que allí hayan muerto 20 mil personas, una por cada durmiente asentado. Pero en esa época la única medicina existente contra la malaria era la quinina, mal preparada y mal purificada, con alto efecto tóxico, y utilizada como profilaxis. La quinina es pésima para la profilaxis porque tiene un tiempo de duración en la circulación sanguínea muy corto. Y es extremadamente tóxica para personas con deficiencia de glóbulos rojos, es decir, las poblaciones de origen africano. Y, para la construcción de esa vía férrea, vinieron muchos trabajadores de Barbados y de las Antillas, de origen africano. La mortalidad entonces fue elevada. Es bueno que se destaque que se atribuyeron a la malaria muchas muertes que, muy probablemente, ocurrieron como consecuencia de enfermedades infecciosas como la fiebre amarilla y virosis hemorrágicas, entre otras. El otro accidente en la historia de Rondônia sucedió en los años 1960, con la mina. Hoy en día es diferente. Realizamos un análisis esmerado de las áreas que sufrieron el impacto de las represas y constatamos que hay niveles elevadísimos de reservorios asintomáticos de malaria. En algunas localidades 50% de los adultos son portadores asintomáticos: ellos tienen el parásito, pero no desarrollan la enfermedad.

¿Cómo consiguieron realizar ese análisis?
Tuvimos recursos del Ministerio de Salud y del Ministerio de Ciencia y Tecnología para profundizar el análisis de la situación de salud relacionada con la malaria, a reservorios de enfermedades transmisibles sexualmente y a las arbovirosis. Furnas participó con una financiación pequeña, pero importante, porque nos dio, por ejemplo, condiciones de transporte.

¿El tratamiento de las personas con malaria asintomática ya dio resultados?
Tenemos una experiencia limitada. En una determinada comunidad, tratamos sólo los reservorios de malaria falcípara. Constatamos que hay una reducción en la transmisión de malaria falcípara. Pero si la infección fuera mixta, con Plasmodium falciparum y Plasmodium vivax, cuando se trata la malaria falcípara, la vivax recrudece. Estamos repitiendo ese experimento, intentando tratar las dos al mismo tiempo. En localidades donde hay mucha movilidad como en las márgenes del río Madeira, la población fluctuante trae parásitos diferentes y el tratamiento de los asintomáticos locales prácticamente no tiene efecto. No existe una medida milagrosa.  También es necesario acabar con los problemas de saneamiento de aguas de superficie, usar el control del vector – es decir, un insecticida bien direccionado – y hacer la vigilancia epidemiológica de las formas sintomáticas, para tratarlas precozmente. En nuestro proyecto proponemos que realmente se haga un refuerzo acentuado de vigilancia para evitar la explosión de la enfermedad. Eso es salud pública. No estamos inventando ningún medio nuevo, al no ser un sistema de diagnóstico parasitológico más eficiente, con metodología molecular. Eso puede hacerse en regiones específicas y es posible, con recursos de las constructoras, difundir esa estrategia en redes de diagnóstico epidemiológico eficientes en grandes áreas, sin que sea necesario multiplicar por cien o por mil las unidades de diagnóstico. El secreto es centralizar y formar redes. La red de vigilancia es la más compleja e involucra a personas que trabajan en contacto con la población.

¿Por qué usted cambió las márgenes del Sena por las del Madeira?
Me gusta hacer lo que sé hacer. Trabajé con malaria en el Instituto Pasteur durante 18 años, con la perspectiva que se tenía en la época de llegar a una vacuna eficaz. Con la estructura del Pasteur, teníamos competitividad para entrar en eso. Tuve mucho contacto con el territorio africano, Dakar y Madagascar, y me interesé por el control no con vacunas, sino con los medios que están disponibles: hacer el control por medio de la salud pública. Volví a Brasil con competencia acumulada en malaria y quería trabajar en la Amazonia. Rondônia fue el lugar que se mostró favorable, porque allá había menos resistencia a la llegada de forasteros como yo. Los amazónicos, tanto los paraenses como los amazonenses, creen que ellos mismos tienen que resolver sus problemas. No necesitan paulistas. En Rondônia es diferente: todo el mundo es forastero. Yo era solamente uno más. Nadie extrañó mi presencia. Y era un lugar que concentraba un 40% de los casos de malaria del país en una población que representa el 10% de la población de la Amazonia. Era realmente una situación grave. Allá encontré condiciones para trabajar. Comencé a hacer ciencia en epidemiología y salud pública con Samuel Pessoa. Trabajamos en  Paraíba en los años 1950  con esquistosomiasis y después con la enfermedad de Chagas. Siempre me interesé por el trabajo de campo, por el contacto directo con las víctimas de los procesos de enfermedades parasitarias que no tienen acceso a los progresos de la ciencia y a los conocimientos nuevos que favorecen el control de esas enfermedades. Para mí era un desafío montar un laboratorio de frontera, en un área de alta incidencia de enfermedad, para saber si era posible crear una estructura en que ciencia y tecnología modernas puedan tener impacto sobre el ambiente de una manera positiva. Hoy el impacto es pequeño. Será de utilidad en el futuro, pero no a corto plazo.

¿Usted piensa jubilarse?
No se si me quedaré muchos años más acá. Me quedo unos dos o tres años más. Después necesito descansar. Siempre estaré cerca, ayudando. Tengo una casita allá en el Midi de la France. Puedo a lo mejor ser más útil en Francia que aquí. Pasé dos semanas en París hace 15 días y vi que era más fácil hablar con la administración federal y con los ministros brasileños desde París que desde Porto Velho. Basta decirles a las secretarias “acá habla el Dr. Luiz Hildebrando, hablo desde París” para que me atiendan. Ahora con Skype quedó aún más fácil. Pasé 15 días en Francia llamando a Brasil, resolviendo problemas.

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