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INNOVACIÓN

Riesgo compartido

La estatal brasileña Embrapii adopta un modelo que ofrece a empresas recursos no reembolsables y cooperación de grupos de investigación

Laboratorio de BR Photonics: un convenio con la Embrapii para mejorar el desempeño de los sistemas ópticos

Léo Ramos Chaves

Alrededor de 210 industrias nacionales brasileñas adoptaron una modalidad de financiación de la innovación que ofrece recursos no reembolsables y, simultáneamente, la ayuda de grupos vinculados a universidades o instituciones de investigación tecnológica. Este modelo fue implementado en 2014 por la Empresa Brasileña de Investigación e Innovación Industrial (Embrapii), una organización social ligada al Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicaciones (MCTIC). La inversión es tripartita: cada proyecto recibe de Embrapii un determinado valor, que no necesita ser devuelto, en tanto que la empresa que lo propone invierte una contrapartida igual o superior a ese monto. El tercer pilar lo conforman las 42 unidades acreditadas de Embrapii, integradas por equipos de investigadores ligados a laboratorios de universidades o de instituciones tecnológicas especializadas en temas de interés de la industria en cuestión, tales como automatización, sistemas inteligentes, materiales y comunicaciones ópticas, entre otros. Las unidades, que desarrollan los proyectos en forma conjunta con las empresas, complementan la inversión sin aportar dinero, sino poniendo a disposición sus laboratorios y ayudando en la gestión.

Este formato presenta características distintas a las que las agencias e instituciones de fomento de Brasil ofrecen tradicionalmente. Embrapii no tiene contacto con las empresas ni selecciona aquellos proyectos que serán patrocinados. Ese rol lo asumen las unidades acreditadas, que son seleccionadas mediante concurso público y se comprometen a cumplir una serie de metas, tales como la búsqueda de un cierto número de clientes potenciales, la contratación de proyectos y la solicitud de patentes relacionadas con las innovaciones producidas. Cada unidad es contratada por Embrapii para destinar un determinado monto a proyectos y posee autonomía para negociarlos con empresas, rindiendo cuentas sobre el cumplimiento de las metas cada seis meses. Las distintas unidades y empresas acuerdan el reparto de la propiedad intelectual generada por los proyectos. “Algunas unidades reparten mitad y mitad, otras permiten que las empresas exploten comercialmente la innovación sin cargo, mediante el pago de un cierto monto en regalías si a su vez la licencian a terceros o reservándose derechos en el caso de que la patente no sea utilizada”, dice el presidente del directorio de Embrapii, Jorge Guimarães.

IPT Laboratorios de metalurgia y materiales…IPT

Entre los proyectos finalizados, puede citarse como ejemplo a un cemento dental desarrollado por investigadores del Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT) de São Paulo, mediante un convenio con Angelus, una empresa de productos odontológicos de Londrina, en el estado de Paraná. Empresas tales como Natura, Boticário, TheraSkin y Yamá se unieron en un proyecto para el desarrollo de una técnica de nanoencapsulado de cosméticos que permite introducir los principios activos hasta capas más profundas de la piel (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 243). El costo del proyecto, que suma 2,3 millones de reales, fue repartido entre las empresas y Embrapii, en colaboración también con el IPT. Otro proyecto destacado es el de un robot submarino concebido por Senai-Cimatec, una empresa del estado de Bahía, por encargo del BG Group, para exploración en aguas profundas, cuyo costo total fue de 30 millones de reales. Hasta ahora se han contratado más de 330 proyectos, que, en total, suman 525 millones de reales en inversiones. Entre 2014 y 2016, los desembolsos de Embrapii para las unidades sumaron unos 70 millones de reales (vea el cuadro). “Empresas de São Paulo, que es el estado más industrializado del país, contrataron el 49% de esos proyectos, pero hay muchas empresas y sectores industriales aguardando ser atendidos y mucho espacio para el crecimiento”, dice Carlos Eduardo Pereira, director de operaciones de Embrapii.

La empresa brasileña Embraer es la que cuenta con mayor cantidad de proyectos cofinanciados por Embrapii. Ya se registraron 14 convenios, repartidos entre las diversas unidades acreditadas, como por ejemplo el del IPT, para el desarrollo de materiales livianos empleados en estructuras aeronáuticas, el de la Fundación Certi, del estado de Santa Catarina, por medio de un laboratorio especializado en sistemas electrónicos de uso aeronáutico, y el del Senai-Cimatec, enfocado en soluciones para reducir los costos de mantenimiento de las aeronaves y automatización del análisis de datos y reparaciones. “Son proyectos de investigación y desarrollo en fase precomercial, donde las tecnologías aún no están afianzadas y el riesgo es mayor. El modelo de Embrapii es interesante pues permite compartir riesgos e inversión, y complementa a otras modalidades de financiación a la innovación volcadas a las etapas finales del desarrollo”, dice Daniel Moczydlower, director de desarrollo tecnológico de Embraer. El balance que hace Embraer de las colaboraciones es bastante positivo y se están negociando otros cuatro proyectos. Moczydlower solamente hace una aclaración: las unidades, abocadas mayormente a ofrecer capacidad tecnológica, también deben invertir en la gestión de los proyectos. “Algunas unidades ya han comprendido que las grandes empresas presentan demandas crecientes en el campo de la transparencia y de compliance y están promoviendo la profesionalización de la gestión”, dice.

IPT …y de estructuras livianas utilizados por la unidad Embrapii del Instituto de Investigaciones Tecnológicas, en São PauloIPT

Según el análisis de Jorge Guimarães, este formato se tornó atractivo justamente porque brinda ayuda a las empresas en proyectos cuyo costo es elevado y el retorno incierto. “Embrapii no se creó para fomentar la innovación industrial en los niveles más altos de madurez tecnológica. Somos una especie de versión de prueba en la cual las empresas conciben un proyecto innovador. Nuestra intención es que luego ellas recurran a agencias tales como la Finep [Financiadora de Estudios y Proyectos] o bien, al BNDES [Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social] para las fases finales del desarrollo”, dice. Desde 2016, la FAPESP y Embrapii mantienen un acuerdo de cooperación que contempla la financiación de proyectos ejecutados en instituciones de enseñanza superior e investigación del estado de São Paulo con la participación y cofinanciación de empresas de todo el país. Ambas instituciones ya colaboran en el fomento al desarrollo de prótesis ortopédicas fabricadas con aleaciones de niobio-titanio y titanio-niobio-zircón, en un proyecto del IPT, la Companhia Brasileira de Metalurgia e Mineração y la Asociación de Asistencia a Niños Discapacitados, en el marco del Programa de Apoyo a la Investigación en Asociación para la Innovación Tecnológica (Pite, por sus su siglas en portugués), de la FAPESP.

Guimarães cree que hay espacio para ampliar tanto la cantidad de proyectos patrocinados como el de las unidades acreditadas. Según él, al menos el 10% de los 38 mil grupos de investigación brasileños registrados por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) tiene potencial para colaborar con empresas en proyectos innovadores, siendo que actualmente existen alrededor de 300 grupos de investigación contratados en unidades de Embrapii. “Estimamos que habría 4 mil grupos en áreas tales como ingeniería, química, física, matemática, geociencias y ciencias biológicas con capacidad para hacer frente a los diversos retos que afronta la industria”.

Se le atribuye a la crisis económica cierta dificultad para ampliar la cantidad de proyectos contratados. La fundación CPqD (Centro de Pesquisa e Desenvolvimento en Telecomunicações), de Campinas, habilitada en octubre de 2014 para intervenir en proyectos de comunicaciones ópticas, recientemente tuvo que afrontar obstáculos. La perspectiva inicial, era que la inversión en cada proyecto rondaría en torno a unos 3,5 millones de reales, pero el promedio se ubicó por debajo de esa cifra, en alrededor de 1,6 millones de reales. La unidad ya puso en marcha 22 proyectos, invirtiendo un total de 36 millones de reales. “Hemos alcanzado la meta en cuanto al número de proyectos, pero no así la de los montos previstos. Empero, esta no es tan sólo una realidad que afronta CPqD. Según Embrapii, los montos contratados por todas las unidades se ubican por debajo de la meta”, pondera Marcelo Fogolin Calori, coordinador técnico de la unidad Embrapii de CPqD. “Pero somos optimistas en cuanto a la mejora de la economía. Entre enero y septiembre de 2017, CPqD registró un crecimiento del 20% en los montos invertidos y de un 70% en el número de proyectos en comparación con 2016”.

Al menos un 10% de los 38 mil grupos de investigación brasileños podrían cooperar con empresas, dice Jorge Guimarães

El modelo de Embrapii está influyendo en la forma en que las universidades e instituciones tecnológicas financian actividades de investigación y desarrollo (I&D). El IPT es un ejemplo de ello. El mismo es una institución centenaria habituada a prestar servicios tecnológicos a empresas y vio como el porcentaje de su facturación originada en proyectos de I&D creció de un 12% en 2010 a un 36% en 2016. Ahora la meta es llegar al 40% y mantenerlo. Según Flavia Gutierrez Motta, coordinadora de gestión de las dos unidades del IPT en la Embrapii, una enfocada en materiales y la otra, más reciente, en biotecnología, este cambio de perfil fue impulsado, en un primer momento, por inversiones del Fondo Tecnológico (Funtec), del BNDES, que también aporta recursos no reembolsables para financiar convenios entre instituciones y empresas, pero selecciona y patrocina sus propios proyectos. “Como los recursos aportados por el Funtec disminuyeron, el desempeño reciente es resultado, en buena medida, del trabajo de las unidades de Embrapii”, comenta. Uno de los proyectos del IPT fue acordado con la fabricante de cemento y derivados Intercement, dando como resultado el desarrollo de una vía tecnológica para el tratamiento de la escoria de acería, un residuo generado en el proceso de producción del acero.

A ambas unidades del IPT se les asignó un presupuesto de 49,4 millones de reales cuya ejecución será en un plazo de seis años. De ese total, ya se contrataron proyectos por un monto de 25,8 millones de reales y, entre 2014 y 2016, recibieron efectivamente 3,8 millones de la misma moneda en giros.

Instituto de Investigaciones Eldorado Unidad del Instituto de Investigaciones Eldorado, especializado en conectividad y microelectrónica: Un promedio de 1,3 millones de reales por proyectoInstituto de Investigaciones Eldorado

La prospección de clientes ayuda a difundir el modelo. Laércio Silva, superintendente de negocios de la Fundación Certi, de Santa Catarina, que mantiene una división Embrapii especializada en sistemas inteligentes, efectuó más de 260 sondeos que redundaron en 16 proyectos contratados e inversiones por 41 millones de reales. “Nos abocamos a estudiar el problema del cliente y a entender sus estrategias para poder presentarle una propuesta significativa para reducir los costos, aumentar la productividad y ampliar su competitividad”, dice Silva. La unidad tiene contratos con empresas tales como Siemens y Embraer.

El ingeniero Vanderley John, docente de la Escuela Politécnica de la USP y coordinador de una unidad de Embrapii abocada al desarrollo de materiales y componentes ecoeficientes para la construcción civil, comenta que el trabajo de buscar colaboraciones con empresas genera un aprendizaje permanente. “Siempre estamos descubriendo nuevas demandas que, con frecuencia, nos llevan a actualizar nuestros temas de investigación”, subraya. John añade que ese contacto con las empresas está enriqueciendo a la universidad. “Fuimos a conversar con los responsables de una empresa constructora y nos plantearon un desafío de investigación que incluye el uso de inteligencia artificial, algo con lo que no trabajábamos. Para atender solicitudes de esta índole, empezamos a trabajar con colegas del Instituto de Matemática y Estadística especializados en el tema. Si no se hubiera planteado esa demanda, difícilmente hubiéramos abierto un frente multidisciplinario”. La unidad se comprometió a invertir 30 millones de reales en un plazo de seis años. Por ahora, a raíz de la crisis de la construcción, se han podido movilizar 2,1 millones de reales en cuatro proyectos.

Las unidades de Embrapii ligadas a institutos de investigación públicos y privados, que tienen experiencia en cooperar con empresas y desde hace tiempo mantienen convenios financiados con recursos de la Ley de Informática o del Fondo para el Desarrollo Tecnológico de las Telecomunicaciones (Funttel), obtienen resultados con mayor prontitud que las unidades vinculadas a universidades, que carecen de la misma expertise.

Marcelo Calori explica que el aprendizaje de la Fundação CPqD se produjo en forma natural. “La adaptación de nuestros procesos a la guía de referencia de Embrapii fue tranquila. Eso estuvo avalado por la maduración emergente de la privatización de CPqD, en 1998, cuando adoptamos como estrategia la búsqueda de nuevos mercados y los convenios con empresas, a través de incentivos, como los de la Ley de Informática, y financiación aportada por la Aneel, la Finep y el BNDES, entre otros”, informa. Algunos clientes de la unidad ya habían utilizado anteriormente los servicios de la Fundação CPqD, como en el caso, por ejemplo, del fabricante de cables de fibra óptica Furukawa. Pero también hay convenios nuevos, como el firmado con Taggen, que desarrolla soluciones en el área de Internet de las Cosas. “Junto a ellos, desarrollamos el primer beacon nacional, que ya se está comercializando”, dice Calori, refiriéndose a un dispositivo que emite señales por medio de tecnología bluetooth.

José Eduardo Bertuzzo, uno de los responsables de la unidad de Embrapii en el Instituto de Investigaciones Eldorado, en Campinas, especializada en conectividad y microelectrónica, relata que las negociaciones con empresas tienen un flujo rápido. “Como la inversión está preprogramada y no es necesario someter el proyecto al visto bueno de nadie más, inmediatamente se comienza a discutir cuáles son las etapas de desarrollo de los productos”, afirma. La unidad, creada hace un año, ya cuenta con nueve proyectos contratados, con una inversión promedio de 1,2 millones de reales por proyecto. Uno de ellos es un convenio con BR Photonics, una empresa de comunicación óptica. Los investigadores del Instituto Eldorado desarrollan soluciones para mejorar el desempeño de los sistemas ópticos de los productos de BR Photonics.

En el mes de julio, Embrapii habilitó siete nuevas unidades. El estado de Sao Paulo, que ostentaba una participación modesta en la estructura de la institución, aumentó su participación de seis a 10 unidades. Una de ellas es el Centro de Química Medicinal de Innovación Abierta (CQMED), integrado por investigadores de la Universidad de Campinas (Unicamp). El grupo, patrocinado por la FAPESP, forma parte de la red internacional Structural Genomics Consortium (SGC), que agrupa a más de 10 empresas del sector farmacéutico, entidades de apoyo a la investigación y científicos de universidades del Reino Unido y de Canadá, con el objetivo de generar innovaciones por medio de la identificación de blancos biológicos para enfermedades y el desarrollo de moléculas activas (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 230).

“La meta de nuestra unidad es lograr la confluencia de cinco empresas farmacéuticas del país para el desarrollo de moléculas que potencialmente podrían transformarse en medicamentos en los próximos seis años”, explica la farmacéutica Katlin Massirer, una de las coordinadoras de la unidad. “No se trata de un desafío trivial. La industria farmacéutica está comenzando a hacer investigación y desarrollo en Brasil y queremos asumir un rol decisivo en esta nueva etapa de innovación nacional”.

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