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ETOLOGÍA

Una intrusa entre las abejas

Una reina forastera invade una colmena huérfana y asume el control de las obreras

La abeja reina, marcada con una etiqueta: elegida por sus compañeras para recibir una dieta especial y ser la procreadora del grupo

DENISE DE ARAUJO ALVES/ USP-RIBEIRÃO PRETOLa abeja reina, marcada con una etiqueta: elegida por sus compañeras para recibir una dieta especial y ser la procreadora del grupoDENISE DE ARAUJO ALVES/ USP-RIBEIRÃO PRETO

Las abejas de la especie Melipona scutellaris, comunes en la región nordeste de Brasil, son conocidas porque no pican (tienen un aguijón atrofiado), porque producen miel en abundancia y porque generan varias reinas en una misma colonia. Tan sólo una, sin embargo, es elegida para dirigir la colmena. A las otras, cuando las obreras no las matan, sólo les queda respetar la línea sucesoria y aguardar pacientemente la muerte de la soberana original. O bien, si tienen suerte, abandonar el hogar de origen y formar nuevas colonias con una parte de las obreras hermanas. Hasta hace poco, ésas eran las únicas formas conocidas para que las aspirantes al papel de reina ‒los biólogos las denominan reinas vírgenes‒ puedan tomar el poder. Pero ahora se sabe que el repertorio es mayor.

Estudios realizados por la bióloga Denise de Araujo Alves y sus colaboradores revelan que las abejas Melipona scutellaris, más conocidas como uruçu [del tupi: abeja grande] nordestina, pueden optar por un tercero y más riesgoso camino para alcanzar la cima de la jerarquía social. En muchos casos, las reinas vírgenes escapan de la matanza por las obreras y abandonan sus propios panales. Durante la fuga, logran identificar e invadir colmenas que quedaron acéfalas por la muerte de la soberana original, la madre del resto de las abejas de la colonia. Mediante esa estrategia furtiva, las abejas sin un reino propio actúan como parásitas sociales: consiguen imponerse a las obreras que no son sus parientes y se benefician del trabajo de ellas. “Es la lucha por la supervivencia”, comenta Araujo Alves, investigadora de la Universidad de São Paulo (USP) en Ribeirão Preto.

Los trabajos de Araujo Alves incluso señalan que dichas invasiones ocurren a una hora señalada. Suceden al caer la tarde, cuando ya es casi de noche y las obreras que vigilan los panales se encuentran menos activas. “Parece ser algo calculado”, añade la bióloga.

La hipótesis de la ocupación de colonias por parte de reinas invasoras fue sugerida por primera vez en 2003 por el investigador holandés Marinus Sommeijer. Mientras trabajaba con abejas Melipona favosa en Costa Rica y en Trinidad y Tobago, Sommeijer y su equipo notaron que algunas colonias parecían haber sido invadidas por forasteras. Pero sus observaciones no permitían confirmar esa sospecha. En 2008, durante su doctorado, Araujo Alves y sus colaboradores decidieron retomar el caso y estudiar dos poblaciones de Melipona scutellaris, una criada en el Laboratorio de Abejas del Instituto de Biociencias de la USP, en São Paulo, y otra en la estancia Aretuzina, en São Simão, en el interior del estado, propiedad de Paulo Nogueira-Neto, uno de los pioneros en las investigaciones con abejas sin aguijón. En esas dos colonias, la investigadora extrajo pupas de obreras de 23 panales en dos momentos: antes y después de la sustitución de las reinas madres. Al comparar las características genéticas de la prole de cada colonia, los investigadores esperaban descubrir si la reina muerta había sido sustituida por otra reina de la propia colonia o por una invasora.

En la Universidad de Leuven, en Bélgica, en colaboración con el biólogo Tom Wenseleers, Araujo Alves analizó el parentesco de las pupas mediante el uso de marcadores genéticos y constató que los 23 panales habían pasado por 24 reemplazos de reinas. En seis casos (un 25% del total), el comando de la colmena había sido conquistado por una reina invasora, y esas abejas se denominan parásitas sociales porque sus descendientes reciben los cuidados de las obreras con las cuales no poseen parentesco genético.

“La invasión permite ahora comprender por qué en algunas especies resulta común hallar tantas reinas en un mismo panal”, explica la bióloga Vera Lúcia Imperatriz Fonseca, una de las más respetadas estudiosas de las abejas en el país y supervisora de Araujo Alves en el doctorado. Según Araujo Alves, la presencia de varias reinas en una misma colonia se creía que constituía una especie de reserva ante la eventual muerte de la soberana original, o bien para la fundación de un panal secundario. “Revelamos que, en caso de escapar de morir en sus colonias natales, algunas reinas salen de ellas, se aparean con machos (zánganos) en las proximidades del panal e ingresan, una vez fecundadas, en colonias huérfanas de la población”, dice la bióloga. Una vez instaladas en las nuevas colonias, esas reinas inician la postura de huevos y se aprovechan del trabajo de las obreras no emparentadas para mantener su prole.

Al anochecer
Luego de comprobar la existencia de reinas invasoras, Araujo Alves comenzó a estudiar la razón del éxito de las forasteras. En otro trabajo realizado en forma conjunta con el grupo de Leuven, los investigadores brasileños observaron durante dos meses la vida cotidiana de ocho colonias de Melipona scutellaris en el Laboratorio del Comportamiento y Ecología de Insectos Sociales de la USP en Ribeirão Preto, coordinado por Fábio Nascimento. Entre los meses de febrero y marzo de 2012, el equipo identificó a 520 reinas vírgenes y marcó a cada una con un minúsculo chip en el tórax. Un lector instalado en la entrada de cada colonia registraba el paso de esas abejas, tanto las del propio panal como las invasoras.

El chip que permitió rastrear a las reinas vírgenes que ocuparon panales acéfalos luego de la muerte de la reina original

DENISE DE ARAUJO ALVES/ USP-RIBEIRÃO PRETOEl chip que permitió rastrear a las reinas vírgenes que ocuparon panales acéfalos luego de la muerte de la reina originalDENISE DE ARAUJO ALVES/ USP-RIBEIRÃO PRETO

Durante los 40 días que estudiaron el desplazamiento de esas reinas, los investigadores identificaron el tránsito de ocho de éstas, de las cuales tres eran parásitas sociales. Según los datos registrados, que fueron presentados en la edición de septiembre en la revista Animal Behavior, las invasiones ocurrieron siempre al caer la tarde o al comienzo de la noche, entre las 17 y las 20 horas. “Durante el día se produce un intenso movimiento de ingreso de polen y néctar en la colmena y muchas obreras vigilan, en las entradas de las colonias, para evitar robos de sus depósitos de alimentos”, comenta Araujo Alves. “Resulta difícil atravesar ese bloqueo”. En tanto, al final de la tarde, cuando la búsqueda de alimentos disminuye y la luminosidad es menor, esa vigilancia se relaja y las reinas parásitas aprovechan esos descuidos. Araujo Alves sospecha que las reinas invasoras identifican a las colonias huérfanas guiándose mediante pistas químicas. “Nuestros datos revelan que las reinas ingresan en los panales al final de la tarde y que solamente invaden colonias huérfanas”, agrega.

Más allá de las implicaciones evolutivas de ese fenómeno, las invasiones de las colmenas pueden afectar el trabajo de los criadores de abejas, que normalmente seleccionan y dividen los panales teniendo en cuenta la capacidad de producción de miel de una colonia. “Al sufrir el parasitismo, otro linaje genético controla la colonia y la eficiencia de la producción puede variar con el nacimiento de obreras hijas de la reina invasora”, avisa Araujo Alves. Desde un punto de vista ecológico, la ocupación de la colonia ajena representa un eficiente mecanismo para dispersar sus genes. “Así, la variabilidad genética de una población puede alterarse porque el parasitismo social puede aumentar el flujo génico entre las poblaciones”.

En opinión de Vera Fonseca, lo que Araujo Alves observó en las colmenas de Melipona scutellaris podría ser un fenómeno común, que ocurre con otras especies del género Melipona y con abejas provistas de aguijón. “A raíz de los cambios climáticos, las Melipona scutellaris probablemente buscarán ambientes a los cuales puedan adaptarse mejor”, dice Fonseca, quien es docente en la USP en São Paulo. “Si llega a ser necesario realizar un desplazamiento asistido de esta especie, es importante conocer cómo estructuran genéticamente su población”.

El próximo paso que contempla Araujo Alves es la utilización de los chips y detectores para estudiar la dinámica de especies que producen pocas reinas. “Queremos verificar si ese comportamiento invasivo también se produce en otras especies que no pertenecen al género Melipona”, dice.

Proyectos
1. Parasitismo social intraespecífico como estrategia reproductiva en abejas sin aguijón (Apidae, Meliponini) (2010/ 19717-4); Modalidad Beca de posdoctorado; Coord. Denise de Araujo Alves/ USP-RP; Inversión R$ 237.463,20 (FAPESP).
2. Mediación comportamental, señalización química y aspectos fisiológicos reguladores de la organización social en himenópteros (2010/ 10027-5); Modalidad Joven Investigador; Coord. Fábio Santos do Nascimento/ USP-RP; Inversión R$ 260.000,00 (FAPESP).

Artículos científicos
VAN OYSTAEYEN, A. et al. Sneaky queens in Melipona bees selectively detect and infiltrate queenless colonies. Animal Behavior. v. 86, n.3, p. 603-9. Sept. 2013.
WENSELEERS, T. et al. Instraspecific queen parasitism in a highly eusocial bee. Biology Letters. v. 7, p. 173-6. 2010.

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