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Biotecnología

Con la piel protegida

Usan nanopartículas como envoltorio de sustancias activas en un protector solar desarrollado por la UFRGS y la empresa Biolab

ARTGRAPHIC PUBLICIDADERepresentación artística de nanocápsulas poliméricas que recubren las sustancias activas del fotoproctetorARTGRAPHIC PUBLICIDADE

Nanopartículas biodegradables y resistentes al agua, elaboradas con aceite de palma canangucho o burití y otros materiales usados en la industria cosmética, fueron incorporadas de manera innovadora a un filtro solar desarrollado en asociación entre la Universidad Federal do Río Grande do Sul (UFRGS) y la empresa Biolab Farmacêutica, de São Paulo. “Las sustancias activas se encapsulan y se envuelven con un polímero que controla su liberación, que posteriormente es eliminado por la piel completamente”, dice la profesora Adriana Pohlmann, del Instituto de Química de la UFRGS, quien participó en el proyecto de desarrollo del protector solar coordinado por la profesora Silvia Guterres, de la Facultad de Farmacia de la universidad ‘gaúcha’. “Debido a que el tamaño de las nanopartículas varía entre los 240 y 250 nanómetros, éstas quedan retenidas en el estrato córneo, que es la capa más externa de la epidermis, y por ende, de la piel”, subraya. Esto hace que los filtros del protector solar no sean absorbidos por la dermis, la capa que se encuentra debajo de la epidermis y alberga nervios y vasos sanguíneos.

“Dependiendo de la acción esperada del producto, se altera el tamaño de las partículas”, dice Dante Alario Júnior, presidente técnico-científico de Biolab. En la franja inferior a los 100 nanómetros – un nanómetro equivale a la millonésima parte de un milímetro – penetran en el torrente sanguíneo. Para algunos productos que la empresa está desarrollando, como un antimicótico para las uñas, por ejemplo, las nanopartículas debe ser menores, para penetrar en las capas de queratina. El desarrollo de productos cosméticos basados en la nanotecnología es un camino que por que avanzan desde hace tiempo empresas internacionales como las francesas L’Oréal y Chanel (lea más sobre el tema en la edición nº 146 de Pesquisa FAPESP).

“Hicimos una formulación que permite que el producto permanezca durante más tiempo en la piel, y aun cuando está en contacto con el agua, no sale tan fácilmente”, dice Alario. En la composición entran principalmente filtros químicos, que son moléculas orgánicas que absorben la radiación ultravioleta (UV). Y también un filtro solar inorgánico, que refleja los rayos UV. Esta asociación es necesaria para la obtención de filtros solares con factor de protección más alto. Pero lo que permanece la mayor parte del tiempo en la piel son los ácidos grasos y sus derivados no hidrofílicos, que repelen el agua, y hacen que el protector solar tenga una mayor duración una vez aplicado. “El hecho de que la partícula sea en escala nanométrica ayuda a mantener el producto aplicado, porque al ser pequeña se pega en la porosidad natural que tenemos en la piel”, dice Alario.

Presentado en noviembre de 2009 con el nombre comercial de Photoprot factor de protección solar 100, con 40 mililitros, este producto protege contra la radiación ultravioleta de los tipos B (UVB) y A (UVA). El primer tipo, de los rayos UVB, con mayor incidencia entre las 10 y las 15 horas, provoca enrojecimiento, ardor, descamación, quemaduras y cáncer de piel. La radiación UVA es responsable del envejecimiento precoz y de algunos tipos de cáncer. El sol emite también un tercer tipo de rayos ultravioletas, los UVC, bastante prejudiciales, pero que son interceptados por la capa de ozono.

Además del aceite de burití, un agente antioxidante, la fórmula contiene los filtros solares orgánicos avobenzona y octocrileno, sustancias fotoestables que mantienen la eficacia de los filtros durante varias horas. “Aunque se desarrollaron todos los factores de protección solar para el producto, Biolab optó por lanzar el factor 100 para llegar a una franja de mercado más específica”, dice Lilian Lopergolo, gerente del departamento de proyectos de investigación, desarrollo e innovación de la empresa. “Elegimos un producto que se diferencia por su alto factor de protección, indicado para su uso por parte de personas que se han sometido a tratamientos clínicos, estéticos y quirúrgicos, tales como peelings, terapia fotodinámica, relleno cutáneo y aplicación de toxina botulínica”, dice Alario. O como prevención y tratamiento de melasmas, más conocidos como manchas de piel. El precio de venta en las farmacias se ubica en torno de los 70 reales.

Debido a que la empresa tiene una destacada actuación en el área farmacéutica y recién hace poco tiempo empezó a trabajar con la línea Cosmiatric de productos cosméticos con acción terapéutica, el fotoprotector está siendo divulgado primeramente entre los médicos. Pero, por lo que todo indica, en poco tiempo más el Photoprot también saldrá al mercado externo. “Estamos en tratativas con una empresa alemana, que tiene filiales en ocho países, para llevar no solamente el fotoprotector sino también otros productos basados en la biodiversidad brasileña fuera del país”, dice Alario.

Aplicaciones terapéuticas
El desarrollo del fotoprotector empezó en 2005, como parte de un proyecto mayor que contó con apoyo de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Y entonces, la UFRGS mantenía una asociación con Biolab, por medio de un proyecto que resultó en la patente de un nanoanestésico. “Fue así como surgió la oportunidad de hacer otro proyecto en el marco del pliego de la Finep, un llamado específico para nanocosméticos”, dice Adriana. El grupo de investigación de la UFRGS tenía un vasto conocimiento en producción y caracterización de nanocápsulas poliméricas destinadas a antiinflamatorios, antitumorales y otras aplicaciones terapéuticas. “Desde 1995, cuando la profesora Silvia regresó a Brasil, luego de haber trabajado en su doctorado con nanopartículas poliméricas, creó en la UFRGS un grupo destinado a actuar específicamente en el área”, dice Adriana, que fue invitada a participar. “Creamos mucho conocimiento sobre el tema”, informa. “Tenemos unos 80 trabajos publicados, 70 de ellos indexados en bancos internacionales.”

El proyecto aprobado por la Finep concluyó en 2007, al cabo de dos años de trabajo conjunto. En 2008 se hicieron los ensayos que exige la Agencia Nacional de Vigilancia  Sanitaria (Anvisa) para el registro del producto. Para el proyecto específico del fotoprotector con nanotecnología, la Finep aportó 600 mil reales, e igual contrapartida asignó la empresa. La tecnología de nanocápsulas biodegradables fue patentada y registrada con la marca Nanophoton.

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