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BUENAS PRÁCTICAS

Carta a un plagiador

Daniel BuenoLos editores de la revista científica Annals of Internal Medicine, una publicación del Colegio Americano de Médicos vigente desde 1927, fueron advertidos en el mes de agosto de que existía una sospecha de fraude en su proceso de revisión por pares. El médico Michael Dansinger descubrió que un manuscrito de su autoría, junto a colegas de la Universidad Tufts, en Massachusetts, remitido en 2015 a la revista, había sido plagiado reproduciéndose tramos enteros en un paper en la edición de febrero del Excli Journal, un periódico de Alemania. Lo curioso es que el artículo, que comparaba el efecto de diferentes tipos de dieta en los niveles de lipoproteínas en sangre jamás había sido publicado porque no había superado el filtro de calidad en Annals of Internal Medicine.

La sospecha de Dansinger era que el responsable del plagio sería alguien involucrado en el proceso de revisión, la evaluación que habían hecho uno o más investigadores al respecto de la calidad y la originalidad del contenido de los artículos remitidos. El médico tenía razón. Los editores de la publicación estadounidense constataron efectivamente que uno de los autores del artículo en el Excli Journal había evaluado el artículo rechazado. Buscaron al revisor y éste admitió la mala conducta. El paper plagiado fue objeto de una retractación.

En la crónica de los casos de plagio en las publicaciones científicas, ese episodio llamó la atención por la actitud franca de la revista Annals of Internal Medicine. En un editorial publicado en diciembre, la editora Christine Laine expuso el caso públicamente, se disculpó con Dansinger y reiteró los principios que rigen el proceso de revisión de artículos de publicaciones serias, basados en la confidencialidad y en el respeto a la propiedad intelectual. “Tanto para mí como para mis colegas resultó perturbador que una persona elegida para revisar un manuscrito confiado a nosotros haya cometido un robo intelectual tan obsceno”, escribió. La transparencia no llegó a ser completa porque Laine se abstuvo de nombrar al autor del plagio, dejando que la sospecha recayera sobre los ocho médicos italianos que firmaron el paper anulado, vinculados a un centro y a un hospital de la localidad de Potenza. “También se inculpó a los coautores. Éstos permitieron que sus nombres fueran usados, aparentemente sin contribuir con nada valioso”.

La revista le concedió un espacio a la publicación de un texto firmado por Michael Dansinger, intitulado “Estimado plagiador: una carta para un revisor que me robó un manuscrito y lo publicó como si fuera de él”. “Resulta difícil comprender por qué se arriesgó tanto. Sin duda, usted trabajó duramente para convertirse en médico y científico. Sé que ha publicado muchos artículos. Por eso es que esto, simplemente no tiene sentido”, escribió Dansinger. El investigador es experto en diabetes y en factores de riesgo en enfermedades cardiovasculares, así como un conocido divulgador científico en periódicos y en la TV de Estados Unidos, y en su carta relata que le dedicó cinco años a la investigación plagiada. “Además, ese trabajo fue financiado por el gobierno de Estados Unidos y la institución donde trabajo. Fueron al menos mil horas de trabajo. Cuando publicó nuestro estudio como si fuera suyo, usted reivindicó falsamente el crédito por ese trabajo y por la experiencia adquirida en él”, expresó.

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