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Difusión

El futuro del acceso abierto

Con la oferta gratuita de los papers de la Unión Europea a partir de 2020, las publicaciones científicas buscan nuevos modelos

Acesso aberto_AbreDaniel Kondo La decisión de la Unión Europea de poner a disposición en forma libre y gratuita a partir de 2020 todos los papers producidos en sus estados miembros augura dar nuevo vigor al movimiento por el Acceso Abierto, lanzado a comienzos de los años 2000 con el objetivo de liberar el acceso a la producción científica, que avanza lentamente. Se estima que sólo uno de cada cuatro nuevos artículos se publica actualmente en ese régimen: los demás, en el momento en que se los difunde, sólo pueden verlos los suscriptores o los usuarios que acepten pagar por su descarga. Las apuestas concernientes al modelo de acceso abierto que cobrará más impulso están divididas.

La experiencia del Reino Unido, que empezó a adoptar en 2014 una estrategia de este tipo con la investigación científica producida en 107 instituciones ligadas a los sus Consejos de Investigación (RCUK, en inglés), le dio fuerza a la llamada vía dorada (golden road), en la cual las propias revistas científicas aseguran el acceso libre al contenido que publican, al cobrarle más caro al autor y eximir al usuario del pago por la descarga. Es cierto que los costos de publicación han aumentado. Según un estudio dado a conocer en febrero por Adan Tickell, vicerrector de la Universidad de Birmingham, las universidades del Reino Unido gastaron 33 millones de libras esterlinas, el equivalente a 150 millones de reales, con costos asociados únicamente a la publicación en acceso abierto en 2015, casi el 20% del gasto general con publicaciones. “Si bien existe un consenso acerca de los beneficios del acceso abierto en el Reino Unido, los desafíos económicos persisten”, escribe Tickell. “Las universidades están preocupadas con la preferencia por la vía dorada debido a la presión que esto está provocando sobre sus presupuestos de investigación.”

En países como España, que empezó a crear repositorios a comienzos de los años 2000 y donde 11 de las principales universidades exigen desde 2009 que la producción científica de sus investigadores se dé a conocer en acceso abierto, la llamada vía verde (green road) tiene más historial. Se trata un modelo en el cual cada investigador archiva en el banco de datos de su institución una copia de sus trabajos científicos publicados en periódicos, que quedan así disponibles para el público. Quien desee leer el artículo sin pagar puede recurrir a esos repositorios. Muchas editoriales permiten que los autores depositen sus artículos en repositorios únicamente después de un período de embargo, en general de seis meses al menos. Otras cobran un valor extra para dejar sin efecto el embargo. “El crecimiento de los repositorios institucionales es un mecanismo relativamente barato para ampliar el acceso a la investigación financiada con recursos públicos”, pondera Tickell.

Brasil, en tanto, cuenta con un modelo bastante peculiar, con la oferta de la biblioteca electrónica SciELO, que reunió una colección de más de 200 publicaciones brasileñas de acceso abierto de todos los campos del conocimiento, cuyos artículos pueden bajarse de internet en forma libre y gratuita. Creada en 1997, seis años antes del lanzamiento del movimiento por el Acceso Abierto, SciELO constituye un programa especial de la FAPESP creado para incrementar la visibilidad de publicaciones científicas brasileñas que, hasta el siglo pasado, estaban escasamente indexadas en bases de datos internacionales. Otra iniciativa brasileña fue la creación del Repositorio de la Producción Científica del Consejo de Rectores de las Universidades Estaduales Paulistas, el Cruesp (cruesp.sibi.usp.br), en 2013, que contaba a comienzos de julio con más de 400 mil registros de artículos, tesis y tesinas y otros trabajos científicos, siendo 195.242 de la Universidad de São Paulo (USP), 116.162 de la Universidad de Campinas (Unicamp) y 89.664 de la Universidade Estadual Paulista (Unesp).

“Ese repositorio es la suma de las colecciones depositadas en las tres universidades y puede accederse a él mediante el empleo de una herramienta de búsqueda común”, dice Maria Crestana, coordinadora del Sistema Integrado de Bibliotecas (Sibi) de la USP. El repositorio fue creado por iniciativa y con el apoyo de la FAPESP, que instituyó una política de publicación de resultados de investigaciones científicas financiadas con recursos públicos en acceso abierto. Los registros disponibles actualmente comprenden fundamentalmente las tesis, tesinas y artículos científicos publicados durante los últimos 10 años, cuando las universidades empezaron a ofrecer este tipo de producción en formato digital. “En el caso de la USP, la producción científica recolectada desde mediados de los años 1980 supera los 700 mil registros, muchos más de los que se encuentran disponibles en el repositorio. Pero puede accederse a esa producción a través de nuestras 48 bibliotecas”, afirma la coordinadora del Sibi.

El debate sobre las tendencias sigue abierto. “Tanto la vía dorada como la verde son aceptables”, sostiene Robert-Jan Smits, director general de investigación e innovación de la Comisión Europea. La vía dorada parece correr con alguna ventaja, a juzgar por la estrategia de Holanda, país que al asumir la presidencia rotativa de la Unión Europea en enero puso sobre el tapete su ambición de instituir el acceso abierto para investigaciones realizadas dentro del bloque y patrocinadas con recursos públicos. Desde el 1º de enero, la Organización Holandesa para la Investigación Científica (NWO), la principal agencia de fomento del país, exige que los papers resultantes de proyectos de investigación que apoya se publiquen en acceso abierto, y dejó claro que prefiere la vía dorada, con efectos más rápidos y más fácil de controlar.

Al mismo tiempo, propuso que versiones de artículos anteriores al proceso de revisión, los llamados preprints, queden depositadas en repositorios de acceso abierto. Para Sander Dekker, secretario de educación, ciencia y cultura de Holanda, la vía dorada es la solución más justa, pues reconoce que las editoriales científicas suministran un servicio valioso que debe ser remunerado. Según Dekker, uno de los problemas de la vía verde consiste en que muchas revistas permiten que un artículo quede disponible en un repositorio de acceso abierto solamente después de cumplir un embargo de varios meses. “El acceso postergado es un acceso negado”, declaró a la revista Science.

Acesso aberto_MenorDaniel Kondo Embates
A juicio de Sely Maria de Souza Costa, docente de la Facultad de Ciencia de la Información de la Universidad de Brasilia (UnB), la vía dorada posiblemente avanzará más en la Unión Europea. “Es un camino más seguro, pues no provoca embates entre editores y autores. Y la intención es implementar el acceso abierto en sólo cuatro años, un plazo sumamente corto”, afirma De Souza Costa, quien participó a comienzos de junio en un debate sobre el futuro del acceso abierto en el marco de una conferencia internacional sobre publicaciones académicas en Gotinga, Alemania. “Nadie sabe muy bien qué va a pasar. Las publicaciones científicas continuarán durante mucho tiempo en manos de las grandes editoriales, pero éstas gradualmente irán buscando una fórmula híbrida de publicación, pues se darán cuenta de que la cuestión del acceso abierto es irreversible.”

Según De Souza Costa, el movimiento por el Acceso Abierto ha atravesado dificultades para avanzar a mayor velocidad porque dos fuerzas actúan como un contrapeso. “Una de ellas se relaciona con las editoriales, que cobran caro para publicar buenos artículos científicos. Y se han curvado ante las presiones, pero están logrando preservar sus negocios”, dice. “La otra está constituida por una amplia parte de los autores que aún prefieren publicar en las revistas de mayor impacto y no les importa si sus artículos tienen un acceso restringido. Buscan el prestigio de las revistas, aunque el prestigio les pertenezca a ellos. Las revistas no producen conocimiento, sólo lo comercializan.”

Otra dificultad en crear un modelo prevalente consiste en que cada campo disciplinario tiene una demanda peculiar con relación a la publicación del conocimiento. “El modelo de la física probablemente no es aplicable a la filosofía. Hay cuestiones culturales relacionadas al ethos de cada disciplina que deberían tenerse en cuenta”, afirma De Souza Costa. El conocimiento en física, añade, es compartido en repositorios de acceso abierto tales como ArXiv desde los años 1990 y rápidamente discutido por investigadores de varios países. “La generación del conocimiento en física es de interés universal y debe circular rápidamente”. En tanto, en filosofía y en otras áreas de las ciencias humanas y sociales, la construcción del conocimiento es más lenta y suele generar interés más bien regional y no universal. “La demanda en ese caso consiste en poner a disposición el conocimiento en el repositorio de una institución”, informa.

Mientras intentan preservar sus márgenes de ganancias, las editoriales científicas han venido haciendo concesiones. En una reciente negociación con grandes editoriales referente al precio de las suscripciones, la asociación de las Universidades de Holanda exigió que los artículos de sus investigadores quedasen disponibles en acceso abierto. Las editoriales Springer, Wiley y Sage lo aceptaron. En tanto, Elsevier, que es la mayor editorial de literatura médica y científica del mundo, con más de dos mil revistas, coincidió en poner en acceso abierto el 30% de los artículos de autores holandeses publicados en sus revistas de acceso cerrado a partir de 2018. En 2012, Elsevier fue objeto de una campaña adversa por apoyar un proyecto en el Senado de Estados Unidos que apuntaba a revertir la política creada por los Institutos Nacionales de Salud (NIH), según la cual toda investigación apoyada por éstos pasó a ofrecerse en acceso abierto. Científicos de prestigio, entre ellos tres matemáticos ganadores de la Medalla Fields, convocaron a un boicot contra la editorial, que terminó desistiendo de apoyar dicho proyecto.

Fuentes de ingresos
Ahora, la editorial ha resuelto sacar algún rédito del avance del acceso abierto. En mayo anunció la compra de Social Science Research Network (SSRN), un repositorio de acceso abierto en el cual más de 300 mil investigadores de ciencias sociales y humanidades han divulgaron artículos y trabajos aún no publicados en revistas o libros, los preprints. Creado en 1994, SSRN no les cobra nada a los autores que depositan sus trabajos ni a los lectores que los descargan. Sus ingresos provienen de universidades que utilizan dicha red para divulgar su producción científica, como así también de un servicio de suscripción que les avisa a los usuarios sobre la llegada de artículos relevantes.

Esta adquisición forma parte de una estrategia de Elsevier tendiente a diversificar sus fuentes de ingresos. En 2013, la empresa compró Mendeley, una red social popular en los medios académicos a través de la cual es posible saber qué artículos están siendo leídos por más investigadores de una determinada área, o también qué está leyendo un determinado investigador y recomendándoles a sus colegas. En ese momento, se discutió si los usuarios perderían la confianza en el servicio, bajo el comando de una editorial. Pero no fue eso lo que sucedió. La base de usuarios del Mendeley saltó de 2,5 millones a 5 millones en tres años, y su planta de personal trepó de 50 a 200 empleados, en su mayoría dedicados al desarrollo de nuevos productos digitales. Ese grupo trabajará junto a SSRN tras su adquisición. Una de las ideas consiste en crear enlaces entre ambas redes. Otro plan consiste en enlazar los preprints de SSRN con la base de datos de revistas científicas Scopus, que pertenece a Elsevier, con el fin de producir indicadores de desempeño de autores de la red.

“Elsevier venía trabajando en un modelo editorial tradicional que poco se alteró hasta la década de 1990. Con la migración de las revistas hacia lo digital en los años 2000, pasamos a trabajar para otro estrato de usuarios, que son los gestores, al ofrecer análisis e indicadores disponibles con la producción científica digitalizada. Ahora, con la adquisición de la SSRN, pretendemos conocer mejor la interacción de investigadores con su comunidad y su producción científica. De esta manera, podremos ofrecerles servicios mejores”, dice Dante Cid, vicepresidente de relaciones académicas en América Latina de Elsevier. “Existe una riqueza de información en los registros de SSRN que podría ayudar a orientar a los editores que intentan adquirir buenos manuscritos para la publicación o ayudar en el desarrollo de negocios”, escribió Roger Schonfeld, experto en comunicación científica de Estados Unidos, en su blog hospedado en el sitio web The Scholarly Kitchen.

La dificultad para prever el futuro del mercado de las editoriales científicas deriva de un impasse bastante conocido en otros segmentos del mercado de la comunicación: no se ha encontrado una forma alternativa de financiación capaz de compensar la pérdida de ingresos con la oferta de información gratuita en internet. En el caso de las editoriales universitarias, que dependen de recursos presupuestarios de las instituciones a las cuales están vinculadas, el futuro es aún más incierto. “Resulta inconcebible que el conocimiento generado en una universidad pública quede fuera del alcance de la sociedad, pero es necesario encontrar una forma de financiación que haga posible la supervivencia económica de las editoriales universitarias, y esto pasa por una discusión sobre la política institucional”, dice Jézio Hernani Bonfim Gutierre, director presidente de la Fundación Editorial de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) y docente del Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Ciencias de dicha institución, en su campus de la ciudad de Marília.

Un camino, afirma Bonfim Gutierre, consiste en invertir en el cambio que representa la llegada avasallante de los medios electrónicos a la comunicación científica. La editorial de la Unesp lanzó en los últimos años más de 300 libros de investigadores de la universidad exclusivamente en formato de e-book, que rindieron más de 12 millones de descargas. “Lo digital merece ganar importancia en la cartera de las editoriales universitarias, pero queda pendiente el desafío de ampliar las fuentes de recursos.”

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