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Nobel

Una fiesta en red

Brasileños celebran las distinciones de científicos con quienes ya han trabajado

STEVE MCCONNELLEl trabajo en redes de investigación y la internacionalización de la ciencia brasileña hicieron que algunas victorias del Nobel fuesen celebradas por brasileños que convivieron y trabajaron con los laureados. Un ejemplo de ello es el de Mateus Batistella, investigador de la estatal agropecuaria Embrapa Monitoreo por Satélite y profesor de la Universidad Estadual de Campinas, quien llevó a cabo una provechosa colaboración con la ganadora del Nobel de Economía, Elinor Ostrom, sobre todo durante el período en que se doctoró en la Universidad de Indiana, institución en que la investigadora hizo su carrera. Batistella y colegas de Brasil, Madagascar, Uganda, Nepal y Guatemala publicaron en 2003 junto con Elinor un artículo en un suplemento online de la revista Science. El texto presentó estudios de caso que dan asidero a un artículo anterior publicado por la Nobel de Economía y  otros autores, en donde explora su plato principal: el desafío de gobernar recursos comunes. Elinor Ostrom desafía a la trampa social conocida como tragedia de los comunes, en la cual intereses individuales se sobreponen a un objetivo colectivo, lo que resulta en la destrucción de los bienes públicos y de los recursos escasos. Ella comprobó en la práctica que los intereses aislados de ciertos grupos pueden ser más benéficos para la economía y el medio ambiente que una intervención del Estado o del propio mercado. El estudio de caso hecho por Batistella narra el ejemplo de un asentamiento agrícola en el estado de Rondônia.

El brasileño también mantiene una colaboración estrecha con Emilio Moran, docente de la Universidad de Indiana (lea la entrevista en Pesquisa FAPESP nº 125) que fue codirector con Elinor del Center for the Study of Institutions, Population and Environmental Change. Los resultados de los primeros años de trabajo de ese centro fueron a parar al libro Ecossistemas florestais Interação homem-ambiente, organizado por Elinor y Moran, publicado en Brasil por Editora Senac SP y por Edusp. Batistella fue uno de los traductores. Elinor Ostrom dividió el Nobel de Economía con Oliver Williamson, de 77 años, de la Universidad de California en Berkeley, galardonado por sus análisis de la gobernanza económica.

También se festejó en Brasil el anuncio del Nobel de Química, dividido por tres científicos que develaron uno de los procesos más fundamentales para la existencia de la vida: de qué manera la información contenida en el ADN es traducida por el ribosoma, el compartimento celular responsable de la síntesis de las proteínas en todos los organismos, del hombre a las bacterias. Yvonne Mascarenhas, profesora del Instituto de Física de São Carlos de la Universidad de São Paulo (USP), celebró la conquista de la israelí Ada E. Yonath, del Weizmann Institute of Science. Yvonne encontró a Ada en varios congresos internacionales, como el de la Unión Internacional de Cristalografía, realizado en 1984, en Moscú, Rusia. En dicha oportunidad ella me invitó a visitar a su grupo del Laboratorio Sincrotrón de Hamburgo. Acepté y tuve la satisfacción de encontrarla, recuerda. Yvonne la invitó a participar en un simposio sobre cristalografía y biología molecular que se realizó en la ciudad de Guarujá en 1990. Ella aceitó la invitación, y con su natural curiosidad, además de venir al simposio, se hizo tiempo para visitar Manaos y  Salvador.

UNIVERSIDAD YALECoro
Otro profesor de la USP, José Riveros, del Instituto de Química, escribió un artículo evocando su amistad con Thomas Steitz, de la Universidad Yale, quien ganó el Nobel de Química junto con Ada y el indio Venkatraman Ramakrishnan. En dicho texto, disponible en el sitio de Pesquisa FAPESP (www.revistapesquisa.fapesp.br), Riveros rememora la convivencia con Steitz, cuando ambos eran alumnos de posgrado de la Universidad Harvard, en los años 1960. Tuvimos oportunidad de ir a varios conciertos de la Sinfónica de Boston y Tom participaba activamente del coro en los oficios religiosos, en la capilla de Harvard, escribió Riveros. Él mantiene la misma sencillez y el mismo entusiasmo que en la época que compartimos y me siento orgulloso de haber tenido una rica convivencia con él en el plano científico y  personal, dijo.

En el caso del Nobel de Física, el premio del chino Charles Kao, quien desarrolló la primera fibra de vidrio óptica en 1966, el reconocimiento fue festejado por la comunidad de investigadores que se formó en Brasil a partir de la década de 1970 y  ayudó a impulsar la tecnología nacional en este campo. El descubrimiento de Kao fue a parar en una aplicación comercial en 1973, y cuatro años más tarde, en abril de 1977, se tendía la primera fibra óptica en Brasil, en una torre del Instituto de Física Gleb Wataghin de la Unicamp. Brasil fue tempranamente siguiéndole el ritmo al desarrollo internacional, dice Hugo Fragnito, docente de la Unicamp y coordinador del proyecto KyaTera, una estructura de cables de fibra óptica que interconecta a centros de investigación de São Paulo, Campinas y São Carlos, en el marco del Programa Tecnología de la Información en el Desarrollo de Internet Avanzada (Tidia) de la FAPESP. En Brasil, la primera fibra óptica experimental utilizable en telecomunicaciones se fabricó en 1976, tres años después de ser factible en EE.UU. Para una tecnología de punta, fue un logro apreciable. Se trata de un caso de éxito de una tecnología elaborada en la universidad y transferida al sector productivo en forma pionera en Brasil. El desarrollo en el mundo se hizo en laboratorios privados, dice el profesor.

Fragnito recuerda que un ingrediente esencial fue el surgimiento del Centro de Investigación y Desarrollo (CPqD), de la Empresa Brasileña de Telecomunicaciones (Telebrás), inaugurado en Campinas en 1976, que apuntaba a transferir innovación al sector industrial. Mientras que la Unicamp hizo prototipos en laboratorio, el CPqD probó la tecnología en escala piloto y se la transfirió al sector productivo. Esa iniciativa generó conocimiento y personal calificado, que se convirtió en un acervo humano importante, he hizo posible el surgimiento de empresas como la Padtec, dice, refiriéndose a la mayor fabrica de equipos para comunicación óptica de Brasil, con sede en Campinas. Charles Kao dividió el premio con Willard Boyle y George Smith, reconocidos por la invención en los Bell Laboratories de un circuito semiconductor de imágenes: el sensor CCD, el ojo electrónico de las actualmente populares cámaras fotográficas digitales.

Estudios de gran importancia para la comprensión de mecanismos biológicos que regulan el proceso de envejecimiento celular significaron el Premio Nobel de Medicina o Fisiología para tres investigadores que trabajan en Estados Unidos: Elizabeth Blackburn, de la Universidad de California, Carol Greider, de la Escuela Médica de la Universidad Johns Hopkins, y Jack  Szostak, de la Escuela Médica de Harvard y del Instituto Médico Howard Hughes. Cada uno de ellos lo recibirá por sus estudios iniciados en la década de 1980 sobre el modo en que los cromosomas son protegidos por los telómeros y por la enzima telomerasa. Los telómeros son estructuras que protegen el material genético de la degradación en el proceso de copia y división celular.

Los galardones en las categorías no científicas fueron objeto de polémica. El Premio de Literatura concedido a Herta Müller, de 56 años, una alemana nacida en Rumania, generó críticas debido al escaso reconocimiento internacional de la obra de la escritora, lo que no es novedad en la trayectoria del Nobel. Pero la mayor controversia fue la concesión del Nobel de la Paz al presidente estadounidense Barack Obama, quien pese a su discurso antiarmamentista, no tuvo tiempo de llevar las ideas a la práctica en tan sólo nueve meses de mandato.

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