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Serpientes acorraladas

Un estudio brasileño indica que en pocas décadas algunas especies han perdido un 80% de su hábitat

Yarará dorada, de la isla de Queimada Grande

Eduardo CesarYarará dorada, de la isla de Queimada GrandeEduardo Cesar

Luego de pasarse cuatro años organizando una rara síntesis de informaciones recabadas durante muchas décadas de trabajo de campo, el biólogo Cristiano Nogueira finalmente puede decir: “Ahora hemos logrado ver de modo claro que la principal amenaza para las serpientes de Brasil es producto de una dramática pérdida de la vegetación nativa, que es también la causa de otros problemas, como es el caso de esta sequía en São Paulo”. Como investigador del Museo de Zoología de la Universidad de São Paulo (MZ-USP), Nogueira coordina un extenso mapeo, que compara la distribución geográfica actual y pasada de los ofidios brasileños. Los resultados preliminares indican que algunas especies perdieron hasta un 80% del área de selva o de campiñas que ocupaban hace tres décadas. La pérdida de terreno ‒asociada  a la expansión de las ciudades y a la actividad agropecuaria, tal como le ocurre a otras especies‒ implica la desaparición de evidencias de la historia evolutiva no sólo de las serpientes, sino también de otros grupos de seres vivos, que evolucionaron y ocuparon sus espacios a lo largo de millones de años.

Para 2016, Nogueira espera terminar los más de mil mapas que delimitan con precisión ese problema al comparar las áreas ocupadas en la actualidad y en el pasado por las 380 especies que habitan en Brasil. Se trata de la mayor diversidad de serpientes del mundo, lo que incluye desde las diminutas e inofensivas culebras ciegas, yararás, cascabeles, corales verdaderas y falsas, hasta las mayores, tales como la boa constrictora y la anaconda, de hasta 10 metros de longitud. De acuerdo con los mapas terminados, 22 especies son exclusivas ‒o endémicas‒ de sectores de la caatinga y otras 80, del bosque atlántico. “Estamos determinando las áreas endémicas y al mismo tiempo observando su pérdida”, sostiene Nogueira, al frente de un equipo de 25 expertos de Brasil y dos de Argentina.

La Bothrops itapetiningae, la menor de las yararás, con 40 a 60 centímetros de longitud ‒los machos poseen una cola más larga, mientras que las hembras ostentan una cabeza mayor‒, ocuparía actualmente tan sólo un 20% del área original que habitaba hace 30 años, que comprendía las campiñas y cerrados desde São Paulo hasta el centro del estado de Goiás, que fue intensamente ocupada por cultivos o ciudades. “Las talas llegaron al borde del Parque Indígena de Xingú, en los estados de Mato Grosso y Pará, y del Parque Nacional das Emas, en Goiás”, señala Nogueira. “Las pérdidas se incrementaron bastante desde que comencé con ese mapeo, en 2010, y ahora avanzan sobre la selva amazónica”.

Otra de las especies acorraladas es la yarará de Murici (Bothrops muriciencis), que habita tan sólo en selvas a una altura superior a los 400 metros en una estación ecológica situada en el municipio de Murici, estado de Alagoas. El investigador Marco Antonio de Freitas, del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), quien coordinó el trabajo de campo con esta especie, notó que el desmonte allí es intenso, incluso en áreas protegidas por ley. Pero no es ése el único problema. “En las regiones norte y nordeste aún no existe un trabajo educativo eficaz, que impida la matanza de ofidios ponzoñosos. Lo máximo que puede lograrse es que los residentes no maten a las que ellos mismos reconocen como inofensivas”, sostuvo el estudioso. Allí y en otros lugares, la mayoría de la gente prefiere matarlas, a causa del asco y el temor que suscitan, si bien que sólo una minoría de las especies es venenosa. En un estudio de 2014, Freitas informó que la yararacuzú tapete (Bothrops pirajai), habita tan sólo en fragmentos del bosque atlántico del sur de Bahía, bajo similares amenazas.

Los primeros registros de las serpientes de Brasil:  la serpiente tigre en un libro de 1734 publicado en Alemania...

Thesauri/ Albertus Seba Los primeros registros de las serpientes de Brasil: la serpiente tigre en un libro de 1734 publicado en Alemania…Thesauri/ Albertus Seba

Un enfoque más amplio revela algo paradójico: la región más poblada del país ‒desde el sur de Minas Gerais hasta el sur de Santa Catarina‒ presenta la mayor riqueza (cantidad de especies) y diversidad filogenética (familias) de serpientes, a causa de la variedad de formas de vegetación y de relieve. En esa área es donde se capturaron más ejemplares, lo cual facilita la identificación de especies nuevas. En un estudio realizado en Serra de Paranapiacaba, en el Gran São Paulo, la bióloga Vivan Trevine, del MZ-USP, halló 16 especies de ofidios y 80 de anfibios, una buena muestra de la diversidad de vida silvestre en todo el estado. También hay áreas aún poco recorridas por los biólogos en donde abundan especies y familias, tales como los bosques y cerrados de la Chapada de Parecis y Serra de Ricardo Franco, en el oeste del estado de Mato Grosso, y en las regiones norte y central de los Andes (véanse los mapas).

Muchos años de silencio
“Estamos recopilando informaciones que comenzaron a recogerse hace 250 años”, dice Nogueira. El botánico y zoólogo Carl von Linné, Linneo, fue quien presentó en 1758 una de las primeras descripciones de una serpiente de Brasil, una boa constrictora. “La observación de la distribución espacial de los ofidios es una forma de entender la formación y evolución de los ambientes naturales”, afirma Nogueira. “Si comprendemos aquello que generó la diversidad de las serpientes, tal vez sería posible deducir también lo que pasó con otros grupos de animales”.

...Una boa constrictora (la serpiente mayor), en un libro de 1864 publicado en Italia

Iconographie générale des ophidiens/ Giorgio Jan y Ferdinando Sodelli …Una boa constrictora (la serpiente mayor), en un libro de 1864 publicado en ItaliaIconographie générale des ophidiens/ Giorgio Jan y Ferdinando Sodelli

Los mapas se están elaborando a partir de alrededor de 100 mil registros de capturas de especies, “todos verificados al menos por un experto”, asegura Nogueira. Fue un trabajo lento y meticuloso. Thais Guedes, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), y Fausto Barbo, de la USP, pasaron años examinando a los animales y las etiquetas de identificación de decenas de colecciones zoológicas de Brasil ‒ella con animales de la caatinga y él, con ejemplares del bosque atlántico‒ y de otros países. “Había una gran cantidad de información, pero desperdigada, desordenada, con errores que hubo que corregir”, dice Ricardo Sawaya, de la Unifesp, quien junto a Barbo, examinó yararás de la isla de Santa Catarina en el museo Koenig, en Bonn, Alemania, capturadas por el zoólogo alemán Paul Müller entre 1960 y 1970. En silencio, y sacando a la luz informaciones de estudios como ése, también trabaja Valdir José Germano, técnico del Instituto Butantan, quien hace cinco años que está abocado a una paciente recuperación de serpientes quemadas con sus etiquetas de identificación chamuscadas por el incendio de 2010, que destruyó la mayor parte de una colección con más de 80 mil muestras del instituto.

Desde 2012, los investigadores aportan informaciones sobre la distribución geográfica de las especies para la lista de especies amenazadas, divulgada por el ICMBio en noviembre de 2014. El biólogo Otavio Marques, del Instituto Butantan, quien trabaja desde hace 30 años con la distribución geográfica e historia natural de especies del bosque atlántico del litoral paulista, aplaude el hecho de que las informaciones sobre ofidios y otros grupos de animales hayan sido utilizadas para la elaboración de las Diretrizes para conservação e restauração da biodiversidade do estado de SP, un documento publicado en 2008 con el propósito de reconocer y proteger las áreas de vegetación nativa con elevada concentración de especies diferentes de flora y fauna. “Con base en esos mapas, ya han surgido unidades de conservación en São Paulo”, dice.

Las islas de las serpientes
Las islas y los bosques del litoral brasileño se están revelando como auténticos nidos de yararás: cada sitio parece contar con sus propias especies o al menos variedades únicas de una misma especie. En los árboles de la isla de Queimada Grande ‒y solamente allí‒, habitan cientos de yararás doradas o amarillas (Bothrops insularis), denominada en portugués jararaca ilhoa, o también punta de lanza dorada, con alrededor de 1 metro de longitud y un veneno que les permite matar pájaros en segundos. La isla de Alcatrazes, a unos 30 kilómetros (km) de distancia, alberga otros cientos de yararás de Alcatrazes (Bothrops alcatraz), que miden medio metro de largo y se alimentan casi exclusivamente de ciempiés. Ahora aparece otra nueva especie, la denominada Bothrops otavioi, que se alimenta de sapos y por ahora tan sólo se la ha hallado en un sitio, las selvas de la isla Vitória, en el municipio del archipiélago de Ilhabela. Hay una candidata a convertirse en una nueva especie de yarará que habita en la isla vecina de Búzios y otra que repta aún anónimamente por una isla ubicada más al norte, en el litoral de Espírito Santo.

014-021_Capa serpentes_227-01Para los científicos, el hallazgo de nuevas especies genera sensaciones contradictorias, como la alegría de quien llega a una fiesta e inmediatamente se decepciona al notar que la reunión está por terminar. “Presentamos a las nuevas especies y ya las clasificamos bajo amenaza de extinción, a causa del alto riesgo de pérdida de las áreas de selva nativa en que habitan”, dice Sawaya. El investigador participó en la caracterización de la yarará de la isla Vitória y trabaja en la descripción de la posible nueva especie de la isla vecina de Búzios, ambas habitadas por familias de pescadores o caiçaras, cuyas viviendas avanzan sobre las selvas nativas.

Los investigadores creen que las islas del litoral podrían cobijar variedades únicas de seres vivos como consecuencia del aislamiento geográfico provocado por el descenso del nivel del mar, un proceso que concluyó hace unos 10 mil años y que habría propiciado el surgimiento de nuevas especies. Aún habría mucho por descubrir, porque “el estado de São Paulo posee más de 100 islas y el de Río de Janeiro, más de 300, donde, en su mayoría, aún no se han realizado mapeos biológicos”, dice Sawaya. Es probable que no sea sencillo hallar a los animales. “La serpiente es un animal difícil de estudiar, en general, no se las halla fácilmente”, sostiene Marques, “pero en Queimada Grande pueden detectarse entre 10 y 15 yararás por día. En Alcatrazes, de 5 a 10”. Se calcula que en cada una de esas islas habitan entre 2 mil y 3 mil yararás.

Incluso pueden hallarse nuevas especies de serpientes en bosques urbanos. Investigadores de São Paulo, Goiânia y Belém, presentaron en 2014 una nueva especie de falsa coral, la Micrurus potyguara, descubierta en João Pessoa, en el estado de Paraíba. Basándose en los registros de 2003 a 2007 del Butantan, Barbo verificó que los fragmentos de bosque atlántico del municipio de São Paulo albergaban 38 especies diferentes. Las más frecuentes eran otra falsa coral, la yarará dormideira o falsa yarará, una inofensiva comedora de babosas, y la yarará verdadera (Bothrops jararaca), venenosa, de cuerpo marrón con manchas triangulares oscuras.

Trabajo de base en el Butantan: Valdir Germano reorganiza el archivo afectado por el incendio de 2010...

Eduardo CesarTrabajo de base en el Butantan: Valdir Germano reorganiza el archivo afectado por el incendio de 2010…Eduardo Cesar

Hallazgo y pérdida
“Si no actuamos ahora, en 20 años ya no habrá nada que preservar”, advierte Nogueira. “Muchas de las áreas que visité hace 15 años en Goiás, Mato Grosso y Bahía ya no existen, fueron ocupadas por la agricultura”. En 1997, cuando aún estudiaba biología en São Paulo, el investigador salió por primera vez a rescatar animales de un área del cerrado que iba a quedar bajo el agua de la represa de la hidroeléctrica de Serra da Mesa, que se estaba construyendo en el nordeste de Goiás. Pese al escepticismo de sus colegas ‒todavía se considera al cerrado como una región con baja diversidad biológica‒, Nogueira halló “una sorprendente abundancia de lagartos y serpientes”, ya que se trataba de una zona de contacto entre la selva amazónica y áreas de la meseta central de Brasil.

“Fue lo que denominé como la paradoja de Serra da Mesa: el hallazgo en el momento de la pérdida. Lo mismo sucedió en otros lugares, y también con peces y otros grupos de animales”, dice. “Aún dependemos de esos eventos de gran destrucción, tal como ocurre ahora en Belo Monte y Jirau, en el norte del país, para conocer la diversidad biológica de un lugar. Ahora tenemos a los ejemplares identificados y conservados en museos, pero ya no están los espacios donde habitaron. Tenemos que elaborar más inventarios biológicos planificados en regiones completas, tales como los parques y reservas, aún casi desconocidos”.

El biólogo Hussam Zaher, investigador y ex director del Museo de Zoología, vivió la misma situación en 2014, al descubrir un género y una especie nueva de una serpiente capturada en las selvas que serán cubiertas por otro embalse de la región amazónica. Otro ejemplar de ese ofidio fue capturado en otra área, a 150 kilómetros de distancia, que también será cubierta por las aguas de una hidroeléctrica.

Zaher trabaja con su grupo realizando análisis genéticos y moleculares de 1.200 especies de serpientes de América del Sur para establecer el origen de la filogenia ‒el árbol genealógico‒ de ese grupo de animales. “Las serpientes son lagartos modificados, que perdieron sus patas en el curso de la evolución, pero aún no sabemos de qué grupo de lagartos pudieron originarse”, dice. Los análisis de los datos comenzarán durante el primer semestre de 2015. Los resultados preliminares, con tan sólo 12 genes, indicaron que las yararás de las islas y del continente no son diferentes genéticamente y, por lo tanto, podrían pertenecer a la misma especie, presentando solamente variaciones morfológicas. “Estamos repitiendo los análisis, con muestras mayores de ADN”, afirma Zaher.

... , mientras Selma Almeida Santos y Juliana Passos miden yararás doradas criadas en laboratorio

Eduardo Cesar… , mientras Selma Almeida Santos y Juliana Passos miden yararás doradas criadas en laboratorioEduardo Cesar

Frente a los militares
No resulta fácil convencer a la población y a las autoridades acerca de la necesidad de proteger a esos animales. No basta con decirles que, sin las serpientes, habría más sapos y ratones en los bosques y en las ciudades. Ni que existen seres de hábitos únicos, como en el caso de la Rhachidelus brazili, una serpiente negra que sólo se alimenta de huevos y habita en las campiñas nativas cada vez menores del cerrado, o especies que podrían ser las representantes de una región como la rojiza jararaca-da-seca (Bothrops erythromelas): “es la caatinga misma en forma de serpiente, sólo habita entre la vegetación achaparrada y al pie de los cerros”, dice Nogueira.

El cirujano de Minas Gerais Rodrigo Souza decidió actuar, conmovido por la reducción de la vegetación nativa y las serpientes aplastadas en las rutas del sur de Bahía. En 2001, adquirió un campo en Itacaré y construyó un serpentario para criar Lachesis muta, conocida vulgarmente como cascabel muda o surucucú, la mayor víbora venenosa de América, que cada vez escasea más en la región. Las serpientes se crían en viveros, en un predio cercado por muros de 3 metros de altura y 50 centímetros de profundidad, para impedir el paso de armadillos, una exigencia de los organismos ambientales. Souza, quien trabaja con investigadores de São Paulo y Minas Gerais, anunció en 2007 la primera reproducción en cautiverio de un surucucú del bosque atlántico, anteriormente clasificada en extinción.

En una reunión realizada en Brasilia al comienzo de 2013, Marques, del Instituto Butantan, les solicitó a los militares de la Marina que cesaran sus ejercicios de tiro en los peñascos de la isla de Alcatrazes. Los tiros, según argumentó, provocaban incendios que podrían reducir las poblaciones de yararás, algo que podría achacársele a la Marina. “Los militares aceptaron parar con los ejercicios en Alcatrazes”, relata. En otra ocasión, él empleó un argumento utilitario, preguntándoles cuál de los militares y políticos presentes sufría de hipertensión. Al ver los brazos levantados, él les recordó que un medicamento antihipertensivo bastante utilizado, el Captopril, fue desarrollado a partir del veneno de la yarará del continente (Bothrops jararaca).

Marques advierte que, si desaparece la especie de Alcatrazes “perderemos una fuente potencial de nuevos fármacos”. Habría otras posibilidades porque, tal como lo determinó el Butantan, el veneno de esa especie contiene tres proteínas específicas, diferentes a las presentes en el veneno de la yarará del continente, que se alimenta básicamente de pequeños mamíferos y no de ciempiés, como la yarará de Alcatrazes.

Los primeros ejemplares de otra yarará isleña, la dorada, arribaron al Butantan en 1911, enviados por Antonio Esperidião da Silva, un residente de la isla de Queimada Grande. El investigador Afrânio do Amaral, uno de los directores del instituto, se sorprendió al ver plumas entre las heces de esos ofidios (todavía no se conocía ninguna yarará que comiese aves) y visitó la isla varias veces. Luego surgió un nuevo problema, el contrabando de serpientes. “Alumnos nuestros recibieron ofertas para traer animales desde Queimada Grande”, comenta Marques.

En 2010, junto a su equipo, él llevó 20 víboras desde Queimada Grande y le pidió a la bióloga Selma Almeida Santos: “Cuídelas como si fuesen sus hijos”. Almeida y su equipo estudiaron la viabilidad de los espermatozoides y el ciclo hormonal de las hembras para determinar el mejor momento de estimular los encuentros de apareamiento, que fueron exitosos y nacieron 25 crías. Cuatro años después, aún se mantiene a las serpientes en cajas plásticas en uno de los laboratorios del Instituto Butantan, aunque pronto serán sometidas a nuevos experimentos. “El próximo paso consiste en soltarlas en un sector de la selva, para que puedan vivir y reproducirse sin nuestra ayuda, y luego comenzar con el mismo trabajo con otras especies amenazadas”, dice Marques. “Ya hemos traído cuatro yararás de Alcatrazes”. En algunos años él sabrá si la estrategia funcionó con esa otra habitante de las islas y si podría adoptársela para recuperar las poblaciones de otras especies que aún sobreviven.

Proyectos
1. Biogeografía y conservación de las serpientes brasileñas (nº 12/ 19858-2); Modalidad Beca de posdoctorado (Cristiano de Campos Nogueira); Investigador responsable Hussam El Dine Zaher (USP); Inversión R$ 249.800,70 (FAPESP).
2. Historia natural de las serpientes sudamericanas: un abordaje evolutivo (nº 12/ 07334-9); Modalidad Apoyo a la Investigación – Regular; Investigador responsable Otávio Augusto Vuolo Marques (Instituto Butantan); Inversión R$ 295.631,75 (FAPESP).
3. Origen y evolución de las serpientes y su diversificación en la región neotropical: un abordaje multidisciplinario (nº 11/ 50206-9); Modalidad Proyecto Temático; Investigador responsable Hussam El Dine Zaher (USP); Inversión R$ 1.916.933,83 (FAPESP).

Artículos científicos
FREITAS, M. A. et al. Biology and conservation status of Piraja’s lancehead snake Bothrops pirajai Amaral, 1923 (Serpentes: Viperidae), Brazil. Journal of Threatened Taxa. v. 6, n. 10, p. 6326-34. 2014.
FENKER, J. et al. Phylogenetic diversity, habitat loss and conservation in South American pitvipers (Crotalinae: Bothrops and Bothrocophias). Diversity and Distributions. v. 20, p. 1108-19, 2014.
GUEDES, T. B. et al. Biogeography, vicariance and conservation of snakes of the neglected and endangered Caatinga region, north-eastern Brazil. Journal of Biogeography. v. 41, n. 5, p. 919-31, 2014.
SOUZA, R. C.G. Reproduction of the Atlantic Bushmaster (Lachesis muta rhombeata) for the first time in captivity. Bulletin of the Chicago Herpetological Society. v. 42, n. 3, p. 41-3. 2007.

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