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Memoria

Ciencia en el sertón

Expediciones científicas del Instituto Oswaldo Cruz definieron un nuevo retrato de las condiciones de vida y de la salud en el Brasil rural de comienzos del siglo XX

El médico Astrogildo Machado (sentado, cruzado de manos) en el valle del Tocantins, a fines de 1911

Departamento de Investigación en Historia de las Ciencias y de la Salud de la COC-Fiocruz

En marzo de 1912, los médicos Arthur Neiva y Belisário Penna, científicos eminentes del Instituto Oswaldo cruz, en Río de Janeiro, abandonaron sus laboratorios y se embarcaron rumbo a Salvador, en el estado de Bahía, desde donde siguieron viaje hacia los áridos de Pernambuco, Piauí y Goiás. A bordo de barcos y locomotoras de vapor, a caballo o a lomo de mula, atravesaron regiones poco conocidas, evaluando las condiciones de salud de la población y los casos de enfermedades infecciosas. Simultáneamente, registraban los aspectos geográficos, económicos y socioculturales de los sitios que visitaban. Los registros de esa expedición se erigieron como una crónica de las condiciones de vida de la población del interior profundo de Brasil, sus hábitos y su modo de pensar. Las fotografías y diarios que produjeron tuvieron una gran repercusión entre la aristocracia médica e intelectual del país al develar una nación enferma, explotada e inculta que sobrevivía al margen de la vida cosmopolita en las grandes ciudades.

La expedición al mando de Neiva y Penna siguió la estela de otros periplos científicos llevados a cabo al comienzo del siglo XX a pedido de organismos gubernamentales y empresas privadas. El objetivo era explorar los potenciales económicos del territorio brasileño y promover la integración nacional a partir de acciones que llevaran el desarrollo a los lugares más recónditos del país. En 1906, se había enviado al médico Antônio Cardoso Fontes (1879-1943) a São Luís, en el estado de Maranhão, para contener un brote de peste bubónica, mientras que el médico Carlos Chagas (1879-1934) llevaba a cabo en Itatinga (São Paulo) la primera campaña contra el paludismo en el país, donde la compañía Docas de Santos construía una central hidroeléctrica. Para el año siguiente, junto a Arthur Neiva (1880-1943), Chagas también promovió una campaña para derrotar al paludismo en Xerém, en la Baixada Fluminense, donde la Inspección General de Obras captaba el agua para el abastecimiento de la ciudad de Río de Janeiro.

También en 1907, Chagas y Belisário Penna (1868-1939) viajaron a Minas Gerais para contener un brote de paludismo que dificultaba los trabajos de extensión del Ferrocarril Central de Brasil. Años más tarde, en 1910, el médico higienista Oswaldo cruz (1872-1917) inspeccionó las áreas aledañas a las obras de la usina hidroeléctrica que la empresa Light and Power estaba construyendo en Ribeirão das Lages, en Río de Janeiro.

Las expediciones científicas del Instituto Oswaldo Cruz (actualmente denominado Fundación Oswaldo Cruz), entre 1911 y 1913, partieron de las mismas demandas. Entre septiembre de 1911 y febrero de 1912, el médico Astrogildo Machado (1885-1945) y el farmacéutico Antônio Martins recorrieron los valles de los ríos São francisco y Tocantins junto a los equipos del Ferrocarril Central de Brasil. Otro periplo destacado fue el de Carlos Chagas, Pacheco Leão (1872-1931) y João Pedro de Albuquerque (1874-1934), en el marco de una expedición solicitada por la Superintendencia de Defensa del Caucho, entre octubre de 1912 y marzo de 1913. “Los viajes por contrato no suponían una novedad para los científicos de Manguinhos”, explica el historiador Fernando Pires-Alves, del Departamento de Investigación en Historia de las Ciencias y de la Salud de la Casa Oswaldo Cruz, de la Fundación Oswaldo Cruz (COC-Fiocruz). “Muchos de ellos ya habían estado al mando de inspecciones y medidas de higiene en los obradores del ferrocarril, represas y puertos a lo largo de la costa brasileña”.

Sin embargo, ninguna expedición generó tanta repercusión como la comandada por Neiva y Penna, cuya meta era conocer y mapear la incidencia de enfermedades en el norte del estado de Bahía, sudoeste de Pernambuco, sur de Piauí y norte y sur del estado de Goiás. Los científicos se aventuraron en esas regiones entre los meses de abril y octubre de 1912. Con frecuencia pernoctaban en tiendas improvisadas en medio del monte y estudiaban las condiciones de vida y la historia de las localidades que visitaban para comprender la incidencia y la distribución de algunas afecciones, pudiendo proponer así medidas de profilaxis para combatirlas. “La expedición de Neiva y Penna se destaca por los detalles de las observaciones, declaraciones de los habitantes de las regiones visitadas y por el abultado registro fotográfico sobre el modo de vida de las poblaciones del interior de Brasil”, relata la historiadora Dominichi Miranda de Sá, quien también pertenece al Departamento de Investigación en Historia de las Ciencias y de la Salud de la COC-Fiocruz.

El fotógrafo del equipo, José Teixeira, tomó alrededor de 1.700 fotografías. Parte de las mismas pudieron recuperarse y actualmente forman parte de la colección del Departamento de Archivo y Documentación de la COC-Fiocruz, que también conserva los diarios de viaje e informes elaborados por los científicos. Los registros indican que los habitantes del sertón eran víctimas de enfermedades tales como el paludismo, la tuberculosis, la sífilis, la leishmaniasis, la lepra y el pian, un tipo de infección bacteriana que causa lesiones dermatológicas y también en los huesos y articulaciones. También eran frecuentes los casos de difteria y carbunclo, una infección en la piel que suele afectar la nuca y la espalda. Algunos de los aspectos que impresionaron a los médicos fueron los casos de enfermedades desconocidas, tales como “atragantamiento” y “turbación”. Los que padecían “atragantamientos”, “provocaban una risa irreprimible cuando, con muecas y contorsiones tragicómicas, se esforzaban por tragar un bocado, algo que no siempre lograban, dejando de alimentarse, a veces durante dos o tres días seguidos”, escribieron los higienistas en su diario de viaje. En tanto, la “turbación”, afectaba particularmente a las mujeres, desencadenando un “ataque silencioso, mudo, sin contorsiones ni convulsiones de ninguna clase, cayéndose la paciente si es que se hallaba de pie, o permaneciendo sentado si ya se encontraba así, sin habla, sin movimiento, pero a menudo escuchando y observando lo que ocurría a su alrededor, durante ese estado de inmovilidad que se prolongaba entre 10 minutos y una hora”. Más adelante se determinó que tales condiciones eran manifestaciones clínicas de la enfermedad de Chagas.

Reproducción del libro A ciência a caminho da roça En Caracol, también en Piauí, adultos y niños se veían afectados con frecuencia por conjuntivitis granulosaReproducción del libro A ciência a caminho da roça

Los investigadores también registraron prácticas de curandería. Una de ellas, que se les aplicaba a los individuos mordidos por perros infectados con el virus de la rabia –o “destripados”, en la jerga local−, consistía en una mezcla de ajo, sal y orina, además de la introducción de la llave del sagrario de la iglesia en la boca del paciente. En tanto, para los casos de difteria, se suministraba limón y el diente canino izquierdo de un pecarí que, una vez tostado, había que diluir en alcohol y beberlo. En las comunidades aisladas de Porto Nacional (en lo que actualmente es el estado de Tocantins) y Goiás, se efectuaron observaciones sobre el estilo de vida de los habitantes: “(…) gente del monte, que habla poco, oye mucho y, en silencio, entiende las señales de la naturaleza, que le indica cuándo plantar y cuándo cosechar”. A diferencia de lo observado en el sertón de Piauí, en el de Porto Nacional y Goiás casi no había vacas, caballos ni mulas. El tabaco sólo prosperaba en tierras abonadas y el maíz sólo daba una o dos espigas. Tampoco circulaba dinero, y toda su manutención la obtenían por medio del trueque.

“Es raro que alguien sepa lo que es Brasil”, escribió Neiva en una de sus anotaciones. “Para esos parias, el gobierno es alguien que manda sobre la gente, y la existencia de ese gobierno la conocen porque ese hombre les cobra impuestos anuales”, subrayaron los médicos. Los informes de Neiva y Penna se publicaron en 1916 en la revista Memórias do Instituto Oswaldo Cruz. Los mismos aludían a un sertón signado por su inmensidad, escasa densidad demográfica y por el analfabetismo, ante la ausencia de medios de transporte y de vías de comunicación con el litoral. Los informes también dejaron en evidencia una presencia mínima de médicos, más allá de la pobreza, la apatía, el desinterés por las leyes y la resolución violenta de conflictos”, dice Miranda de Sá.

La expedición de Neiva y Penna se destaca por lo minucioso de las observaciones y el abultado registro fotográfico sobre el modo de vida de las poblaciones del interior del país

Según ella, los escritos tuvieron gran repercusión entre la opinión pública letrada de las ciudades de Río de Janeiro y São Paulo a partir de textos y artículos periodísticos que se publicaron en periódicos tales como el Correio da Manhã. Luego de la expedición, Neiva y Penna se convirtieron en propagandistas fervientes del saneamiento en Brasil, procurando convencer a los gobernantes de la idea de que el progreso económico, social y moral del país sólo sobrevendría con la mejora de las condiciones sanitarias de la población rural. La influencia de los relatos de estos científicos caló hondo en varios escritores, entre los que se cuenta a Monteiro Lobato (1882-1948), que adhirió a la campaña en pro de la conciencia sanitaria nacional. El propio Lobato, luego de la divulgación de los informes, revisó sus conceptos acerca de Jeca Tatu –un personaje interiorano que se transformó en el símbolo del Brasil rural y aparece en el cuento “Urupês”, que forma parte del libro homónimo publicado en 1918–, en artículos que publicó en la prensa. “Jeca dejó de ser un problema, un mestizo perezoso e indolente ante una naturaleza que le brindaba todo, transformándolo en un hombre enfermo y abandonado por el gobierno”, dice Pires-Alves.

La repercusión de los relatos de viaje también contribuyó para el surgimiento, en febrero de 1918, del Movimiento en Pro del Saneamiento de Brasil. Otra de sus derivaciones fue la creación de puestos de prevención sanitaria rural en diversos estados del país. “El valor informativo y documental de las imágenes y de los diarios de viaje lograron que las expediciones científicas del Instituto Oswaldo Cruz tengan un alcance histórico innegable al haber contribuido para un conocimiento más profundo al respecto de la sociedad brasileña”, resalta la socióloga Nísia Trindade Lima, presidenta de la Fiocruz y autora del libro Um sertão chamado Brasil.

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