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Buenas prácticas

Debaten en una conferencia la integridad en la investigación científica

Brasil comienza a tener voz en los debates mundiales sobre integridad en la investigación, dice Sonia Vasconcelos, de la UFRJ

Daniel BuenoBrasil comienza a tener voz en los debates mundiales sobre integridad en la investigación, dice Sonia Vasconcelos, de la UFRJDaniel Bueno

La tercera edición de la Conferencia Mundial sobre Integridad en la Investigación Científica, que se lleva a cabo entre los días 5 y 8 de mayo en Montreal, Canadá, congregará a investigadores de todos los continentes con el objetivo de discutir los desafíos éticos y de las cooperaciones internacionales en la ciencia. Brasil, que participará en el evento con seis trabajos académicos, es señalado como el líder latinoamericano en investigaciones sobre integridad científica y se postulará como candidato a ser sede de la próxima conferencia.

La profesora Sonia Vasconcelos, del Instituto de Bioquímica Médica de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), es la autora de uno de los trabajos que se presentarán y coautora de otros cuatro. La presentación que desarrollará en el marco de la conferencia mostrará el progreso brasileño en el abordaje de estas temáticas. “Pese a que la inserción brasileña en el escenario internacional de políticas de integridad en la investigación científica es reciente, el país comienza a tener voz en los debates mundiales, lo cual marca la diferencia”. En los últimos años, algunas instituciones han comenzado a invertir en la realización de reuniones y seminarios para discutir el tema, y empiezan a surgir asignaturas de posgrado con la intención de fomentar la investigación en el área. Como ejemplo, Vasconcelos menciona iniciativas del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), que enviará un representante del gobierno federal a la conferencia, y de la FAPESP, que en 2011 emitió su Código de buenas prácticas científicas, con el objetivo de reforzar en el seno de la comunidad científica de São Paulo una cultura sólida de integridad ética en la investigación.

Entre los aportes de Brasil para el debate se encuentra una investigación referente a la inserción de consensos internacionales para la ética en publicaciones en periódicos iberoamericanos, realizada por Rosemary Shinkai, de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul, y otra sobre conflictos de intereses en la comunicación de la ciencia contemporánea, de Márcia de Cássia Cassimiro, de la Fundación Oswaldo Cruz. En esta última se identificó que cada vez más, la declaración de conflictos de intereses, incluso económicos, se ha venido convirtiendo en parte de las demandas editoriales en diversas áreas del conocimiento. Históricamente, la discusión por conflictos de intereses siempre había estado concentrada en la investigación biomédica.

La segunda edición de la conferencia, realizada en 2010, en Singapur, resultó en una declaración con principios generales y consensos, fruto del acuerdo entre diversos países. Se espera que el encuentro de Montreal produzca un nuevo documento, advirtiendo en esta ocasión sobre un tema considerado central en los debates que se lleven a cabo: la búsqueda de un mayor compromiso por parte de las instituciones académicas. La meta consiste en promover el debate acerca de las responsabilidades que éstas deben asumir en cuanto a la gestión de las actividades de colaboración. “La cooperación entre grupos de investigación de diversos países exige nuevos criterios de monitoreo, análisis y difusión de los resultados, y esto demanda nuevas políticas enfocadas en la ética y las buenas prácticas en ámbitos cooperativos”, explica Vasconcelos.

El encuentro de este año llevará la impronta de la pluralidad en las mesas de discusión. Sucede que los casos de mala conducta científica se practican en variados contextos culturales. Aunque existe un consenso sobre algunos puntos comunes, tales como la falsificación y la invención de datos, aún hay temas conflictivos, que tienden a aumentar a medida que se intensifiquen las colaboraciones internacionales entre investigadores. Las percepciones de plagio, por ejemplo, reciben el influjo de las culturas vigentes en diferentes áreas del conocimiento y, a menudo, de los países. “Por ejemplo, Medio Oriente está conquistando una mayor participación en la ciencia globalizada, pero aún sufre un choque cultural cuando entra en contacto con los modelos establecidos por Occidente. Esto suscita cuestiones éticas, porque cada país percibe un problema en una forma diferente”, dice Vasconcelos.

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