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Artes plásticas

Ruptura sin retorno

Una exposición en el Museo de Arte Moderno de São Paulo rescata obra de Maria Martins, en una amplia muestra intitulada Metamorfosis

L’Imposible, 1940 (bronce)

Rômulo Fialdini L’Imposible, 1940 (bronce)Rômulo Fialdini

En 1950, Maria Martins (1894-1973) realizó su primera exposición en Brasil en el Museo de Arte Moderno de São Paulo (MAM-SP). La artista había regresado al país tras un largo período de residencia en el exterior, durante el cual transcurrió su formación y su maduración artística. En los años 1940 había destacado como importante interlocutora de los maestros surrealistas, desarrollando un trabajo signado por el rescate de elementos relativos a las mitologías nativas brasileñas y por la deformación creciente y expresiva de la figura humana, y al regresar a Brasil, rápidamente adhirió al efervescente movimiento de creación de instituciones tales como la Bienal de São Paulo. En pocos años, al no estar sintonizada con las tendencias abstracto-geométricas predominantes, con problemas en las manos que le dificultaban el moldeado, abandona la escultura, y así la literatura pasa a ocupar ese lugar. Pero la solidez de su producción y la amplia red de relaciones no fueron suficientes como para asegurarle la receptividad que sería natural.

De manera un tanto paradójica, Maria Martins ocupó un lugar destacado entre las figuras de relieve en la escultura nacional, sin que estudios más profundos o muestras más amplias se organizasen alrededor de su producción. Esa laguna, que empezó a llenarse durante la última década, también recibe el aporte de peso de la exposición Maria Martins: metamorfoses, que podrá visitarse entre los días 11 de junio y 15 de septiembre, también en el MAM-SP, museo que se ha venido dedicando en los últimos tiempos a revisar algunos momentos importantes de su historia.

Glèbe-ailes, 1944 (bronce)

Cristina IsidoroGlèbe-ailes, 1944 (bronce)Cristina Isidoro

La muestra reúne 38 esculturas, como así también una gran cantidad de dibujos, cerámicas y pinturas, y se concentra en la fase posterior a 1943, un momento de corte en su producción, a partir del cual plantea una ruptura sin retorno y cada vez más intensa con los modelos de representación directa de la forma humana, distorsionándola y fundiéndola con elementos de la naturaleza. Según Veronica Stigger, curadora de la muestra, Maria Martins pasa entonces a crear “formas que no se fijan, sino que se encuentran en permanente transformación”. De allí el título de la exposición, Metamorfoses. “La idea es mostrar de qué manera la desfiguración de lo humano en esta obra es siempre el comienzo de la figuración de otra forma, que se acerca ora a lo vegetal, ora a lo animal”, explica.

Biografía y curiosidades
La investigadora, que se dedica a estudiar la obra de Maria Martins desde su posdoctorado, desarrollado entre 2006 y 2009, no se aboca a la agitada y fascinante vida mundana y afectiva de la artista, dejando la información biográfica y las curiosidades suplementarias a cargo de una serie de nuevos estudios que sobre ella se han publicado durante la última década (tales como la biografía escrita por Ana Arruda Callado, de 2004, la monografía de autoría de Graça Ramos, de 2009, o el voluminoso libro Maria, publicado por Cosac Naify en 2010, que incluso contiene un texto firmado por Veronica Stigger). Maria Martins, una mujer activa e independiente, se separó durante la década de 1920 de un marido conservador, pues vivió un romance nada menos que con Benito Mussolini. Con su segundo marido, el embajador Carlos Martins, recorrió diversos países (tales como Japón, Ecuador y Bélgica, donde perfeccionó sus estudios artísticos) y mantuvo una relación abierta. Su romance más intenso y más conocido fue con Marcel Duchamp, a quien le dedica los trabajos Le paysage fautif y Etant donnés. Otro pasaje fascinante de su trayectoria reside en el hecho de haber compartido con Piet Mondrian el espacio de la Valentine Gallery en su segunda muestra individual, en 1942. La suya fue un éxito comercial, en tanto que la de Mondrian prácticamente no vendió nada. La propia Maria compró en esa oportunidad un cuadro, Broadway boogie-woogie, para donarlo posteriormente al MoMA: es uno de los grandes destacados del museo neoyorquino.

Maria Martins en su taller, 1950

Reproducción Maria Martins en su taller, 1950Reproducción

Encanto y extrañamiento
En lugar de estructurar la muestra a partir de esa efervescente biografía, Veronica optó por restringirse a investigar la producción más madura de la artista, enfocándose fundamentalmente en sus despliegues formales durante poco más de una década. La exposición se organizó alrededor de cinco núcleos, que funcionan como claves de lectura, sin un criterio cronológico rígido. El primero, intitulado “Trópicos”, aborda esa mirada desde afuera, ese deseo de pertenencia, mezcla de encanto y extrañamiento, que la artista lanza sobre la naturaleza del país que había dejado hacía más de 15 años y que explicita en los títulos de sus trabajos. Basta con recordar la obra Não te esqueças que eu venho dos trópicos [No te olvides que vengo del trópico] de 1945, que estará en la exposición. Curiosamente, otros artistas importantes, tales como Vicente do Rego Monteiro, también forjaron en el extranjero una relación de rescate intenso del imaginario y de la cultura brasileña. Luego viene el núcleo “Lianas”, en el cual se intensifica el proceso de flexibilización de las formas, que se distorsiona en estructuras tentaculares que evocan lianas y ramas, en una especie de enmarañado. La muestra culmina con los grupos intitulados “Cantos” y “Esqueletos”, reiterando la tendencia a la abstracción, a la búsqueda por darle forma a lo informe y por la reducción de la escultura a una estructura básica, casi inorgánica.

Hasard hagard, 1947 (bronce)

Vicente de Mello/ Editorial Cosac NaifyHasard hagard, 1947 (bronce)Vicente de Mello/ Editorial Cosac Naify

El tercer núcleo, “Diosas y monstruos”, parece concentrar algunos de los aspectos reiteradamente trabajados por Maria Martins. Este título nace de un poema suyo, intitulado Explicação: “Yo sé que mis diosas y mis monstruos siempre parecerán sensuales y bárbaros”. Esa cita contempla dos aspectos centrales: el carácter onírico, fantasioso, que la acerca al universo surrealista, y la fuerte tensión que establece ella entre atracción y repulsión, erotismo y agresividad, presente con claridad en la obra O impossível, uno de sus más notables trabajos. Una tensión que remite a un “espíritu torturado”, tal como afirmó Mario Pedrosa (a quien no le agradó la obra de Maria Martins, por estar llena de “brechas” e “inconsistencias”), o a un juego provocador de ambigüedades, tal como afirma el crítico francés Stéphane Le Follic, al constatar que “Maria Martins aprehende el tema del cuerpo femenino rivalizando en levedad con las lianas, fundiéndose a lo vegetal a punto tal de no saber distinguirlos o decir si eso es plenitud o tortura”.

Con relación a la pertenencia o no de la artista al movimiento surrealista, no es ésta una cuestión central para Veronica Stigger. Según ella, el acercamiento de Maria al grupo no debe verse como una adhesión por parte de la artista, que detestaba los “ismos”, sino como una consecuencia de los profundos lazos que estableció con los líderes del movimiento, tales como Max Ernst y André Breton (quien escribió varios textos sobre su trabajo), sobre todo en su estadía norteamericana, y de la confluencia de intereses entre ellos. “Me parece que él (Breton) encuentra en su obra una relación con la naturaleza cara al surrealismo”, sintetiza.

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