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Sociología

La innovación para los científicos

Cambios institucionales recientes dieron más fortaleza a la ciencia que a la capacidad tecnológica en Brasil

El LNLS, la única fuente de luz sincrotrón de Brasil, instalado en Campinas, atrae a científicos  brasileños y extranjeros interesados en experimentos ligados a las estructuras atómicas de materiales

CNPEMEl LNLS, la única fuente de luz sincrotrón de Brasil, instalado en Campinas, atrae a científicos brasileños y extranjeros interesados en experimentos ligados a las estructuras atómicas de materialesCNPEM

La difusión del discurso de la innovación en Brasil durante la década de 1990, y el ordenamiento jurídico-institucional destinado a transformarla en un eje central de la política nacional de ciencia y tecnología, que cobró cuerpo en los albores del siglo XXI, son menos fruto de la iniciativa del Estado combinada con demandas del sector productivo que el resultado del esfuerzo directo de los científicos brasileños en tal sentido. Al fin y al cabo, su trabajo en pro de la inclusión de la innovación en la política de ciencia y tecnología del país sirvió para legitimar socialmente a la propia ciencia –a sus instituciones, sus discursos y sus prácticas– y para fortalecerla.

Por cierto, la adopción de esta visión implica admitir la existencia una fuerza política de dimensiones insólitas de los científicos brasileños como grupo organizado de la sociedad civil, que vendría ejerciéndose desde el comienzo de la institucionalización de la ciencia en el país, aún durante la primera mitad del siglo XX. Es más: implica percatarse de que ese poder tiene rostros definidos. Se personaliza en los líderes científicos que, de tiempo en tiempo, se erigen en interlocutores fundamentales de la burocracia del Estado en el trazado de los trayectos de la institucionalización y el fortalecimiento de la actividad científica.

Tan provocativas propuestas aparecen en Veredas da mudança na ciência brasileira: discurso, institucionalização e práticas no cenário contemporâneo, libro de Maria Caramez Carlotto, de 30 años, coeditado por Editora 34, Associação Filosófica Sciencia Studia y la FAPESP. Esta reciente publicación es producto de la tesina de maestría de la joven autora en el campo de la sociología de la ciencia, elaborada entre 2006 y 2008 en la Universidad de São Paulo (USP), y sorprende no solamente por las valientes conclusiones a las que arriba, sino también debido a la densidad del estudio, sostenido simultáneamente por una consistente reflexión teórica y por una investigación empírica abarcadora y de una profundidad, poco común en ese estadio de la formación académica.

El lugar privilegiado a partir del cual Maria Carlotto decidió estudiar meticulosamente el cambio institucional de la ciencia brasileña después de los años 1980 fue el Laboratorio Nacional de Luz Sincrotrón (LNLS), con el inicio de su construcción, en 1986, y su inauguración en la ciudad de Campinas, en 1997. Para cumplir con ese cometido, se abocó a entrevistar a una docena de líderes del laboratorio, entre los cuales, cobran relieve integrantes de aquél al que la autora denomina “el grupo de la Unicamp”, su nombre común en el propio medio científico.

080-085_Sociologia_214-01A las entrevistas, Carlotto les sumó el envío de un extenso cuestionario a los 2.480 científicos de distintas instituciones nacionales de investigación que, entre 1997 y marzo de 2008, trabajaron en Campinas con la fuente de luz del laboratorio. Dicho cuestionario, intitulado “La ciencia y la tecnología en Brasil: los usuarios del Laboratorio Nacional de Luz Sincrotrón”, se aplicó durante los meses de marzo y abril de 2008, en colaboración con el propio LNLS.

Carlotto recibió de vuelta las respuestas de 211 investigadores; es decir, obtuvo un retorno del 8,5%, un índice considerado razonable en este tipo de trabajo. Con estos testimonios, construyó un retrato sin precedentes de esa elite de investigadores brasileños. Sumando esto a las informaciones de los líderes acerca de cómo fue posible formular y construir el LNLS, paso a paso, conquistando apoyos, venciendo resistencias y apartando a opositores o incluso a aliados indeseables en algunas esferas del poder político, se obtiene una valiosa radiografía sociológica del modus operandi de un microcosmos de esa institución que es la ciencia brasileña en su frontera más avanzada.

Al alternar estos resultados empíricos con la visión histórica de los movimientos claves del proceso de institucionalización de la ciencia en el país, y explicitar las matrices internacionales de las inflexiones en las políticas nacionales de ciencia y tecnología, Maria Carlotto echa luz sobre la fuerza de un grupo social que ciertamente pasa desapercibida en los análisis más convencionales de la sociedad civil brasileña.

La importación y la naturalización
Maria Caramez Carlotto presenta una síntesis del contexto internacional de la elaboración del concepto de innovación en las políticas estatales de ciencia y tecnología antes de detallar la nueva política brasileña para el sector que se establece en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Dispuesta a mostrar de qué manera los nuevos discursos sobre la ciencia transitan “de la promoción del conocimiento científico al incentivo a la innovación tecnológica”, ella afirma en la introducción del segundo capítulo, basada en el análisis de documentos, leyes y programas, que el gobierno brasileño, sobre todo a partir de 2001, “ha venido implementando una nueva política de ciencia y tecnología con la marca de un fuerte énfasis en el incentivo a la transformación del conocimiento científico en innovación tecnológica, como estrategia tendiente a aumentar la competitividad de las empresas brasileñas e impulsar el crecimiento económico del país” (p. 59).

080-085_Sociologia_214-2La idea era seguir el ejemplo de las naciones “exitosas”, con relación a sus políticas de innovación y comercialización del conocimiento científico, “especialmente aquél producido en el régimen disciplinario en universidades y laboratorios gubernamentales, y financiado con recursos públicos” (p. 60). Este diagnóstico, según la autora, se explicita en la apertura del Livro branco de ciência, tecnologia e inovação, una síntesis programática de la nueva política estructurada con base en los debates de la Segunda Conferencia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, de 2001.

En busca de contextualizar las decisiones del gobierno brasileño, Maria Carlotto pasa por el esfuerzo de los países centrales en pos de superar en los años 1980 la separación más o menos rígida entre proceso de producción y proceso de comercialización del conocimiento científico. Esa separación, uno de los pilares centrales de las políticas estatales en la ciencia de posguerra, tiene en sus bases conceptuales el famoso informe Science, the endless frontier, elaborado por Vannevar Bush, del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y presentado al presidente Franklin Roosevelt en 1945. Maria Carlotto recuerda que el informe “intentaba justificar por qué el gobierno de Estados Unidos debería mantener un alto nivel de inversión pública en investigación científica, una vez concluido el esfuerzo de guerra”. Y la mayor razón, según Bush, era que “la ciencia –antes incluso que la tecnología– sería esencial para que un país pudiese generar innovaciones tecnológicas, y así, competir internacionalmente en el plano económico”, prosigue (p. 63).

Brasil bebió con avidez de esa fuente en la década de 1950. Y siguió de cerca la política que el informe de Bush inspiró, posteriormente denominada modelo lineal de innovación, que presuponía que las inversiones del Estado se concentrasen en la “investigación básica” y en la “formación de mano de obra” científica, en tanto que el sector privado debería encargarse de la comercialización del conocimiento producido, según sostiene Maria Carlotto. Y si bien es cierto que la segunda parte no salió acorde con el figurín, ha de culparse por ello a las especificidades do capitalismo brasileño.

080-085_Sociologia_214-3¿Pero cuál fue el suceso en el escenario internacional, acaecido a comienzos de la década de 1980, que tanto afectaría a la política brasileña de ciencia y tecnología durante las dos décadas siguientes? Se trata de la percepción de que está emergiendo una nueva economía: la Economía del Conocimiento. Y la investigadora se vale de diversos autores para abordar tanto una dimensión teórica como un lado más práctico de esa economía que, por decirlo de algún modo, incorpora al conocimiento científico en la propia estructura orgánica del capital, y reconoce los impactos de la innovación sobre el crecimiento económico.

Carlotto recurre al sociólogo español Manuel Castells, por ejemplo, en un artículo de de 2002, intitulado 
“El nuevo paradigma del desarrollo y sus instituciones”, publicado en portugués en la revista Desenvolvimento em Debate, organizada por Ana Célia Castro y editada por el BNDES: “(…) hoy en día, las fuerzas productivas no se miden en toneladas de acero ni en kilovatios, como dirían Henry Ford o Lenin, sino según la capacidad innovadora de generar valor agregado a través del conocimiento y la información. Este modelo de crecimiento económico basado en el conocimiento es el mismo en todas partes, tal como lo fue la industrialización en el paradigma del desarrollo” (p. 71, cita de la p. 398 del número de la revista donde se publica el artículo). Y sostiene que la dimensión más sencilla y más operativa de esa nueva economía es “el reconocimiento de que el crecimiento económico se explica antes que nada por la eficiencia de los procesos nacionales de innovación, de modo tal que los sectores más dinámicos de la economía serían aquéllos ligados a las nuevas tecnologías, particularmente a la bio y a la nanotecnología” (p. 71).

Maria Carlotto pasa revista a la construcción de los sistemas nacionales de innovación (SNIs) y sus supuestos teóricos. Aborda el trabajo de agencias tales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en la promoción de la ciencia como actividad económica. Comenta que la innovación, según un informe de 2005 de la OCDE, “es la implementación de un nuevo o significativamente mejorado producto  (bien o servicio), o proceso, un nuevo método de mercado, o un nuevo método organizativo en prácticas empresariales, organización del lugar de trabajo o relaciones exteriores (de la empresa). En ese sentido, las actividades innovadoras son etapas científicas, tecnológicas, organizativas, financieras y comerciales que conducen, o apuntan a conducir a la implementación de innovaciones” (p. 74-75).

La línea de luz XDS para la investigación por difracción de rayos X y espectroscopia instalada en el LNLS

CNPEMLa línea de luz XDS para la investigación por difracción de rayos X y espectroscopia instalada en el LNLSCNPEM

En esta forma de definir qué es innovación, de acuerdo con la autora, existe “una doble aproximación entre economía y ciencia. Por un lado, el progreso tecnocientífico ‘invade’ la economía, en la medida en que el cambio tecnológico se transforma en el principal factor explicativo del crecimiento económico, lo que convierte a la innovación en objeto privilegiado de la acción estatal. Por otro lado, la economía ‘invade’ la actividad científica y tecnológica, cuando se convierte en la base para la creación de un instrumental capaz de medir el desempeño de la innovación en términos de eficiencia, posibilitando su gestión en términos económicos” (p. 75).

Una vez cumplido ese derrotero, la investigadora detalla “la emergencia de la innovación como foco de la política científica brasileña”. A su juicio, “el proceso de reconfiguración de la política brasileña de ciencia y tecnología, a partir de 2001, incorporó prácticamente sin mediaciones, el ‘modelo’ de política de innovación” de los países centrales. “En este sentido, la Nueva Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación le asigna un carácter prioritario a la consolidación del sistema nacional de innovación, al incremento en la eficiencia de la innovación y a la reforma del régimen disciplinario-estatal de producción y reproducción del conocimiento, con especial énfasis en el incentivo a la propiedad intelectual” (p. 97).

Esa política es una construcción del segundo mandato de Fernando Henrique Cardoso, desde que el embajador Ronaldo Sardenberg asume el Ministerio de Ciencia y Tecnología (1999 a 2002). Y el primero y fundamental instrumento de dicha política es el proyecto intitulado “Directrices estratégicas para ciencia, tecnología e innovación”, no por casualidad ubicado bajo la dirección del físico Cylon Gonçalves da Silva, docente de la Unicamp y coordinador de la construcción del LNLS entre 1986 y 1997, (lea en Pesquisa FAPESP, edición 129). A propósito, Gonçalves da Silva sostuvo, en entrevista concedida a Maria Carlotto, que hasta donde sabe, la palabra innovación apareció por primera vez en un documento oficial del gobierno federal en el Livro verde de ciência e tecnologia, de 2001, que orientó el contenido de las discusiones de la Segunda Conferencia. Cabe registrar que ambos estaban bajo su coordinación (p. 97).

Cultivo de células tumorales

CNPEMCultivo de células tumoralesCNPEM

Pero la Ley de Innovación constituye “la pieza más importante de la reforma jurídico-institucional del sistema científico nacional en marcha en el país”. Propuesta en la Segunda Conferencia y después sometida a consulta pública por el MCT, dicha ley recién sería aprobada en diciembre de 2004, durante el segundo año del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. “Por ende, es posible decir que el llamado ‘discurso de la innovación’ constituye uno de los puntos de continuidad entre ambos gobiernos –formados por partidos cuyos idearios son no solamente distintos sino también opuestos en muchos puntos–, lo que hace que la comprensión de la dinámica de su producción social se erija en un problema más interesante todavía”, comenta la autora (p. 108).

La reflexión de la investigadora sigue sostenida por los datos de las inversiones en I&D en el país y del consumo de tecnología, con las informaciones sobre innovación en empresas brasileñas hasta la conclusión que apunta que “no existe una demanda consistente por parte de las empresas nacionales para que la ciencia brasileña se involucre en los procesos de comercialización de conocimiento”. Surge allí la pregunta inevitable: “¿Cómo explicar entonces la emergencia de la nueva política de ciencia y tecnología, que tiene como foco central el incentivo a la innovación tecnológica? En otras palabras, ¿a quién le interesa la reforma institucional de la ciencia actualmente en curso en el país?” (p. 127).

Luego del examen de nuevos datos, e incluso de la constatación de que entre 2000 y 2010 “la cantidad de científicos trabajando en tiempo completo en empresas, al contrario de lo esperado, ha decaído” de 44.183 a 41.317 personas, mientras que en la educación superior, en el mismo período, ese número pasó de 77.465 a 188 mil, Maria Carlotto bosqueja un inicio de respuesta: “Parece evidente (…) que el régimen estatal-disciplinario –representado en gran escala por las universidades de investigación en el país– fue el gran favorecido por el proceso de reorientación de la política científica nacional tendiente a la valorización de la innovación” (p. 129). Lo cual fortalece la hipótesis central de su trabajo, esto es, que en Brasil “el discurso de la innovación y las alteraciones políticas correspondientes pueden ser mejor comprendidos de tomárselos como parte integrante de la estrategia de científicos comprometidos en la institucionalización del régimen disciplinario-estatal brasileño para legitimar la inversión pública en ciencia en el contexto posterior a la dictadura” (p. 129).

Los científicos comprometidos
A partir de este punto, lo que se le ofrece al lector es una historia fascinante acerca de cómo el LNLS actualiza y repone estándares tradicionales de institucionalización de la ciencia nacional. De la Escuela de Minas de Ouro Preto, institutos agronómicos e institutos de investigación bacteriológica y sanitaria de finales del siglo XIX, pasando por la USP en 1934 y por la Unicamp en 1965, hasta el presente, prácticamente, lo que la autora de Veredas da mudança na ciencia brasileira captará como uno de los patrones predominantes de institucionalización de la ciencia en Brasil es “la negociación directa con el Estado, a cargo de hombres de prestigio y con buenas relaciones personales, tenidos en ocasiones como héroes institucionalizadores de la ciencia” (p. 142).

microinyección de virus en el Laboratorio de Modificación del Genoma del LNBio (al lado): nuevas investigaciones realizadas en el LNLS

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Así es como que surgen en las páginas siguientes, también en los años 1950, los físicos José Leite Lopes y Cesar Lattes, en medio de las negociaciones con el almirante Álvaro Alberto de Santiago Dantas, presidente del flamante CNPq, para la construcción de un Sincrociclotrón, y tres décadas después, el físico Rogério Cerqueira Leite, discutiendo con el ministro de Ciencia y Tecnología, Renato Archer, la creación del Sincrotrón.

“El proyecto de construcción del ‘gran Sincrociclotrón’ ejemplifica a las claras cómo funcionaba (…) la negociación de la institucionalización de la ciencia (…) De acuerdo con el patrón dominante, científicos organizados en pequeños grupos y dotados de gran prestigio social negociaban directamente con la burocracia del Estado el apoyo a los grandes emprendimientos científicos. El éxito de esta acción dependía, a su vez, de la sensibilidad de los miembros de la burocracia científica y de su poder de intervención casi personal ante aquéllos que decidían las prioridades presupuestarias del Estado” (p. 165).

Vale la pena leer un relato de Cerqueira Leite, participante desde 1985 en las negociaciones del LNLS, para reflejar de qué modo ese estándar perduró en el país:

“La idea de construcción del laboratorio Sincrotrón empezó en Río de Janeiro con el profesor [Roberto] Lobo, quien montó un grupo (…) que empezó a llevar adelante el proyecto. Pero enseguida hubo un cambio de gobierno y, aparentemente, el proyecto tenía problemas. En ese marco, Cylon, quien era miembro del grupo, me vino a buscar y me pidió que le ayudase. Invité a los miembros del consejo –Lobo, [José] Pelúcio, en síntesis, todos aquéllos que participaban en el proyecto– a una primera reunión. Luego hubo otra un poco más formal en Campinas, y entonces quedó claro que había que decidir el lugar [donde se construiría el laboratorio]. Yo no formaba parte del Consejo, pero estaba discutiendo con ellos, y quedó más o menos claro que el mejor lugar sería São Paulo, no en la USP, sino en São Carlos o en Campinas, por razones de naturaleza técnica, no políticas, en un primer momento (…). Tiempo después, cuando asumió Renato Archer, fui a conversar con él. En esa conversación quedó decidido que él haría el favor de darle un ‘regalo’ al estado de São Paulo y decidimos entonces que el laboratorio se construiría acá en Campinas. Sin embargo, el ministro no quería a Roberto Lobo [en la dirección] porque no era de su agrado. Yo no sé por qué, pero Archer en lo personal no simpatizaba con él. Yo incluso lo llevé a Lobo hasta el MCT para que conversasen y aclarasen cualquier malentendido (…) pero sentí que había una cierta restricción al nombre del Lobo, quizá porque había integrado el gobierno anterior y estaba vinculado con la gente del CNPq, y había algunas reservas para con esa gente” (p. 177-178).

Por último, cabe destacar algunos datos referentes a los científicos de fuera del LNLS, ligados a instituciones nacionales, que contestaron el cuestionario de Maria Carlotto, dividido en cinco partes (datos personales, trayectoria académica, trayectoria profesional, investigación en curso de quien contesta, estándares de evaluación de la ciencia): un 82% actuaba en universidades públicas, el 11% en instituciones estatales de investigación, el 1,4% en empresas y un 1,4% en universidades o facultades privadas.

Veredas da mudança na ciência brasileira Maria Caramez Carlotto Editora 34 384 páginas, R$ 57,00

Veredas da mudança na ciência brasileira | Maria Caramez Carlotto | Editora 34 | 384 páginas | R$ 57,00

Con relación a sus carreras de grado, el 33% de los investigadores había estudiado física, un 28% química, un 19% ingeniería, un 9% ciencias biológicas, un 4% ciencias agrarias y un 4% farmacia y bioquímica, con lo cual quedaba un 3% para “otras carreras”.

En términos de calificación, con el 48,7% de los investigadores en período de formación y un 51,3% profesionalizados, se torna relevante la información de que el 28,9% del total había culminado el doctorado y el 32,2%, su posdoctorado. “Si se compara ese porcentaje con los datos del Censo Escolar de 2003”, según el cual el 21% de los docentes de la educación superior en Brasil contaba con doctorado completo, “queda explícito que los científicos del LNLS componen la elite de la educación superior brasileña, particularmente en las áreas de física, química, ingeniería y ciencias biológicas. Si se considera a su vez que la nano y la biotecnología constituyen áreas prioritarias para el gobierno brasileño, se trata de una elite ‘estratégica’ para la política nacional de ciencia e innovación”, comenta la autora (p. 246). Por último, esa elite es joven (alrededor del 70% tenía entre 30 y 50 años de edad) y predominantemente masculina (los varones corresponden al 66%).

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