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medio ambiente

Bajo el signo de Copenhague

Estudios muestran la evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero en el país y el impacto potencial de los cambios climáticos en la economía brasileña

CARLOS SILVA/IMAPRESS/PAGOSLa divulgación de dos estudios relacionados con las emisiones de gases de efecto invernadero en el país y los perjuicios de los cambios climáticos en la economía brasileña agitó el debate entre científicos, ambientalistas y autoridades en vísperas de la Conferencia de Copenhague, programada para el período que se extiende entre el  7 y el 18 de diciembre en Dinamarca. Uno de los trabajos fue liderado por Carlos Cerri, profesor del Centro de Energía Nuclear en Agricultura, ubicado en el campus de la USP de la localidad de Piracicaba. En un artículo publicado en la revista Scientia Agricola, el equipo liderado por Cerri presentó una estimación de la evolución de las emisiones brasileñas de gases causantes del efecto invernadero durante los últimos años. Este dato causó repercusión, ya que el último inventario oficial de emisiones es del año 1994, y animó el debate sobre la capacidad de Brasil de colaborar con la disminución global de emisiones, en un momento en que el gobierno brasileño se comprometió a reducir hasta 2020 entre el 36,1% y el 38,9% del lanzamiento de gases de efecto invernadero estimado para el año 2020.

Según el estudio de Cerri, que contó con financiamiento de la FAPESP, las emisiones brasileñas crecieron un 24,6% entre 1990 y 2005 y cambiaron de perfil. Aunque el desmonte sigue siendo el principal emisor de gases de efecto invernadero en Brasil, y equivale al 51,9% del total de emisiones, su crecimiento fue de tan sólo un 8,1% en el período. En tanto, las emisiones provenientes del consumo de energía, de la producción agropecuaria, de la industria y de la basura tuvieron un aumento promedio del 41%. Los análisis del grupo de Cerri se llevaron a cabo con base en otros estudios. “La universidad tiene que dedicarse más a hacer este tipo de investigaciones”, dijo Cerri, quien ya había hecho trabajos similares para el Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos (IPCC). Su grupo se aboca ahora a encarar otro reto. Está relevando opciones para la mitigación de los efectos de los cambios climáticos y simulando escenarios que ayuden a la toma de decisiones, tales como las implicaciones del aumento del área plantada para la producción de bioetanol y biodiesel en reemplazo de los combustibles fósiles, la modernización de la ganadería, con la adopción del confinamiento del ganado, o las alteraciones en el manejo del suelo, con la introducción del cultivo directo.

Datos preliminares
La repercusión del estudio y la ausencia de datos oficiales sobre las emisiones llevaron al ministro de Ciencia y Tecnología, Sergio Rezende, a divulgar a finales de noviembre datos preliminares del segundo inventario brasileño de emisiones de carbono, que abarcará el período de 1990-2000, pero solamente estará concluido en 2011. De acuerdo con el ministro, las emisiones entre 1990 y 2005 aumentaron un 62%. Las de gases de efecto invernadero en dióxido de carbono equivalente (CO2eq) del sector de energía subieron el 15,8% al 16,4%. Las de los procesos industriales, del 2% al 1,7%; de la agricultura, del 25,4% al 22,1%; del cambio del uso de la tierra y las selvas, del 54,8% al 57,5%; y del tratamiento de residuos, del 2% al 2,2%.

En otro estudio de impacto, dado a conocer a finales de noviembre, se hizo un esfuerzo para cuantificar las pérdidas que la economía brasileña puede sufrir si los países no tuvieran éxito en el esfuerzo global para revertir los impactos de los cambios globales. Inspirada en el informe Stern, un estudio británico de 2006 que evaluó los efectos en la economía mundial de los cambios climáticos en los próximos 50 años, la investigación Economía del Clima apuntó a prever el espectro de los perjuicios en Brasil. Las pérdidas en la economía hasta 2050 se ubicarían entre los 719 mil millones y los 3,6 billones de reales, y generarían una caída de entre 534 y 1.600 reales en el ingreso anual de cada ciudadano brasileño. “Esto equivale a desperdiciar un año entero de crecimiento en los próximos 40 años”, dijo Sérgio Margulis, economista del Banco Mundial y coordinador técnico del estudio.

Para hacer proyecciones, los investigadores midieron las probables pérdidas en diversos sectores de la economía, tales como la ganadería, que puede sufrir una retracción del 25% debido al déficit hídrico, más allá de otros impactos como el generado por la elevación del nivel del mar en áreas costeras. Se simularon dos escenarios de crecimiento económico para Brasil: uno basado en una economía ambientalmente sostenible, y otro en una economía “sucia”, con elevación de las emisiones de CO2.

Según este estudio, las regiones más vulnerables al cambio del clima en Brasil serían la Amazonia y el nordeste. El calentamiento redundaría en una reducción del 40% de la cobertura forestal en la región sur-sudeste-este de la Amazonia, que dejaría su lugar a las sabanas. En el nordeste, la escasez de lluvias causaría pérdidas agrícolas en todos los estados. “Un aspecto importante es la injusticia social que esto puede causar. El norte, nordeste y el centro-oeste serían más sensiblemente afectados, y sabemos que las poblaciones más pobres son las más afectadas en ese cuadro”, dijo Margulis. Todos los cultivos del país, con excepción de la caña de azúcar, sufrirían pérdidas, en especial la soja (entre un -34% y un -30%), maíz (-15%) y café (entre un -17% y un -18%). La elevación del nivel del mar traería aparejados perjuicios para la zona costera de 136 mil a 207,5 mil millones de reales. La adaptación al clima más cálido le demandaría al país la instalación de una capacidad extra de generación de energía del orden del 25% al 31% de la oferta de electricidad de 2008, al costo de entre 48 mil a 51 mil millones de dólares, dependiendo del escenario.

La coordinación general del estudio le cupo al profesor de la Facultad de Economía, Administración y Contabilidad de la Universidad de São Paulo (FEA/USP), Jacques Marcovitch, y contó con la coordinación técnica de Sérgio Margulis, economista del Banco Mundial, y Carolina Dubeux, del programa de posgrado en ingeniería de la Universidad Federal de Río de Janeiro (Coppe/ UFRJ). El trabajo reunió un consorcio de 11 instituciones de investigación integrado por las universidades de São Paulo (USP) y Estadual de Campinas (Unicamp), la Embrapa, el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) y la Fiocruz, entre otras. “Brasil es reconocido como un país que ha avanzado en la cuestión económica y en la cuestión social”, declaró a la agencia BBC el coordinador del estudio, Jacques Marcovitch. “Ahora bien, lo que puede y debe hacer es completar esos dos reconocimientos con un tercero. Puede ser líder en políticas de desarrollo que incorporen la dimensión ambiental.”

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