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Sociología

En la rueda de la vida

Un Mestre de Capoeira mezcla esa lucha bahiana con la globalización en Nueva York

capoeira.tifReproducciónNacido en Itagi, interior del estado Bahía, João Oliveira dos Santos creció como labrador y le gustaba observar el movimiento de los animales del monte -cosa que más tarde asociaría a la capoeira. Huérfano de madre, sin haber ido a la escuela, se convirtió en arriero, hasta que un domingo, a los 20 años, cuando descansaba en los escalones de la iglesia de la ciudad, un dúo de vendedores le preguntó si no quería a Salvador. No lo pensó dos veces y partió llevando consigo tan sólo alguna ropa. Al llegar, se deparó con una rueda de capoeira angola y reconoció un movimiento que había visto en su infancia, sin saber de qué se trataba. Curioso, le preguntó a Mestre Barbosa qué era aquella danza, y éste le contestó: “Es capoeira”. Y João le pidió a Mestre Pastinha que le enseñase.

Surgía Mestre João Grande, quien junto a João Pequeno se convirtió en el guardián de la capoeira angola, la misma expresión por la cual era conocido Mestre Pastinha. Se destacó tanto en la capoeira angola en Salvador que Mestre Canjiquinha, un exponente del arte, afirmó sobre él: “Fue Dios quien hizo que João Grande danzase capoeira”. Pero él no vivía de la danza, trabajaba en la construcción civil. Hasta que decidió hacer números folclóricos. Ingresó en el Viva Bahía, el grupo folclórico pionero de Emília Biancardi, y viajó a Europa y Medio Oriente, en la década de 1970. Antes, en 1966, fue a África con Mestre Pastinha para participar en el Festival de Artes Negras de Dakar, en Senegal. En la década siguiente, mientras que Pastinha moría pobre y ciego en un conventillo del barrio de Pelourinho, João Grande trabajaba en una estación de servicio.

El “mestre” ya no practicaba más capoeira cuando surgió un movimiento de rescate de esta pelea en Bahía, durante la década de 1980. Y entonces regresó al oficio de enseñar en Forte Santo Antônio, donde ya estaba instalado Mestre João Pequeno. El lugar comenzó a ser frecuentado por intelectuales norteamericanos interesados en la danza, que la veían como un legado de la diáspora africana. Fueron esos los casos de Ken Dossar y Daniel Dawson, quienes lo invitaron a participar en el Festival de Artes Negras de Atlanta, Nueva York, en 1990. Al fin del evento, recibió una invitación de un capoeirista llamado Nego Gato para dar clases en Harlem. Mestre João Grande aceptó y, gracias a una alumna inglesa, la profesora universitaria Tisch Rosen, a quien él apodó Risadinha, logró abrir su gimnasio, Capoeira Angola Center, en la calle 14, en Manhattan.

Actualmente, a los 75 años, Mestre João Grande puede no ser el más conocido capoeirista bahiano, pero es posible que ningún otro haya recibido títulos tan importantes y homenajes tan relevantes como él. En 1994 se convirtió en doctor honoris causa por el Upsala College, de Nueva Jersey. Siete años después, se alzó con el National Heritage Fellowships, sólo para citar dos distinciones. Y acaba de convertirse en tema del doctorado En la rueda del mundo: Mestre João Grande entre Bahía y Nueva York, defendido en la USP por Maurício Barros de Castro, con dirección de tesis de José Carlos Sebe Bom Meihy. Este estudio procura relacionar la globalización y el impacto de la ancestral capoeira angola en la moderna y cosmopolita ciudad norteamericana. El autor explica la importancia de las tradiciones en el vertiginoso mundo moderno, a partir de la reflexión sobre el papel de la capoeira en el proceso histórico brasileño, ante los conflictos entre la ancestralidad africana y la construcción de la identidad nacional.

Capoeira_c421701Flávio Florido/Folha ImagemCastro comenta que su investigación nació de una indagación: cómo Mestre João Grande lograba mantener sus tradiciones en una ciudad como Nueva York, donde -todo lo sólido se desvanece en el aire-, según la expresión de Karl Marx utilizada por Marshal Berman, quien escribió un libro con ese título y aborda entre otros temas la cuestión de la modernidad en la mayor ciudad norteamericana. “La pregunta era importante porque la capoeira angola es una cultura que se basa en la preservación y transmisión de las tradiciones, y Nueva York es considerada el centro del mundo globalizado”, explica. Al contrario que lo que se puede pensar, prosigue, las tradiciones forman parte de la modernidad. “El discurso de la tradición fue pronunciado justamente con el advenimiento de la sociedad moderna, como forma de resistencia a ella. La propia modernidad posee centenas de siglos y puede definirse como una moderna tradición, como dicen Octavio Paz y Renato Ortiz.”

Para el investigador, en la sociedad moderna, el culto de la tradición es más fuerte que nunca. “Uno de los pilares del éxito de Mestre João Grande en Nueva York es una valoración de la cultura tradicional existente en la ciudad, pese a que ella refleja la modernidad global y produce escenas como la de la explosión de las torres gemelas del World Trade Center”. La capoeira angola de Mestre João Grande es valorada por la intelectualidad y por la juventud de Manhattan pues la consideran una importante forma de resistencia cultural a la sociedad capitalista globalizada. “Pero por supuesto que Mestre João Grande, por ejemplo, también se ve favorecido con la globalización: viaja para varios lugares del mundo y tiene alumnos de varios países. Pero eso no impide que mantenga su cultivo de la tradición.”

Así, la globalización le da a Mestre João Grande posibilidades de transitar por el mundo y divulgar su arte. Por otro lado, le tiende celadas en el camino. “La cuestión de la identidad es fundamental en la ‘modernidad líquida’, como dice Berman. Tenemos una multiplicidad de identidades, según Homi Bhaba”. El desafío de Mestre João Grande, por lo tanto, consiste en mantener su identidad de “mestre de capoeira angola” -una condición que remite a la manutención de rituales afrodescendientes- en el ambiente globalizado en que todo es impuesto, incluso el idioma. “Él afirma que nunca necesitó hablar en inglés para enseñar capoeira -los alumnos procuran aprender el portugués para cantar en las rondas.”

Hegemónico
En la globalización, sostiene Castro, existe un multiculturalismo hegemónico que procura reducir todo a una cultura común. “Es el caso de los intentos de algunos grupos de capoeira de introducir canciones en inglés en las rondas. Mestre João Grande se resiste a ellos, y no solamente porque no habla en inglés, sino porque se da cuenta de que eso más bien debilita y no fortalece la identidad de la capoeira angola”, afirma el investigador, quien cita las entrevistas que realizó como principales fuentes del trabajo. Otras referencias fueron las músicas de la capoeira, noticias de diarios y revistas y una amplia bibliografía.

El investigador resalta que normalmente se asocia el debate entre la capoeira angola y la regional a la discusión sobre la pureza y el mestizaje, en boga entre los intelectuales de la época, como Gilberto Freyre, Edison Carneiro y Roger Bastide. “Pero creo que, a decir verdad, Pastinha y Bimba tenían ideas muy parecidas, ambos querían socializar y enseñar capoeira a un público más amplio, defendían sus aspectos deportivos y tenían fuertes referencias negras”. Bimba, que era hijo de negros, hasta más que Pastinha, que era hijo de un español con una bahiana. “La diferencia entre ellos era que Pastinha mantenía el discurso de la ancestralidad africana y Bimba afirmaba que la capoeira había nacido en Bahía, era una cultura local.”

Capoeira_c114601Caio Guatelli/Folha ImagemDe acuerdo con el investigador, Pastinha también defendía las tradiciones de la capoeira, mientras que Bimba quiso modernizarla. “Se trataba de dos estrategias distintas de afirmar la cultura negra en la sociedad brasileña”. Otro aspecto importante que vale la pena resaltar, añade, es que se trata de un estudio dedicado a la capoeira angola y no a la capoeira en general, como es más común encontrar en las investigaciones sobre el tema. “La capoeira encanta a gente de todo el mundo y está difundida en más de 150 países de los cinco continentes. Éste fue uno de los motivos que llevaron al gobierno a reconocerla como Patrimonio Cultural de Brasil en julio de 2008.”

La preparación de la tesis de Castro sobre un “mestre de capoeira” puede verse como un ejemplo del creciente interés de la academia por temas populares, en particular aquéllos que se prestan a la consideración de manifestaciones públicas como el fútbol, la religiosidad y las fiestas. “Estos temas pasan gradualmente a preocupar a crecientes sectores, y una buena dimensión de ello puede notarse en la cantidad de tesinas y tesis académicas que conviven con artículos en diarios y revistas sobre comportamiento”, afirma José Carlos Sebe Bom Meihy, director de tesis de Castro. “La antropología, como era de esperarse, salió en la delantera, abriendo camino a la sociología y a la historia, y actualmente los estudios se extienden a las áreas de psicología, deportes y recreación.”

En este cuadro, agrega Meihy, el caso de la capoeira es significativo, toda vez que la perspectiva histórica sugiere la superación de los análisis estructuralistas, limitados a la sincronía. “Dependientes de la diacronía por la historia, se despiertan nuevas interpretaciones que cuestionan los modelos presentes indicando reconstrucciones de aspectos menoscabados. En el caso específico de la capoeira, la dominación de la capoeira regional, como patrón hegemónico, llama a la compresión de las fases históricas de apropiación de líneas que recibieron apoyo oficial -en particular durante el gobierno de Getúlio Vargas- y así sofocaron a las otras.”

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La capoeira angola, dice el director, una modalidad menos prestigiosa, se “asiló” en la memoria de pocos y recientemente ha resurgido como manifestación creciente y paralela a su hermana, la regional. “La historia de la extraña relación entre ambas modalidades es importante para la comprensión de las elecciones del patrocinio gubernamental y también de la popularidad que llegó a eclipsar el adjetivo distintivo entre ambas. La institucionalización de una política cultural orientadora del criterio de selección de modelos debe contrastarse con la memoria resistente de la manifestación postergada. Por más que la capoeira angola haya sido dejada de lado, no murió: sobrevivió en la oscuridad, pero repunta ahora con una fuerza y un prestigio que desafían a las explicaciones.”

Otro factor interesante en su opinión es el éxito de la capoeira angola, en particular en la ciudad de Nueva York. “Con increíble popularidad entre los norteamericanos, la figura de Mestre João Grande es ejemplar. Viviendo en el sofisticado Soho neoyorquino, el ‘mestre’ nordestino, que no habla en inglés, ejerce su función de capoeirista como si el escenario fuese Brasil”. Y sus “alumnos” son de las más variadas procedencias del mundo. “La supervivencia de la capoeira angola en la más moderna ciudad del globo, en Nueva York, es un fenómeno que expone los criterios de selección promovidos por la globalización que acoge esta modalidad como si fuera universal.”

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