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Geología

Rumbo al noroeste

Mediciones con GPS indican que parte de la corteza del nordeste de Brasil se desplaza algunos milímetros por año en esa dirección

062-063_GEO_230Fragmentos que componen una tercera parte de la corteza terrestre del nordeste de Brasil se están deslizando lentamente en las direcciones norte y oeste a una velocidad máxima de 5,6 milímetros al año, de acuerdo con un artículo científico publicado por investigadores brasileños en marzo en Journal of South American Earth Sciences. El movimiento de sectores de la Provincia Borborema –el nombre dado por los geólogos al bloque rocoso que abarca alrededor de 540 mil kilómetros cuadrados y engloba gran parte de los estados de Ceará, Rio Grande do Norte, Paraíba, Pernambuco, Alagoas y Sergipe– provoca sutiles estiramientos y contracciones en distintos puntos de la superficie y hace que aumente el riesgo de que ocurran temblores locales. “La provincia sufre presión por todos lados”, dice el geofísico Giuliano Sant’Anna Marotta, del Observatorio Sismológico de la Universidad de Brasilia (UnB), el principal autor del estudio. “Es una situación similar a la que sucede cuando apretamos una goma.” Algunos puntos se encogen, mientras que otros se estiran, y ciertas partes se hunden, al tiempo que otras se yerguen.

Sin embargo, no existen motivos de alarma. El desplazamiento de fragmentos de la provincia geológica, que concentra la mayor parte de las actividades tectónicas del Brasil, es un fenómeno esperable. Su ritmo de marcha es relativamente modesto: alrededor de 12 veces menor que el verificado en la famosa falla geológica de San Andrés, cerca de la costa de California, la región con mayor riesgo de grandes terremotos de Estados Unidos, y nueve veces menor que la que se verifica en sectores de los Andes, otra zona de fuertes sismos. “Sabíamos que la Provincia Borborema se movía, y ahora hemos logrado cuantificar la velocidad máxima de ese tipo de movimiento”, dice el geólogo Francisco Hilario Bezerra, de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN), quien también suscribe el artículo científico.

La medición se obtuvo a partir de datos suministrados por un conjunto de estaciones receptoras de señales del Sistema de Posicionamiento Global, el popular GPS, instaladas en 12 puntos distintos de la provincia (véase el mapa). Nueve estaciones forman parte de la Red Brasileña de Monitoreo Continuo de Sistemas GNSS (RBMC), mantenida por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), y tres pertenecen a la Red GPS Potiguar, una iniciativa del Departamento de Geología de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN). Con bajísimo margen de error, del orden de 1 milímetro, cada receptor GPS registra en forma casi ininterrumpida su localización en un plano horizontal junto a un eje vertical. En otras palabras, se mide si la corteza, sobre la cual se encuentra fijado el aparato de GPS, se mueve hacia arriba, hacia abajo o hacia los costados en el transcurso del tiempo. Un punto del globo totalmente inmóvil –que no se hunde, no se yergue y no se desplaza horizontalmente‒ exhibe siempre las mismas coordenadas en un determinado lapso temporal.

El interior de la placa tectónica
En el caso del trabajo con la Provincia Borborema, la información referente a la ubicación de las estaciones quedó registrada al menos durante dos años consecutivos. Como la serie temporal analizada es pequeña, no es posible decir si la velocidad máxima de desplazamiento registrada en el estudio indica una tendencia continua de movimiento de sectores de la provincia o constituye el reflejo de un fenómeno efímero. “Lo ideal es que reunamos información durante al menos tres años seguidos”, afirma João Francisco Galera Mônico, de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) de Presidente Prudente, experto en estudios geodésicos con GPS, otro investigador que participó en el estudio.

No se producen grandes terremotos en Brasil porque el territorio nacional ‒la región nordeste inclusive‒ se sitúa en la parte interna de la placa tectónica Sudamericana, uno de los enormes bloques de roca que conforman la superficie terrestre. Los sismos de mayor magnitud ocurren en áreas situadas en los alrededores de los bordes de las placas, en donde hay grandes fallas geológicas, rajaduras de la corteza que marcan la zona de contacto entre el fin de una y el comienzo de otra placa, tal como sucede en los Andes, cerca de Chile y de Perú (el límite entre la placa Sudamericana y la placa de Nazca), y en la costa de California (frontera entre la placa Norteamericana y la del Pacífico). Debido a los movimientos de la corteza, el borde de una placa colisiona con los confines del bloque de roca contiguo.

La Provincia Borborema se sitúa a miles de kilómetros de la zona de contacto más cercana existente entre dos placas tectónicas, la cordillera sumergida denominada Dorsal Mesoatlántica, que establece el límite entre la placa Sudamericana y la placa Africana. De todos modos, ese fragmento del nordeste brasileño padece los efectos del distanciamiento paulatino de la placa Sudamericana, que se mueve en dirección hacia el oeste, con relación al bloque rocoso que engloba a África. “La Provincia Borborema tiene muchas zonas de cizalla”, explica Marotta. Este tipo de estructura geológica corresponde a antiguas zonas de debilidad, sujetas a inestabilidades. Movimientos de la corteza pueden provocar temblores en este tipo de lugares. La región vecina a la zona de cizalla Senador Pompeu, la falla que corta el interior del estado de Ceará y llega a la cuenca Potiguar, fue la que presentó las mayores variaciones de desplazamiento en dirección al noroeste, según los datos de la red de GPS. Sectores de la cuenca Potiguar, a medio camino entre Natal y Fortaleza, se desplazaron 4 mm por año en dirección al oeste y 4,1 mm en dirección al norte dentro de la placa Sudamericana. La cuenca padece temores de tierra de mediana intensidad, con magnitudes de hasta 5,2 grado.

Artículo científico
MAROTTA G. S. et al. Strain rates estimated by geodetic observations in the Borborema Province, Brazil. Journal of South American Earth Sciences. v. 58, p. 1–8. mar. 2015.

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