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Arte

Los sonidos del bienestar

Un proyecto lleva música a hospitales y hogares de ancianos para brindar confort a los pacientes

Antonio Donilha Neto, residente del geriátrico Aldeia Emaús, interactúa con los músicos Deisi Baptistella y Diego Angelini durante un atardecer en Sorocaba

EDUARDO CÉSARAntonio Donilha Neto, residente del geriátrico Aldeia Emaús, interactúa con los músicos Deisi Baptistella y Diego Angelini durante un atardecer en SorocabaEDUARDO CÉSAR

En Sorocaba, interior del estado de São Paulo, el silencio y la tranquilidad del hogar de ancianos Aldeia de Emaús ceden su espacio, una vez por semana, a la música. Hace alrededor de un año, los 38 ancianos que viven ahí reciben la visita de integrantes del proyecto Músicos do Elo, que fue creado hace 15 años en Francia por el maestro y compositor brasileño Victor Flusser para humanizar los ambientes hospitalarios. La iniciativa, que pretende mejorar la calidad de vida de las personas hospitalizadas, se implementó en países tales como Italia, Portugal y Alemania, y hace poco más de un año desembarcó en Brasil.

Según Flusser, la especificidad y la originalidad del proyecto Músicos do Elo se fundan en el hecho de que la humanización de los ambientes hospitalarios y geriátricos incluye a todos los individuos presentes en los establecimientos (pacientes, familiares y profesionales). Más allá de cantar y ejecutar un repertorio variado, los músicos intervienen sobre la calidad del ambiente sonoro de los establecimientos, proponiendo estrategias para la disminución de los ruidos que molestan a todos.

El responsable de la iniciativa en Sorocaba es el médico Fernando Antonio de Almeida, docente de la Facultad de Ciencias Médicas y de la Salud de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP), campus de Sorocaba. De Almeida coordina un proyecto cuyo objetivo consiste en proponerles a las facultades de medicina y a los servicios hospitalarios un modelo de humanización, además de establecer un modelo de formación para músicos, que se tornarían agentes de esos cambios. “La intención es el establecimiento de un modelo de humanización por medio de la cultura. La formación médica está centrada en la enfermedad, y no en el enfermo”, dice De Almeida, quien conoció el trabajo durante una visita a Francia.

Uno de los primeros resultados fue la publicación, en junio de 2013, del libro Músicos do Elo – Músicos atuantes humanizando hospitais, en el cual Flusser explica cómo se concibió y puso en práctica el proyecto en Europa. La obra está acompañada por un documental en DVD, producido por Luiz Fernando Santoro, profesor de la Escuela de Comunicación y Artes de la Universidad de São Paulo (ECA-USP). “La humanización hospitalaria en Brasil se realiza, en gran medida, basándose en juegos, en relatar cuentos y en el trabajo de payasos. La música, el teatro y la danza no son lo suficientemente explotados”, explica Flusser, quien hace 30 años reside en Francia.

La idea del proyecto surgió cuando Flusser coordinaba, en la Universidad de Estrasburgo, un curso de capacitación de músicos para trabajar en escuelas primarias. Uno de sus alumnos le recordó el hecho de que los hospitales también albergan niños internados y le sugirió que el proyecto fuese extensible a los pabellones infantiles. “Las terapias tienen por función la restitución a los pacientes del mejor estado posible de su salud”, dice Flusser.

Los primeros frutos del proyecto en el hogar de ancianos de Sorocaba aparecen bajo la forma de recuerdos. Los ancianos más desinhibidos sueltan la voz, manipulan objetos sonoros e incluso arriesgan pasos de baile cuando escuchan alguna canción del pasado. “Yo podría zapatear, pero tengo miedo de caerme”, bromea la jubilada Wilma Oliveira Camargo, de 72 años. Gracias al sarao semanal de los artistas, se estimula la memoria musical que trae recuerdos y emociones que ayudan a los ancianos a dejar de lado sus enfermedades y emociones negativas. “Incluso cuando ellos se van, sigo acordándome de canciones de antaño”, dice ella.

Según Paola Canineu, médica geriatra y directora de Aldeia Emaús, a partir de que los ancianos comenzaron a implicarse con los Músicos do Elo, el ambiente del hogar registró mejoras significativas. “El permanente contacto con la música puede ayudar, en algunos casos, a reducir la dosis de ciertos medicamentos, tales como neurolépticos y antidepresivos”, dice Canineu. Uno de los integrantes del proyecto, el estudiante de la USP Diego Angelini, resalta que los objetivos van más allá de los efectos terapéuticos. “Lo que ansiamos es que florezca nuevamente el ser humano en los pacientes, a los que generalmente se los trata solamente como cuerpos que necesitan una cura”, dice.

Tratamiento desgastante
La primera experiencia se realizó en el sector de hemodiálisis del Hospital Universitario Santa Lucinda de Sorocaba, donde los músicos mantienen contacto con pacientes que padecen enfermedad renal crónica. Más allá de los síntomas de la enfermedad, los pacientes presentan frecuentemente un estado emocional comprometido a causa del tratamiento desgastante y doloroso. “El contacto con la música torna menos desagradable esta fase”, dice Fernando Almeida.

Aunque el trabajo de los Músicos do Elo es bien aceptado por todos, Almeida considera importante el desarrollo de criterios de evaluación de los resultados. Uno de sus alumnos de maestría, el psicólogo Thiago Reis Hoffmann, analizó dos grupos de pacientes del centro de hemodiálisis: uno acompañado por los músicos y el otro no. “Comprobamos que el grupo que recibió la intervención experimentó una disminución de la depresión en un intervalo de ocho meses”, dice. El estudio se llevó a cabo entre 2012 y 2013 en el Centro de Diálisis y Trasplante Renal de Sorocaba. Se evaluó a 24 pacientes que realizaban hemodiálisis desde hacía más de seis meses.

Para los análisis cuantitativos, se emplearon dos herramientas de análisis: el Kidney Disease and Quality of Life – Short Form, que mide la calidad de vida en pacientes con enfermedad renal crónica; y la Escala de Hamilton para la Depresión, como instrumento de evaluación de la depresión. El primero es un cuestionario que toma en cuenta factores tales como el estado de salud mental de los pacientes, la sociabilidad y las limitaciones causadas por problemas físicos. El segundo analiza el impacto de la depresión, evaluando aspectos tales como el humor, la ansiedad e irritabilidad, entre otros. En el grupo que recibió la visita de los músicos, se registró una disminución en los indicadores de depresión. Inicialmente, había diez individuos con síntomas de depresión moderada o grave y dos sin esa afección. Luego de la intervención, se identificaron seis pacientes con depresión moderada y los demás no manifestaron signos de la enfermedad. En tanto, en el grupo de control, que no mantuvo contacto con los artistas, 11 de los 12 pacientes permanecieron con depresión moderada.

Hoffmann explica que el proyecto Músicos de Elo debe ser considerado como una herramienta más de humanización, que puede sumarse a otras. Y menciona como ejemplo al modelo Planetree, adoptado por algunos hospitales, como en el caso del Albert Einstein, en São Paulo. Salas de meditación, sesiones de acupuntura y un proyecto arquitectónico que contempla espacios más aireados, dotados de áreas verdes, constituyen un ejemplo de esa propuesta.

Proyecto
Músicos do Elo en el pabellón de hemodiálisis: Un punto de partida para la formación de músicos y la práctica interdisciplinaria orientada a una humanización del ambiente hospitalario (nº 2012/ 20784-3); Modalidad Apoyo a la Investigación – Regular; Investigador responsable Fernando Antonio de Almeida (PUC-SP); Inversión R$ 158.286,72 (FAPESP)

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