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ECOLOGÍA

¡Ballenas y delfines a la vista!

La diversidad de especies y la abundancia de ejemplares en la costa paulista son mayores de lo que se imaginaba

Delfín pintado del Atlántico: nuevo recuento en el litoral paulista

Eduardo CesarDelfín pintado del Atlántico: nuevo recuento en el litoral paulistaEduardo Cesar

De pie, ubicado sobre el sector derecho de la proa de la lancha que se balanceaba como un péndulo mientras se deslizaba velozmente, Victor Uber Paschoalini fue el primero que divisó algo moviéndose a lo lejos en medio del mar cuando eran alrededor de las 11 de la mañana del 10 de febrero de este año, a menos de 1 kilómetro de distancia de Ilha da Queimada Grande, una isla situada en el litoral paulista. Creyó que eran delfines, exactamente lo que estaban buscando. Para confirmarlo, llamó al jefe de la expedición, el biólogo Marcos César de Oliveira Santos, docente del Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo (USP). Se acercaron con la lancha y lo confirmaron: había más de 20 delfines pintados [o manchados] del Atlántico (Stenella frontalis), de 2 a 2,5 metros de largo, que inmediatamente comenzaron a saltar en el agua clara al lado de la lancha. Santos le pidió al piloto que reduzca la velocidad y, con su equipo, fotografió a los animales ‒fundamentalmente sus aletas dorsales, que son como una cédula de identificación, a causa d las cicatrices y marcas únicas de cada ejemplar‒ y grabó los sonidos que emitían mediante un hidrófono colocado en el agua. A continuación, por medio de un dardo especial disparado con una ballesta, recogió una muestra de piel de 1 mm de espesor, para realizar análisis genéticos, y 2 centímetros de grasa para análisis de contaminantes químicos.

Era el comienzo del quinto viaje de una serie de 23 planificados hasta 2015, con el objetivo de mapear la diversidad y la distribución de cetáceos ‒ballenas y delfines, a los que también se denomina bufeos‒ del litoral paulista. Basándose en los animales muertos que hallaron en la playa durante los últimos años y en los vivos que están registrando ahora, Santos y su equipo contabilizaron más de 300 ejemplares pertenecientes a 29 especies de cetáceos, el equivalente a un 63% de las 46 especies registradas en el litoral brasileño. En los ríos, la diversidad de bufeos es menor: investigadores del Amazonas anunciaron el hallazgo, en el mes de enero, de una nueva especie a la que bautizaron Inia araguaiensis, la quinta de su tipo, que fue descubierta en el río Araguaia y sus afluentes. Raramente vistos y escasamente estudiados, los cetáceos de la costa brasileña representan casi la mitad de las 87 especies identificadas en los mares de todo el mundo.

En familia: grupos de hasta 20 delfines (en este caso, manchados del Atlántico) avistados en camino a Ilha da Queimada Grande

Eduardo CesarEn familia: grupos de hasta 20 delfines (en este caso, manchados del Atlántico) avistados en camino a Ilha da Queimada GrandeEduardo Cesar

Los primeros resultados también sugieren una diversidad de especies y abundancia de cetáceos mayores de lo que se imaginaba, que abarcan desde las toninas o franciscanas (Pontoporia blainvillei), uno de los menores mamíferos de agua dulce, de hasta 2 metros de longitud, que habita desde las costas del estado de Espírito Santo hasta Argentina y es víctima constante de la captura accidental en las redes pesqueras, hasta las colosales ballenas o rorcuales de Bryde (Balaenoptera brydei), que alcanzan 15 metros de longitud.

A partir de ese trabajo también están emergiendo nuevas conclusiones e hipótesis sobre las ballenas y los delfines que surcan el litoral brasileño. Al comparar muestras de ADN, Santos y otros investigadores de la USP, de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), de Colombia y de Puerto Rico, verificaron que las poblaciones de delfines pintados del Atlántico que habitan el sur y sudeste de Brasil son distintas de las del Caribe, y no se mezclan. Además, se está derrumbando una creencia con respecto a otra especie. Los rorcuales de Bryde, una especie arisca y ágil, que permanece poco tiempo en la superficie, aparentemente recorren el litoral paulista durante todo el año y no tan sólo en primavera y verano, tal como se pensaba, porque los submarinistas solamente las avistaban en la temporada de buceo.

Una muestra de piel, para análisis filogenético

Eduardo CesarUna muestra de piel, para análisis filogenéticoEduardo Cesar

Otro abordaje posible ‒y bastante utilizado‒ para mapear las poblaciones de cetáceos es basándose en un punto fijo. Ése es el método utilizado en el archipiélago de Abrolhos, en el litoral de Bahía, con las ballenas yubartas o jorobadas (Megaptera novaeangliae), una de las especies de mayor distribución geográfica en el mundo y la más estudiada en Brasil, a causa de sus características únicas de sus aletas pectorales, que alcanzan un tamaño de un tercio de su propio cuerpo, y por la previsibilidad de su distribución espacial y temporal: el 80% de las yubartas que visitan la costa brasileña se concentra en la zona de Abrolhos, fundamentalmente entre los meses de julio a noviembre, para parir  y amamantar a sus ballenatos en aguas templadas y calmas. El biólogo Salvatore Siciliano, que actualmente trabaja en la Escuela Nacional de Salud Pública (ENSP) de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) de Río de Janeiro, estuvo allí en 1989 y 1990 mientras hacía su maestría y, “sentado sobre una roca con un anotador y binoculares”, tal como él mismo recordó, avistó 604 grupos de yubartas (la mitad eran madres con crías) al cabo de 191 días de observación. En esa época solamente había equipos de investigación de mamíferos marinos establecidos en Manaos, en el estado de Amazonas, y en Rio Grande, en Rio Grande do Sul. Luego se formaron otros grupos, pero los estudios sobre cetáceos anteriores a 1980 son muy raros, recuerda Siciliano, lo cual dificulta análisis y las comparaciones, a diferencia de las aves u otros mamíferos terrestres, que han sido estudiados durante tres siglos.

La investigadora Daniela Abras, del Instituto Oceanográfico de la USP, visitó Abrolhos en julio de 2013. Con el apoyo de la Marina, del Instituto Yubarta, del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) y de la Cetacean Society International (CSI), y posicionada sobre uno de los puntos más altos del archipiélago, contabilizó 500 majestuosas ballenas, bastante más que las 200 registradas en 2004. “Se está registrando un aumento en la población de ballenas yubarta, como resultado de la prohibición de su caza, aunque su número aún se encuentra muy por debajo de lo que habitualmente era”, dice. Hoy se estima que la población de ballenas yubarta suma unos 7.900 ejemplares, que pueden divisarse en la costa desde la región de Cabo Frío, en Río de Janeiro, hasta Rio Grande do Norte, aún por debajo de los 25 mil que había antes de que comenzaran a ser intensamente cazadas. A partir de 1650, tal como se describe en el libro A baleia no Brasil colonial, de la historiadora Myriam Ellis (Edusp/ Melhoramentos, 1969), la caza de ballenas en las principales ciudades del litoral constituía una importante actividad económica para la obtención del denominado aceite de ballena, que se utilizaba para elaborar argamasa para construcciones y en el alumbrado público, y cerdas bucales, que se comercializaban en Europa para la fabricación de corsés. Con embarcaciones de 10 a 12 metros de eslora, se cazaba a las ballenas con arpón, y se las remataba mediante sucesivos impactos con lanzas de 2 metros de largo. Luego las remolcaban hacia la playa y las faenaban: cada animal proveía un promedio de 7 mil litros de aceite. Recién en 1987 comenzó a regir una ley federal que prohibió la caza de ballenas.

Esta es la primera oportunidad en que realizamos expediciones oceanográficas específicas para mapear cetáceos en los 600 kilómetros del litoral de São Paulo”, informa Santos. “Por falta de especialistas y limitaciones financieras, los trabajos anteriores tan sólo se hacían con animales muertos”, comenta. Él mismo, durante su maestría, recorrió en bicicleta o ciclomotor las playas de Cananeia e Ilha Comprida, en la costa sur del estado de São Paulo, recolectando osamentas de cetáceos hallados muertos y, en total, recogió y analizó 124 esqueletos. También fue la primera vez que un reportero gráfico ‒Eduardo Cesar, de Pesquisa FAPESP‒ tomó parte en uno de los viajes de febrero y pasó tres días junto a los científicos en alta mar.

Nariz de botella, otra especie habitual en el litoral paulista

Eduardo CesarNariz de botella, otra especie habitual en el litoral paulistaEduardo Cesar

Dos semanas antes del viaje, Santos, impresionado por la curiosidad de Paschoalini en el salón de clases, lo invitó a sumarse a su equipo en esa expedición, pero no se imaginaba la suerte que tendría el muchacho de 19 años, con un proverbio bretón tatuado en su brazo derecho “alzaos, alzaos una y otra vez hasta que los corderos se conviertan en leones”, y que ahora cursa el segundo año de la carrera de oceanografía. Los cuatro integrantes del equipo se alternaban en la observación, en turnos de una hora, con media hora de descanso, pero fue Paschoalini, quien dos horas más tarde avistó el segundo grupo de delfines, en esta ocasión de otra especie, la denominada nariz de botella (Tursiops truncatus), también con unos 20 ejemplares, algo mayores y menos abundantes que los pintados, esta vez en aguas turbulentas y bajo un sol refulgente.

A su lado, la oceanógrafa Giovanna Corrêa e Figueiredo notó que los animales, normalmente dóciles ‒como el simpático Flipper de la antigua serie televisiva‒, aquel día se mostraban inquietos. Ella llegó a pensar que tal vez tuvieran hambre y nadaban velozmente siguiendo a un cardumen, o bien estuviesen molestos por la temperatura del agua, que oscilaba entre 30º y 33º Celsius, casi cinco grados por encima de lo habitual. Las algas y otros organismos proliferan con mayor facilidad en aguas más cálidas, formando una mancha oscura que dificulta la visibilidad, tal como la que se registró en febrero, desde las costas de Río de Janeiro hasta Santa Catarina. Ese día y los dos siguientes ‒recorrieron unos 650 kilómetros, desde São Vicente hasta la Ilha do Mel, en el norte del estado de Paraná‒ permanecieron observando el mar con atención, de proa a popa, incluso con el sol reflejándose en el agua hasta el final de la tarde, y ya no divisaron más delfines o ballenas. “En ciertos momentos el cansancio es tal que uno ve una ola y cree que es un delfín”, dice Corrêa.

Ella acompaña a Santos desde la primera expedición, en diciembre de 2012. El primer día, ellos y otros investigadores del grupo recorrieron el mar sin divisar ningún cetáceo, pero durante el segundo, se asombraron al avistar un grupo de 16 orcas (Orcinus orca), la especie más corpulenta de los delfines (no son ballenas) ‒los machos más grandes alcanzan 10 metros de longitud y 10 toneladas de peso‒, detrás de Ilhabela, en el litoral norte de São Paulo. No resulta frecuente hallarlas tan cerca de la costa. “Permanecimos casi dos horas junto a las orcas, observándolas y fotografiándolas”, relató Santos. “Sabemos muy poco sobre ellas, cuántas son, cuándo aparecerán, etc.”. Al comparar las fotografías de sus aletas dorsales, se comprobó que dos ejemplares del grupo de Ilhabela se encontraban un mes antes cerca de las playas de la ciudad de Río de Janeiro, a 400 kilómetros de distancia. El oceanógrafo Alexandre Azevedo, de la Universidad Estadual de Río de Janeiro, colaboró para comparar las fotografías y confirmó que los animales eran los mismos. Después de cada viaje, una de las tareas de los investigadores consiste en analizar las fotos de las aletas dorsales, mediante un programa de computadora específico, para determinar las que corresponden a nuevos ejemplares e incluirlas en el catálogo del sitio web del laboratorio, que ya cuenta con 104 ejemplares de dos especies de ballenas y tres de delfines, identificados por sus aletas características.

Playa del puerto de Imbituba, en Santa Catarina, al final de la década de 1940: matanza desenfrenada de ballenas francas

João Hipólito do Nascimento/ Acervo del Museo de la Ballena de ImbitubaPlaya del puerto de Imbituba, en Santa Catarina, al final de la década de 1940: matanza desenfrenada de ballenas francasJoão Hipólito do Nascimento/ Acervo del Museo de la Ballena de Imbituba

También hay motivos para preocuparse: como consecuencia de la construcción de puertos, del aumento de la cantidad de embarcaciones y de la contaminación creciente en las costas, los cetáceos podrían estar alejándose de las mismas en busca de aguas más calmas. Giovanna Figueiredo, del equipo de Santos, comprobó que los registros de avistamientos de la ballena franca austral (Eubalaena australis), que alcanzan hasta 18 metros de longitud y 60 toneladas de peso, antes comunes en las playas cercanas a la costa del sudeste, están escaseando desde 2002, aunque la población se encuentra en aumento, al ponérsele fin a su caza. En una de las expediciones, el equipo de la USP avistó una ballena franca con su ballenato en Ilha da Queimada Grande, a 27 kilómetros de la costa. Karina Groch y otros biólogos del Proyecto Ballena Franca se encuentran atentos ante los posibles efectos de la construcción del puerto de Imbituba, en Santa Catarina, y del aumento en el tráfico de embarcaciones en la región, que anteriormente era un centro regional de caza de la ballena franca. En 2005, Groch estimó en 500 el número de ballenas francas que visitan regularmente la costa brasileña, de las cuales 100 merodean el litoral sur, principalmente durante su período reproductivo, entre los meses de julio y noviembre.

“Estamos alejando a las ballenas y delfines, debido a un conjunto de causas, con efectos acumulativos”, reitera Siciliano, quien publicó varios artículos en los últimos años advirtiendo sobre la contaminación por metales pesados y otras sustancias tóxicas, que propiciarían, en los delfines, la aparición de malformaciones óseas, que él mismo registró, y las enfermedades de la piel, descritas por Santos en 2009. “Es una lástima, porque las poblaciones se están recobrando y los cetáceos están buscando las bahías que antes ocupaban, pero las encuentran convertidas en estacionamientos navales y depósitos de residuos”.

Siciliano fue uno de los investigadores que participaron en la elaboración del plan de acción para la conservación de las toninas, una especie que habita en la franja costera y sufre de alta mortalidad al quedar atrapada en las redes de los pescadores (Santos está analizando, junto con los pescadores de Cananeia, las posibles formas de disminuir la mortalidad de las toninas). El plan de acción, que se aprobó y publicó en 2010, contempla la creación de dos parques nacionales (en Santa Catarina y en Rio Grande do Sul) y la ampliación de otro, que en la actualidad solamente comprende la restinga, en el litoral norte del estado de Río de Janeiro, como forma de demarcar un espacio adecuado para toninas, tiburones, rayas, tortugas y otros animales marinos. Al comentar que los parques aún no fueron creados, Siciliano recordó la resistencia frente a la prohibición de la pesca y la transformación en parque nacional de un área prevista para la construcción de puertos. En una de las reuniones donde se planteó la creación de las unidades de conservación marinas, se acordó que un dirigente de un organismo ambiental público les preguntó a los investigadores: “Al fin y al cabo, ¿para qué sirve una tonina?”. En una obra del dramaturgo Bertolt Brecht, un cardenal formulaba una pregunta similar al rehusarse a mirar por el telescopio de Galileo: “¿Son realmente necesarias las estrellas?”.

Proyectos
1. Frecuencia, distribución y desplazamientos de cetáceos en la costa del estado de São Paulo (nº 11/ 51543-9); Modalidad Apoyo a la Investigación – Regular/ Biota; Investigador responsable Marcos César de Oliveira Santos – IO/ USP; Inversión R$ 454.775,03 (FAPESP).
2. Capturas accidentales de pequeños cetáceos en actividades pesqueras en el litoral sur paulista: en busca de aportes para la instauración de políticas de conservación (nº 10/ 51323-6); Modalidad Cooperación para la Innovación Tecnológica (Pite); Investigador responsable Marcos César de Oliveira Santos – IO/ USP. Inversión R$ 242.490,33 (FAPESP).

Artículos científicos
CABALLERO, S. et al. Initial description of the phylogeography, population structure and genetic diversity of Atlantic spotted dolphins from Brazil and the Caribbean, inferred from analyses of mitochondrial and nuclear DNA. Biochemical Systematics and Ecology. v. 48, p. 263-70. 2013.
SANTOS, M.C.O. et al. Cetacean records along São Paulo state coast, Southeastern BrazilBrazilian Journal of Oceanography. v. 58, n. 2,  p. 123-42. 2010.

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