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ORNITOLOGÍA

La jaula que salva

Extinto en la naturaleza, el pavón pico de hacha escapa de su desaparición total gracias a un proyecto de cría en cautiverio

João Marcos Rosa Análisis genéticos ayudaron a separar a la población pura del paují de Alagoas (aquí un ejemplar en primer plano) de las aves híbridas (desenfocada)João Marcos Rosa

Avistada por última vez en fragmentos remanentes de Bosque Atlántico del estado brasileño de Alagoas hace casi 40 años, la rarísima ave Pauxi mitu está considerada extinta en la naturaleza. Esta especie, que alcanza hasta 90 centímetros (cm) de largo, con un plumaje de tonos negro azulados, fue víctima de los cazadores ávidos de su suculenta carne y de una drástica reducción de su hábitat, hoy en día con menos del 2% de su extensión original. El pavón pico de hacha o paují de Alagoas, tales los nombres populares de este gallináceo, no ha desaparecido completamente sólo porque tres criadores, con la ayuda de biólogos, se han dedicado a reproducirlo en cautiverio. Por fortuna, esta iniciativa ha tenido éxito. Con tan sólo un macho y dos hembras silvestres, los últimos especímenes capturados en los montes de Alagoas en 1979, la población de esta ave ha renacido y en la actualidad cuenta con alrededor de 230 ejemplares mantenidos en cautiverio.

Un detalle importante que hizo su aporte al éxito de esta empresa terminó paradójicamente erigiéndose en un problema por resolverse antes de que la especie rediviva se encuentre lista para su reinserción en la naturaleza, cuya concreción está prevista para el segundo semestre de este año. Las aves híbridas, fruto de cruzamientos no totalmente controlados del pavón pico de hacha con el paují tuberoso (Pauxi tuberosa), una especie hermana existente en la Amazonia, se encontraban mezcladas con los ejemplares puros de P. mitu en cautiverio. Este enredo empezó en 1990 como fruto de las mejores intenciones de Pedro Nardelli, el criador que sacó de los montes de Alagoas a los tres últimos paujíes encontrados en la naturaleza, una iniciativa que salvó a la especie de la extinción total. En esa época, Nardelli tenía en su criadero situado en Nilópolis, en los alrededores de la capital fluminense, cinco machos sin parejas para su reproducción entre la población de 19 paujíes. Para que todos los machos tuviesen posibilidades de aparearse, el criador resolvió introducir en el mismo espacio hembras de paují tuberoso. “Crucé a las dos especies para asegurar la continuación del linaje del pavón pico de hacha”, se justifica Nardelli, quien actualmente tiene 80 años.

Elisa Carareto Esta xilografía del siglo XVII es la primera representación del pavón pico de hachaElisa Carareto

Con el tiempo, la población de aves reproducidas bajo custodia humana pasó a contar con dos tipos de paujíes de Alagoas: los puros, oriundos de cruzamientos entre machos y hembras de P. mitu, y distintos híbridos que cargaban material genético de ambas especies en proporciones diferentes. El registro exacto de los que eran puros y los que eran híbridos terminó perdiéndose en 1999, cuando Nardelli se vio obligado a cerrar su criadero. Las 44 aves existentes fueron enviadas a dos criadores de Minas Gerais. “Como algunos híbridos presentan rasgos físicos muy parecidos a los de los ejemplares puros, no es posible diferenciarlos únicamente según su morfología”, explica Luís Fábio Silveira, curador de la sección de ornitología del Museo de Zoología de la Universidad de São Paulo (MZ-USP). “Tuvimos que desarrollar un abordaje genético para distinguir a los dos grupos.”

Los investigadores recurrieron a dos técnicas distintas de la biología molecular para separar a los ejemplares puros de los híbridos, según lo informan en un artículo aceptado para su publicación en la revista científica PLOS ONE. Mediante la aplicación de la primera se analizó el ADN mitocondrial, un tipo de material genético heredado únicamente del linaje materno. Como buena parte de los híbridos tienen hembras de paují tuberoso entre sus ancestros, con este tipo de abordaje es posible detectar a las aves mestizas con ese perfil genético. La segunda técnica consistió en el estudio de 14 microsatélites, pequeños fragmentos repetidos de ADN que se emplean en la genética de poblaciones para determinar el grado de parentesco entre ejemplares, grupos, especies o subespecies. Algunas de las variantes de microsatélites son específicas de cada especie. Si se los encuentra en otra especie, indican la presencia de un ave con algún grado de hibridismo. Al conjugar ambas metodologías, se pudo identificar a un grupo de 66 paujíes de Alagoas puros, por coincidencia, 33 yuntas, entre los 148 ejemplares que se encontraban vivos entre 2008 y 2012 en los dos criaderos de Minas Gerais.

El proceso de determinación del grado de pureza de una población por la vía molecular no es infalible, pero los autores del trabajo dicen que la confiabilidad de este abordaje es altísima. “El riesgo de habernos equivocado en la identificación de un ave pura es del 2%”, comenta el biólogo Mercival Roberto Francisco, de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), en su campus de la localidad de Sorocaba, quien coordinó la parte genética de los estudios. “Es un valor sumamente bajo, toda vez que en la literatura científica el riesgo de error en trabajos similares es del 5%”. Desde que se lo identificó, el grupo de aves puras es mantenido separado. Su edad es relativamente avanzada: entre 16 y 20 años. Por fortuna, el pavón pico de hacha vive hasta los 30 años en cautiverio y se mantiene reproductivo durante buena parte de su vida. “Actualmente contamos con 18 yuntas jóvenes y puras de pavón pico de hacha, que nacieron durante los últimos tres años”, comenta Roberto Azeredo, titular del criadero Crax – Sociedade de Pesquisa da Fauna Silvestre, con sede en la localidad de Contagem, en la Región Metropolitana de Belo Horizonte.

Enamorado de los crácidos, una familia de las aves galliformes, que incluye a los paujíes, las yacutingas, las pavas y las guacharacas, Azeredo es en la actualidad quien más entiende de los hábitos del ave de Alagoas. Alrededor del 90% de los ejemplares vivos del pavón pico de hacha, incluidos los híbridos, están en su criadero (el resto se encuentra en otro criadero de la localidad de Poços de Caldas). Con el fin de encontrar a la pareja perfecta, puede pasarse horas observando las reacciones de aves puestas a aparearse. “Azeredo es capaz de percatarse de que la hembra no está cómoda con el macho y cambiar uno de los ejemplares para encontrar a la mejor pareja”, comenta Silveira, del MZ-USP. “Sin él, no habríamos logrado criar en cautiverio tantos paujíes”. En los últimos años, y luego de analizar parte del ADN de todas las aves criadas en cautiverio, el biólogo Mercival pasó a enviarle periódicamente a Azeredo sugerencias de parejas ideales desde el punto de vista de quien desea asegurarse la diversidad genética de la especie. “El problema radica en que las aves no siempre coinciden con la genética”, bromea el criador.

Este exadministrador de empresas dice que el secreto de su trabajo consiste en promover apareamientos con sensibilidad. Los paujíes de Alagoas viven generalmente en yuntas. “Pero a veces pueden ser agresivos. En esos casos, sólo pongo a la pareja junta en el vivero a la hora del cruzamiento”, explica Azeredo. La hembra entra en edad reproductiva generalmente al llegar a los tres años. Entre septiembre y noviembre, si ha sido fecundada, pone dos huevos. Experiencia con crácidos él tiene de sobra. Desde la década de 1970, Azeredo reproduce en sus criaderos ejemplares de paují pequirrojo (Crax blumenbachii), una especie amenazada de extinción, pero en un estado no tan crítico como el de su primo de Alagoas. Y fue pionero en la reintroducción del C. blumenbachii en la naturaleza, con gran éxito. “Tener un criadero es una manera de empobrecerse con alegría”, dice Azeredo, sin perder el buen humor.

Un cuello de botella genético
En artículo en la revista PLOS ONE, Mercival y Silveira afirman que la historia del pavón pico de hacha es uno de los casos más extremos de cuello de botella genético o poblacional documentado en la literatura científica con un final feliz. Pese a haberse reducido tan sólo a tres ejemplares mantenidos en cautiverio en su momento más delicado, hace poco más de 35 años, la especie escapó de la extinción total con la ayuda del hombre. “El cernícalo de la isla Mauricio, que estuvo considerado como el ave más rara del mundo, pasó por una situación análoga en 1974, cuando quedaban sólo cuatro ejemplares”, comenta Silveira. Endémica del referido archipiélago del océano Índico, la especie Falco punctatus, de sólo 25 cm de largo, desapareció casi por completo en razón de la destrucción progresiva de su hábitat. En la actualidad, después de esfuerzos conservacionistas que llevaron a su reproducción en la naturaleza y también en cautiverio, la población de esta ave de rapiña asciende a 400 especímenes. El caso de la petroica de las Chathan (Petroica traversi), en Nueva Zelanda, fue aún más crítico. “Se cree que los aproximadamente 280 individuos actuales son descendientes una sola pareja, que se reprodujo entre 1979 y 1982”, comenta Mercival.

John Maremootoo/ Wikimedia Commons La población actual del cernícalo de la isla Mauricio deriva de sólo cuatro ejemplaresJohn Maremootoo/ Wikimedia Commons

La especie más conocida de ave brasileña probablemente extinta en la naturaleza y que sobrevive únicamente en cautiverio es el guacamayo de Spix (Cyanopsitta spixii). Originalmente endémica de un área de la zona conocida como Caatinga del norte del estado de Bahía, esta especie cuenta actualmente con una población de algo más de 50 ejemplares mantenidos en el país y en el exterior. Sin embargo, aún no ha sido devuelta su hábitat. De acuerdo con la lista roja elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, en inglés), existen actualmente 68 especies de animales y plantas desaparecidas en el mundo silvestre, pero que se encuentran conservadas en lugares mantenidos por el hombre. “Vale la pena invertir en esas especies”, afirma Mercival. “Cuando pusimos en marcha nuestro proyecto, fuimos cuestionados acerca de si estaba bien trabajar con una especie cuya población en cautiverio acaso ya no contara con ejemplares puros.”

Mansa y sabrosa
La primera referencia al pavón pico de hacha se remonta al siglo XVII. “Esta ave se amansa fácilmente; le gusta asentarse en un lugar alto, como al pavo real común y también trepa a los árboles. Su carne es muy buena”. Así termina la primera descripción de la especie, publicada en 1658 en las páginas de Historia Naturalis Brasiliae. El texto es de autoría del naturalista alemán George Marcgrave, uno de los miembros de la comitiva holandesa de Juan Mauricio de Nassau-Siegen, que se instaló en el nordeste de Brasil durante la primera mitad del siglo XVII, y es coautor de la obra junto a Willem Piso. Una xilografía acompaña la descripción del ave, proveniente de un cautiverio probablemente situado en la ciudad de Recife, y denominada mitu por Marcgrave, vocablo proveniente del tupi que utilizaban los indios para referirse a este gallináceo.

João Marcos Rosa El criador Roberto Azeredo es el principal responsable de la reproducción en cautiverio del aveJoão Marcos Rosa

Pese a esta antigua referencia, que deja evidente el fin culinario dado al animal por la troupe de Nassau, el pavón pico de hacha permaneció envuelto en un cierto misterio desde ese entonces. Casi nadie lo vio y frecuentemente se lo confundió con el paují tuberoso. “Fue una especie rara y fantasma dentro de la ornitología”, afirma Silveira. “En los museos de historia natural de Europa, los ejemplares atribuidos al pavón pico de hacha son, a decir verdad, del paují tuberoso”. Esto no impidió que autores de renombre mencionasen al ave nordestina en sus trabajos. En 1766, más de un siglo después de Historia Naturalis Brasiliae, el sueco Carlos Linneo utilizó las informaciones de Marcgrave y bautizó al ave Crax mitu, en consonancia con su nueva terminología científica binomial. Estudios posteriores reubicaron al pavón pico de hacha, pasando del género Crax al Pauxi.

Hasta mediados del siglo XX, no había ni un solo ejemplar del verdadero pavón pico de hacha en ninguna colección científica del mundo. En 1951, el ornitólogo Olivério Pinto, del MZ-USP, capturó una hembra de la especie en un área de Bosque Atlántico de Alagoas y demostró que el P. mitu no era un mito. Olivério Pinto describió las principales características morfológicas del pavón pico de hacha. El color y el formato del pico, la ausencia de plumas en la región auricular y la coloración de parte de la cola constituyen los rasgos más importantes y que lo distinguen fácilmente de su pariente amazónico (vea el cuadro). Sin embargo, la misteriosa especie sólo sería nuevamente capturada casi tres décadas después por el criador Pedro Nardelli, el protector de la población de pavón pico de hacha que actualmente se mantiene en cautiverio.

Hace ocho años, cuando el Ministerio de Medio Ambiente de Brasil lanzó un plan nacional para la conservación del P. mitu, con la participación de universidades y criaderos, Mercival y Silveira tenían el desafío científico de demostrar que aún existían aves puras de la especie mantenidas en cautiverio y que valía la pena invertir en su preservación. Esa parte del trabajo se hizo. El próximo paso consiste en devolver a los paujíes de Alagoas puros a su hábitat. Para que esto se concrete pronto, los investigadores cuentan con la participación de la gobernación de Alagoas y de empresas y entidades locales. Una Reserva Particular de Patrimonio Natural (RPPN) con 900 hectáreas de monte contiguo, un tipo de unidad de conservación ubicada en tierras privadas, se creó recientemente en una central de azúcar y alcohol de Rio Largo, cerca de Maceió, la capital del estado, para recibir a los primeros ejemplares del ave. “Antaño, las empresas estaban involucradas en la destrucción de los bosques, pero hoy en día saben que cumplen un papel importante en la preservación de la fauna y flora de la zona”, dice Fernando Pinto, fundador y presidente del Instituto para la Preservación del Bosque Atlántico (IPMA, por sus siglas en portugués), una entidad local que lleva adelante trabajos en pro del regreso del paují a su territorio original.

Pinto, un ingeniero civil, es una de las pocas personas que vio a esta ave en la naturaleza a finales de la década de 1970. Llegó a fotografiar a una hembra empollando sus huevos en un árbol. En esa época él trabajaba en una destilería de alcohol, y recuerda haber presenciado el desmonte de 10 mil hectáreas de selva en ocho meses. Tuvo una hembra de pavón pico de hacha en su casa antes de donársela a Nardelli, quien se quedó alrededor de un año  y medio en la región buscando ejemplares de la especie. “La caza aún forma parte de la cultura local”, advierte Pinto. “Éste será el mayor riesgo para el pavón pico de hacha tras su reintroducción. Pero creo que lograremos mantener el control dentro de la reserva”. Un centro de visitantes, con dos ejemplares del ave en exposición, se erigirá al lado de la RPPN. De este modo, todos podrán conocer más fácilmente al P. mitu.

Proyectos
1. Estudios de la variabilidad genética de crácidos brasileños amenazados de extinción (aves, galliformes), como aportes a la conservación ex situ (nº 2008/51197-0); Modalidad Ayuda a la Investigación – Apoyo a Jóvenes Investigadores; Investigador responsable Mercival Roberto Francisco (UFSCar); Inversión R$ 327.788,81
2. Sistemática, taxonomía y biogeografía de aves neotropicales: Los Cracidae como modelo (nº 2007/56378-0); Modalidad Ayuda a la Investigación – Regular;  Investigador responsable Luís Fábio Silveira (MZ-USP); Inversión R$ 86.928,28

Artículo científico
COSTA, M. C. et al. Recovering the genetic identity of an extinct-in-the-wild species: The puzzling case of the Alagoas curassow. PLOS ONE. En prensa.

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