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EDUCACIÓN

Las puertas de entrada a la universidad

El avance de acciones afirmativas diversifica las formas de ingreso a la educación superior en Brasil

Estudio Rebimboca

La difusión de acciones afirmativas en la selección de los estudiantes de las universidades brasileñas comienza a producir efectos que no se limitan a la meta de ampliar el acceso de los alumnos provenientes de las escuelas públicas o a la garantía de representatividad para negros, mulatos e indígenas en las carreras de grado. En el caso de las universidades estaduales paulistas, la admisión en la educación superior, que antaño sólo dependía del examen de ingreso, pasó a regirse por todo un menú de alternativas tendientes a asegurar la calidad de los postulantes y que incluyen la asignación de bonus en los resultados del examen de ingreso, la utilización de notas del Examen Nacional de la Enseñanza Media (Enem) y, eventualmente, incluso simplificaciones, donde la admisión no depende de un examen.

El nuevo modelo de ingreso anunciado en el mes de noviembre por la Universidad de Campinas (Unicamp) constituye el ejemplo más radical de esta tendencia. A partir de 2019, entra en vigencia un sistema de cupos étnico-raciales que reservará un 25% de las vacantes disponibles en la institución a aquellos postulantes que se autodeclaren negros o mulatos o pardos. Su mecanismo es bastante más complejo que el sistema de cupos vigente en las 63 universidades federales, creado por ley en 2012. Las vacantes de la Unicamp se ofrecerán mediante dos sistemas paralelos, donde el 80% se adjudicará por examen de ingreso (con un cuarto de ellas reservado para los autodeclarados negros y mulatos) y el resto por las notas obtenidas en el Enem por los candidatos (un 15% de las vacantes para los egresados de establecimientos públicos y un 5% para negros y pardos). Además, se mantuvo otra política afirmativa creada hace más de una década que otorga bonus en el puntaje en las dos etapas del examen de ingreso a los postulantes provenientes de las escuelas públicas. “Con tales disposiciones, se busca asegurar que al menos la mitad de los ingresantes provenga del sistema público y que el porcentaje de negros y pardos entre los alumnos crezca del actual 20% al 37%, que representa a la proporción de esos grupos en la población paulista”, dice José Alves de Freitas Neto, coordinador del examen de ingreso de la Unicamp.

El Consejo Universitario aprobó otras innovaciones que se implementarán a partir de 2019, tales como la creación de un examen específico para el ingreso de aborígenes y la posibilidad, inédita en el país, de acceder sin rendir examen para los medallistas de olimpíadas científicas. En ambas situaciones, la cantidad de vacantes disponibles estará definida por cada departamento de la universidad. “Ideamos posibilidades que amplían las posibilidades de acceso y muestran el empeño de la universidad pública para proponer nuevas ideas para el ingreso de los estudiantes”, dice el físico Marcelo Knobel, rector de la Unicamp. “No sólo estamos lidiando con políticas de inclusión, sino con un perfeccionamiento de la admisión, en busca de los mejores alumnos”, dice.

La Unicamp también evalúa la posibilidad de expandir un programa de acciones afirmativas creado por la universidad en 2012: el ProFIS (Programa de Formación Interdisciplinaria Superior). La iniciativa selecciona a los mejores alumnos del 3º y último año de la enseñanza media pública de Campinas, con base en las notas del Enem, y les ofrece un curso de dos años de duración con contenidos multidisciplinarios. Al finalizar el mismo, aquellos alumnos con buenas calificaciones tienen la posibilidad de ingresar en las carreras de grado de la Unicamp sin rendir examen de ingreso. Se encuentra en estudio la ampliación de la cantidad de ciudades beneficiadas por el programa para llegar a un público mayor que el actual.

Léo Ramos Chaves Estudiantes de la Universidad Federal del ABCLéo Ramos Chaves

Las universidades de São Paulo (USP) y Estadual Paulista (Unesp) también modificaron su forma de ingreso en los años recientes. La USP, que desde hace más de una década concedía bonus en la calificación del examen de ingreso a los alumnos de las escuelas públicas y a negros, mulatos e indígenas, en 2015 comenzó a ofrecer parte de sus vacantes mediante el Sistema de Selección Unificado (Sisu), que selecciona a los ingresantes de las universidades federales a partir de sus notas en el Enem. De las 11.147 vacantes que ofrece la USP en 2018, 2.745 serán disputadas vía Sisu, pero en tres listas por separado, siendo 423 por amplia competencia, 1.312 para estudiantes que cursaron la enseñanza media en escuelas públicas y 1.010 para aquellos alumnos de escuelas públicas autodeclarados negros, pardos e indígenas. Con ese esquema, la USP elevó el porcentaje de egresados de la enseñanza pública de un 32,3% en 2014 a un 36,9% en 2017.

Un estudio efectuado por la Prorrectoría de Grado de la USP en 2016 comparó el desempeño de los alumnos que ingresaron mediante el examen de ingreso y por el Sisu en 22 áreas. Al finalizar el segundo semestre lectivo, los estudiantes que habían ingresado rindiendo un examen de ingreso tuvieron promedios mayores que los del Sisu en carreras tales como medicina, derecho y ciencias sociales; mientras que los del Sisu tomaron ventaja en carreras tales como ingeniería de materiales, economía, física y química, entre otras. De cualquier modo, la diferencia de promedios entre los dos grupos fue exigua.

En el mes de julio, la USP decidió cambiar nuevamente las reglas para instituir un sistema que destinará la mitad de las vacantes ofrecidas a los alumnos de las escuelas públicas, con una subreserva para los que se reconozcan como negros, mulatos y aborígenes nativos. La iniciativa se implementará en forma escalonada: para el ingreso de 2018, un 37% de las vacantes de cada carrera y turno serán para los alumnos provenientes de escuelas públicas. En 2019, esa proporción será de un 40% y, en 2025, de un 45%, para llegar a un 50% en 2031. “Es la primera vez que la USP adopta una política institucional de cupos sociales y raciales”, dice el prorrector de Grado, Antônio Carlos Hernandes.

Esto no es una novedad en el caso de la Unesp. En 2013, la universidad creó en forma pionera entre todas las estaduales paulistas un sistema de cupos similar al de las federales. Incrementó progresivamente la reserva de vacantes hasta llegar, en el examen de ingreso de 2018, a un 50% para los alumnos de las escuelas públicas, con una parte de las mismas destinadas a negros y pardos, de manera tal, que ese grupo llegase al 35% de los admitidos. “La Unesp siempre ha logrado atraer a un grueso contingente de alumnos de las escuelas públicas, pero para cumplir con la meta del 50% fue necesario recurrir a los cupos”, dice Gladis Massini-Cagliari, prorrectora de Grado de la universidad.

Léo Ramos Chaves Una división de ingresantes de medicina de la Unicamp en 2016, que gracias al bonus en la nota del examen de ingreso, congregaba casi un 70% de alumnos provenientes de la red públicaLéo Ramos Chaves

La meta a la que alude Massini-Cagliari, de una reserva del 50% para alumnos provenientes de escuelas públicas y de un 35% para negros, mulatos e indígenas, quedó definida por el Programa de Inclusión por Mérito en la Educación Pública de Nivel Superior de São Paulo (Pimesp), instituido al final de 2012 por la gobernación paulista, y fue implementada con formatos específicos por las tres universidades del estado. “El Pimesp incorporó un reclamo de la sociedad consistente en ampliar la presencia de alumnos de las escuelas públicas que representan la diversidad de la población. A partir de ello, las universidades estaduales tuvieron que modificar sus sistemas de ingreso”, explica Fernanda Estevan, docente de la Facultad de Economía, Administración y Contabilidad (FEA) de la USP, una estudiosa de las acciones afirmativas.

En su tesis de libre docencia, que defendiera en 2017, la investigadora analizó los efectos del sistema de bonus en el examen de ingreso creado por la Unicamp en 2005, un impulso innovador para la época tendiente a ampliar la inclusión social y racial en la universidad sin recurrir a cupos. “El programa era interesante y tuvo resultados positivos”, concluyó. El sistema partía de un supuesto, según Estevan, poco explorado en el debate público. “Fue elaborado a partir de evidencias estadísticas, según las cuales los postulantes de escuelas públicas cuyas calificaciones en el examen de ingreso no guardaban gran diferencia con respecto a las de los candidatos provenientes de establecimientos educativos privados podían alcanzar un desempeño muy satisfactorio en la universidad, a veces incluso superior al de los egresados de colegios privados. La concesión de un bonus de 40 puntos ayudaría a traer talentos de la escuela pública a la universidad”.

La investigadora constató que el sistema incrementó en un 30% la probabilidad de que un alumno de la escuela pública ingresara en la Unicamp, más allá de elevar el porcentaje de estudiantes de bajos ingresos. En cuanto a las políticas de bonus, no se observaron efectos colaterales, tales como un eventual desinterés de los beneficiarios por esforzarse para aprobar el examen de admisión. Según Estevan, existen indicios de que el bonus tuvo una influencia positiva en la elección de carreras, promoviendo que los egresados de las escuelas públicas intentaran ser admitidos en las carreras donde se registraba mayor competencia.

Para Estevan, el programa tuvo efectos limitados –el porcentaje de postulantes para rendir el examen de ingreso provenientes de escuelas públicas alcanzó un techo lindante al 35% del total– debido a razones ajenas a su concepción. “En el examen de ingreso de 2005, cuando se lo implementó, aumentó la cantidad de postulantes de escuelas públicas, pero al año siguiente esa cifra se estancó. Hay algunos factores que pueden ayudar a entender este fenómeno, tales como el aumento de vacantes en las universidades federales y la oferta de becas en el sistema privado del programa Universidad Para todos, el Prouni, aunque haría falta estudiar estas hipótesis con mayor profundidad”, explica. El profesor Renato Pedrosa, docente del Instituto de Geociencias de la Unicamp que coordinó el examen de ingreso a la universidad entre 2003 y 2011, señala que desde hace una década, el porcentaje de graduados de la enseñanza media en São Paulo se estancó en un 66%. En Brasil, el promedio es del 55%. “Estimábamos que esa cuota aumentaría, incrementando el número de postulantes de las escuelas públicas que rendirían exámenes de ingreso, así como la cantidad de aprobados. Pero eso no sucedió”.

La meta del 50% para alumnos provenientes de escuelas públicas indujo a las universidades estaduales paulistas a modificar las reglas de ingreso

Hace dos años, la Unicamp realizó una primera modificación para aumentar la inclusión, sin recurrir, no obstante, a la reserva de vacantes. El bonus en la nota del examen de ingreso subió hasta los 120 puntos, y con ello, el porcentaje de ingresantes provenientes de las escuelas públicas llegó a un promedio del 50% del total de la universidad, tanto en 2016 como en 2017, conforme a lo previsto en el Pimesp. Pero esta estrategia tuvo efectos inesperados: en las carreras muy elegidas, tales como medicina y arquitectura, donde la diferencia entre las notas de muchos de los postulantes es exigua, el bonus se transformó en una ventaja considerable para los alumnos de las escuelas públicas, muy superior a aquélla que se espera que proporcione un programa de acción afirmativa. En tanto, en las carreras con poca demanda, el sistema admitió en la universidad a alumnos con un desempeño muy pobre en el examen de ingreso, que luego afrontaron dificultades para sostenerse en la institución. “El bonus exagerado distorsionó los resultados del examen de admisión”, analiza Knobel. Según el rector, el nuevo sistema híbrido de bonus, cupos y examen de ingreso apunta a ser eficiente en cuanto a la inclusión social y racial, y simultáneamente atrae a estudiantes con amplio potencial.

La experiencia acumulada con los cupos y otras acciones afirmativas en el país disipó los temores de que habría un descenso drástico en el nivel de los estudiantes y en la calidad de la educación. “Cuando en una carrera hay gran competencia en el examen de ingreso, con más de 50 postulantes por vacante, prácticamente no existe riesgo de que los alumnos que ingresan por cupo no estén a la altura. Como la cantidad de candidatos de alto desempeño siempre es muy elevada, también hay en ese grupo muchos beneficiarios de acciones afirmativas que logran mantenerse en carrera y llegan a ser buenos profesionales”, dice Renato Pedrosa. El riesgo de los cupos, según el investigador, queda restringido a las carreras de baja demanda, que pueden llegar a recibir alumnos sin condiciones para lograr su permanencia. Para Pedrosa, la idea que sostiene que el examen de ingreso es el único método adecuado para la selección es incorrecta. “Aquel alumno con la mayor nota en dicho examen raramente es el que logra el mejor desempeño a lo largo de la carrera. Podría pensarse en formas de selección que atraigan a la universidad a estudiantes con potencial, incluso aunque presenten alguna deficiencia o no se hayan preparado muy bien para rendir el examen de ingreso”.

La socióloga Rosana Heringer estudia los efectos de la adopción de cupos en la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), donde se desempeña como docente en la Facultad de Educación, y refuta la idea de que el sistema tuvo un impacto negativo en la calidad educativa. “Las dificultades para sostenerse en la carrera y reprobar en materias de ciencias exactas pueden ser algo más sintomáticas entre los beneficiarios de cupos, pero también son frecuentes en el caso de todos los estudiantes”, sostiene. “En aquellas carreras donde hay poca competencia al momento de rendir el examen de ingreso siempre habrá problemas. En pedagogía, muchos alumnos muestran dificultades para seguir el ritmo de las lecturas y no han desarrollado habilidades lo suficientemente adecuadas en cuanto a la escritura. En el profesorado en física, resultan comunes los problemas con las materias de cálculo. Estos problemas también aparecen ahora y puntualmente en otras carreras, pero disponemos de las herramientas para afrontarlos”.

Tales herramientas se ajustan a dos vertientes: las que buscan brindar condiciones económicas para la permanencia de los estudiantes, principalmente por medio de becas, y aquéllas que apuntan a las dificultades académicas, bajo la forma de apoyo pedagógico y psicológico. En Brasil se ha hecho hincapié en la primera de estas vertientes. Rosana Heringer coordina un proyecto tendiente a comparar la situación de Brasil y de Estados Unidos en relación con el ingreso y permanencia de alumnos negros y mulatos en la educación superior. “En cuanto al acceso a la educación superior, los sistemas de ambos países son muy distintos. El porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años en las universidades estadounidenses es tres veces mayor que el de acá. Allá el sistema educativo es mayoritariamente pagado, aunque existen esquemas de pagos escalonados según el rendimiento de la familia, financiación estudiantil y becas otorgadas por entidades filantrópicas. Con todo, el endeudamiento de los alumnos con la financiación estudiantil se transformó en ese país en un problema crónico y gravísimo”, dice.

Eduardo Anizelli/ Folhapress La prueba de ingreso unificado a las universidades del estado de São Paulo – Fuvest, en 2016: parte de las vacantes de la USP se disputó mediante examen de ingreso y otra parte mediante el sistema del SisuEduardo Anizelli/ Folhapress

En cuanto a las políticas de permanencia, las diferencias también son acentuadas. “En Estados Unidos, las universidades se ocupan mucho de promover el éxito académico de los alumnos y se hacen cargo de la oferta de varios tipos de ayuda. En eso, nosotros recién estamos dando los primeros pasos”, afirma. Entre los mecanismos disponibles en las universidades estadounidenses, hay ayudantías, presencia de tutores, y guardias de atención para los estudiantes, entre otros ejemplos.

Una crítica común a las políticas afirmativas es que éstas no generan gran impacto en las causas del acceso restricto de pobres y negros a la universidad pública, que son la mala calidad de la educación básica y la desigualdad social del país. “Estoy a favor de las políticas inclusivas, pero no creo que los cupos sean una solución adecuada”, sostuvo la antropóloga Eunice Ribeiro Durhan, profesora emérita de la USP, en un debate sobre los cupos promovido por la Radio USP en el mes de julio. “Se intenta resolver el problema de la enorme desigualdad social de Brasil por medio de una disposición paliativa. No es por prejuicios que los negros no ingresan a las universidades, sino porque son pobres. El salario constituye el factor más importante en la caracterización del desempeño educativo de la gente. Cuando se crean los cupos, en el fondo, lo que se hace es evitar afrontar ese problema”. La antropóloga fue una de las responsables de un documento sobre acciones afirmativas lanzado en 2013 por la Academia de Ciencias del Estado de São Paulo (Aciesp) y coordinado por el físico José Goldemberg, actual presidente de la FAPESP. En dicho documento se sostiene que es necesaria una reestructuración de la educación básica e inicial para asegurarles una preparación adecuada a los estudiantes, y propone medidas para implementarse a corto plazo, tales como la creación de cursillos preparatorios para el ingreso en las universidades dedicados a alumnos de escasos recursos, acompañados por un sistema de concesión de becas de estudio.

El profesor José Eduardo Krieger, docente de la Facultad de Medicina de la USP y que presidía la Aciesp al momento de la publicación de dicho estudio, sostiene que existe una incompatibilidad entre el concepto de los cupos y la naturaleza de las universidades que actúan en las fronteras del conocimiento. “En varios países se encuentra en debate la sostenibilidad de las universidades de investigación. Éstas cumplen un rol vital en la formación de líderes y en la generación del conocimiento, pero cuestan muy caras. Fundamentalmente en Europa, se discute al respecto de la necesidad de concentrar recursos en una cantidad acotada de instituciones para que éstas puedan cumplir su función”, dice Krieger. Una universidad de excelencia, puntualiza, depende de su capacidad para lograr atraer a los mejores alumnos independientemente del color de su piel. “Los cupos, aparte de no resolver el problema dramático de la calidad de la educación básica y media, pueden debilitar a las universidades de investigación. En Brasil contamos con pocas, están las tres universidades estaduales paulistas y alrededor de una decena de federales. Es necesario luchar contra la desigualdad sin desarticular el esfuerzo de décadas de labor realizada para garantizar la calidad de esas instituciones”, dice Krieger, quien también critica el escaso compromiso de las universidades para detectar a los mejores alumnos. “No se puede depender solamente del examen de ingreso. Hace mucho tiempo que vengo abogando por que la USP atraiga a los medallistas de olimpíadas científicas sin examen de ingreso, tal como hacen las universidades estadounidenses y europeas”.

Para el sociólogo José de Souza Martins, los sistemas adoptados por la USP y la Unicamp difieren de los criterios reguladores de las escuelas superiores de alto nivel. “Las universidades que se precien deben empeñarse en reclutar a las mejores vocaciones, a los cerebros más destacados, sin importar la raza, color, origen, género o la convicción religiosa. Estas universidades no están para hacer caridad, para hacerle justicia a los supuestos damnificados. Existen para reclutar y capacitar a los mejores profesionales”, dice Martins, profesor emérito de la USP. “Si la sociedad en su conjunto fuese seria, tendría políticas educativas tendientes a capacitar adecuadamente a las nóveles generaciones para las nuevas funciones profesionales de la sociedad moderna antes de que lleguen a la universidad. Brasil no está haciendo eso. Le endosa sus deudas sociales a las universidades de excelencia, y éstas no están preparadas para resolver este problema”.

Un estudio llevado a cabo por el periódico Folha de S.Paulo con base en el desempeño de 252 mil alumnos universitarios en el Examen Nacional de Desempeño de Estudiantes (Enade) entre 2014 y 2016, reveló que en 33 de las 64 carreras de grado, el rendimiento de los beneficiarios de cupos fue similar o superior al de los no beneficiarios. En tanto, en otras 31 carreras, el promedio fue al menos un 5% inferior. Dentro de ese último grupo hay una concentración de carreras ligadas a las ciencias exactas. Este punto vulnerable de las acciones afirmativas, que consiste en la precaria capacitación en matemática entre los egresados de las escuelas públicas, inspiró la investigación de doctorado en educación matemática de Guilherme Henrique Gomes da Silva, concluida en 2016 en la Unesp de Rio Claro. El investigador, actualmente docente de la Universidad Federal de Alfenas (Unifal), en Minas Gerais, se dedicó a estudiar el rol de la educación matemática en las políticas de acciones afirmativas al notar que existía una carencia en la literatura sobre el tema. “Cuando ingresé en la Unifal, en 2012, noté que había un discurso en la comunidad universitaria, muchas veces prejuicioso, en cuanto a que el índice de reprobación, que de por sí era muy alto en las cátedras de matemática de las carreras de ciencias exactas, aumentaría con el ingreso de beneficiarios de cupos en la red federal”.

Gomes da Silva entrevistó a docentes y estudiantes acogidos a ese beneficio en las universidades federales de São Carlos (UFSCar) y del ABC (UFABC) e identificó las estrategias de mayor ayuda en el campo de la educación matemática para la permanencia de los alumnos en la carrera. “Varios alumnos refirieron que el establecimiento de un vínculo con un docente resultó fundamental para poder superar las dificultades del primer año y proseguir la carrera”, dice Gomes da Silva. Uno de los entrevistados le confió su malestar al preguntarle a un profesor de cálculo el significado de un gráfico y escuchar como respuesta que dicho contenido se aprendía en la educación básica. “Ese alumno nunca volvió a hacer una pregunta en el aula”, dice. “Los beneficiarios de cupos son objeto frecuente de microagresiones, que desdeñan su capacidad para mantenerse en carrera en la universidad”. No es casual, según Gomes da Silva, que los alumnos hayan apuntado la importancia de algún esquema de apoyo psicológico. También surtieron efecto positivo la concesión de becas de iniciación a la investigación científica, que ayudan económicamente a los alumnos y otorgan un sentido más práctico al aprendizaje, y la conformación de grupos de estudio de alumnos beneficiarios de cupos, que se ayudan mutuamente.

Uno de los desafíos principales de las políticas de acción afirmativa consiste en asegurar que los alumnos puedan mantenerse financieramente durante su carrera. En la UFABC, que adoptó un sistema de cupos a partir de 2006, la mitad de los novatos proviene de escuelas públicas y un tercio de ellos está compuesto por autodeclarados negros, mulatos o indígenas. Dentro del contingente de los egresados de la educación pública, existe una subreserva del 50% de vacantes para postulantes cuyos ingresos per cápita familiares sean de hasta 1,5 salarios mínimos. “Tenemos un universo de alrededor de 2.500 alumnos de bajos ingresos y tan sólo 500 becas para asignarles”, dice Fernando Mattos, prorrector de Extensión y Acciones Afirmativas de la UFABC. La Unesp le disputa al gobierno paulista un resarcimiento por una suma de 16,6 millones de reales que lleva gastados este año en programas de permanencia estudiantil con más de mil becas de ayuda para alquileres y 2.791 de ayuda económica. “Estamos ampliando el acceso de alumnos provenientes de escuelas públicas, pero no contamos con los recursos suficientes como para financiar los nuevos costos”, explica Mário Sérgio Vasconcelos, coordinador de permanencia estudiantil de la Unesp.

Las acciones afirmativas se implementaron en un momento de expansión de las vacantes en las universidades del país. El informe intitulado Las caras de la desigualdad en Brasil”, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), identificó que el acceso a la educación superior (que incluye a las carreras de grado, másteres y doctorados) aumentó en toda la sociedad brasileña. Este estudio, elaborado con base en datos recabados por la Investigación Nacional por Muestra de Domicilios (Pnad, por sus siglas en portugués), entre 2002 y 2015, reveló que el contingente de jóvenes negros en las universidades públicas o privadas creció de 400 mil en 2002 a 1,6 millones en 2015.

Uno de los principales desafíos consiste en asegurar que los alumnos puedan sostenerse económicamente durante la carrera

Una de las críticas recurrentes a las políticas afirmativas indica que, si bien se las propone como soluciones temporales, acaban convirtiéndose en permanentes dado que subsiste la desigualdad que las torna necesarias. Renato Pedrosa, de la Unicamp, recuerda la prohibición de cupos raciales en Estados Unidos por un fallo de la Corte Suprema en 1978: “Las universidades que adoptaban ese tipo de política retornaron a una situación de exclusión similar a la que se vivía antes de dicha experiencia”. No obstante, las instituciones estadounidenses son libres para seleccionar a sus alumnos siguiendo diferentes criterios, tales como el de la diversidad del cuerpo discente o una cierta participación de alumnos de las escuelas públicas de su entorno, principalmente cuando la universidad es pública.

La socióloga Arabela Campos Oliven, docente de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), actualmente lleva a cabo una investigación en la cual compara las políticas de inclusión de afrodescendientes implementadas en la UFRGS y en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. En 1968, durante el auge de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, esa institución estadounidense lanzó un proyecto para atraer a 500 estudiantes negros, el equivalente a un 5% del total de sus alumnos, que en la época tuvo éxito. Esa iniciativa subsiste hasta hoy, pero ya no logra reclutar a tantos alumnos. “Medio siglo después, hay una presencia calificada de líderes negros en la administración de la universidad, incluso el rector, y hubo un aumento de la cantidad de docentes negros, pero el total de alumnos afroamericanos disminuyó. Mientras que en 1968 ingresaron 565, en 2014 fueron solamente 356”, dice Campos Oliven.

Los límites del autorreconocimiento
Aún existen controversias al respecto de la definición de quién es negro o mulato o pardo y puede beneficiarse de las acciones afirmativas raciales. El caso reciente de un estudiante blanco y rubio que accedió a una vacante en la carrera de medicina de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) declarando ser negro reavivó el debate. El muchacho fue denunciado y renunció a la vacante. “Los casos aislados de fraude no pueden servir para la anulación de una política”, remarca João Feres Júnior, docente de ciencia política en la Uerj (Universidad del Estado de Río de Janeiro), la primera universidad del país que instituyó una política de cupos raciales, en 2002. El investigador, quien coordina el Grupo de Estudios Multidisciplinarios de Acción Afirmativa de la Uerj, defiende disposiciones tales como la exigencia de la presencia del alumno al momento de matricularse o la creación de comisiones evaluadoras para evitar fraudes en el proceso de autodeclaración. El economista Álvaro Alberto Ferreira Mendes Junior, docente de la Universidade Cândido Mendes, estudia el tema en su doctorado en economía en la UFMG y observa que el sistema de cupos raciales presenta dos problemas principales derivados del criterio subjetivo de su aplicación. “En el caso en que el criterio sea el autorreconocimiento, se abre una puerta para el ingreso de un gran grupo de personas blancas. En caso de que el criterio sea la evaluación por un comité, nos adentramos en un terreno peligroso donde habrá individuos encargados de juzgar el color de la piel de otro. Y eso no garantiza una clasificación justa pues, dependiendo del evaluador, el entrevistado podría ser clasificado como blanco o como negro”, analiza.
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