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políticas públicas

Energía expandida

El uso de tierras ociosas puede expandir la producción de biocombustibles y alimentos

LAURA DAVIñAExpertos de Brasil y de otros países reunidos en mayo en São Paulo arribaron a la conclusión de que la producción de biocombustibles –en especial de etanol– puede expandirse sin disputar espacio con la producción de alimentos y con menor impacto ambiental de incrementarse la investigación científica y tecnológica y la interacción con las políticas públicas de desarrollo económico y social.

“Los formuladores de políticas públicas están confundidos ante tanta incertidumbre sobre la factibilidad de un futuro sostenible”, comentó Lee Lyndt, investigador del Dartmouth College, Estados Unidos, en una de las presentaciones del workshop Scientific Issues on Ethanol, realizado durante los días 24 y 25 de mayo en la sede de la FAPESP. Tanto él como otros conferenciantes hicieron hincapié en los impactos ambientales negativos del actual modelo de producción de energía en el mundo, fundamentado en combustibles no renovables, principalmente petróleo, carbón y gas natural.

“Nuestro confort depende de los combustibles fósiles”, dijo José Goldemberg, de la Universidad de São Paulo. Sucede que, según él, este modelo energético no solamente está sujeto a su agotamiento, a medida que las reservas de petróleo se vayan terminando, sino que también es socialmente injusto, ya que los habitantes de los países europeos consumen el equivalente a seis toneladas de petróleo por año, y los de África, 10 veces menos. “El uso de fuentes renovables modernas, que es el sueño de los ambientalistas, está creciendo, pero aún existe un largo camino para una adopción más amplia. El futuro pertenece a las energías renovables definitivamente, pero eso será dentro de 20 ó 30 años.”

Goldemberg fue uno de los autores de un informe solicitado hace dos años por el Consejo InterAcademias a 15 academias de ciencia, el Lighting the way: toward a sustainable energy future. Recientemente publicado por la FAPESP (Un futuro con energía sostenible: iluminando el camino, 300 páginas), este documento pone de relieve el papel de los gobiernos en lo que hace a apoyar inversiones de largo plazo en infraestructura energética e investigaciones que ayuden a diseminar las fuentes de energía renovable, incluidos los biocombustibles.

“La expansión de la producción de biocombustibles en Brasil y en Estados Unidos produjo una seria controversia acerca de la incompatibilidad entre alimentos y combustibles”, recordó Goldemberg. En el transcurso de los dos días de debates impulsados por la FAPESP, la Academia Brasileña de Ciencias (ABC) y el InterAcademy Panel (IAP), este conflicto se deshizo y la limitación de tierras dejó de ser considerada un obstáculo a la expansión de la producción de etanol. Hipotéticamente, la duplicación la productividad de la ganadería brasileña –de una a dos cabezas de ganado por hectárea– podría añadir 100 millones de hectáreas a los actuales 4 millones de hectáreas de caña de azúcar, cubriendo así dos tercios de la demanda mundial de etanol.

Cambios a la vista
Asimismo, mil millones de acres podrían usarse en el mundo para la agricultura. “Brasil aprovecha tan sólo un 1% del área que podría aprovechar para la agricultura”, afirmó Carlos Henrique de Brito Cruz, director científico de la FAPESP. Varios conferenciantes aseveraron que el mejor uso de las tierras podría expandir la producción de etanol y al mismo tiempo, atender la demanda creciente de alimentos, y a su vez disminuir la pobreza en el mundo.

Patricia Osseweijer, investigadora de la Delft University of Technology, de Holanda, comentó que la actual cartera de fuentes de energía de Europa no es ambientalmente segura ni sostenible, pero existen serias limitaciones para la implantación de fuentes alternativas. Según ella, aunque los países europeos usasen 40 millones de hectáreas para la producción de biocombustibles, solamente un tercio de la demanda sería contemplado.

“Es muy difícil encontrar soluciones durables, biodegradables, ambientalmente amigables y económicamente factibles”, reconoció. “Los políticos tienen miedo del impacto de las medidas que han de tomarse”. Patricia dijo que lo que ella ha visto en Europa indica que una mayor producción de conocimiento no necesariamente implica más apoyo por parte del gobierno o de la opinión pública.
“Debemos aumentar la participación pública y mejorar la calidad de la comunicación. Los debates aún carecen de claridad y reflejan únicamente la postura uno de los lados”. Horward Alper, de la Universidad de Ottawa, Canadá, reiteró: “Es absolutamente crucial comunicarse de una manera clara y concisa. Su hija de 16 años debe entenderle.”

Cambios profundos en otros hábitos parecen ser indispensables en la búsqueda de un planeta menos contaminado. Como actualmente el sector de transportes consume un tercio de la energía producida en el mundo, Cylon Gonçalves, profesor emérito de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y coordinador adjunto de la FAPESP, comentó: “Solamente una radical transformación de los medios de transporte y de las necesidades de la humanidad nos llevará a una sostenibilidad. Existen límites científicos y técnicos al crecimiento constante de la demanda”.

Algunos cambios podrían ser inmediatos. “Si los países en desarrollo, como China y India, siguieran usando carbón, pero con tecnología de Estados Unidos o de Japón, ganarían en eficiencia energética y la emisión de gases de efecto invernadero caería un tercio”, sugirió Goldemberg.

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