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Conferencia de Cancún

Pulseada multilateral

El combate contra el cambio climático avanza en México, pero queda en suspenso un acuerdo más global

MARIA GUIMARÃESDurante la tarde del viernes 10 de diciembre, en Cancún, México, la atmósfera era de desaliento. Era el último día de la 16ª Conferencia de las Partes sobre Cambios Climáticos, la COP 16, y todo llevaba a creer que no sería posible arribar a un acuerdo, sobre todo debido a la resistencia de Bolivia y Venezuela. Pero el juego empezó a darse vuelta a las seis de la tarde, cuando la canciller mexicana Patricia Espinosa, presidenta de la conferencia, presentó los documentos elaborados sobre el Protocolo de Kioto y sobre las acciones de cooperación a largo plazo (LCA) y no permitió que se abrieran discusiones en la reunión plenaria del edificio Azteca, sede de parte de las reuniones. Al postergar la sesión durante dos horas para que el trabajo se llevase a cabo en grupos menores, fue aplaudida durante varios minutos por la mayor parte de los delegados de los casi 190 países presentes. Un año antes, en la COP 15 de Copenhague, fue en ese momento cuando la conferencia se desmoronó en medio de discordancias irreconciliables. “Durante los 11 años que he venido participando en las negociaciones ligadas al clima, nunca había visto un apoyo masivo como el que tuvo la mexicana”, dice la estadística Thelma Krug, investigadora del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) e integrante del Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos (IPCC). Fue la señal de un cambio de ánimo y en pos de un esfuerzo final de trabajo en el texto que sería aprobado – aunque sin el aval de Bolivia – alrededor de 10 horas después.

Poco antes de la llegada de la mexicana, Thelma, como parte del equipo técnico de la delegación brasileña, se preocupaba con las discordancias de algunos países sobre las propuestas relacionadas con las emisiones resultantes de las quemas de bosques y los cambios en el uso de la tierra. “Después de Copenhague, cuando no se arribó a un acuerdo, necesitábamos salir de Cancún con algún resultado”, comentó luego de la conferencia. El texto aprobado, aunque todavía diste de los anhelos generales, es una fuente de alivio. “Salí confiada porque el proceso está vivo”. Consciente de que es mejor construir resultados con el correr del tiempo, la investigadora del Inpe festeja la aprobación del texto sobre Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación, el REDD+, que destina fondos para que los países compensen las emisiones con proyectos de reducción de la deforestación.

El proceso de la conferencia es comparable con el fútbol, dice Paulo Gustavo Prado, director de Política Ambiental de la organización no gubernamental (ONG) Conservación Internacional (CI) de Brasil, integrante técnico de la delegación brasileña presente en la COP. “Es como una final de un campeonato cuyo tanteador se mantiene 2 a 2 hasta los 45 minutos del segundo tiempo”, compara. “Durante las últimas ocho horas de una conferencia, que corresponden a los penales, la voluntad política habla más alto y se abandonan las diferencias menores”. La delegación boliviana protestó hasta el final, pero, en un desenlace coherente con la transparencia y la firmeza con que condujo las dos semanas de reunión, Patricia Espinosa declaró que un solo país no debería impedir avances, aunque sean modestos. Ante la falta de apoyo de otros países, la pelota al final entró: gol del combate contra los cambios climáticos por medio del REDD+. Uno de los avances importantes es el establecimiento del Fondo Verde, que contará, en un plazo que va hasta 2020, con 100 mil millones de dólares anuales con la finalidad de financiar proyectos de reducción de emisiones, y de adaptación y transferencia de tecnología, con el objetivo de ayudar a los países menos desarrollados a adaptarse a los ya inevitables cambios del clima.

Aún no se ha definido qué monto aportará cada país desarrollado ni qué países serán contemplados. Para Paulo Prado, Brasil se encuentra en una posición privilegiada, toda vez que puede (y debe) avanzar en el proceso de reducción de la deforestación y de las emisiones resultantes de los cambios en el uso de la tierra. “Tenemos capacidad científica y reunimos buenas condiciones en lo que hace al presupuesto interno”. Prado cree que Brasil avanza bien y en la dirección cierta, ya que las metas que asumió el gobierno – reducción hasta 2020 de la deforestación de la Amazonia en un 80% y la de la sabana en un 40% – se alcanzarán cuatro años antes de lo esperado, de acuerdo con los pronósticos del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Es un punto importante, al fin y al cabo, entre 1990 y 2005, el 61% de las emisiones de carbono de Brasil se debieron al desmonte de selva tropical. El experto de la CI afirma que el país se encuentra en buenas condiciones como para trabajar en los tres pilares del acuerdo – mitigación, adaptación y reducción de emisiones – controlando emisiones mientras que promueve un crecimiento sobre bases sostenibles.

MARIA GUIMARÃESLa presidenta de la conferencia al frente de la reunión plenariaMARIA GUIMARÃES

Ambientalismo rentable
“No se trata de un amor ciego por la naturaleza”, afirma Prado, dejando el romanticismo de lado. “La mitigación y la adaptación con relación al clima implican un fuerte interés social y económico”. Y habrá utilidades y oportunidades en la transferencia de tecnología destinada a los planes de adecuación de los países con economías emergentes. Esta transferencia de fondos ya está en marcha, pero no lo suficiente, tal como afirmó el presidente de Guayana, Bharrat Jagdeo, en un evento sobre REDD+ paralelo a la COP 16. Su país tomó la delantera en una economía basada en la valoración de la selva, aun cuando signifique un crecimiento económico más lento. Pero la estrategia solamente puede funcionar si el financiamiento se vuelve más eficiente. “Demostramos que alcanzamos nuestras metas, pero eso no significa que recibiremos los fondos”, protestó.

Los países que no tienen riqueza de bosques también pueden ingresar al proceso  abocándose a desarrollar nuevas fuentes de energía, de acuerdo con el meteorólogo kuwaitiano Essa Ramadan, investigador del Instituto de Meteorología de Kuwait e integrante técnico de la delegación de su país. “Tenemos que volvernos verdes”, afirma el investigador. Eso es posible, según cree, siempre y cuando los políticos y los hombres de negocios escuchen lo que la ciencia tiene para ofrecer. Este tipo de visión no constituye un problema ni siquiera para un país cuya economía se basa en el petróleo. “Existen muchas cosas que se pueden hacer con el petróleo además de quemarlo”, recuerda Ramadan. Y aboga por que se invierta en usos alternativos, además de migrar la matriz energética hacia la solar y eólica.

En Kuwait, así como en muchos otros países, los cambios climáticos ya se hacen sentir. El meteorólogo informa que, hasta los años 1980, el seco país registraba una precipitación media de 125 milímetros anuales de lluvia. Posteriormente los índices fueron cayendo y actualmente la precipitación media se ubica en 115 milímetros por año. Es un cambio peligroso para una región de agua de por sí tan escasa. “En el invierno llegamos a cero grado Celsius (°C), pero en el verano muchas veces la temperatura trepa a los 49°C”, comenta. “En 2010 tuvimos una secuencia de casi un mes con esa temperatura”. Así es como aumenta la incidencia de las tempestades de polvo que llegan a alturas y distancias suficientes como para dañar a aviones en vuelo sobre Europa, y los problemas de salud se multiplican. “Resulta difícil hacer proyecciones de cambios climáticos, pues son muchos los factores implicados”, comentó dentro del autobús rumbo al centro en que se realizaba la conferencia, luego de delinear con el dedo, sobre la pantalla de un iPad, una serie de curvas ficticias de emisiones de anhídrido carbónico hasta el año 2050. Según esa proyección improvisada en el momento, el programa le indica cuántos grados subirá en promedio la temperatura en el mundo. Según el aplicativo, el resultado era casi siempre más de 2°C, el máximo tolerable para quienes temen las consecuencias del calentamiento, a no ser que fuese muy audaz en las reducciones. “Resulta poco realista”, se lamentó.

En la búsqueda por reducir emisiones, en Copenhague quedó definido que los países deberían producir inventarios acerca de cuánto arrojan a la atmósfera. La idea se reforzó ahora, pero, de acuerdo con Thelma Krug, quien colabora con la producción del informe brasileño junto con un equipo del Ministerio de Ciencia y Tecnología, aún no está claro quién pagará por su elaboración en los países en desarrollo. Ahora se apunta a reducir el plazo destinado a la producción de inventarios, quizá cada dos años. Brasil entregó en Cancún el documento sobre emisiones entre 1994 y 2002, con estimaciones hasta 2005. De acuerdo con la investigadora del Inpe, en poco tiempo más el país será capaz de generar información más detallada, con base en datos del Inpe, del Instituto Brasileño de Geo­grafía y Estadística (IBGE) y de otras instituciones. “Brasil está asumiendo a nivel nacional un compromiso mayor que el exigido y lleva a cabo evaluaciones más rigurosas incluso que las que hacen muchos países desarrollados”, afirma.

MARIA GUIMARÃESMéxico y la ONU: anfitriones de la COP 16MARIA GUIMARÃES

Victoria ajustada
Pero la reglamentación internacional avanza despacio. El acuerdo obtenido durante la madrugada del día 11 de diciembre fue débil en lo atinente a la limitación de las emisiones, según evalúa el diplomático Sergio Serra, hasta diciembre embajador extraordinario para el cambio climático. “Eso ya se sabía, pues ahora no están dadas las condiciones para plantear metas más ambiciosas como las preconizadas por el IPCC, debido al momento político de Estados Unidos y a la crisis económica en Europa”, afirma el diplomático cuya credencial pendía en Cancún de un cordón que decía: “Kyoto: just do it”, y que medía cuánto él andaba por la conferencia con la ayuda de un aparatito sujeto al cinto, parte de una campaña de la ONG Greenpeace que preconiza que se camine más y se hable menos. Prevé también que un acuerdo así aún no aparece en el horizonte cercano, dado que 2011 es un año preelectoral en Estados Unidos, y sin su adhesión, otras grandes potencias seguirán vacilando a la hora de asumir grandes compromisos. “Hablar del cambio climático allá es como hablar del aborto o de la marihuana: hay muchos intereses en juego”. Por ende, se avanzó hasta donde fue posible dentro de la coyuntura internacional.

De cualquier manera, para el embajador, la salida se ubica en el contexto de la Organización de las Naciones Unidas, la ONU. Por eso la recuperación de la confianza en el proceso multilateral, desacreditado en Copenhague, es para él precisamente el gran logro de la COP 16. Este año se llevarán a cabo al menos tres grandes reuniones preparatorias de la COP 17 de Durban, Sudáfrica.

Para el climatólogo del Inpe Carlos Nobre, coordinador del Programa FAPESP sobre Cambios Climáticos Globales, aún no es hora de festejar. Nobre adjudica el optimismo posterior a Cancún a la baja expectativa que había en relación con los resultados de la conferencia. “Pero una sumatoria de microprogresos no equivale necesariamente a un macroprogreso”, advierte. Para él, los avances progresivos no son suficientes para evitar las consecuencias de los cambios climáticos. “Se requiere de un cambio paradigmático, que solamente se logrará mediante un gran acuerdo global”, afirma. El establecimiento del Fondo Verde es un avance, pero no va más allá de lo que se esperaba. Hay que cambiar también y con urgencia la matriz energética y entrar de lleno en la economía de bajo carbono.

En 2020, los 100 mil millones de dólares pueden quedar lejos de ser suficientes. “El Fondo Verde constituye una medida de nuestra falta de acción; de no haber mitigación, los costos se volverán exorbitantes a nivel mundial”, dice Nobre. Y aun cuando las metas se cumplan, en 2020 el mundo tendrá un enorme exceso de emisiones con relación a lo que sería necesario, ideal­mente por debajo de los niveles de 1990. El científico advierte que el clima cambia más rápido que las negociaciones, pero coincide con Sergio Serra en un punto: los avances reales solamente pueden surgir a partir de un gran acuerdo multilateral. Cabe recordar que el juego solamente termina con la pitada final.

Maria Guimarães viajó a Cancún por invitación de Conservación Internacional.

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