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Zoología

¿Donde está el tapir negrito?

La nueva y aún controvertida especie está más diseminada por la Amazonia de lo que se pensaba

Ni tanto a campo abierto ni tanto en la selva: el tapir negrito es hallado en zonas de transición entre áreas de vegetación dispersa y montes de mayor espesura

Sandro CastelliNi tanto a campo abierto ni tanto en la selva: el tapir negrito es hallado en zonas de transición entre áreas de vegetación dispersa y montes de mayor espesuraSandro Castelli

La descripción de una nueva especie de tapir que vive en la Amazonia, el tapir negrito o tapir pigmeo, publicada en diciembre del año pasado en la revista Journal of Mammalogy, fue celebrada por muchos como el descubrimiento más extraordinario de la zoología de este siglo. Al fin y al cabo, sería la primera especie de tapir identificada desde 1865 y el mayor animal descubierto por la ciencia desde 1992, cuando científicos describieron al saola, un bovino de las selvas de Vietnam y de Camboya.

Este trabajo fue fruto de 10 años de esfuerzos de un equipo encabezado por Mario Cozzuol, paleontólogo de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG). Cozzuol y sus colaboradores divulgarán este mes nuevos datos sobre la ecología y la genética del tapir negrito, una especie que describieron y bautizaron con el nombre científico de Tapirus kabomani durante el Simposio Internacional de Tapires de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), un evento que se realiza en la ciudad de Campo Grande, en Mato Grosso do Sul. Entre los datos se encuentran fotos, videos y mediciones inéditas de tapires negritos viviendo en los estados de Pará y de Roraima, como así también en Bolivia, lo que sugiere que existen poblaciones de animales dispersas por casi toda la Amazonia de Brasil y de los países vecinos.

Estas evidencias también confirman que, al contrario que en el caso de la especie más conocida de tapir sudamericano, el Tapirus terrestris, cuyas poblaciones eligen entre vivir en el interior del monte espeso y en campos abiertos, el T. kabomani prefiere zonas de paisaje más variopinto, donde hay un mosaico de áreas abiertas y cerradas. “Todos los lugares donde hallamos la especie son así”, dice Cozzuol. “Puede ser una coincidencia, pero quizá el T. kabomani tenga realmente un comportamiento distinto al del T. terrestris.”

No todos los expertos en mamíferos están convencidos de que el tapir negrito existe como una especie independiente. Algunos científicos creen que serían tan sólo ejemplares de la especie T. terrestris un poco más bajos y más oscuros. Durante el evento de la IUCN, Cozzuol participará en una mesa redonda sobre la veracidad de la nueva especie. La discusión puede parecer una cuestión taxonómica bizantina, pero efectivamente se intentará responder a una pregunta práctica: ¿vale la pena incluir al T. kabomani en la lista roja de animales amenazados de extinción de la IUCN y, para protegerla, adoptar medidas distintas de aquéllas que están tomándose para preservar al T. terrestris?

050-055_Anta_225-01Aunque no sufra peligro inminente de extinción, su carne sabrosa, su enorme tamaño (es el mayor animal nativo de Sudamérica) y su largo período de gestación hacen del tapir brasileño un animal sumamente vulnerable a la caza excesiva y a la pérdida de hábitat. La especie corre serio riesgo de desaparecer en distintos puntos del país en las próximas décadas, tal como ya sucedió en las regiones nordeste y en buena parte de las regiones sur y sudeste. Su extinción local puede afectar a toda la biodiversidad de una región, pues al ser un herbívoro de gran apetito, el tapir ayuda a dispersar semillas en los campos y en las selvas.

El debate a decir verdad dará prosecución en vivo a una discusión que empezó por escrito, primero en un grupo cerrado de investigadores en Facebook y posteriormente en artículos de la edición de agosto del Journal of Mammalogy. Un grupo de científicos encabezado por Robert Voss, zoólogo del Museo de Historia Natural Americana (AMNH), rehízo parte de los análisis del equipo de Cozzuol y sostiene que la especie no existe.

“¿Varias generaciones de mastozoólogos neotropicales habrían realmente fallado al reconocer a una especie ampliamente distribuida por la Amazonia?”, se preguntan Voss y los coautores en su artículo. “Sí, no la reconocieron, y lo lamento”, responde Cozzuol, quien rebatió las críticas en la misma edición de la revista. “Eso ya ha sucedido antes y sucederá de nuevo, no es pecado.”

Un cráneo extraño
La búsqueda de la confirmación de la existencia del tapir negrito empezó por casualidad, en 2002, cuando Cozzuol era docente de la Universidad Federal de Rondônia (Unir) y puso a su alumna de iniciación científica Elizete Holanda, actualmente paleontóloga de la Universidad Federal de Roraima, a estudiar un cráneo fósil de 45 mil años hallado en el río Madeira, que pertenecía a una especie extinta de tapir. Al comparar el fósil con los de otras especies de tapires extintas y vivas, Holanda descubrió en la colección de la Unir otro cráneo con dimensiones extrañas, que no combinaban con lo esperado para ninguna especie conocida.

El cráneo había sido recogido en un pueblo de pescadores al norte de Porto Velho, con un agujero de bala y otras marcas hechas por cazadores. El padre de Holanda, que había sido cauchero, comentó sobre otro tipo de tapir que conocía, uno negrito, que él cazaba debido a que su carne era más sabrosa que la del tapir común. “Fue entonces que empezamos a percatarnos de que todos en aquella zona decían que había dos tipos de tapires”, dice Cozzuol.

“La mayoría de los biólogos que trabajaban con mamíferos de la región sabían esto, pero no le creían a la gente”, recuerda el paleontólogo. El principal motivo de que los científicos ignorasen lo que la gente decía es que existe efectivamente una gran variación de color y de tamaño entre los ejemplares de tapires de una misma especie. Asimismo, parecía improbable para los investigadores que dos especies muy semejantes ocupasen el mismo ambiente, pues la competencia por alimento y espacio llevaría a una de ellas a la extinción. “Pero como soy paleontólogo y sé que existen registros fósiles de especies de tapires distintas que vivían simultáneamente en una misma zona de América, no me atuve a esa suposición”, comenta Cozzuol.

050-055_Anta_225-02Era necesario verificar qué sucede actualmente en la naturaleza, pero Cozzuol no obtuvo el permiso para capturar un animal vivo de la probable nueva especie y compararlo con el cráneo que Holanda había encontrado. Recién más tarde logró recursos para realizar expediciones a la Amazonia, en colaboración con el equipo del genetista Fabrício Santos y del ecólogo Flávio Rodrigues, ambos de la UFMG. En esos viajes los investigadores arreglaron con cazadores locales para que les avisasen en caso de cazar un tapir negrito. Así los investigadores podrían obtener huesos, pieles y muestras de ADN de la carne. En el primer contacto, un cazador los llevó hasta la carcasa de uno de ellos, cazado algunas semanas antes. “El cráneo tenía las características que esperábamos”, dice Cozzuol.

La sospecha también se confirmó durante visitas a aldeas de los indígenas del pueblo Karitiana, en Rondônia, que apilan los cráneos de sus cacerías como trofeos. “Había dos pilas para los tapires, una con las medidas esperadas para el tapir negrito”, recuerda Cozzuol, quien bautizó a la especie en homenaje al nombre dado a ella por otros indios, los del pueblo Paumari: Arabo kabomani.

Con todo, los investigadores sabían que necesitarían muchas más evidencias para convencer a sus colegas de que la hipótesis de una nueva especie merecía que se la tomase en serio. “Una especie biológica es un conjunto de poblaciones que poseen una historia evolutiva separada de las otras, no es algo que se pueda observar directamente”, explica  Cozzuol. “Es necesario verificar la hipótesis integrando análisis de genética, morfología y otras áreas.”

Para verificar la existencia de la nueva especie, los investigadores compararon medidas de los cráneos de tapires negritos con las de cráneos de otras cuatro especies vivas y con algunos fósiles. Compararon también las secuencias de tres genes del ADN mitocondrial de cuatro negritos con los mismos genes de decenas de tapires de todas las especies, obtenidas en el banco de datos abierto GenBank. “En la mayoría de los estudios con tapires se emplea tan sólo un gen mitocondrial”, explica Cozzuol. Ya sea por la forma de su cráneo o por su ADN, el tapir negrito despuntaba como un animal distinto a otras especies.

La conclusión del estudio fue una revisión de la historia natural de los tapires. Estos animales están considerados como fósiles vivos, pues no cambiaron mucho desde que surgieron hace 50 millones de años, habiendo sobrevivido a la extinción de la fauna de animales enormes que habitaban las Américas hasta hace 10 mil años. Aparte del nuevo T. kabomani, existen actualmente cuatro especies: el tapir asiático (T. indicus), en Malasia; el centroamericano (T. bairdii); el andino (T. pinchaque), que habita, como su nombre lo indica, en los Andes, entre Perú, Ecuador y Colombia, y el tapir amazónico (T. terrestris), presente en casi todos los biomas tropicales de Sudamérica. Los ancestros del T. kabomani se habrían separado de los ancestrales de los tapires amazónicos y de los andinos hace al menos 300 mil años.

050-055_Anta_225-03No es necesario ser un cazador amazónico para distinguir a ojo entre un T. kabomani y un T. terrestris. El tapir negrito es mucho menor, más bajo y tiene patas más cortas que el T. terrestris. Su piel es más oscura, las crines más cortas y la frente más alargada. Los machos de todas las especies de tapires tienden a ser un poco menores que las hembras, y esa diferencia de tamaño entre los sexos surge más acentuadamente entre los tapires negritos. Otra diferencia entre los sexos es una mancha blanca en la cabeza, que se extiende desde los carrillos hasta el pescuezo, una exclusividad de las hembras. “Algunos ejemplares de T. terrestris tienen manchas en los carrillos, pero no son tan nítidas y pueden aparecer en ambos sexos”, explica Cozzuol.

¿Evidencias suficientes?
Para nada convencidos con los indicios de una nueva especie, Voss y sus colegas cuestionan todas esas conclusiones. Reexaminaron los mismos datos genéticos valiéndose de un método estadístico alternativo y arribaron a la conclusión de que las diferencias entre las secuencias de ADN son demasiado pequeñas como para considerar al tapir negrito como una especie separada.

Cozzuol explica que su equipo rehízo el análisis empleando la misma técnica que Voss, a cuyos detalles sólo tuvo acceso luego de la publicación del artículo y, por ende, su réplica no figura en la misma edición de la revista. Sus resultados fueron distintos y siguen confirmando la existencia del T. kabomani. “Todavía no he entendido cómo arribaron a esos resultados”, dice Cozzuol. Y también se queja de que critican sus datos de mediciones de cráneos sin replicarlos. “El AMNH posee una colección mucho mayor de T. terrestris que nosotros”, dice. “No tardarían ni una semana para tomar los datos y verificar nuestro análisis.”

“Sigo convencido de que no es una especie válida”, dice Voss. “La evidencia genética es nula”. Y cree que debería ponerse a prueba la hipótesis empleando también el ADN del núcleo de las células, aparte del de las mitocondrias que ya se analizó. Cozzuol y Santos están analizando eso precisamente ahora, pero han arribado a la conclusión de que no es posible distinguir ninguna especie de tapir sudamericano por los genes de ADN del núcleo, normalmente empleados como marcadores en este tipo de estudios, lo que significa que deberán buscar diferencias en secuencias de ADN nuclear menos conocidas. “Sus argumentos no se sostienen y van más allá de las exigencias razonables”, dice Cozzuol. “No tengo dudas de que podríamos haberlo hecho mejor, pero otras especies ya han sido descritas recientemente menos detalladamente y con menos información.”

“Las evidencias etnográficas tampoco me convencen”, afirma Voss. “Los indígenas amazónicos suelen diferenciar demasiado a los animales grandes que cazan”. Para defender este punto, Cozzuol contó con la ayuda del etnozoólogo Hugo Fernandes-Ferreira, quien concluirá este año una tesis doctoral en la Universidad Federal de Paraíba sobre la historia de la caza de animales silvestres en Brasil. Fernandes-Ferreira explica que la diferenciación aumentada a la que Voss se refiere es la tendencia de los pueblos indígenas a dar nombres distintos a animales que identifican con apariencias diferentes, pero que a decir verdad son tan sólo variaciones dentro de una misma especie.

Un ejemplo son los jaguares manchados o negros, pertenecientes a la misma especie biológica, pero considerados como animales distintos por la mayoría de los pueblos de la Amazonia. No obstante, a los tapires se los caza debido a su carne sabrosa y también porque partes de los animales tienen usos medicinales, mágicos y religiosos. “Las personas analizan con mayor cuidado a los animales que consideran útiles”, dice Fernandes-Ferreira. “Asimismo, esa diferenciación entre un tapir grande y gris y otro negrito está difundida entre casi todos los pueblos de la Amazonia.”

“A los indios, a los ribereños, a los caucheros y a los hacendados siempre les escuché decir que existen dos especies de tapires”, dice Cozzuol. “Los indígenas del pueblo Uru-Eu-Wau-Wau, por ejemplo, viven en una área donde sólo existe un tipo de tapir, pero afirman que saben que en otros lugares los hay de dos tipos.”

De otros tiempos
Fernandes-Ferreira también encontró registros históricos de cazadores y naturalistas que hacen mención a dos especies de tapires en Brasil. El más antiguo es de 1794, en el cual el naturalista brasileño Alexandre Rodrigues Ferreira le informa a la corona portuguesa la existencia de dos especies de tapir en la provincia de Grão-Pará, donde actualmente es el estado norteño de Amazonas.

Otro relato histórico importante es el del presidente estadounidense Theodore Roosevelt, quien menciona en las memorias de su visita a Brasil, en 1912, haber cazado un tapir en Mato Grosso, “un macho mucho menor que el otro que maté” y que “los cazadores dijeron que era de distinto tipo”.

Los tapires que cazó Roosevelt fueron donados al AMNH y analizados por el zoólogo Joel Allen en 1914, quien consideró que el animal menor era meramente una variación del T. terrestris. “Tuvimos acceso a las medidas de ese ejemplar y coinciden perfectamente con lo que esperamos del T. kabomani”, dice Cozzuol.

“La postura que defenderemos en el panel de la IUCN apunta que, si hay una mínima posibilidad de que exista una especie distinta y la ignoramos, podemos terminar condenando a una parte importante de la biodiversidad de la Amazonia sin siquiera haberla conocido bien”, explica Cozzuol. “En Nueva Zelanda se dio un caso similar: se creía que el esfenodonte, un tipo de réptil primitivo pariente de los lagartos, era una especie única, hasta que acciones de conservación que funcionaban en algunas regiones no funcionaron bien en otras. Sucedía eso porque eran a decir verdad dos especies de esfenodontes con requisitos diferentes.”

“Sí, si existen realmente dos especies válidas de tapires amazónicos, entonces debería manejárselas por separado”, coincide Voss. “Sin embargo, dado que no existe una estrategia eficaz de manejo para ningún mamífero amazónico, la protección del hábitat parece ser el mejor abordaje.”

Artículos científicos
COZZUOL, M. A. et al. A new species of tapir from the Amazon. Journal of Mammalogy. v. 94, n. 6, p. 1331-45. dic. 2013.
VOSS, R. S. et al. Extraordinary claims require extraordinary evidence: a comment on Cozzuol et al. (2013). Journal of Mammalogy. v. 95, n. 4, p. 893-8. ago. 2014.
COZZUOL, M. A. et al. How much evidence is enough evidence for a new species? Journal of Mammalogy. v. 95, n. 4, p. 899-905. ago. 2014.

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