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Teatro

Teatro verdadero

El grupo Vertigem retrata la vida urbana en representaciones callejeras y en edificios públicos

Representación en el río Tietê (BR-3)...

Nelson Kao Representación en el río Tietê (BR-3)…Nelson Kao

Podría haber sido una sesión maldita, de aquellas de media noche. La intención de los fieles reunidos en la Igreja Santa Ifigênia, en el centro de São Paulo, no era asistir, sino impedir un espectáculo al que se consideraba blasfemo. Finalmente, agotados, se retiraron. Entonces, a la una de la mañana del 5 de noviembre de 1992, se estrenó O paraíso perdido, marcando el comienzo de la trayectoria de Teatro da Vertigem. “En cierto momento, creí que sólo el mismísimo Espíritu Santo lograría que la obra se estrenara”, bromea el director artístico de la compañía, Antonio Araújo.

En esa época, un aval determinante para la realización provino del arzobispo emérito de São Paulo, don Paulo Evaristo Arns. El director llegó a recibir mensajes telefónicos anónimos con amenazas de muerte. Desde entonces, siempre hay alguna polémica que acompaña la trayectoria de uno de los colectivos teatrales más exitosos de la escena contemporánea, casi siempre en función de la ocupación de espacios urbanos no convencionales y por el factor físico, elementos esenciales del grupo. En la segunda obra de la trilogía bíblica de Vertigem, O livro de Jó (1995), de Luís Alberto de Abreu, el protagonista se debatía desnudo entre camillas y aparatos quirúrgicos en el abandonado Hospital Umberto Primo, en la zona sur paulistana. El público, perturbado, caminaba por los pasillos con olor a éter.

en un hospital abandonado (O livro de Jó)

Claudia Calabi  …en un hospital abandonado (O livro de Jó)…Claudia Calabi 

Esos desafíos a los sentidos cerrarían la primera etapa de la compañía en la cárcel cerrada del Hipódromo, en la zona oriental de la capital. Se trataba de una representación evocando la masacre de los presos de Carandiru en el marco del proyecto  Apocalipse 1,11 (1999). La osadía representativa prosiguió en los años 2000. En BR-3, el público navegaba por el río Tietê a merced del panorama y de los olores que implica tal experiencia, y los actores representaban la obra en algunos puntos de la orilla, cuando el barco se detenía. “Ahí es cuando Vertigem abandona una idea metafísica e idealista para poner los pies en el barro”, dice Silvia Fernandes, profesora titular de la Escuela de Comunicación y Artes de la Universidad de São Paulo (ECA-USP) especialista en la producción teatral brasileña de los años 1990. “El grupo pasa entonces a una acción contundente y por eso lo califico como teatro político, si recordamos la alusión a las torturas que figuran en , y es un teatro verdadero, es decir, ligado a la realidad en el sentido de que trabaja con temas urbanos, realiza representaciones en las calles y en edificios públicos”.

El director Araújo, de Uberaba (Minas Gerais), es egresado de la carrera de artes escénicas de la ECA-USP, en la cual es docente actualmente. Junto a otros siete compañeros de la universidad comenzó una investigación del lenguaje aplicada a los movimientos de los actores bajo el influjo de los estudios de mecánica clásica del matemático irlandés William Hamilton (1805-1865). El paso siguiente consistió imaginarse esos movimientos representados en espacios simbólicos. “Lo primero que pensamos fue en el sentido mítico del Paraíso y de la caída del hombre, de los cuerpos, a partir de obras tales como Paraíso perdido, de John Milton [1608-1674]”, explica el director. “De allí, surgió un juego al revés con el espectador en un sitio sagrado como es una iglesia”. Con esa experiencia llegó el bautismo de la compañía. En 2011, Araújo lanzó A gênese da Vertigem [editorial Perspectiva, con el apoyo de la FAPESP]. Se trata de su tesina de maestría, donde el director describe el proceso de creación de O paraíso perdido.

y en una iglesia en el centro de São Paulo (O paraíso perdido): temas urbanos siempre presentes

Claudia Calabi …y en una iglesia en el centro de São Paulo (O paraíso perdido): temas urbanos siempre presentesClaudia Calabi

La práctica del sitio ideal para la representación, dice Araújo, siempre viene después de la dramaturgia. En el grupo, la tarea puede repartirse entre autores y guionistas invitados, tales como Sérgio de Carvalho, de Cia do Latão, y Fernando Bonassi. La concepción de BR-3, por ejemplo, fue ambiciosa. Surgió de una búsqueda de la identidad nacional basada en tres “brasiles”, el barrio paulistano Vila Brasilândia, la capital Brasilia y Brasileia, una localidad del estado de Acre. El grupo viajó en ómnibus al norte del país junto al escritor Bernardo Carvalho. “Durante ese viaje, observamos una modernización predatoria, desde basura en arroyos hasta selvas devastadas”, dice Araújo. El río Tietê nos resultó oportuno como escenario del montaje de BR-3, que contó con la coordinación en dramaturgia de la profesora Silvia Fernandes.

Alguna que otra vez, Vertigem deja el ambiente urbano, tal como ocurre ahora con O filho, basado en la Carta al padre, de Franz Kafka, con dirección de Eliana Monteiro, asistente de Araújo desde Apocalipse. Monteiro utilizó el galpón de Sesc Pompeia, en São Paulo, y lo cubrió de objetos domésticos en desuso, además de crear plataformas. La pieza le valió elogios generosos al veterano actor Antonio Petrin, de 77 años.

Sin embargo, la marca registrada del grupo es el extrañamiento y la provocación a una realidad urbana, algo que ha llamado la atención en el exterior. La obra Bom Retiro 958 metros (2012), un recorrido nocturno por el barrio del comercio paulistano tuvo recientemente una adaptación chilena para una zona similar situada en Santiago de Chile.

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