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Los mil días que valen una vida

La introducción de otros alimentos durante el amamantamiento altera el sentido del gusto y aumenta el riesgo de obesidad

LAURA TEIXEIRALos padres tienen una rara oportunidad de influir en el desarrollo de los hijos y de ayudarlos a que se conviertan en adultos más saludables. Pero es preciso estar atento y obrar con rapidez. Esta posibilidad surge tempranamente y dura poco. Empieza con la concepción y se extiende durante mil días solamente, los 270 de la gestación más los 730 de los dos primeros años de vida. En principio, la posibilidad de hacer que un niño que nace con buena salud crezca de igual modo y así permanezca durante décadas requiere la adopción de medidas aparentemente sencillas: ofrecer protección y amparo al bebé y alimentarlo adecuadamente. Una alimentación apropiada incluye una dieta equilibrada por parte de la madre durante el embarazo, el amamantamiento materno exclusivo durante los primeros seis meses de vida y, a partir de allí, el amamantamiento acompañado de agua, jugos, té, papillas y alimentos sólidos ricos en proteínas, vitaminas y sales minerales, como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Esta receta, que no es nueva, puede evitar problemas graves de salud posteriormente. Experimentos con roedores indican que el reemplazo de la leche materna por otros alimentos – incluso otros tipos de leche – durante esa fase del desarrollo altera el sentido del gusto e instala en el organismo un desequilibrio hormonal que puede durar toda la vida toda y promover el aumento de peso. En tanto, la nutrición correcta reduce el riesgo de desarrollar en la edad adulta obesidad y enfermedades cardiovasculares, según muestran estudios poblacionales llevados adelante en cinco países en desarrollo (Brasil, Sudáfrica, Guatemala, Filipinas y la India). También de acuerdo con estos trabajos, el amamantamiento exclusivo favorece el desempeño intelectual.

Durante algunas décadas, equipos de esos países, entre ellos el del epidemiólogo brasileño César Victora, evaluaron regularmente el crecimiento de 10.912 niños. Los que empezaron a recibir otros alimentos antes de los 6 meses de edad – cosa que sucedió antes del tercer mes con el 69% de los bebés de la muestra brasileña – acumularon más grasa corporal a lo largo de la vida. Y cuanto más tempranamente consumían papillas, jugos y otros tipos de leche, más grasa concentraban, lo que eleva el riesgo de aparición de problemas en el corazón y de accidentes cerebrovasculares, que responden por el 30% de las muertes en el mundo, informaron los investigadores en septiembre en el International Journal of Epidemiology. “Lo que más influyó en la acumulación de grasa no fue la duración del amamantamiento sino la precocidad de la introducción de otros alimentos en la dieta de los niños”, afirma Victora, docente de la Universidad Federal Pelotas, Río Grande do Sul, y de la Universidad Johns Hopkins, de Estados Unidos.

Hace casi 30 años, Victora, Fernando Barros y un equipo de epidemiólogos realizan un seguimiento periódico de la salud de todos los niños nacidos en 1982, 1993 y 2004 en Pelotas, municipio de 330 mil habitantes ubicado en el extremo sur del país. Este seguimiento de largo plazo, conocido como cohorte, llevó a Victora y colaboradores de otros países a revisar años atrás el patrón adecuado de desarrollo hasta los 5 años de edad y a plantear una nueva curva de crecimiento, reconocida por la OMS en 2006 y adoptada por pediatras de más de 100 países.

Las cohortes realizadas en Pelotas y en otras regiones del mundo mostraron que los niños alimentados solamente con leche materna hasta el sexto mes de vida crecían a un ritmo diferente que los que tomaban mamadera. Bebés que solamente tomaron el pecho aumentaron de peso y crecieron de estatura más rápido durante los cuatro primeros meses de vida. Después se desarrollaron más lentamente. “Son niños saludables, pero más delgados”, afirma Victora. En tanto, los que recibieron leche en polvo y otras formulaciones que intentan imitar la leche humana, engordaron más rápido a partir del segundo semestre después del nacimiento.

Una posible explicación para el crecimiento acelerado tardío es el consumo de más calorías que lo recomendado. Marina Rea, del Instituto de Salud (IS) de São Paulo, y Ana Maria Corrêa, de la Universidad Estadual de Campinas, verificaron años atrás que los niños que tomaban mamadera y comían otros alimentos durante los primeros meses de vida consumían hasta un 50% más calorías que lo ideal (lea en Pesquisa FAPESP nº123).

“Nunca es tarde para repetirlo: la leche materna es el único alimento de que el niño necesita durante los primeros seis meses”, dice Victora. Más rica en azúcares y grasas que la leche de vaca, la leche humana contiene también niveles adecuados de proteínas y otros nutrientes que el bebé necesita, aparte de más de un centenar de compuestos inmunológicamente activos.

LAURA TEIXEIRADe cualquier manera, no es fácil seguir la indicación de la OMS. La participación mayor de las mujeres en el mercado de trabajo, aliada a la desinformación acerca de cómo y durante cuánto tiempo amamantar, contribuye para que la dieta de los niños cambie antes de tiempo. “Además”, comenta Victora, “muchos médicos no respetan la orientación de la OMS e introducen tempranamente en la dieta alimentos innecesarios en esta fase de la vida”.

El resultado es que la proporción de mujeres que dan exclusivamente el pecho durante seis meses en Brasil es baja, comparada con la de otros países. Pero más alta que la de 10 años atrás. Hoy en día el 51% de las madres alimenta a sus hijos exclusivamente dándoles el pecho durante los cuatro primeros meses de vida – era un 36% en 1999 – y un 41% amamanta hasta el sexto mes, de acuerdo con un estudio del Ministerio de Salud coordinado por la pediatra Sonia Venancio, del IS. Si bien se ubica aún aquende lo deseable, dicho índice ha mejorado mucho. En 1974, la mitad de los niños tomaban únicamente leche materna durante 2,5 meses. Ese tiempo trepó a 4 meses en 2006.

Sonia evaluó datos de 2008 de 34,4 mil niños de todas las capitales y del Distrito Federal y notó que, pese a la mejora reciente, la evolución es lenta. Durante el primer mes luego del parto, el 18% de los bebés ya tomaba otros líquidos, y a los dos meses, la mitad ya no tomaba el pecho únicamente. “Queda mucho por hacer”, comenta Sonia, quien publicó los datos a mediados de este año en el Jornal de Pediatria.

Los beneficios de la alimentación adecuada al comienzo de la vida no son solamente físicos. En otro estudio, publicado en febrero en el Journal of Nutrition, Victora y colaboradores analizaron el redimiento escolar de 7.945 niños de la India, Guatemala, Filipinas, Brasil y Sudáfrica. Los que exhibieron un crecimiento saludable en la gestación, indicador de una dieta materna adecuada, y nacieron con un peso superior al promedio, tuvieron más posibilidades de éxito. Cada 500 gramos más de peso al nacer representaron 2,5 meses más de escolaridad en la vida adulta y un riesgo 8% menor de repetir de grado. Incluso los niños que al momento del parto pesaban menos de 2,5 kilos, un peso inferior al deseable, lograron un buen desarrollo intelectual cuando, con una dieta adecuada, alcanzaron el ritmo normal de crecimiento y recuperaron el peso ideal para la edad hasta el segundo año de vida. En ese período subieron en promedio 9 kilos, y cada 700 gramos que crecieron más allá del promedio significaron cinco meses más de escolaridad.

“Durante los dos primeros años, el niño tiene aún la oportunidad de crecer arriba del promedio y convertirse en un adulto saludable si además del amamantamiento adecuado recibe inmunización y una buena asistencia a la salud”, dice el epidemiólogo. En esta fase crucial del desarrollo, a la que Victora denomina “los mil días de oportunidades”, los órganos aún se encuentran en formación: los huesos están alargándose, los músculos fortaleciéndose y el cerebro ganando en volumen (llega al 70% del tamaño final en el segundo año). “A partir del tercer año, el crecimiento acelerado acarrea una acumulación de grasa”, explica.

Los cambios que los epidemiólogos observan al usar balanzas y centímetros han empezado a adquirir una explicación fisiológica. Experimentos con roedores han venido ayudando a develar los mecanismos bioquímicos por los cuales la introducción de otros alimentos durante el período de amamantamiento exclusivo lleva a la acumulación de grasa.

Uno de ellos es la alteración del gusto. En una investigación dirigida por Raul Manhães de Castro y Sandra Lopes de Souza, de la Universidad Federal de Pernambuco, la nutricionista Lisiane dos Santos Oliveira interrumpió el amamantamiento de un grupo de ratones, separándolos de la madre al 15° día luego del nacimiento, el equivalente a tres meses de vida de un bebé humano, y los dejó comer alimento balanceado sin restricciones. Periódicamente, los animales fueron pesados y se midió el consumo alimentario, pero no hubo diferencia de peso ni de ingestión entre los destetados prematuramente y los que recibieron leche hasta el 30° día de vida.

El contraste recién apareció en una prueba de preferencia alimenticia. Apenas los animales llegaron a la edad adulta, los investigadores dejaron simultáneamente dos dietas distintas a disposición de los ratones durante algunos días: el alimento estándar del bioterio y otro, más sabroso (a base de chocolate y avellanas), más calórico y más rico en grasas. Ambos grupos prefirieron la dieta más sabrosa al alimento común. Pero los ratones que dejaron de ser amamantados antes comieron mucho más, según informan los investigadores en un artículo que saldrá publicado en Behavioural Processes. “Aunque no hubiese cambio en el peso ni en el patrón diario de alimentación de los animales, la preferencia por una dieta más calórica se manifestó apenas ese tipo de alimento estuvo disponible”, comenta Lisiane. “A largo plazo, la preferencia por alimentos con alta densidad calórica puede ocasionar trastornos metabólicos”, dice la nutricionista.

Otra prueba realizada por el grupo de Pernambuco demostró que los ratones destetados a los 15 días, al llegar a adultos, tardaban el doble de tiempo para saciarse. Luego de un breve ayuno, comían continuamente durante 42 minutos, mientras que los animales que recibieron leche materna hasta el 30° día se daban por satisfechos en 23 minutos. De acuerdo con este trabajo, que saldrá publicado en la misma revista, los roedores destetados tempranamente exhibieron a su vez alteraciones en el patrón diario (circadiano) de consumo de alimentos: comían más en momentos del día o de la noche distintos de aquéllos en que los ratones amamantados por más tiempo se nutrían, aunque el total era similar.

Por detrás de las alteraciones de com­portamiento existen cambios hormonales y metabólicos. En trabajos presentados durante los últimos años en el Journal of Endocrinology y en el Journal of Physiology, el equipo del endocrinólogo Egberto Gaspar de Moura, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, demostró que el destete precoz al­tera la composición corporal y reduce la sensibilidad a la hormona leptina, que induce la saciedad y la pubertad.

LAURA TEIXEIRAAl adoptar un modelo experimental diferente del anterior, el grupo de Río provocó el destete anticipado aplicando en la rata un compuesto que impide la producción de prolactina, la hormona que induce la secreción de leche, en lugar de retirar a las crías de cerca de la madre. Los animales destetados más tempranamente llegaron a la edad adulta con un peso un 10% mayor, un 40% más de grasa total y hasta un 300% más de grasa visceral (que se forma en el interior de los órganos y es más nociva). Confirmando el efecto deletéreo de la obesidad visceral, los roedores destetados antes de tiempo tenían niveles sanguíneos más altos de glucosa, colesterol y triglicéridos e índices menores de HDL, la proteína que retira el colesterol de la sangre y evita la formación de placas de grasa en los vasos. Reunidas, estas alteraciones configuran lo que los médicos denominan síndrome metabólico, condición que potencializa el riesgo de desarrollar diabetes y problemas cardiovasculares.

Los animales que mamaron menos, a la edad adulta también exhibían niveles sanguíneos de leptina tres veces superiores a los normales, según observó el equipo de Río. Pese a la cantidad impresionante de esa hormona, que es producida por las células de grasa y le indica al cuerpo la hora de parar de comer, la leptina no producía efecto en esos animales. Luego de un ayuno de 12 horas, los investigadores les suministraron leptina a dos grupos de ratones: uno amamantado durante el tiempo habitual y otro cuyo amamantamiento fue interrumpido. Los roedores del primer grupo, como era de esperarse, comieron menos, pero los del segundo siguieron alimentándose, señal de que no respondían a la hormona.

Moura observó también otro desequilibrio hormonal: los ratones destetados precozmente desarrollaron hipotiroidismo. Exhibieron niveles sanguíneos un 50% más bajos de la hormona tirotropina, que activa a la glándula tiroide, productora de hormonas que estimulan el consumo de energía. Según el endocrinólogo, el hipotiroidismo puede ser consecuencia de la resistencia a la leptina. Como la leptina actúa en una región del cerebro llamada hipotálamo, que comanda la producción de otras hormonas (entre ellas la tirotropina), la insensibilidad a la leptina puede afectar el funcionamento de la tireoide. “Aparentemente esta alteración hormonal y metabólica es un fenómeno de programación epigenética [alteración en el funcionamiento de los genes]”, dice Moura. Pero aún hay que comprobarlo.

Mientras no se descubre qué es lo que dispara estas alteraciones y cómo controlarlas de manera eficiente, lo mejor es prevenir el problema mediante el amamantamiento exclusivo al menos durante seis meses. En Recife, el equipo de la pediatra Sonia Coutinho demostró que es posible estimular a las madres a amamantar durante más tiempo adoptando acciones baratas, tales como la capacitación de los profesionales de la salud, en especial los agentes comunitarios del Programa de Salud de la Familia (lea en Pesquisa FAPESP nº119).

En la Universidad de São Paulo, un equipo del Núcleo de Investigaciones Epidemiológicas en Nutrición y Salud (Nupens) tiene una propuesta más audaz, que no previene las alteraciones metabólicas asociadas al destete precoz, pero puede mitigar los problemas de salud que éstas provocan. La sugerencia es mejorar la dieta de los brasileños incentivando el consumo de frutas, verduras y legumbres, que actualmente es inferior a un cuarto de lo recomendable. Una de las razones del bajo consumo es el precio elevado. Rafael Claro, del Nupens, calculó cuánto costaría que las personas consumiesen la cantidad indicada de estos alimentos, que debería corresponder al 12% del total de calorías ingeridas. Como resultado de ello, la dieta se volvería un 30% más cara.

Pero, con una disminución del precio, aun los más pobres pondrían más vegetales en sus platos. En 2007, durante algunos meses, el equipo do Nupens montó en Grajaú, uno de los barrios más pobres de la ciudad de São Paulo, un puesto que vendía frutas y hortalizas a un precio subsidiado. Como era de imaginarse, el consumo de esos productos aumentó. “El costo de estos alimentos es una barrera importante contra el consumo”, afirma Claro. Como salida, propone que el Estado reduzca los impuestos sobre estos alimentos y los aumente sobre los ultraprocesados, que contienen conservantes, colorantes y estabilizadores, además de tener más azúcar, grasa y sal. “El dinero que el Estado dejaría de recaudar”, dice, “se ahorraría debido a la disminución de los tratamientos de salud”.

La pubertad anticipada
La acción de la hormona leptina en la región del hipotálamo desencadena la maduración sexual

La neurocientífica brasileña Carol Elias ha dado un paso rumbo al esclarecimiento de un fenómeno que alarma a los médicos estadounidenses: la anticipación de la pubertad femenina. Carol y su equipo identificaron la región cerebral en que la hormona leptina actúa y despierta la maduración sexual. Es el núcleo premamilar ventral.

Años atrás surgieron pistas de que la leptina, secretada por células de grasa y conocida por reducir el hambre, inducía el desarrollo de órganos sexuales y la fertilidad. Sin leptina, ratones comunes y seres humanos no pasaban por las transformaciones fisiológicas que preparan al cuerpo para procrear.

Cuando estuvo en la Universidad Harvard, Carol, actualmente investigadora de la Universidad de Texas, ayudó a identificar las regiones cerebrales que producen receptores de leptina, proteínas a las cuales la hormona se conecta y estimula el funcionamiento de las neuronas. Entre las regiones del hipotálamo que expresan esos receptores, llamó la atención el núcleo premamilar ventral (NPV), un grupo de células que se conecta a un área cerebral que produce hormonas sexuales.

Pero la comprobación de que la acción de la leptina en el NPV inducía la pubertad tardó. Invitada a integrar el equipo de Joel Elmquist en Texas, Carol y los investigadores José Donato Júnior, Roberta Cravo y Renata Frazón desarrollaron ratones genéticamente alterados para producir receptor de leptina solamente en ese núcleo en determinadas condiciones. De acuerdo con ese artículo publicado en diciembre en el Journal of Clinical Investigation, hembras infértiles entraron en la pubertad con el estímulo de la producción de ese receptor en el NPV.

Existe una explicación para ello: las neuronas de ese núcleo accionan células secretoras de la hormona liberadora de gonadotrofinas que, a su vez, activa la liberación de hormonas sexuales. Este efecto ayuda a entender por qué existen más niñas de 7 y 8 años de edad en la pubertad en Estados Unidos. “Es posible que los niveles más elevados de leptina en los niños obesos estimulen regiones cerebrales que normalmente serían activadas posteriormente”, dice Carol.

Artículos científicos
VICTORA, C.G.; et al. Maternal and child undernutrition: consequences for adult health and human capital. Lancet. v. 371(9.609), p. 340-57. 26 ene. 2008.
DE MOURA, E.G. et al. Maternal prolactin inhibition during lactation programs for metabolic syndrome in adult progeny. Journal of Physiology. v. 587(20), p. 4.919-29. 15 oct. 2009.
OLIVEIRA, L. S. et al. Early weaning programs rats to have a dietary preference for fat and palatable foods in adulthood. Behavioural Processes. En prensa.

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