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Oceanograf

Mar casi muerto

Polución en la bahía de Santos crea zonas sin vida marina

A cerca de 4 kilómetros de las playas, dentro de la bahía de Santos, en el estado de São Paulo, tanta polución se acumula en el fondo del mar que elimina cualquier vida animal. Éste es uno de los resultados de Ecosan, un proyecto del Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo (USP) que reúne a investigadores de diversas áreas para estudiar las aguas alrededor de la bahía de Santos. El grupo monitoreó el mar desde Peruíbe hasta São Sebastião, una extensión de cerca de 200 kilómetros en la costa, hasta 200 metros de profundidad, para evaluar como la basura, el alcantarillado y los residuos industriales lanzados al mar por uno de los mayores polos industriales y el puerto de más movimiento del país están afectando la vida marina.

El culpado por la zona muerta no es difícil de encontrar. En aquel punto desemboca el emisario construido en 1979 para despachar los alcantarillados domésticos generado por 1,2 millones de habitantes de la Bajada Santista: son 7 mil litros lanzados por segundo dentro de la bahía. La concentración humana ahí es consecuencia de la hirviente actividad económica de la región, que abriga el polo industrial de Cubatão en la ladera de la sierra que se yergue a 15 kilómetros del mar. La polución lanzada a la atmósfera ya fue tan grande que en los años 1970 causó defectos de formación en bebés nacidos en la ciudad y dio al Bosque Atlántico local el apodo de palillero, por causa de los troncos caídos de árboles muertos. Allí también está el puerto de Santos, que desde su inauguración oficial al final del siglo XIX dio paso a más de 1 mil millón de toneladas de mercancías.

“Cuando el puerto y el polo industrial fueron construidos, no había preocupación con la ecología”, comenta Luiz Miranda, coordinador del equipo que analiza como las aguas marinas se mueven en la región. Así, ya en el siglo XVI, el puerto nació en el canal del estuario de Santos, de aguas más tranquilas y libres de los piratas como los que recientemente saquearon el barco del Instituto Oceanográfico durante una noche de trabajo en la entrada de la bahía y restringieron las colectas a la luz del día.

El local escogido ofrece más seguridad para los navíos del puerto, pero pone en riesgo la naturaleza. El canal del estuario un la bahía con el manglar que se extendía a lo largo de ríos y canales por toda el área plana que llega a la falda de la sierra del Mar, ahora en parte ocupada por la ciudad y favelas. “Esa ocupación es problemática porque el manglar es el cunero del océano”, dice Rosalinda Montone, especialista en polución por alcantarillados. Como muchas especies de peces, crustáceos y moluscos, criaturas de importancia económica, se reproducen en las aguas menos saladas del estuario, la polución allí provoca una caída en la población de esos animales en la bahía y hasta en el mar abierto.

Cunero sin luz – Y los resultados del Ecosan muestran que la polución se concentra en esa área. Luiz Miranda verificó que en los períodos en que las mareas altas llegan a un punto máximo y las bajas a su nivel menor, las mareas de plenilunio, más partículas son cargadas para dentro de la bahía de lo que salen de ella. El problema es agravado por el emisario, que forma una barrera a la circulación de agua en la bahía y retiene los sedimentos. En esas condiciones, lo que sale del emisario no se diluye en el océano, como se pretendía cuando fue construido. “Los efluentes son lanzados en la peor posición”, lamenta el oceanógrafo, “en los países ricos los emisarios van hasta 15 ó 20 kilómetros de la costa, no cuatro como aquí”. Las propiedades “físicas del fondo del mar contribuyen a que la suciedad no salga de allí: un 43% del área del fondo es lodo, que absorbe lo que haya en el agua, contaminantes incluso.

La consecuencia es que la bahía queda entonces cada vez más rasa. “No hay como restablecer la profundidad, es necesario dragar la bahía”, concluye Miranda. Es exactamente lo que la administración del puerto hace, para garantizar que esa área continúe navegable. Pero dragar no es tan simple como parece. Al remover el fondo, los contaminantes se sueltan y vuelven a diseminarse por la bahía. Además de eso, no hay un consenso sobre el mejor lugar para lanzar el material dragado. “Ellos despejan en mar abierto, fuera de la bahía”, cuenta Rosalinda, “y el agua queda llena de burbujas iridiscentes que parecen medusitas”. Son gases liberados por la materia orgánica revirada. Uno de los efectos de esa polución es interrumpir las rutas migratorias de los peces. Según la investigadora, las tainhas ya no consiguen entrar en la bahía de Santos.

Analizando los peces, June Ferraz Dias constató una diversidad semejante a la de otras regiones del Sudeste brasileño. Algunas especies, como el cangoá y el bagre amarillo, predominan. En regiones más preservadas, como Cananéia, en el litoral sur de São Paulo, un 80% de los peces capturados pertenecen a ocho especies. En Santos el número de especies predominantes baja para tres. El equipo de June ahora analiza metales pesados en la musculatura de los peces, pero ya se sorprendió al encontrar una alta composición de aluminio, que los investigadores no saben precisar de donde viene. A pesar de bastante resistentes a la situación adversa, los peces no están a salvo. Márcia Bicego, especialista en contaminantes orgánicos, cuenta que la polución afecta la morfología del zooplancton, fauna microscópica que compone buena parte de la dieta de los peces menores, que sufren con la escasez de alimento y pueden contaminarse. Ella resalta la importancia de ese conocimiento para orientar políticas públicas que limiten la proporción de contaminantes vaciados en la bahía. “Hasta niveles de contaminantes considerados bajos pueden tener efectos serios”, pondera.

El exceso de materia orgánica no es nocivo para todos los seres marinos. José Eduardo Martinelli Filho terminó en 2007 su maestría en el laboratorio de Rubens Lopes, uno de los responsables por el estudio de zoopláncton en el estuario y en la bahía de Santos, y encontró la bacteria Vibrio cholerae, causadora del cólera, en buena parte de las especies que examinó. “El mar es el ambiente natural de la bacteria, pero contaminación orgánica convierte la bahía especialmente propicia para su multiplicación”, explica. No hay motivos para evitar baños de mar, pues no todas las formas de V. cholerae causan la enfermedad. Teóricamente, un bañista que sin querer tome un trago de agua con zooplancton infectado podría contraer cólera. Pero ningún caso fue registrado hasta ahora, probablemente porque la forma agresiva de la bacteria es relativamente rara.

Otro organismo que saca provecho del aumento de materia orgánica fue encontrado por el grupo de Ana Maria Vanin, coordinadora general do Ecosan. Estudiosa de los organismos que habitan el entarimado oceánico – conocidos como bentos -, Ana Maria descubrió un animal que se parece al musgo, un briozoario, que forma un tapete de 2,5 centímetros de espesura. “Él crea microambientes que sirven de abrigo para otros organismos, como pequeños crustáceos”, relata. La especie ya era conocida, pero no se esperaba que existiese en tal cantidad. A pesar de la densidad anómala, ese tapete que recubre el fondo desde próximo a la playa hasta 40 metros de profundidad no parece tener impacto negativo.

De forma general la investigadora detectó una biodiversidad reducida en la región de Santos, cuando se compara con lo que se observa más al norte, en São Sebastião o Ubatuba. “Muestras recogidas cerca del emisario tienen un olor horrible, con proporción alta de contaminantes orgánicos”, cuenta. “Esa polución inhibe la diversidad y la abundancia de peces y crustáceos.” En los puntos más contaminados la especie dominante es la jaiba azul, probablemente impropio para el consumo humano. Ana Maria aún no sabe explicar por que en la bahía de Santos existen menos jaibas que lo que sería de esperar en comparación con la diversidad de especies en áreas próximas. El cúmulo de sedimento y contaminantes en el estuario es el principal sospechoso de esa baja riqueza ecológica.

Los integrantes del proyecto aún tienen muchos datos para analizar, pero ya se muestra un retrato detallado de la situación en ese trecho de litoral, que sólo puede ser obtenido con un gran equipo de especialistas diversificados trabajando juntos por muchos años y debe ser reproducido en otras áreas. Para estimular a investigadores, a las autoridades y al público lego a buscar soluciones, el equipo planea elaborar un libro con un diagnóstico de la bahía de Santos y de la plataforma oceánica adyacente.

El Proyecto
La influencia del complejo del estuario de la Bajada Santista sobre el ecosistema de la plataforma adyacente (Ecosan)
Modalidad
Proyecto Temático
Coordinadora
Ana Maria Vanin – IO/USP
Inversión
753.782,89 reales (FAPESP y CNPq)

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