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Evolución humana

Rastros del mestizaje

Un virus humano refleja las migraciones ocurridas entre distintas etnias en el estado norteño de Pará

048-049_Virus_202-1_novoUn virus que comúnmente se encuentra latente e inofensivo y que está presente en alrededor del 80% de la población mundial está utilizándose como marcador molecular de antiguos desplazamientos migratorios en la región norte de Brasil. Un trabajo realizado por científicos de la Universidad Federal de Pará (UFPA) muestra que una versión asiática del virus de John Cunningham, mejor conocido por su sigla JCV, puede detectarse entre los afrodescendientes de palenques cercanos al río Trombetas, en el norte de ese estado. El estudio también revela que un subtipo del virus asociado con los indígenas de América del Norte y los primeros colonizadores del continente se halla presente en el territorio de la tribu indígena Suruí. Esos datos sugieren que los negros quilombolas [residentes de los quilombos o palenques], una comunidad históricamente homogénea y con orígenes en el final del siglo XVIII, tuvieron contacto con los aborígenes, que suelen portar el tipo asiático del virus. Igualmente indican que una antigua cepa del microorganismo proveniente de la región septentrional del continente penetró, traída por algún individuo, en las tierras habitadas por los suruíes, que actualmente viven en estado de semiaislamiento.

Entre los habitantes de Belém, donde se mestizaron distintas etnias desde la fundación de la futura ciudad, hace casi 400 años, se identificaron cepas europeas, africanas y asiáticas del JCV, siendo las de la segunda variante las más frecuentes. “Los resultados del trabajo son confrontados con informes recabados por estudios sobre la genética de poblaciones de Pará y datos históricos”, dice Ricardo Ishak, del Laboratorio de Virología del Instituto de Ciencias Biológicas de la UFPA, coordinador del estudio, que se publicó en la revista científica PLoS One el 12 de octubre. La investigación también identificó la presencia de un microorganismo genéticamente muy similar al JCV en un individuo de la población de la población negra, el virus BKV, normalmente encontrado en pacientes que fueron sometidos a trasplantes de médula ósea o renal y en chinos sanos.

El estudio examinó la presencia del virus en la orina de 341 habitantes sanos de la ciudad de Belém, 42 aborígenes de 10 tribus y 63 afrodescendientes del palenque. El JCV se detectó en un tercio de los residentes de la capital paraense analizados, un índice comparable al de Australia y áreas urbanas de Estados Unidos y Europa, así como en un 40% de los descendientes de esclavos de la región del río Trombetas. “Solamente una aborigen Suruí portaba el virus”, afirma Ishak. “Pero a partir de ese registro, podemos decir que el JCV circula en esa comunidad”. Ésa fue la única etnia indígena en que se detectó el virus. Mediante la secuenciación de segmentos de ADN del patógeno, los científicos establecieron el tipo y el subtipo del virus presente en una parte de los individuos de la muestra, más precisamente 46 personas, representantes de las poblaciones de Belém, de los palenques y de los indios. “Algunos microorganismos pueden ser considerados marcadores microbiológicos de migraciones y de la dinámica de mestizaje, siempre y cuando sus tipos o subtipos sean específicos de un continente o de una población”, dice Maria Cátira Bortolini, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), autora de un trabajo en esa línea sobre la bacteria Helicobacter pylori presente en el estómago humano. “El artículo [de la PLoS One] es un buen ejemplo de esa premisa”.

Out of Africa
El JCV no genera enfermedades en el 95% de los individuos infectados. Con todo, puede provocarlas en algunos que presenten depresión del sistema inmunológico, tales como los pacientes con Sida, una alteración neurológica que afecta al sistema nervioso central, la leucoencefalopatía multifocal progresiva (LMP). En el caso del estudio llevado a cabo en Pará, los investigadores no estaban interesados en estudiar la patogenicidad del virus, sino en evaluar su utilidad como un registro vivo de contactos y migraciones entre pueblos de diferentes etnias u origen geográfico distinto. Ese abordaje se está utilizando en el exterior para estudios similares en diversas poblaciones, tales como los indígenas de América del Norte o los japoneses, e incluso para reconstituir la difusión del Homo sapiens desde África.

El JCV, descubierto al comienzo de los años 1970, fue clasificado en tipos y subtipos genéticamente distintos y originarios de regiones específicas del planeta. Por eso, según algunos científicos, se presta como base para estudios filogenéticos con carácter similar a los producidos a partir del análisis del ADN mitocondrial y del cromosoma Y humanos, que reflejan, respectivamente, los linajes maternos y paternos de un individuo o de una población. Si, por ejemplo, se identifica un linaje africano del patógeno en un sitio habitado por individuos con biotipo caucásico, ese dato se interpreta como un indicio de que allí hubo una convivencia prolongada con un individuo de la etnia negra. “Este virus es persistente y se transmite de generación en generación”, comenta Antonio Vallinoto, experto en epidemiología e inmunología molecular de la UFPA, otro de los autores del estudio. “La transmisión ocurre generalmente entre miembros de una misma familia o comunidad”. No se sabe con certeza cómo se transmite, pero es posible que una de las formas de contagio sea por el contacto con agua contaminada. Al fin y al cabo, el microorganismo queda alojado permanentemente en el riñón humano.

Los trabajos científicos sugieren que el JCV surgió más o menos en la misma época en que apareció el Homo sapiens, hace entre 100 mil y 200 mil años. Su origen también se sitúa en el continente africano, cuna del hombre moderno. La forma más ancestral del virus, que emergió en ese punto del globo, es a la que actualmente se denomina tipo C. Desde África, el microorganismo se habría difundido hacia el resto de los continentes, siguiendo los pasos de los seres humanos, sus huéspedes. Hace alrededor de 50 mil años, habrían surgido otras dos cepas del virus, el tipo B, originalmente hallado en el noroeste de África y en Asia, y el tipo A, que emergió posiblemente cuando el hombre ocupó Europa. Cada gran tipo del virus se divide en subtipos aún más específicos y ligados con un área específica. Por ejemplo, dentro del tipo C existe el subtipo Af1, predominante en la mayor parte de África. El tipo B posee dos importantes subtipos, el Af2, también de origen africano, y el MY, asiático. El tipo A presenta el subtipo EU, asociado con Europa.

En concordancia con el artículo escrito por los investigadores paraenses, el virus exhibe una gran diversidad genética entre la población de Belém, con predominio del tipo B, mientras que los quilombolas portan variantes africanas (Af2) y también asiáticas (MY). La india Suruí también portaba el subtipo MY. “También observamos que hay mutaciones en el virus hallado en Pará que parecen haber ocurrido luego de que el JCV ingresara en esa parte de Brasil”, comenta Ishak. Puede que esté surgiendo un subtipo típicamente amazónico del agente infeccioso.

Artículo científico
CAYRES-VALLINOTO, I. M. V. et al. Human JCV infections as a bio-anthropological marker of the formation of brazilian amazonian populations. Plos One. Publicado online el 12 de oct. 2012.

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