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Medio ambiente

Los daños escondidos en el barro

La arcilla fina y el alto tenor de metales existentes en el material liberado por la rotura de represas en Minas Gerais pueden alterar la dinámica ecológica y sedimentaria en la desembocadura del río Doce

Rio Doce_DSC_0526Valéria QuaresmaCuando Valéria Quaresma y Alex Bastos, una pareja de expertos en oceanografía  geológica, empezaron a estudiar los sedimentos de la costa del estado brasileño de Espírito Santo junto a la desembocadura del río Doce, hace alrededor de cinco años, uno de los objetivos consistía en contar con una base para establecer planes de manejo de esa región, en la cual dos de las principales fuentes de aporte económico se ubican en oposición ecológica: la pesca y la extracción de petróleo. La primera depende de la salud del ecosistema costero, que puede verse amenazada por eventuales accidentes resultantes de la segunda. El dúo de docentes de la Universidad Federal de Espírito Santo (Ufes) no imaginaba que ese conocimiento les sería solicitado tan rápidamente. A comienzos de noviembre, cuando se rompieron las represas de la compañía minera Samarco, en Minas Gerais, ellos integraron el grupo compuesto por un centenar de investigadores organizado por esa universidad, y enseguida se prepararon para recolectar muestras comparativas. “El día 21 de noviembre, la pluma que bajó por el río Doce llegó a la desembocadura y ya teníamos el barco preparado”, comenta Quaresma. Al día siguiente, su equipo recababa muestras del agua marina teñida de anaranjado.

La primera caracterización sobre cómo se comportan los sedimentos que el río normalmente transporta aparece en un artículo publicado en diciembre de 2015 por el grupo de Quaresma en la revista Brazilian Journal of Geology. Los resultados muestran que los sedimentos más finos pasan por un proceso rápido de depósito, conocido como floculación, que ocurre cuando el agua dulce se encuentra con la salinidad y el pH diferentes del mar. La precipitación de esos sedimentos, clasificado como barro terrígena, se concreta principalmente en profundidades de al menos diez metros, al sur de donde desemboca el río Doce, hacia donde son empujados por el viento nordeste, que es el que predomina allí. “Luego ese material puede entrar nuevamente en suspensión y ser redistribuido hacia el norte, según la fuerza y la dirección de los vientos y de las olas”, explica Quaresma, quien mapeó el depósito de esos sedimentos no sólo en el trabajo resultante de las muestras que su grupo recolectó, sino también en datos que aparecen compilados en el artículo de revisión publicado en noviembre de 2015 en la revista Journal of South American Earth Sciences. En la región situada al norte del río Doce, junto a la línea costera, predominan partículas mayores y menos arcillosas.

Aun teniendo conocimiento de la zona y con toda la preparación para recibir la oleada de barro que recorrió parte de Minas Gerais y Espírito Santo, provocando grandes daños a las ciudades aledañas y a la ecología del río y sus alrededores, la evaluación del impacto del material provenientes de los desechos de la minería no es inmediata. Lo que se pudo ver desde un principio es que se trata de un volumen impresionante de material arcilloso con partículas muy finas, que no se depositan fácilmente. “No conocemos este tipo de sedimentos que integra los desechos”, comenta Quaresma, quien añade: “no sabemos cómo se comporta”. La investigadora pretende efectuar un seguimiento de su trayectoria en una serie de futuras expediciones de campo. “Necesitamos entre uno y dos meses para ver cómo quedó el fondo.”

La preocupación que generó el cambio en la dinámica de transporte de sedimentos se extiende mucho más allá de su papel esencial para la estabilidad de la línea de costa. En las recolecciones que ya hicieron, los investigadores se sorprendieron con el agua totalmente turbia, que hacía difícil visualizar los aparatos sumergidos. Este cambio en las características físicas del agua, según Quaresma, puede alterar completamente el ambiente necesario para la vida de los organismos que viven en el fondo y componen la base de la cadena alimentaria marina: la comunidad bentónica.

La fina arcilla en suspensión tiñó de anaranjado la desembocadura del río Doce, a punto tal de que la botella recolectora de agua (a la derecha) quedó casi invisible cuando se la sumergió

Marcos Daniel Leite/UFESLa fina arcilla en suspensión tiñó de anaranjado la desembocadura del río Doce, a punto tal de que la botella recolectora de agua quedó casi invisible cuando se la sumergióMarcos Daniel Leite/UFES

Química
Aparte de los sedimentos, también preocupa a los científicos el contenido del lodo en términos químicos. Un componente cuya abundancia poco sorprende, dada la actividad de extracción de mineral que dio origen al accidente, es el hierro. Quaresma afirma que eso puede constituir un problema, porque su exceso puede causar una proliferación excesiva de organismos planctónicos (seres microscópicos que flotan en la columna de agua) y provocar un gran desequilibrio ecológico.

El químico Renato Rodrigues Neto, coordinador del Laboratorio de Geoquímica Ambiental del Departamento de Oceanografía y Ecología de la Ufes, está al frente del grupo que viene analizando los elementos presentes en el torrente de desechos. Hasta ahora sólo se han analizados muestras recolectadas en cinco puntos de la desembocadura del río Doce, pero ya se nota un aumento importante de algunos metales cuando se compara entre antes y después de la llegada del barro. “Aumentaron sobremanera los tenores de vanadio, aluminio, hierro, manganeso y cromo”, comenta el investigador, quien al final del mes de diciembre terminó de elaborar un informe preliminar con esos resultados. Aun cuando se sorprendió con el aumento de la concentración de hierro 50 veces que su grupo detectó, ése no es el elemento que lo preocupa, debido a que se trata de un nutriente naturalmente disponible.

Lo más preocupante fue el tenor mucho más alto de cromo, un elemento que puede ser tóxico según cómo aparezca. “En general aparece de la manera menos tóxica”, explica Rodrigues Neto, “pero todavía no lo hemos testeado para saber qué hay ahora”. Son análisis más complejos, que requerirán una colaboración con otros laboratorios. De acuerdo con el químico, también falta evaluar si el cromo aparece en una forma biodisponible, que pueda ser absorbida por los organismos.

La gravedad del accidente derivó en una exigencia de respuestas inmediatas y en una rápida organización de investigadores abocados a hallarlas. De todos modos, la tarea de entender de qué manera el ambiente y los organismos que viven en él van a reaccionar y ser afectados requiere tiempo. En los próximos meses, empezará a delinearse el efecto causado en los animales y en las plantas de la zona.

Artículos científicos
BASTOS, A. C. et al. Shelf morphology las an indicator of sedimentary regimes: a synthesis from a mixed siliciclastic-carbonate shelf on the eastern Brazilian margin. Journal of South American Earth Sciences. v. 63, p. 125-36. nov. 2015.
QUARESMA, V. S. et al. Modern sedimentary proceses along the Doce river adjacent continental shelf. Brazilian Journal of Geology. v. 45, n. 4, p. 635-44. dic. 2015.

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