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Entrevista

Peter Strohschneider: Libertad para buscar lo desconocido

El Presidente de la Sociedad Alemana para la Investigación Científica - DFG, afirma que hay que preservar el espacio de los estudios orientados por la curiosidad

En la DFG, Strohschneider actúa para mantener un ecosistema equilibrado de apoyo a investigaciones que generen innovaciones incrementales y disruptivas

Léo Ramos Chaves

El filólogo alemán Peter Strohschneider, de 63 años, sostiene que el apoyo equilibrado a todas las áreas del conocimiento es esencial para cualquier país comprometido con el desarrollo a largo plazo. Pero destaca el potencial de las ciencias humanas: “Sin ellas, estaríamos condenados a una visión ingenua y limitada sobre las sociedades y sus dinámicas y desafíos”. El presidente de la Sociedad Alemana para la Investigación Científica (DFG), la principal agencia de fomento de la ciencia básica dse su país, estuvo en São Paulo a principios de mayo para participar en el 8º Encuentro Anual del Global Research Council, el GRC. En la entrevista que se lee a continuación, Strohschneider habla sobre las expectativas de las sociedades respecto a los impactos económicos y sociales de las investigaciones, tema central del encuentro, y la importancia de mantener un ecosistema equilibrado de financiación, en el cual se contemplen los proyectos pensados para generar nuevos productos y tecnologías y también aquellos orientados tan solo por la curiosidad intelectual de los científicos.

¿Por qué el GRC decidió debatir las expectativas respecto a los impactos económicos y sociales del estudio?
El GRC lidia trabaja con la relación entre ciencia, investigación, sociedad y economía desde su creación. Ya abordó esta relación en diferentes ocasiones, pero la decisión concreta de empezar a discutir este tema de modo más amplio se dio en la reunión del último año, en Moscú, en Rusia. Se decidió en entonces que el tema de la reunión de 2019 debería ser cómo las agencias de financiación podrían manejar esas expectativas.

¿Cuál es la importancia de esa discusión hoy en día?
El aumento de las expectativas sobre los impactos sociales y económicos de la investigación científica no es algo nuevo. El debate sobre si la ciencia debería preocuparse solamente con buscar la verdad, por medio de un conocimiento puro e integrado, o aspirar a obtener resultados que pudieran tener alguna utilidad práctica está instalado desde que existe la ciencia. La cuestión que están teniendo que manejar los sistemas de investigación en los últimos años no implica tan solo el aumento de las expectativas sobre los impactos sociales y económicos, sin también sobre los impactos directos e inmediatos. El aumento de esas expectativas no refleja necesariamente una deficiencia de la investigación, sino más bien un cambio del discurso acerca de las expectativas políticas y justificaciones sociales para la financiación de la ciencia.

¿Existen riesgos al adoptar el impacto económico y social como criterio para decidir si un proyecto debe o no apoyarse?
El tema no es si la investigación debe o no tener impacto. Ningún investigador reivindicaría el derecho de desarrollar un trabajo si no esperara que pudiera tener algún impacto. De igual manera, ninguna sociedad espera que los científicos se dediquen a proyectos que no tengan potencial de impacto. No es esa la cuestión, porque no existe investigación inocua con respecto a su impacto. No obstante, las investigaciones pueden presentar diferentes tipos de impacto, tales como ampliar las fronteras de algún tipo de conocimiento, contribuir para el desarrollo de las sociedades, estimular innovaciones tecnológicas o promover la formación de mano de obra científica cualificada. La cuestión principal reside en cómo las agencias de financiación pueden operar o responder a esas expectativas sociales y económicas.

¿Y cómo la GRC trató esa discusión?
Optamos por concentrarnos en dos abordajes. Uno de ellos consiste en discutir si las agencias de fomento pueden adoptar los impactos sociales y económicos como un criterio en el proceso de decisión de financiación de un proyecto. En otro frente, se sopesa si esos impactos deberían adoptarse como un criterio de evaluación de las investigaciones concluidas o aún en desarrollo. Ambos abordajes exigen una reflexión cuidadosa por parte de los líderes de las agencias de financiación.

Los regímenes autocráticos temen la libertad de ideas y el debate intelectual promovido en las universidades, y siempre intentarán restringir su autonomía

¿Por qué?
Los riesgos de implementar criterios de evaluación de los impactos de las investigaciones concluidas o en marcha son considerablemente menores cuando se los compara a los riesgos de adoptar criterios durante el proceso de decisión de financiación de proyectos de investigación. Un proyecto representa una promesa. Decidir si un proyecto será financiado con base en el impacto esperado significa intentar antever algo que ni siquiera empezó y no se sabe si existirá. No se puede decir que eso sea una base sólida de evaluación. Además, existiría el riesgo de que los proponentes intenten alinear la selección de sus puntos de investigación a las expectativas de impacto futuro de las agencias. Eso restringiría el espectro de sus investigaciones y la productividad de sus autores, una vez que los estimularía a formular proyectos tan solo para solucionar problemas ya conocidos. Un sistema de financiación de investigaciones científico moderno y productivo necesita estar abierto a financiar investigaciones que se vuelquen también hacia cuestiones que la sociedad desconoce.

¿Cómo viene abordando eso la DFG?
No de forma muy distinta a la FAPESP. Nuestro presupuesto es de 3 mil millones de euros al año. Ese valor surge sobre todo de impuestos, dinero público proveniente del gobierno federal y también de los 16 estados alemanes. Solamente una pequeña parte de nuestros ingresos corresponde a recursos privados. Sin embargo, independientemente del tamaño del presupuesto, el objetivo basilar de toda agencia de financiación, nacional o perteneciente a los estados, debe ser el de crear y mantener un ecosistema equilibrado de investigación y financiación, en el cual se contemplen las investigaciones realizadas con el objetivo de generar nuevos productos y tecnologías y también las orientadas por la curiosidad intelectual de los investigadores. Es importante que las agencias establezcan ese equilibrio, aunque sea legítimo que las sociedades esperen que los estudios financiados con dinero público traigan un retorno tangible e inmediato o solucionen problemas que juzguen relevantes en cada momento. Es fundamental que parte de la financiación no obedezca a las jerarquías de relevancia pública y expectativa de impacto y se invierta de modo autónomo, con el objetivo de preparar a la sociedad para problemas que ella todavía no conoce.

¿Por qué es importante mantener la financiación a la investigación orientada por la curiosidad intelectual de los científicos?
Es común que las sociedades cuestionen la destinación del dinero público a ese tipo de investigación, privilegiando actividades que den un retorno visible e inmediato, sobre todo en tiempos de crisis económica y escasez de recursos. No obstante, es importante mantener la financiación porque la investigación orientada por la curiosidad tiene el poder se producir un tipo realmente nuevo de conocimiento, un conocimiento capaz de ir más allá de las expectativas iniciales del científico y de la agencia financiadora. Vivimos en sociedades, economías y culturas fuertemente basadas en la noción de renovación, innovación y progreso, y los sistemas de investigación constituyen la principal máquina responsable de la producción del conocimiento transformador. Es necesario estar abiertos a ese abordaje, que tiene el potencial de producir lo que llamo nuevo-nuevo, no el viejo-nuevo o el nuevo que ya se esperaba. Los sistemas de investigación de las sociedades modernas no pueden enfocarse solamente en innovaciones incrementales, que promuevan pequeñas mejoras o actualizaciones en productos, servicios, procesos o métodos ya existentes. Necesitan invertir también en proyectos que puedan resultar en innovaciones disruptivas, un conocimiento que no se esperaba obtener cuando se iniciaron los esfuerzos de investigación.

¿Cómo pueden las agencias financiadoras ayudar a los gobiernos y tomadores de decisiones a comprender y valorar la inversión en ese tipo de investigación?
Dejando claro que existen diferencias entre los sistemas sociales, políticos, económicos y científicos que constituyen las sociedades modernas y que cada uno de esos sistemas trabaja con principios propios y distintos unos respecto a otros. Por ejemplo, en el ámbito del sistema educativo, las universidades, las escuelas primarias y secundarias, los jardines de infantes, cada uno trabaja con un tiempo propio , específico respecto a sus objetivos. Así como el sistema educativo, el sistema de investigación también trabaja con un tiempo propio. Ocurre, empero, que el sistema de investigación científica necesita tiempo y financiación. Trabaja asimismo con base en perspectivas de largo plazo. Es importante que los gobiernos y los tomadores de decisiones se den cuenta de esas diferencias y entiendan que las sociedades entrarán en colapso si no son capaces de lidiar con los sistemas que las componen. Al fin de cuentas, ese argumento, pese a ser más complejo, tiende a ser más pertinente para los políticos y tomadores de decisiones que el discurso alternativo, basado en promesas relacionadas a los posibles impactos de investigación. El riesgo de esas promesas es que no todas serán cumplidas en plazos que se puedan prever.

¿Por ejemplo?
La cura del cáncer viene siendo reivindicada por científicos de todo el mundo en los últimos 50 años. Sin embargo, todavía hoy en día, las personas mueren por complicaciones asociadas al cáncer. Lo que la sociedad asimila de eso es que algunas de las promesas hechas por los sistemas de investigaciones fueron exageradas, y que eso no ayuda a generar una relación de confianza entre esos sistemas y la sociedad y sus gobernantes. Al contrario.

Las investigaciones orientadas por la curiosidad tienen el poder de producir un tipo de conocimiento que va más allá de las expectativas de los científicos y de las agencias financiadoras

¿Cómo lidia la DFG con este tema y qué lección podrían sacar países como Brasil de la experiencia alemana?
No sé bien qué lección podría sacar Brasil, pero puedo decir, con respecto al sistema de investigación y de educación superior de Alemania, que los políticos aceptan y comprenden que la actuación se haga de forma integrada y complementaria, con el fin de promover el equilibrio entre lo que llamamos de ciencia básica y aplicada. En este sentido, la financiación realizada por el Ministerio Federal de Educación e Investigación Científica de Alemania se vuelve complementaria al sistema de la DFG. Claro que alguna que otra vez enfrentamos presiones para mostrar el impacto social o la relevancia económica de los proyectos que financiamos. Pero, en general, los líderes alemanes comprenden la importancia de tener un programa que actúe de forma autónoma respecto a la financiación de diferentes tipos de investigaciones, ya sean orientadas por programas temáticos y, por ende, aplicadas, u orientadas por la curiosidad.

En un discurso en la reunión del GRC, usted mencionó riesgos relacionados a la ola de gobiernos populistas en distintos países. ¿Cuáles son esos riesgos?
Queda cada vez más claro que la ascensión de gobiernos populistas o de nuevas formas de políticas autocráticas está asociada, entre otras cosas, al surgimiento de movimientos antiintelectuales  o anticientíficos. Los casos referidos al cambio climático y a las vacunas son los más comunes, pero en las últimas décadas pasamos a asistir a ese fenómeno también en el ámbito de los estudios de género y de las discusiones sobre la importancia de las ciencias humanas y de la autonomía de las universidades. El caso de Turquía es ejemplar. Desde el intento frustrado de golpe de Estado, en julio de 2016, el presidente Recep Erdoğan viene promoviendo despidos en masa de académicos, con base en alegaciones dudosas de vínculos con el terrorismo. En Hungría, el primer ministro Viktor Orbán redujo los recursos o privatizó universidades, censuró conferencias que trataban temas que no eran de su agrado.

¿Cómo podemos explicar ese fenómeno?
Tiene que ver con al menos dos factores, desde mi punto de vista. Uno de ellos se refiere al hecho, observado a lo largo de la historia, de que los regímenes autocráticos o dictatoriales tradicionalmente temen la libertad de ideas y el debate intelectual promovido en las universidades. El otro punto atañe a la falta de comprensión por parte de esos gobiernos de qué es una universidad y cuáles es su función. Eso se relaciona directamente con el hecho de que esos gobiernos niegan las complejidades intrínsecas a las sociedades modernas. Al hacerlo, ignoran, o son incapaces de comprender cómo funciona un sistema de investigación científica en la actualidad. Basta con tomar el ejemplo de las humanidades. Yo estoy convencido de su importancia en el desarrollo de las sociedades modernas. Comparto la idea de que las sociedades serían sencillamente incapaces de desarrollarse y prosperar sin las humanidades. Sin ellas, estaríamos condenados a una visión ingenua y limitada acerca de las sociedades y sus estructuras, dinámicas y retos.

¿Cuál es la importancia de preservar la autonomía de las universidades ante tal escenario?
Yo diría que las universidades son las máquinas por medio de las cuales las sociedades modernas producen sus dinámicas internas. Cada tanto, eso puede desencadenar revoluciones estudiantiles, pero no por culpa del sistema universitario, sino de un proceso inherente al funcionamiento de esas instituciones en el ámbito de las sociedades modernas. Ellas son dinámicas, producen tensiones y cambios de pensamiento entre generaciones. Eso contribuye para que las investigaciones avancen, para que se revean las relaciones. La autonomía de las universidades es el principios basilar de ese proceso. Los gobiernos autocráticos temen ese tipo de dinámica y esa capacidad de cambio y van a intentar de todas las maneras restringirlas, interfiriendo en la autonomía de las universidades.

¿Cómo evalúa la declaración de principios aprobada en la reunión del GRC?
Me puso muy contento. Espero que contribuya al perfeccionamiento del debate sobre las expectativas de la sociedad en cuanto a los impactos de las investigaciones y ayude a orientar a los miembros del GRC. El tema es cómo tomar las mejores decisiones, cómo elaborar prioridades para el sistema de investigación y como volverlo equilibrado y plural en cada uno de los países miembros del GRC.

¿Usted cree que eso se puede aplicar en países con contextos tan diferentes?
Creo que sí. Por supuesto que será necesario adaptar o modificar algunos puntos para que se puedan implementar en cada contexto. Son principios, no leyes concretas. La propuesta es que ayuden a orientar el proceso de decisión. Nosotros los formulamos de modo claro y objetivo para que los miembros del GRC los puedan implementar fácilmente. En un momento en el cual la libertad de investigación está bajo presión y crece el resentimiento respecto a temas como el cambio climático global, el rol del GRC se vuelve aún más importante. Mi expectativa apunta a que los principios suscritos en la reunión favorezcan el establecimiento de una red de financiadores capaz de contribuir para un sistema internacional de investigación científica libre, abierto y productivo.

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