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Personalidad

Niemeyer según los académicos

Analizan en diversos 
estudios las obras 
del creador de Brasilia

BERNARDO GUTIÉRREZ/ FOLHAPRESSLa simplicidad aparente en las obras de Oscar Niemeyer (1907-2012) oculta el arduo trabajo del arquitecto y sus múltiples reflexiones sobre el quehacer arquitectónico. La comprensión de ese recorrido requiere un enfoque experimentado y un análisis profundo. Para explicar esta complejidad, que el maestro gustaba de minimizar en sus declaraciones, muchos investigadores se dedicaron a interpretar cómo funcionaba el universo personalísimo de Niemeyer. El resultado de esos esfuerzos motivó una serie de estudios realizados por académicos que se abocaron a contextualizar las curvas y bóvedas en la historia de la arquitectura, y arribaron a la conclusión de que pocos creadores modificaron tanto la sintaxis de la profesión como Oscar Niemeyer. Pesquisa FAPESP reúne algunos de los trabajos más representativos sobre el maestro.

Una tarea que el propio arquitecto dejó para sus colegas: “Cuando imparto una clase, declaro enseguida que no pretendo influir en nadie. Comento mis trabajos, las dificultades que afronté, mi manera de actuar con la arquitectura y conmigo mismo. El resto lo hacen ellos”, afirmaba. Ese mensaje fue comprendido en las universidades. Uno de los más prolíficos analistas del maestro es Roberto Segre, docente de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y autor de, entre otros estudios, “Paradojas estéticas de un Niemeyer definitivo” (2008). “Niemeyer agrupa en sí los principios de la lógica estructural de Le Corbusier, la importancia de la naturaleza y del paisaje, junto con la significación de la historia y de la tradición que se complementa con una necesaria racionalidad para resolver los problemas en la obra arquitectónica. Luego de estudiar el terreno, el costo, los materiales y la relación con el entorno urbano o natural, surge la idea, la propuesta innovadora final que aporta intuición a la racionalidad”, escribió Segre. “Niemeyer reinventó la arquitectura moderna”.

El profesor Julio Katinsky, de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo (FAU-USP) y autor de “Los caminos del deseo: los dibujos de Oscar Niemeyer en la FAU-USP” (2007), coincide en que la trayectoria del arquitecto brasileño trasciende las limitaciones internas y externas del quehacer arquitectónico. “No faltan en los ensayos de Niemeyer observaciones al respecto de qué entiende por belleza y las tareas impuestas a los arquitectos contemporáneos. Pero, como ya destacamos, no hallaremos nunca una definición valedera por siempre jamás en su concepto de belleza”, analizó en el estudio “Técnica y arte en la obra de Niemeyer” (2007). “Por otra parte, su obra arquitectónica, además de revelar una notable coherencia desde las obras anteriores al Museo de Pampulha, posteriormente a ésta nos revela que en ellas ya se gestaba el arquitecto futuro, nos devela también un arquitecto que, a lo largo de toda su vida, supo siempre incorporar en forma creativa las innovaciones de su época, mediante un proceso de autocreación y renovación permanente, desde sus primeras obras publicadas hasta aquéllas que actualmente emergen de su estudio”.

Centro Cultural Oscar Niemeyer, en Asturias, España

BERNARDOS/ WESTEND61/ GLOW IMAGESCentro Cultural Oscar Niemeyer, en Asturias, EspañaBERNARDOS/ WESTEND61/ GLOW IMAGES

El tema de la recurrencia también concitó la atención de Edson Mahfuz, docente de la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS), autor de O clássico, o poético e o erótico: método, contexto e programa na obra de Oscar Niemeyer (2011). En el artículo intitulado“Cinco razones para observar con atención las obras de Oscar Niemeyer”, el investigador analiza los principales rasgos de la arquitectura del creador de Brasilia. “Una de las características más distintivas en la obra de Niemeyer, que lo diferencia de lo que hace el 99% del resto de los arquitectos, es que posee una fuerte identidad formal. Esa cualidad deriva de la presencia de estructuras formales precisas como base en la organización de sus proyectos, de la utilización de formas elementales para la configuración de sus elementos constituyentes y del hecho de que la cantidad de elementos en sus proyectos siempre es limitada”, escribe Mahfuz. “Estas características definen una obra altamente sintética, fácil de entender y de memorizar –y por ello dotadas de alto poder simbólico– que nunca cedió ante la tentación de idear proyectos excesivos en una época clasificada por algunos como neobarroca”, analiza.

Revisitar sus obras constituiría una de las virtudes de Niemeyer, según el profesor. “Aunque se habla mucho de la originalidad en las concepciones de Oscar Niemeyer, un análisis detallado de su obra resulta suficiente para demostrar que su rasgo característico es la recurrencia, la reutilización de soluciones propias o de otros arquitectos, tal como fue el caso con la obra de Le Corbusier al comienzo de su carrera. Como todo artista que se precie de serlo, Niemeyer fue desarrollando paulatinamente un modo propio de resolver programas arquitectónicos, ampliando su repertorio, adaptando y reciclando soluciones ya utilizadas”, evalúa. “La obsesión por la originalidad implica que en la obra de Niemeyer se espera una innovación constante, y en todos los niveles. Pero, en función del carácter evolutivo, su obra resulta previsible y fácilmente reconocible. Lejos de constituir un defecto, ésa me parece que es una de sus virtudes. Aunque haya expresado que su objetivo es causar asombro, el encuentro con la mayoría de sus conjuntos nos transmite la reconfortante sensación del reencuentro con algo conocido”, destacó Mahfuz.

Ese sentimiento nacido de las formas arquitectónicas fue estudiado, en otro registro, por el antropólogo Lauro Cavalcanti, de la Universidad Estadual de Río de Janeiro (Uerj), quien sorprendió al analizar los proyectos de Niemeyer a través de un prisma que agrupa arquitectura, estética y sociedad, tal como fue en A doce revolução de Oscar Niemeyer (2007). “Todo arquitecto en su fase madura revisita algunas de sus temáticas principales. Niemeyer lo hace en temas tales como las bóvedas, los paseos arquitectónicos y la levedad estructural. Pero él siempre sorprende con soluciones novedosas, capaces de recrear lenguajes, en aquello que es único y raro. En él encontramos coherencia en la diversidad de sus varias fases, conjugando estructura y arquitectura en pro de la forma”, analizó.

Esa coherencia impulsó a Carlos Dias Comas, docente de la UFRGS, a analizar en “El derecho a la diferencia” (2007) de qué modo las bases, coberturas, curvas y vanos fueron utilizados por el arquitecto, un ejemplo de que Niemeyer amplió el vocabulario y la sintaxis de la arquitectura moderna. “La curva, para Niemeyer no es episódica u esporádica, no se conjuga con lo efímero o con la casualidad de la compartimentación en debate con la permanencia de la estructura ortogonal. La curva puede prescindir de la recta, sobrepujarla, equilibrarla, pero ni siquiera aparecer. Más allá de valorar por igual a extremos opuestos, la ambivalencia también implica ambigüedad. Los intersticios entre un proyecto completamente curvo y otro totalmente recto concitan la atención”, afirmó. Con todo, la genialidad en sus apropiaciones y soluciones, no siempre lo exime de las críticas. “Alrededor de 1970, Brasilia se convierte en un símbolo de todo lo que parecía erróneo en la arquitectura moderna, condenada por elitista, frívola, superficial, formalista e inhumana, tal como el autor de sus palacios”, escribió. “La recuperación de su prestigio comienza en 1990, aliada, de algún modo, con la recuperación de la propia arquitectura moderna y su comprensión como polifonía, donde conviven sitios para el ascetismo y la diversificación formal”, pondera Comas. Para Ceca Guimaraens, docente de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UFRJ, la polifonía es notable, pero pasó a repetirse en sus gestos arquitectónicos durante las últimas décadas de su vida, algo más que lo deseable. “Es preciso reconocer que, desde que ideara los desconcertantes volúmenes de los Centros Integrados de Educación Popular (Cieps), el arquitecto se dedica a rediseñar esas propias e insólitas formas”, sostiene en “Sobre lo nuevo en Niemeyer” (2007).

Sylvia Ficher, autora de la Guia de obras de Oscar Niemeyer: Brasília 50 anos (2010) y docente de la Universidad de Brasilia (UnB), también cuestionó los últimos proyectos, muchos de los cuales percibe como “programas inútiles o sobredimensionados”. Tampoco acepta la libertad otorgada a Niemeyer para intervenir en el área declarada patrimonio histórico de Brasilia “con resultados cuestionables”. “En general, un arquitecto interviene en la obra de otro. Niemeyer está interviniendo negativamente en su propia obra. Pero, ¿cómo afirmar que, en el futuro, Brasilia no padecerá el contar con tantas obras suyas?”, se pregunta, en cierto modo, anticipando la respuesta.

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