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Sociología

Con la terraza llena de turistas

Cómo funcionan los tours por las favelas cariocas

Prince Charles And Camilla, Duchess of Cornwall Brazil Tour - Day 1John Stillwell/WPA Pool/Getty ImagesYa en 1884 le era difícil al Diccionario Oxford encontrarle una definición precisa a la palabra slumming, que caracterizaba la reciente tendencia victoriana a visitar las áreas pobres de las ciudades; una acción que, según afirmaba el vernáculo, podía llevarse a cabo en calidad de filantropía o como curiosidad por conocer la miseria de los otros. Siglos más tarde aún causa extrañeza ver a extranjeros en jeeps subiendo el morro para conocer la favela Rocinha de Río de Janeiro, luego de haber visto Ciudad de Dios, o brasileños entusiasmados para ver de cerca la villa miseria de Dharavi, en Mumbai, igual a las de la novela Camino de las Indias. ¿Si el consumo y el turismo son temas de investigación que causan controversia, fuente de acusaciones morales, qué decir del consumo de las favelas turísticas?, se pregunta a socióloga del Cpdoc/ FGV Bianca Freire-Medeiros, autora de la investigación Para ver a los pobres: la construcción de la favela carioca como destino turístico, financiada por el CNPq, que acaba de transformarse en el libro Gringo na laje (FGV Editora, 163 páginas, R$ 17). Puesto que el mercado no es naturalmente concebido como el lugar adecuado para la expresión de la solidaridad, hacer de la pobreza una mercadería, una atracción turística por la cual se cobra y se paga puede caracterizarse como algo abyecto, analiza. No sorprende que los que optan por consumir favelas turísticas se esfuercen por convencerse a sí mismos y convencer a los otros de que su visita no es un ejercicio de voyeurismo, sino un acto ético y solidario. Desafortunadamente, la mayoría desconoce que el pago de los paseos es retenido por las agencias de turismo y no se revierte en beneficios para los habitantes de las favelas, explica la investigadora. Sin embargo, lo más impresionante es la manera en que las favelas conquistaron positivamente Brasil y el mundo en tan poco tiempo.

Basta con recordar que, en 1996, cuando Michael Jackson llegó a Brasil para grabar un clip en Morro Dona Marta, en la zona sur carioca, hubo políticos brasileños que se indignaron al ver al pop star estadounidense siendo recibido como el rey de la favela. Ahora resulta que quiere convertirse en el rey de la miseria y la pobreza, lo acusó en la época el entonces gobernador de Río, Marcello Alencar. Tan sólo una década después, en 2006, otra favela, la Rocinha, se vio transformada en uno de los puntos turísticos oficiales de la ciudad. La moda actual internacional de favela chic ha convertido incluso a la más humilde mercadería brasileña, las sandalias de goma, en objetos de fetiche, sostiene la brasileñista Lorraine Leu. Esto llevó en 2005 a la socióloga Bianca, recientemente doctorada, a empezar una investigación sobre el fenómeno de la conversión inesperada de las favelas cariocas en destinos turísticos, observado en cuatro morros de la ciudad de Río de Janeiro: Rocinha (el caso más paradigmático), Morro dos Prazeres, Morro da Babilônia y Morro da Providência. Las favelas, evitadas por las élites locales, se transformaron en atracciones sumamente apreciadas por los turistas extranjeros. Siguiendo la misma lógica del turismo pro pobreza del resto del mundo, el de las favelas se les vende a los visitantes del Primer Mundo como aquello que permite la implicación en una acción de cuño altruista y con un sentido de buena ciudadanía, sin al mismo tiempo motivar a la aventura, sostiene Bianca. Actualmente, solamente en la Rocinha son siete las agencias que atienden juntas a 3.500 mil turistas por mes en promedio, en el marco de los llamados favela tours, por los cuales se llega a cobrar 35 dólares por persona, por un paseo que dura entre tres y cuatro horas. Pero la mayoría de los habitantes entrevistados no sabe que los extranjeros paga tal importe por el paseo y  algunos reaccionan indignados. Por cierto: alrededor del 70% de los entrevistados sostuvo que no cobrarían por recibir a las visitas, en una postura que podría ilustrarse con esta frase: Es algo que se hace por amor y el amor no tiene precio; yo podría llevarlos a ver la Rocinha; me haría feliz hacerlo.

Esta cordialidad ya se ha extendido a innumerables visitantes, del futurista Marinetti a Orson Welles, pasando por Le Corbusier, todos felices visitantes informales de las favelas. Nuestros informantes apuntan que la Eco-92 fue el hito fundante de la favela como destino turístico, lo que no deja de ser irónico si recordamos que las autoridades gubernamentales abocaron muchos esfuerzos con miras a aislar a las favelas de las miradas extranjeros, incluso contando para ello con el Ejército. Pero fue en un paseo de regreso por la selva de Tijuca, pasando por São Conrado, que surgió el interés de un grupo de extranjeros de fotografiar la favela, en ese entonces sitiada por cañones de un agrupamiento militar. Las agencias vieron el potencial e hicieron suya la idea. Fue entonces cuando la favela salió de las márgenes de la cultura turística para convertirse en una atracción altamente rentable y disputada. Por otro lado, todos los operadores con los que conversamos apuntan el éxito del film Cidade de Deus como uno de los grandes responsables del creciente interés en las favelas como atracción turística. La película fue promovida en el mundo como un testimonio sobre la vida en los guetos cariocas, sostiene la investigadora, quien sin embargo apunta la inexistencia de interés por parte de los turistas en conocer el local de la Cidade de Deus real, en detrimento de  las vistas espectaculares a la Rocinha. Los turistas descubiertos por Bianca son, en su mayoría abrumadora, extranjeros, y en ese grupo la mayor parte corresponde a europeos: más del 60%. Es un grupo heterogéneo, cuya ansiedad tiene que ver con diferenciarse. Quieren diferenciarse de los turistas convencionales, de los turistas-voyeurs, en definitiva, de la élite carioca, afirma la investigadora. Según Bianca, la nueva burguesía construye el núcleo de su identidad en oposición a la burguesía tradicional: si ésta pasa sus vacaciones en las ciudades hidrominerales, la nueva tiene el placer como exigencia, aunque éste provenga de la contemplación de la miseria ajena. Es común que los turistas justifiquen su presencia en las favelas con base tanto en los beneficios que aportarían a la zona como en los efectos positivos de dicha experiencia para sus vidas. En las palabras de un turista norteamericano en su blog: Rocinha es un must-do en Río, porque iluminará su vida al darle un insight único en un lugar fascinante.

BRAZIL-TOURISM-SHANTYTOWNAFP PHOTO / M.CHARGELLos turistas se dicen transformados, capaces de dar valor a lo que realmente importa. Al mismo tiempo, las ventajas, el confort y los beneficios del hogar son reforzados mediante la exposición a la diferencia y la escasez. En una interesante paradoja, el contacto en primera mano con aquéllos para los que diversos bienes de consumo aún no son inaccesibles asegura a los turistas su perfeccionamiento como consumidores. La gran mayoría, sostiene la autora, cree que los tours aportan un dinero fundamental al vencindario. Al mismo tiempo, pese al bienestar de que el local no sea su motivación central, todos los agentes turísticos se definen como éticos. Creen que su business tiene una dimensión social importante, en la medida en que aumenta la autoestima de los habitantes que reciben gente de todo el mundo que quiere conocerlos. Según la autora, no rara vez la favela emerge como un territorio autosuficiente, portador de una cultura propia, donde los habitantes se mantienen unidos en oposición a la sociedad egoísta que los rodea; en definitiva, una comunidad. Lo que viví allí me hizo sentir mucho más seguro dentro de la favela que del lado de afuera, en las playas y en los alrededores de Copacabana. Anduve con una cámara fotográfica de 5 mil dólares durante el tour, cosa que jamás haría fuera de la favela, confesó un entrevistado. Con todo, eso no quita el carácter terrible e invasivo del paseo, ya que algunas agencias, afirma Bianca, incentivan a entablar en efecto una relación de zoológico con la localidad, ya que se orienta sin foco hacia los habitantes y se incentiva incluso a que los turistas saquen fotos del interior de las casas, y no de los aspectos sociales, culturales y políticos de la favela.

Fotografías Al cabo de analizar 710 fotos posteadas en 50 fotologs, la investigadora Palloma Menezes, del grupo de Bianca y autora del estudio Gringos y cámaras en la favela Rocinha, descubrió que las casas y los habitantes constituyen, sin asomo de duda, el principal foco de las fotografías durante los tours, aunque según las agencias, los turistas son disuadidos a tenerlos como elementos centrales de su registro fotográfico. Nunca hubo tamaña reproducción y difusión de imágenes de favelas como hay en los días actuales, afirma Palloma. Esto es fuente de controversia en la zona, pues, como se verá a continuación, al tiempo en que el vecindario prefiere que se muestren únicamente los mejores lados de la favela, están los que defienden que se fotografíe la miseria, la parte más chocante, la que lastima, que será una recordación de la Rocinha que lastima allá, en la tierra de ellos, como dijo una habitante en una entrevista. Por otra parte, si bien los turistas no ahorran gastos en los chips de las máquinas, si que lo hacen a la hora de gastar en la vecindad, pues creen que comprando el paquete turístico ya han contribuido lo suficiente.

Los turistas gastan muy poco durante la visita (la mayoría compra únicamente una botella de agua) y no hay paseos agenciados por los habitantes del barrio, lo que redunda en la ausencia de capitales generados por el turismo que pasen a manos de los vecinos y se reinviertan en la propia favela, afirma la investigadora. Según ella, hasta ahora, por ende, el turismo en la Rocinha beneficia económicamente a un segmento muy específico y minoritario, no promueve una distribución efectiva de ganancias y las agencias de turismo raramente entablan diálogo alguno con as instituciones representativas de la comunidad. Lo que existen son contribuciones ocasionales, las llamadas propinas, el dinero que el turista da por caridad o simpatía y  que marca al vecino, y a la figura del turista, como alguien generoso e interesado en mejorar la vida de la comunidad. Sin embargo, en general, en general el turista es visto como duro, grosero, invasivo, poco interesado en la vida del vecindario y que prefiere visitar el espacio como se visita un zoológico, decidido a gastar lo mínimo y llevarse lo máximo.

Y sí, el turismo en la favela es un tanto invasivo, ¿vio Porque usted anda por aquellas callejuelas angostas y las personas dejan las ventanas abiertas. Y hay turistas que no tienen confianzómetro: ¡meten la cara dentro de las casas de la gente! Eso es realmente desagradable. Ya sucedió con otro guía. Una vecina estaba cocinando y su cocina estaba al lado de una ventanita; un turista pasó, metió la mano por la ventana y le abrió la tapa de la olla. La vecina se enfureció. ¡Y le pegó en la mano!, comenta un guía. En los paseos que acompañamos, nunca dejamos de presenciar que en algún momento la vidriera se invertía y los turistas pasaban a ser la atracción de los habitantes, comenta Bianca.

La investigadora recuerda de qué manera los vecinos les atribuyen calidades infantiles a los turistas: Ellos hablan todos atravesados, que cómico; me encanta ver cuando pasan los días de lluvia, con aquellas capitas amarillas, parecen todos pollitos.

A lo mejor es gracias a ese juego de cintura que, pese a todo, la gran mayoría de los entrevistados, el 83%, ve con simpatía la presencia de los turistas en las favelas. Todo aún envuelto en una paradoja: pese a comprender que los grandes atractivos de la Rocinha como destino turístico son precisamente la pobreza y la violencia, el vasto contraste entre su realidad cotidiana y aquélla de los turistas, muchos no quieren que los aspectos negativos (ranchos precarios, basura, desorganización del espacio, violencia) sean los predicados asociados a la Rocinha turística. Y cuando los gringos suben a los techos surge la confusión. La favela turística es una serie de idealizaciones: turistas que idealizan a los vecinos, que pueden ser vistos como guardianes de los valores auténticos y de lo que realmente importa, pero también como pobrecitos y miserables; y habitantes que idealizan a los turistas, considerándolos al mismo tiempo generosos y  solidarios, pero también como duros y desubicados; agencias que idealizan tanto a los turistas como a los vecinos y, con base en tales idealizaciones, trazan sus circuitos, responden a las demandas y intermedian conflictos. Cosas de las cuales ningún Diccionario Oxford da cuenta.

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