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FINANCIACIÓN

Planteos audaces

Un instituto privado invertirá hasta 18 millones de reales anuales en investigaciones con carácter innovador Brasil

Danny Steaven/ Wikimedia Commons Serrapilheira es la hojarasca, la capa de hojas que tapiza el suelo de las selvas y los bosquesDanny Steaven/ Wikimedia Commons

El documentalista João Moreira Salles y su esposa, la lingüista Branca Moreira Salles lanzaron en el mes de marzo, en Río de Janeiro, una institución privada que se dedicará a promover investigaciones en Brasil en las áreas de ciencias de la vida, ciencias físicas, ingenierías y matemática. El Instituto Serrapilheira, llamado así en una alusión en portugués a la hojarasca, la capa de hojas que fertiliza el suelo de las selvas, dispondrá de un presupuesto anual que rondará entre 16 y 18 millones de reales, proveniente de la administración financiera de un fondo patrimonial de 350 millones de la misma moneda donados por el matrimonio de mecenas. Este fondo, según ellos, podrá recibir nuevos aportes en el futuro, dependiendo del éxito de la iniciativa.

La institución se enfocará en dos objetivos prioritarios. El primero, que utilizará la mayor parte de los recursos, será brindar apoyo a proyectos científicos en temas de avanzada, liderados preferentemente por jóvenes científicos y por un plazo de cuatro años. “Queremos que los investigadores formulen planteos audaces y comprometidos en sus campos de actuación”, dice el genetista Hugo Aguilaniu, de 41 años, del Laboratorio de Genética del Envejecimiento de la Escuela Normal Superior de Lyon, en Francia, electo como presidente del directorio del instituto luego de superar un proceso de selección que evaluó a 138 currículos de científicos y administradores científicos.

El segundo objetivo al que apunta la institución, que recién cobrará impulso en 2018, consiste en el patrocinio de iniciativas de divulgación científica convergentes o no con los proyectos contemplados. “Queremos llegar a los jóvenes, incentivarlos, mostrarles que la ciencia es algo bueno, una carrera atrapante. Decirles que las humanidades, las artes y el deporte son posibilidades, pero la ciencia también lo es, explica.

Para el tercer trimestre del año en curso se lanzará un concurso de proyectos de investigación. La idea, según Aguilaniu, es seleccionar una cantidad de propuestas que podrían superar la centena y financiarlas durante un año, bajo un esquema seed money [capital semilla], concediéndole alrededor de 100 mil reales a cada uno de los contemplados. Al finalizar ese período, los líderes de cada proyecto serán convocados para realizar una defensa oral de sus trabajos y solamente las ideas más prometedoras, posiblemente una decena de ellas, continuarán siendo patrocinadas, en este caso con montos que pueden llegar hasta 1 millón de reales, dependiendo de la necesidad. “Lo que analizaremos luego del primer año no es la cantidad de publicaciones científicas o el impacto inmediato”, dice el presidente del directorio. “Prestaremos atención al modo en que el investigador principal se abocó a su idea, adaptando conceptos cuando fuere necesario, pero nunca abandonando su planteo. Un buen científico intentará hallar nuevas técnicas y otra gente en el mundo con quienes colaborar. Esa capacidad, que es lo que caracteriza a un pensamiento realmente productivo en la ciencia, será valorada”.

Los proyectos serán evaluados por un comité científico integrado por 12 investigadores, cada uno de ellos perteneciente a un área del conocimiento y de instituciones de Brasil y del exterior. Ya se anunciaron algunos nombres, tales como el del matemático francés Étienne Ghys, de la Escuela Normal Superior de Lyon, el ingeniero Paulo Monteiro, de la Universidad de California en Berkeley, el físico Luiz Davidovich, presidente de la Academia Brasileña de Ciencias, el químico Osvaldo Luiz Alves, docente de la Universidad de Campinas (Unicamp), y la genetista Mayana Zatz, de la Universidad de São Paulo (USP).

Claudio Andrade Edgar Zanotto, presidente del consejo científico del instituto, Hugo Aguilaniu, presidente del directorio, y el mecenas João Moreira SallesClaudio Andrade

Originalidad
Según el analista de materiales Edgar Dutra Zanotto, presidente del consejo científico, el proceso de selección y evaluación de los proyectos será riguroso. “Los proyectos deberán remitirse en inglés para poder enviarlos a revisores del exterior con el objetivo de minimizar conflictos de interés. No deseamos que los revisores tan sólo recomienden o no la aprobación de los proyectos, sino que califiquen las propuestas de acuerdo con su osadía, originalidad e importancia, para poder invertir así en aquellos con mayor potencial”, dice. Él destaca que los investigadores considerados dispondrán de gran flexibilidad para trabajar. “Los líderes recibirán sus grants y podrán emplear esos recursos sin necesidad de cumplir con las exigencias burocráticas requeridas en el caso de proyectos remitidos a agencias de promoción públicas. Ellos podrán, por ejemplo, contratar o sustituir becarios sin pedir autorización y solamente rendirán cuentas al final”, dice Zanotto, docente de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar) y responsable del Centro de Investigación, Educación e Innovación en Cristales, uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) financiados por la FAPESP.

La dirección del Instituto Serrapilheira no se propone limitar su actividad a los proyectos presentados en el concurso. Hugo Aguilaniu y su equipo se aprestan a viajar por el país para conocer grupos e instituciones de investigación con el objetivo de identificar iniciativas científicas de impacto. “Buscaremos proyectos de investigadores que acaso no se postulen porque no crean tener chances o bien, porque no conocen el instituto, pero que tengan un gran potencial”, afirma el genetista, que está casado con una brasileña y colabora desde hace varios años con grupos de investigación del país en estudios sobre el envejecimiento.

Las instituciones privadas de apoyo a la ciencia, comunes en los países desarrollados, aún son raras en Brasil (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 219). Entre los ejemplos existentes sobresale la Fundación Maria Cecilia Souto Vidigal (FMCSV), que auspicia investigaciones sobre desarrollo infantil. João Moreira Salles empezó a planificar la creación del instituto en 2014, luego de notar que la ciencia no ocupa un rol central en la cultura de Brasil. “Difícilmente un brasileño sepa el nombre de un científico en actividad. En la literatura, el cine o en las telenovelas aparecen personajes con varias profesiones pero no hay un físico, un matemático o un químico. Éstos sólo figuran en páginas especializadas”, explica el documentalista, dueño de una fortuna estimada por la revista Forbes en 2.800 millones de dólares, y uno de los hijos del embajador Walther Moreira Salles, fundador de Unibanco, que se fusionó con el Banco Itaú en 2008.

“En el país se observa una sobrevaloración de las humanidades y de las ciencias sociales. Ellas son importantes, pero hay un desequilibrio”, analiza. “Yo daba clases sobre documentales a un grupo de jóvenes talentosos en la PUC [la Pontificia Universidad Católica] de Río de Janeiro, que se sentían atraídos por el charme del cine. Anualmente, se graduaban 30 licenciados en cine en un país que no cuenta con industria cinematográfica, aunque el departamento de matemática de la propia universidad también tenía pocos graduados”. Las humanidades y las ciencias sociales se encuentran fuera del foco del Serrapilheira pero en cierto modo están contempladas por una u otra iniciativa de la familia, el Instituto Moreira Salles (IMS). El Instituto Serrapilheira dispondrá a partir del mes de julio de una filial en el barrio de Leblon, con una estructura de cinco ejecutivos.

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