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Artes

El modernismo que llegó del frío

Una exposición, una colección virtual y un libro celebran el centenario de la primera muestra de Lasar Segall en Brasil

Inauguración de la Escuela de Arte Lasar Segall, São Paulo, en 1933. De izquierda a derecha: Paulo Rossi Osir, Guilherme de Almeida, Hugo Adami, Vittorio Gobbis, no identificado, John Graz y Lasar Segall. Sentadas: Esther Bessel, Jenny Klabin Segall, Mussia Pinto Alves y Anita Malfatti

DivulgaciónInauguración de la Escuela de Arte Lasar Segall, São Paulo, en 1933. De izquierda a derecha: Paulo Rossi Osir, Guilherme de Almeida, Hugo Adami, Vittorio Gobbis, no identificado, John Graz y Lasar Segall. Sentadas: Esther Bessel, Jenny Klabin Segall, Mussia Pinto Alves y Anita MalfattiDivulgación

En marzo de 1913, en un salón alquilado en la calle São Bento 85, en São Paulo, se realizaba la muestra de Lasar Segall, considerada por muchos como la primera exposición de arte moderno en Brasil. El artista ruso, que tenía en ese entonces tan sólo 22 años de edad, había llegado a Brasil para visitar a sus hermanos que vivían aquí, y aprovechó la oportunidad para mostrar en São Paulo, y posteriormente en Campinas, un amplio conjunto de trabajos con un claro influjo del impresionismo alemán y de la pintura holandesa que él estudiara el año anterior, en visita a los Países Bajos. Pese a su distanciamiento con relación al arte académico, el modelo al que el público paulista estaba acostumbrado y que Segall ya rechazaba, la muestra contó con una buena aceptación: se vendieron 21 obras, más o menos la mitad de los trabajos expuestos.

Para celebrar el centenario de esa tranquila recepción, que ayudó dejar expedito el camino por el cual avanzaría el artista, a quien poco tiempo después le cabría desempeñar un rol central en la historia del arte brasileño, el Museo Lasar Segall ha programado una serie de acciones conmemorativas, que echan luz tanto sobre la obra consagrada del artista, con la exposición intitulada 50 obras do acervo [Cincuenta obras de la colección], como sobre su perfil de coleccionista, con la muestra y la divulgación virtual del Arquivo fotográfico Lasar Segall, como así también al tornar accesible para el público su vasto archivo de documentos y correspondencias.

“Por suerte para nosotros, él guardaba todo, y así fue como dejó importantes documentos sobre la historia de la cultura y del arte, no solamente de Brasil, sino de los diversos lugares por donde pasó”, afirma la investigadora Vera d’Horta, del Museo Lasar Segall, quien desde 1986 trabaja con el archivo de Segall y fue la responsable de la coordinación del proceso de digitalización que se realizó recientemente y que puede consultarse a través de la página del museo en internet (www.mls.gov.br). Hasta el momento se han digitalizado casi 6 mil de los alrededor de 10 mil documentos pertenecientes al banco de datos del museo. “Es un trabajo interminable”, reconoce la historiadora. Este material se encuentra organizado en cinco diferentes grupos: correspondencias, textos, impresos, documentos personales y documentos de negocios. Una primera lista de autores presentes en todo ese material ya se encuentra disponible, y la intención es permitir la consulta también por medio de un índice temático en un futuro cercano.

Lasar Segall y sus compañeros de la Academia de Dresde en una de las excursiones de pintura al aire libre, en 1911

DivulgaciónLasar Segall y sus compañeros de la Academia de Dresde en una de las excursiones de pintura al aire libre, en 1911Divulgación

Otros dos aspectos innovadores que están desarrollándose en ese banco de datos y que se espera que estén pronto disponibles son la posibilidad de visualización de imágenes de las obras mencionadas y el acceso a la traducción de los materiales iconográficos. Esto es importante, dado que puede ayudar a ubicar nuevas obras, y los archivos de Segall contienen un manantial de información en diversos idiomas: ruso, portugués, alemán y hasta yidis y hebreo. El interés por este rico material ha aumentado gracias a las nuevas herramientas virtuales de investigación. Según Vera d’Horta, la cantidad de investigadores se ha cuadruplicado desde el ingreso del material a internet, que no contó con una lanzamiento oficial. Y la tendencia indica que la repercusión, tanto nacional como internacional, no hará sino ampliarse.

Se trata de un archivo vasto, diversificado, que supera en gran medida la mera función biográfica o de apoyo al campo de la historia del arte. Entre los documentos reunidos por Segall hay por ejemplo registros sobre la Rusia zarista; cartas de colegas que expresaban su asombro ante el proyecto del artista de visitar Brasil; catálogos de las exposiciones realizadas en Alemania; correspondencias con artistas tales como Kandinsky, Paul Klee y Otto Dix, y el cuadernito de su viuda, Jenny Klabin, relativo a las andanzas y entrevistas que realizó en busca de material destinado a la formación de la colección que lo que vendría a constituir el Museo Lasar Segall, institución creada en 1967, diez años después de la muerte del pintor y de la cual depende en buena medida el permanente interés por su obra. Un riquísimo conjunto, que cobra aún más relevancia si se le suman las 3 mil obras de la colección, que ya fue casi íntegramente restaurada y fotografiada, y las 5 mil fotografías que tomó en el transcurso de su vida –quinientas de éstas ya pueden verse en internet– y que fueron poco trabajadas (www.museusegall.org.br/afls).

Las fotos, que también rindieron una nueva publicación, son de cuño bastante diverso. Van desde registros anónimos, de obras del artista, hasta ejemplos de trabajos importantes de fotógrafos brasileños, argentinos y europeos, tales como Hildegard Rosenthal, Annemarie Heinrich, Sasha Harnish, Benedito Junqueira y Hugo Erfurth. Se sabe que Segall es el autor de algunas de esas imágenes, pues él usaba el registro fotográfico como fuente de soluciones compositivas. Merecen destacarse algunas fotos significativas: el hermoso retrato del pintor cuando joven, vestido con típicas ropas rusas, o el registro de una sesión de pintura al aire libre con sus pares de la Academia de Dresde en 1911, cargando sobre sus hombros a la modelo desnuda, en una especie de manifiesto visual de los principios de libertad y vanguardia que se hallaban en gestación en aquel momento.

Jorge Schwartz, profesor titular de literatura hispanoamericana de la Universidad de São Paulo (USP) y director del Museo Lasar Segall, lo considera como una especie de fénix del modernismo brasileño: un artista al que se lo está reinventando permanentemente, que retorna siempre con fuerza y prestigio, en diversos momentos de la historia del arte brasileño.

Señalado como el principal maestro expresionista en Brasil, admirado por ser el autor de algunas de las más punzantes obras sobre el horror de la guerra y del antisemitismo, investigado con ahínco por haber desarrollado un estilo absolutamente propio y al mismo tiempo en contacto con la tradición de la pintura, al rever géneros tales como el retrato, la naturaleza muerta y el paisaje –con una cierta fascinación ante las nuevas posibilidades que se le abrían con la escena tropical brasileña– y al dedicarse a una amplia gama de lenguajes (pintura, escultura, grabado y dibujo), Lasar Segall se encuentra entre las artistas más vistos y estudiados en Brasil. Los eventos alrededor de su obra se suceden sin grandes intervalos de tiempo entre sí.

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Ese permanente intercambio tanto con el público lego como con aquél especializado termina generando resultados interesantes, producto del trabajo de investigación del propio museo, ya que el contacto con investigadores de todo el mundo hace posible llenar lagunas en asuntos de gran utilidad para el proyecto de realización del catálogo raisonné del artista. Hasta el momento, solamente Tarsila do Amaral y Cândido Portinari han sido objeto de una catalogación completa de sus obras. El trabajo referente a la producción de Segall avanza, pese a la carencia de auspicios para ese proyecto. Entre los descubrimientos recientes que ha realizado el museo se encuentran dos dibujos inéditos hallados hace poco tiempo en Alemania, además de pinturas encontradas en colecciones particulares de Brasil. “Hay muchas obras perdidas que cambiaron de propietarios”, explica Schwartz. El museo también acaba de obtener, merced a un préstamo de largo plazo por parte de una colección privada de Río de Janeiro, el único grabado de Segall que aún no obraba en su poder, datado de 1917. “Hay que renovar la iconografía más conocida”, añade.

Y fue precisamente gracias a ese trabajo de Sísifo, de búsqueda en colecciones privadas fuera de Brasil, que se hizo posible recuperar una de las obras más importantes del artista ruso, tanto en lo que se refiere a la calidad sin igual del lienzo como en lo atinente a su enorme valor histórico. Se trata del lienzo Die Ewigen Wanderer [Eternos caminantes], pintado por el artista en 1919 –el año en que funda la Secesión de Dresde junto a nueve artistas, entre los cuales se encontraban Otto Dix y Conrad Felixmüller–, y luego adquirido por el Museo de la Ciudad de Dresde. El lienzo fue retirado de esa colección por el gobierno nazi, que lo exhibió durante la célebre Exposición de arte degenerado, realizada en Múnich en 1937 para denunciar la supuesta decadencia del arte moderno, donde se expusieron 10 trabajos de Segall en total. Luego de la Segunda Guerra Mundial, la pintura fue ubicada en una colección particular y llegó a Brasil luego de la muerte del artista, por iniciativa de la viuda de Segall, Jenny Klabin Segall.

La pintura es una representación sumamente sintética y geométrica de un grupo en peregrinación, mantiene vínculos con otros trabajos del período, como el grabado Mulheres errantes [Mujeres errantes] y evoca el tema del éxodo y la persecución contra los judíos, al cual aportará nuevos despliegues en el futuro, ya sea mediante representaciones de carácter más afectivo e intimista, como en Família o Meus avós [Mis abuelos], o mediante protestas viscerales contra la guerra, como en las obras antológicas Pogrom y Navio de emigrantes considerada por la crítica como una especie de Guernica brasileña. En marzo de 2014 estará presente en la muestra que intentará reconstituir la Exposición de arte degenerado en la Neue Galery de Nueva York. La misma institución presentará en septiembre un autorretrato de Egon Schiele, de 1912, recibido en comodato por la Asociación de Amigos de Segall. Se trata de la única obra autenticada del artista en Brasil. Uno de los más importantes trabajos del expresionismo constructivo de Segall, Die Ewigen Wanderer, es uno de los destacados de la exposición en cartelera en el barrio paulistano de Vila Mariana, junto a otros trabajos del artista, tales como Paisagem brasileira [Paisaje brasileño], Rua [Calle] y Encontro [Encuentro].

Este último lienzo, de 1924, tiene doble importancia, ya que constituye un testimonio palmario del interés de Segall por la fotografía y del empleo que le daba a este material también en calidad de instrumento de trabajo. Pertenece a la colección un retrato suyo en el día de su casamiento con Margarete, su primera esposa, exactamente en la misma posición del muchacho del lienzo. El cuadro, pintado cuando ya se encontraba en Brasil, tiene una pequeña, pero simbólica diferencia. En la pintura, el artista oscurece su piel, como en una especie de aclimatación al trópico, cuyo paisaje empezó a seducirlo como motivo de trabajo tan pronto como arribó a Brasil por segunda vez, en diciembre de 1923, a la sazón definitivamente. En 1927 se naturalizó brasileño y no dejó más el país, a no ser durante un período de estudios en París, entre los años 1928 y 1932.

Si durante la estadía de 1913 Segall era todavía un joven que intentaba inventar su propio camino, pero que aún no había descubierto la radicalidad expresiva de las formas distorsionadas y recortadas, desde los rasgos sintéticos y familiares hasta el arte primitivo, y los colores contrastantes e intensamente sombríos, que dejarán una marca en su fase expresionista más pura, cuando desembarca aquí definitivamente ya poseía un estilo propio. Y también encuentra entonces al país en mejores condiciones para la recepción de un arte moderno más radical. Al fin y al cabo, Anita Malfatti había pagado el precio anteriormente, con la muestra de 1917, debido a su osadía de romper con el patrón de representación realista, sufriendo por ello toda la virulencia crítica de una autoridad como Monteiro Lobato. Schwartz pondera, con cierto dejo de ironía, que “si Segall hubiese venido con sus obras angulosas, dramáticas y de un cromatismo intenso en su primera visita, la hubiera salvado a Anita Malfatti. Pero, a decir verdad, fue ella quien le allanó el camino al Segall expresionista de 1923.

Otros factores, tales como el apoyo por parte de figuras de la elite como el senador Freitas Valle y Olívia Guedes Penteado, su casamiento con Jenny Klabin y el hecho de que también ya se había plasmado el nacimiento oficial del arte moderno en el país, con el rito de celebración de la Semana de 1922 (en la cual ni Segall ni Tarsila do Amaral toman parte, pese a ser dos de nuestros artistas más radicalmente comprometidos con las experiencias modernistas), hacen que el camino se vuelva menos turbulento para este inmigrante de origen judío. Segall cuenta también con el apoyo decisivo –aunque un tanto solitario– de Mário de Andrade, el único crítico de la época que prestaba atención a la producción proveniente de Alemania (al contrario que la mayoría de los que escribían y producían arte durante el período, cuyas atenciones estaban volcadas hacia la escuela de París). La relación entre ambos, como así también la importancia del diálogo entre Andrade y Portinari, es vital para comprender a la vanguardia artística en el Brasil de las décadas de 1920 y 1930, y será el tema de la exposición que se inaugurará en marzo del año que viene en el Museo Lasar Segall, con escala prevista en los Museos Castro Maya, en Río de Janeiro.

Más allá de su talento y su experiencia social, el artista contó con el empeño de su familia para montar una institución capaz de fomentar el interés, la investigación y la divulgación de su trabajo.

Proyecto
Sistematización y digitalización de documentos del Archivo Lasar Segall (nº 2009/54777-0); Coord. Vera d’Horta/ Museo Lasar Segall; Modalidad Programa de Infraestructura 6; Inversión R$ 105.459,89 (FAPESP).

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