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Innovación

La batalla de la calidad

Empresas y universidades discuten estrategias tendientes a perfeccionar la formación de los ingenieros

El debate sobre el rol de los ingenieros en el desarrollo del Brasil y en la competitividad del sector productivo ha llegado a un nuevo nivel. Por un lado, perdió el aliento el argumento de que es necesario aumentar la cantidad de profesionales graduados para dar lastre a los desafíos de innovación de las empresas. Lo que sucede es que se ha invertido en el país en la expansión de vacantes en las universidades y en 15 años el contingente de graduados en ingeniería se ha cuadruplicado, de 25 mil en 2001 a más de 100 mil en 2016, sin alcanzar un impacto correspondiente en la capacidad innovadora del sector productivo. La percepción sobre una supuesta escasez de estos profesionales también se ha visto anestesiada en los últimos tres años debido a la retracción en la economía y la consiguiente contracción del mercado de trabajo.

Simultáneamente, otro tipo de preocupación ha cobrado espacio, relacionada con la formación deficiente de parte de los graduados y la escasez entre ellos de ciertas competencias, como la capacidad de gestionar proyectos, de trabajar en equipo y de aprender rápidamente nuevos conocimientos, apuntados como importantes para que las corporaciones enfrenten transformaciones tecnológicas y organizativas que se avecinan. Con ello, el debate se entabló en lo concerniente a la promoción de la calidad de las carreras. En marzo, el Consejo Nacional de Educación (CNE) recibió una propuesta de actualización de las directrices curriculares para la carrera de ingeniería que es reveladora de este cambio. Formulado por Movilización de Negocios para la Innovación (MEI), un foro vinculado a la Confederación Nacional de la Industria (CNI) y la a Asociación Brasileña de Enseñanza de la Ingeniería (Abenge), dicho documento propone que la formación pase a depender del desarrollo de habilidades y no sólo en el ámbito de los contenidos: sugiere que el espíritu emprendedor se convierta en campo de actuación de los ingenieros; y aconseja cambios en la evaluación de las carreras, con la adopción de parámetros que midan cuánto los alumnos han aprendido y el impacto de los egresados en el mercado de trabajo.

“Además de mejorar el modelo de evaluación actual, defendemos la creación de un sistema de acreditación capaz de evaluar los puntos fuertes y débiles de cada carrera y sugerir medidas para mejorarlos”, dice la socióloga Zil Miranda, asesora de la CNI, quien coordinó el grupo de trabajo de MEI responsable de la propuesta.  “Esperamos que el CNE, que nos animó a preparar la propuesta, ahora la lleve a consulta pública y luego tengamos su homologación en el MEC”, afirma Vanderli Fava de Oliveira, profesor de la Universidad Federal de Juiz de Fora y presidente de Abenge. Para él, uno de los principales retos consiste en hacer que las carreras privadas, que fueron el principal objetivo de la expansión reciente, ofrezcan formación con una calidad equivalente a la de las universidades públicas. “Muchas se crearon ofreciendo lo mínimo necesario. Es necesario crear incentivos tendientes a mejorar la calidad de las carreras privados y una política de financiación estudiantil que ayude a los alumnos a pagar por una formación que es cara “, dice Fava de Oliveira.

Seis de cada 10 matrículas en la graduación en ingeniería se vinculan a carreras nocturnos y el 90% de ésta está en instituciones privadas. “La mayoría de los ingenieros graduados en carreras nocturnas en instituciones privadas no tienen el perfil de ingeniero capaz de hacer innovación de base tecnológica en las empresas. “Una formación sólida requeriría que al menos parte de la formación se hiciera en tiempo completo”, dice José Roberto de França Arruda, profesor de la Facultad de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Campinas (Unicamp). El 85% de las matrículas en carreras integrales está en universidades públicas.

Un objetivo común en las propuestas para fortalecer las carreras es la idea de que las instituciones de enseñanza necesitan estrechar lazos con las empresas para hacer que la formación de los alumnos se acerque más a la realidad. Este recurso puede ayudar a contener la deserción en la ingeniería: sólo el 75% de los alumnos de grado matriculados en un año permanece al año siguiente. “Nuestra capacidad de formar ingenieros es mucho mayor que la que se materializa. “Si el problema de la deserción se enfrenta, será posible duplicar la cantidad de graduados sin aumentar la infraestructura”, afirma Humberto Pereira, presidente de la Asociación Nacional de Investigación y Desarrollo de las Empresas Innovadoras (Anpei) y vicepresidente de ingeniería y tecnología de Embraer.

El dirigente de Anpei evalúa que una simplificación de la formación es necesaria. “En el intento de abarcar una gran cantidad de tecnologías, se crearon innumerables especializaciones. Una ingeniería menos especializada con un currículo más uniforme crearía un horizonte más abierto para la vida profesional “, dice. “La formación básica más fuerte asociada a la interacción con modelos experimentales de la industria ayudaría a combatir la deserción y proporcionar mano de obra a los desafíos de innovación. Para De França Arruda, de la Unicamp, las especialidades de la ingeniería están volviéndose anacrónicas. “El ingeniero capaz de innovar debe tener formación en profundidad de las ciencias básicas, matemáticas, estadística y computación. La ingeniería del siglo XXI requiere de los avances de las ciencias básicas. Así como sucedió con la ingeniería electrónica, hoy en día todas las ingenierías requieren de la ciencia básica más avanzada disponible o al menos una formación que le permita al ingeniero comprender las ciencias básicas. El profesional del futuro debe lograr leer revistas como Science y Nature con un mínimo de capacidad de comprensión.

Los datos recopilados por Renato Pedrosa, docente del Instituto de Geociencias de la Unicamp, muestran que en 2015 Brasil fue el cuarto país en cantidad de diplomas de grado otorgados en los campos de ingeniería, manufactura y construcción (105.931), detrás de la India (817 mil), Estados Unidos (123 mil) y México (111 mil). En muchas fuentes, China es mencionada por graduar a más de un millón de ingenieros al año, aunque esta información no figura en las principales estadísticas nacionales. En términos relativos, la situación de Brasil es menos favorable: ha diplomado a 51 ingenieros por cada grupo de 100 mil habitantes en 2015, siendo superado por países como Corea del Sur (157/100 mil), Chile (108) o Alemania (101).

La expansión de las vacantes de las carreras de ingeniería alcanzó un techo en 2015 y comenzó a refluir al año siguiente, como consecuencia de la recesión económica. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educativas (Inep) reunidos por Pedrosa, la cantidad de ingresantes en carreras de ingeniería en 2016 fue de 302 mil, ante el récord de 352 mil en 2015. En las instituciones públicas, el contingente cayó de 76 mil ingresantes a 64 mil, mientras que en las privadas la caída fue de 276 mil a 237 mil. El número total de inscritos se redujo de 1,042 millones a 1,006 millones.

La reducción del interés por la profesión de ingeniero replanteó una antigua cuestión: el desajuste entre la cantidad de graduados y la real capacidad del mercado de trabajo de absorberlos. Un estudio del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea) mostró que, entre los más de 40 mil ingenieros graduados en 2011 en el país, el 29% no tenía empleo.  Y, entre el 71% con ocupaciones formales, sólo un tercio estaba en actividad de ingeniería, mientras que más de la mitad trabajaba en funciones técnicas o de nivel secundario. “Al final de 2012, que fue un año de economía activada, sólo unos 13.000 ingenieros graduados en 2011 habían obtenido empleos que requerían la formación superior, siendo 8,4 mil en actividades relacionadas con las ingenierías”, sostiene Pedrosa. Esto, según afirma, dejaría a otros 16 mil portadores de diplomas en ingenierías stricto sensu en situación de subempleo. Según el investigador, la premisa de que el país necesitaba más ingenieros, utilizada para ampliar las vacantes, no tenía base en una demanda concreta.  “No hay evidencia de apagón de ingenieros. Lo que se puede cuestionar es si hay falta de ingenieros bien capacitados. Con la retracción de la economía, este problema se ha vuelto aún más agudo, ya que el país ha formado casi 100.000 ingenieros stricto sensu, lo que engrosará el contingente de desempleados y subempleados “, dice.

Vanderli Fava de Morais, de la Abenge, ve la situación de modo diverso. Según él, es habitual en la ingeniería formar a profesionales que son atraídos por propuestas de empleo en otras áreas. “Es común en países desarrollados que un tercio de los formados trabaje con ingeniería, otro tercio actúe en funciones que tienen interfaz con el área y el tercio restante vaya a trabajar en otros campos, como el mercado financiero”, afirma. Fava de Morais afirma que, en términos cuantitativos, no hubo falta de ingenieros en el país, sino escasez de ingenieros sénior, profesionales capaces de liderar proyectos. “Los alumnos que ingresan hoy en día en las carreras serán ingenieros júniores en cinco o seis años y mayores en 15 ó 20 años. “La cantidad que se gradúa actualmente puede resultar en carencia en el futuro, si el país se desarrolla tecnológicamente”. A su juicio, el parámetro para definir la importancia de formar más profesionales no es la demanda inmediata de las empresas.  “”Quienes crean la necesidad de tener más ingenieros son los propios ingenieros, al solucionar problemas que llevan a la expansión de la economía”, sostiene, al recordar que Brasil forma proporcionalmente menos profesionales que los países desarrollados. Los datos levantados por Renato Pedrosa sugieren que esa visión está superada. Según el investigador, Brasil ya está entre los líderes en cantidad de graduados en ingeniería en el mundo, pero “la calidad de la formación de buena parte de esos poseedores de los diplomas limita su inserción profesional, incluso en otras áreas que requieren formación superior”.

Buena parte de las empresas contrata ingenieros no para generar innovaciones, sino para reproducirlas en aplicaciones

Humberto Pereira, de Anpei, observa la existencia de una debilidad en el segmento industrial brasileño, que absorbe menos ingenieros que lo que podría. “Buena parte de las empresas innova poco y contrata ingenieros no para generar innovaciones, sino para reproducirlas en aplicaciones. “Todavía no tenemos muchos ambientes y empresas que fomenten la innovación”, dice.  Otro punto preocupante es el número relativamente bajo de ingenieros en el posgrado, agravado por el hecho de que la mayoría de los doctores graduados en el país no encuentran una opción atractiva, a no ser trabajar en el sector privado. Johannes Klingberg, director ejecutivo de la Asociación de Ingenieros Brasil-Alemania (VDI-Brasil), dice que en Alemania el camino entre el posgrado y el sector privado es más abierto.  “El 80% de los doctores en ingeniería en Alemania vuelve a la industria. En tanto, aquí en Brasil existe la visión de que el doctorado es teórico y no va a agregar experiencia a las empresas”, sostiene. Para Eduardo Zancul, docente de la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo (Poli-USP), la dinámica del mercado de trabajo alemán explica la absorción de doctores. “En el doctorado en ingeniería en Alemania, es común que los posgraduandos participen en proyectos de investigación y desarrollo (I&D) en cooperación con empresas. Con ello, la integración posterior en corporaciones se ve facilitada “, afirma.

A juicio de Carlos Henrique de Brito Cruz, director científico de la FAPESP, la acotada osadía de las actividades de I&D de las empresas en Brasil, documentada abundantemente, por ejemplo, por el reducido número de patentes, la escasa competitividad internacional y una agenda de I&D meramente adaptativa y no creadora, hace que un profesional con doctorado vea pocas oportunidades intelectualmente desafiantes en la empresa.  “Por supuesto que hay honrosas excepciones, pero estamos aquí hablando de buscarles empleo a muchos ingenieros innovadores para afectar la productividad de la economía”, afirma.

En la percepción de las empresas, el perfeccionamiento de la formación de los ingenieros debería estar más orientado a la solución de problemas. En el marco de un estudio cualitativo realizado en 2015 por VDI-Brasil, se entrevistó a 25 presidentes de empresas sobre las competencias necesarias para auxiliar en la implementación de la manufactura avanzada −un conjunto de tecnologías que dan sustento a procesos industriales inteligentes. Una de las conclusiones indicó que, para trabajar con tecnologías de complejidad creciente, los ingenieros deben tener un perfil más flexible que el actual, además de saber actuar en equipos multidisciplinarios. “La tendencia indica que los ingenieros serán contratados para actuar en proyectos que demandan capacidad para trabajar en forma colaborativa”, dice el ingeniero electrónico Mauricio Muramoto, vicepresidente de VDI Brasil.  “Lo esencial para las empresas es que el ingeniero sepa aprender a aprender. La velocidad del avance tecnológico se disparó y el ciclo de vida de los productos cae año a año”, afirma Muramoto.

Eduardo Cesar Alumnos de ingeniería y de otras carreras de la USP se dedican a la ejecución de proyectos en el Inovalab, de la Escuela PolitécnicaEduardo Cesar

Diversas escuelas de ingeniería del país se dedican a desarrollar nuevas habilidades en los alumnos. Un ejemplo de ello es el Instituto Tecnológico de Aeronáutica (ITA), responsable de la formación de generaciones de profesionales que consolidaron la industria aeronáutica, espacial y de defensa brasileña, con sede en la región de São José dos Campos. La institución creó un programa de formación complementaria, conocido como minor, ofrecido a los alumnos de grado de ingeniería. Los estudiantes podrán optar por tres ejes de asignaturas. Uno de ellos, ya implementado, es el de ingeniería física, y apunta a ampliar, a través de un conjunto de materias, la formación científica de los alumnos, preparándolos para la carrera académica y para trabajar en el desarrollo de nuevas tecnologías en la industria. Los otros dos minors comenzarán a implementarse pronto: uno es el de ingeniería de innovación, para desarrollar capacidades en el campo de los emprendimientos, y el otro el de ingeniería de sistemas y logística. “La formación es transversal. Los estudiantes de las seis carreras de ingeniería del ITA pueden elegir cualquiera de los minors. “Esperamos que al menos el 40% de ellos obtenga esa formación”, dice el ingeniero civil Anderson Ribeiro Correia, rector del ITA. “Tenemos historial en la formación de investigadores y profesionales para la industria de alta tecnología. Pero en las empresas de hoy en día los equipos son multidisciplinarios y muchas veces requieren la presencia de profesionales con habilidades amplias además de una buena formación”, explica. Los estudiantes del ITA también pueden optar por hacer una maestría acoplada a la carrera de grado. “Tenemos alumnos que salieron de la carrera de grado con maestría directamente a un doctorado en el extranjero.”

Otro ejemplo innovador es el Insper, de São Paulo, que en 2015 creó carrera de ingeniería mecánica, mecatrónica y de computación con una propuesta en la que los estudiantes trabajan en la resolución de problemas surgidos en las empresas y son estimulados a desarrollar aptitudes tales como la comunicación y la comunicación el trabajo en equipo.  “”Siempre que se trabajan esas habilidades, les informamos a los alumnos cuál es el desempeño que se espera de ellos”, explica el ingeniero Fábio Miranda, coordinador de la carrera de ingeniería en computación. “En el caso del trabajo en equipo, no basta con interactuar con los compañeros. El desempeño se considera satisfactorio si el estudiante, en una eventual ausencia de un compañero, por ejemplo, logra comprender la naturaleza de su trabajo y lo lleva adelante. “Los alumnos tienen autonomía en la ejecución de los proyectos y negocian directamente con las empresas “clientes”. Los primeros ingenieros del Insper se graduarán el año que viene. El retorno que la institución viene recibiendo de las empresas donde los alumnos realizan sus prácticas es positivo. “La actitud proactiva de ellos ha sido elogiada.”

En la percepción de las empresas, la formación de los ingenieros debe orientarse más hacia la solución de problemas

Una de las más tradicionales facultades privadas de ingeniería del país, el centro universitario FEI, en São Bernardo do Campo, está cambiando su forma de enseñar. Creada hace 77 años, la institución inició hace tres años un cambio organizativo. El cuerpo docente recibió capacitación para incorporar las dimensiones de la innovación y la creatividad en la formación de los alumnos bajo la mentora de un grupo de empresarios vinculados a la institución. Simultáneamente, se creó un evento anual, el Congreso de Innovación y Megatendencias, un espacio de discusión de las tendencias mundiales y de visiones de futuro para la profesión y el mercado de trabajo. En la esfera curricular, surgieron asignaturas integradoras que permiten proponer nuevas ideas y la elaboración de proyectos multidisciplinares. “Queremos que los alumnos estén preparados para afrontar con cualquier desafío tecnológico que las empresas tengan que enfrentar”, afirma Fábio del Prado, rector de FEI.


La idea de formar ingenieros con formación diversificada llevó a la Escuela Politécnica de la USP a tornar su currículo más flexible, permitiendo, por ejemplo, que los alumnos hicieran una materia optativa cada semestre. Este cambio inspiró la apertura del Inovalab@Poli, un laboratorio en donde alumnos de diferentes carreras −de administración, diseño y arquitectura, además de los de ingeniería− trabajan juntos en la ejecución de proyectos. En una de las materias dictadas, el alumno puede dedicarse a un desafío real de innovación presentado por una empresa, y al año siguiente abocarse al mismo reto, buscando entonces refinar la solución. “La intención es llevar a los alumnos a desarrollar capacidades para la innovación”, dice Roseli de Deus Lopes, una de las coordinadoras del Inovalab@Poli.

Este laboratorio se inspirado en proyectos similares de la Universidad Stanford, en Estados Unidos, y de la Universidad de Aalto, en Finlandia. Desde 2014, la materia de formación para la innovación ya ha recibido a seis grupos y más de 350 alumnos.  “El énfasis recae sobre la vivencia de las etapas para la ejecución de un proyecto de innovación”, explica Eduardo Zancul, investigador de la Poli-USP, quien también coordina el Inovalab@Poli. “El alumno debe investigar acerca de las necesidades de la empresa, profundizar la comprensión del problema, encontrar los métodos más adecuados y elaborar un cronograma de trabajo”. La estudiante de ingeniería mecatrónica Clara Cappatto, hoy ayudante alumna del laboratorio, participó en un grupo que desarrolló un dispositivo móvil de electrocardiografía. El desafío había sido presentado por el Hospital del Corazón (HCor), de São Paulo, y generó un prototipo. “Yo resistía al principio por el exceso de teoría al comienzo de la carrera, y el proyecto permitió aplicar lo que yo veía en el aula. También me di cuenta de que tengo una vocación emprendedora”, cuenta.

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