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Neurología

Las ondas de la inteligencia

El ritmo del funcionamiento cerebral puede indicar mayor capacidad de aprendizaje.

Laura DaviñaDespués de casi cinco años de trabajo, el neurocientífico Lucas Santos cree por fin haber obtenido las primeras evidencias de que la actividad eléctrica del cerebro calcular la capacidad para el aprendizaje.

No fue fácil. Durante tres años él tuvo que frecuentar la Universidad de São Paulo (USP) en horarios nada convencionales. Llegaba por la mañana y recién se iba alrededor de las tres de la madrugada, bastante después que los docentes y los alumnos habían dejado la Ciudad Universitaria. En el laboratorio de Maria Teresa Silva, en el Instituto de Psicología de la USP, Santos pasaba horas entrenando ratones blancos animales que duermen de día y les gusta pasear por la noche a apretar una palanca para obtener gotas de una mezcla de agua con azúcar como recompensa.

Él sometió a los ratones a test para verificar si descubrían cómo y cuándo presionar la palanca para ganar la recompensa. De inmediato, registró con un aparato de electroencefalografía la actividad eléctrica de las células nerviosas (neuronas) de una región cerebral denominada hipocampo, que coordina la adquisición de la memoria y el grado de atención, esenciales para el aprendizaje.

Santos constató que las células del hipocampo de los roedores que aprendieron más o más fácilmente, disparaban a cada segundo un número mayor de señales eléctricas de comunicación con otras áreas cerebrales de lo que los ratones que demoraban en descubrir cómo alimentarse durante los experimentos. En promedio, la actividad eléctrica del hipocampo de los animales más expertos fue casi un 30% superior que la de los roedores con peor desempeño en las pruebas.

Red elaborada
En el registro electroencefalográfico, las señales eléctricas del hipocampo aparecieron en forma de ondas teta, identificadas por primera vez en el año 1938 por los fisiólogos alemanes Richard Jung y Alois Kornmüller, uno de los cuatro tipos de ondas eléctricas cerebrales conocidas. En el caso de los ratones con mejor desempeño en los test de aprendizaje, las ondas teta alcanzaron en promedio la frecuencia de 9 hertz, el equivalente a nueve disparos por segundo. La de los otros animales fue aproximadamente de 7 hertz, o siete descargas eléctricas por segundo, como describieran Santos y sus colaboradores en un artículo publicado electrónicamente en febrero, en la revista Behavioural and Brain Research.

Para Santos, el ritmo de funcionamiento acelerado del hipocampo puede ser el reflejo de una red de células nerviosas muy bien desarrollada. Los animales más astutos deben contar con circuitos más elaborados, una base neurológica que puede permitir un mayor nivel de atención y facilidad para aprender en ésa y otras situaciones, comenta el neurocientífico brasileño, hoy investigador en la Universidad Brown, en Estados Unidos.

En una próxima etapa, Santos pretende repetir los ensayos con animales mayores y evolutivamente más próximos al ser humano, tales como gatos, perros y monos y, quien sabe, desarrollar experimentos hasta con personas. Si los nuevos test confirmaran esos resultados, él habrá comprobado una hipótesis enunciada hace casi cinco décadas por el profesor César Timo-Iaria, uno de los más importantes y respetados neurocientíficos brasileños, fallecido en el año 2005, con quien Santos trabajó entre 1997 y 2004. Al profesor César le gustaba usar la palabra ?inteligencia?, un término polémico, para describir el aprendizaje adquirido, recuerda Santos. Si él estuviera en lo cierto, las ondas teta serían una medida del nivel de inteligencia.

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