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Zoología

Encuentros furtivos

El cruzamiento entre gatos salvajes distintos es más común de lo que se pensaba

Gato1EDUARDO CESARBrasil tiene una riqueza privilegiada de gatos salvajes. Sólo del género Leopardos puede hacerse referencia al gato de Geoffroy, el tigrillo, el gato colocolo, el gato de Margay y el ocelote. Río Grande do Sul se destaca con una mayor diversidad que la Amazonia en términos de felinos: el gato de Geoffroy y el gato colocolo, ambos de origen patagónico, existen allí y no así en el norte del país. La destrucción de sus hábitats naturales hace que estas cinco especies, con excepción de la primera, se consideren vulnerables en el Libro rojo de especies de la fauna brasileña amenazadas de extinción, publicado por el Ministerio de Medio Ambiente en 2008. Sin embargo, para los expertos, el mayor riesgo que estos animales afrontan es la falta de conocimiento, que impide que se delineen estrategias eficaces de conservación. Es precisamente esto lo que el grupo del biólogo Eduardo Eizirik, de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande do Sul (PUC-RS), busca subsanar. Con resultados en ocasiones sorprendentes, como el que Tatiane Trigo reveló en su doctorado: el 60% de los gatos salvajes de Río Grande do Sul corresponde a híbridos. Y los encuentros reproductivos entre especies distintas no se restringen a aquel estado.

Parte de estos resultados, publicados al final del año pasado en Molecular Ecology, se refieren a la región gaúcha donde el gato de Geoffroy (Leopardus geoffroyi) y el tigrillo (L. tigrinus) se encuentran. Son gatos bastante parecidos, manchados y de pequeño porte. El primero suele ser mayor y puede  llegar a pesar casi 8 kilogramos, con un pelaje que tiende al grisáceo. En tanto, el tigrillo no pasa de los 3,5 kilos, tiene un aspecto más delicado y una coloración amarillenta. Sin embargo, la distribución de cada uno en Brasil es bastante diferente: el gato más grande sólo es encontrado en el sur de Río Grande do Sul, mientras que el menor existe en casi todo el territorio brasileño excepto en el extremo sur de referido estado sureño.

Tatiane comenta que el área crucial para los encuentros de los felinos es la depresión central del estado, escenario de cambios ecológicos significativos. Hacia el norte el paisaje es dominado por la sierra recubierta de Bosque de Araucarias, la versión local del Bosque Atlántico, y hacia el sur se extienden las llanuras de la Pampa. Precisamente en esa región de transición entre dos ecosistemas, debido a las particularidades del relieve en una zona de fácil acceso para los seres humanos por las carreteras, la investigadora obtuvo más muestras y detectó, con base en estudios genéticos, la preponderancia de híbridos. En total, ella examinó 57 muestras del tigrillo y 41 del gato de Geoffroy, recolectadas en varios estados brasileños: eran animales atropellados en las carreteras, que habían sido matados por productores rurales o que viven en zoológicos y tienen origen conocido. Entre ellos, al menos 14 revelaron ser híbridos, un récord en términos de la hibridación hasta ahora observada en carnívoros. La mayor parte de ellos provenía de la región central de Río Grande do Sul. El trabajo incluyó también siete muestras (solamente dos de Brasil) del gato colocolo, el Leopardus colocolo, y verificó que esta especie también forma híbridos con tigrinus. Las poblaciones brasileñas de tigrillos pueden tener ADN de tres especies distintas, afirma Eizirik.

De cualquier modo, los análisis no dejan dudas de que las tres especies son genéticamente distintas. Con todo, hasta donde se ha podido detectar, los híbridos entre las mismas son normalmente fértiles ?nada que ver con las mulas, una mezcla entre caballos y burras o yeguas y burros, que viven normalmente pero son incapaces de dejar descendientes. En el caso de los gatos, la posibilidad de detectar híbridos sólo se convirtió en realidad mediante las técnicas actuales destinadas a desenredar y comparar el material genético. En términos de apariencia, en la mayor parte de los casos los híbridos tenían el aspecto de una de las dos especies de las que descendían. La sorpresa llegó al examinarse el ADN, que guardaba algunos tramos característicos de la otra especie. Pero algunos animales ya eran obviamente híbridos, con tamaño y coloración intermedia. Es material como para que arrecien las discusiones sobre dónde comienza y dónde termina cada especie.

El grupo observó también una baja diversidad genética en los dos tipos de gatos salvajes, que indica una expansión poblacional reciente. Los resultados llevaron  a los investigadores a formular una hipótesis sobre la historia de Leopardus tigrinus y geoffroyi. Hasta que más estudios aporten otros indicios, el equipo de Eizirik cree que durante alrededor de un millón de años estos gatos salvajes evolucionaron en áreas distintas, sin la oportunidad de encontrarse. Sólo más recientemente, hace aproximadamente 70 mil años, ambas especies o talvez sólo tigrinus, el tigrillo habrían expandido su distribución geográfica, haciendo que machos y hembras de ambas especies se encontrasen en la depresión central sureña. Una hipótesis apunta que los tigrillos habrían seguido la expansión de los bosques, su ambiente favorito, durante un período de clima más húmedo. Tenemos que desarrollar más marcadores genéticos para descubrir si los híbridos empezaron a formarse en aquella época o si el fenómeno es más reciente, desde que las intervenciones humanas empezaron a alterar de manera drástica la ecología de la región, dice Tatiane.

El estudio publicado en Molecular Ecology forma parte del doctorado que la investigadora desarrolló bajo la dirección del genetista Thales de Freitas en la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS) y con codirección de Eizirik. La tesis, que defendió en noviembre de 2008, contiene actualizaciones en relación con el artículo más muestras, más marcadores genéticos y análisis más completos. Los resultados brindan a los investigadores más confianza en las interpretaciones, aunque el trabajo aún no ha terminado. Aun habiendo concluido su doctorado, Tatiane sigue procurando aumentar el muestreo y completar los análisis antes de enviar más trabajos para su publicación. Al mismo tiempo, otros miembros del grupo ayudan a completar piezas de esta historia. Tal es el caso de Alexsandra Schneider, que en su maestría culminada este año desarrolló más herramientas genéticas destinadas a ayudar a identificar a los gatos híbridos y caracterizar ese encuentro entre especies.

Separados por el estómago
Para desenmarañar los factores ecológicos que podrían estar implicados en el aislamiento y en el encuentro entre geoffroyi y tigrinus, Tatiane investigó los hábitos alimentarios de los gatos de ambas especies. En principio, estos dos gatos salvajes tienen preferencia por ambientes distintos; el primero vive en áreas de vegetación abierta como la pampa sureña, mientras que el segundo busca los bosques húmedos, como las áreas más cerradas del Bosque Atlántico y del Cerrado. La diferencia entre los ambientes que frecuentan podría ser responsable de evitar encuentros entre ambas especies, incluso dentro de una misma región. Pero aparentemente no es lo que sucede, incluso porque el gato de Geoffroy es visto en ocasiones en el monte cerrado y su pariente menor, el tigrillo, también puede pasear entre los arbustos espinosos de la región agreste conocida como Caatinga y por la vegetación dispersa que caracteriza en parte a la sabana o Cerrado.

En busca de caracterizar la ecología de estos animales que difícilmente se observan en la naturaleza, la investigadora examinó el contenido de los estómagos de 13 Leopardus tigrinus y 17 geoffroyi que fueron hallados muertos en las carreteras de Río Grande do Sul. Al identificar a los animales que sirven de plato a los gatos salvajes, verificó que el 50% de la dieta coincide entre ambas especies. La otra mitad de la dieta da fuerza a la predilección de los gatos por hábitats distintos. Los roedores encontrados únicamente en los estómagos de tigrillos son en general típicos de los montes. En tanto, los animales transformados en almuerzo del gato de Geoffroy, como el cuis y el lagarto de la especie Mabuya dorsivittata, suelen ser más asociados a áreas abiertas. Los resultados son prometedores, pero Tatiana aún los considera muy preliminares. Además de la dificultad para obtener un muestreo adecuado, comenta que, en general, la ecología de los roedores es aún menos conocida que la de los gatos, lo que dificulta las asociaciones ecológicas.

Hasta ahora los resultados de la investigación arrojan que el gato de Geoffroy y el tigrillo llegaron provenientes de distintos lugares y, cuando se encontraron, descubrieron afinidades reproductivas. La historia del gato colocolo aún ha de contarse, pero los indicios recabados por Tatiane indican una trama muy diferente. Grandes dudas se ciernen incluso sobre la clasificación de esta especie que, con sus cuatro kilos, llega a parecerse al gato doméstico marrón de patas rayadas y cola corta. Conocido durante mucho tiempo como Leopardus colocolo, actualmente algunos investigadores sostienen que a decir verdad este gato se divide en tres especies, y el nombre colocolo quedaría reservado a la especie chilena. Según esta corriente, los gatos colocolo de Brasil corresponderían al L. braccatus, o gato pantanal. Es una cuestión que no es central para el grupo gaúcho, más interesado en entender la historia y la ecología de estos gatos.

Tatiane comenta que tuvo dificultades para obtener muestras del gato colocolo, no sólo por que es el más raro entre los tres felinos que examinó en su trabajo, sino también porque fue preciso negociar colaboraciones para tener acceso a animales que viven en la parte norte de la distribución de la especie, en Mato Grosso y en Goiás. Pero ahora, un acuerdo firmado con otros investigadores permitirá obtener una cantidad mucho mayor de muestras y, a lo mejor, tener una historia más completa para contar en los próximos años. Por ahora los datos sugieren que en la región central de Brasil existe una zona todavía indefinida donde el tigrillo y el gato colocolo se encuentran y producen híbridos. Creemos que esa hibridación se dio en el pasado, entre hembras colocolo y machos tigrinus, dice Eizirik, refiriéndose a las diferencias entre lo que su grupo observó entre el cromosoma Y, transmitido de padre a hijo, y el resto del material genético.

En tanto, el gato de Geoffroy no se mezcla con el gato colocolo, si bien oportunidades de encuentros no les faltan. Ambas especies surgieron en la Patagonia y conviven en el mismo ambiente. El grupo de genetistas sureños cree que la explicación para la ausencia de hibridación radica en la larga historia compartida. Habiendo evolucionado juntas, algún mecanismo todavía desconocido seguramente impidió que estas dos especies generasen híbridos, lo que impediría que se afirmasen como especies distintas.

Criaturas de naturaleza discreta, los felinos no entregan fácilmente sus secretos. Eizirik tiene mucho trabajo por delante todavía, pero considera que los resultados que su grupo ha obtenidos son esenciales, no solamente para conocer mejor a los gatos brasileños, sino también para proteger a dichas especies.

Artículo científico
TRIGO, T. C. et al. Inter-species hybridization among Neotropical cats of the genus Leopardus, and evidence for an introgressive hybrid zone between L. geoffroyi and L. tigrinus in southern Brazil. Molecular Ecology. v. 17, n. 19, p. 4.317-4.333. oct. 2008.

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