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Memoria

Una intersección entre ciencia y arte

Una publicación del Instituto Biológico pone de relieve la importancia de la ilustración científica

Una ilustración detallada de Joaquim Franco de Toledo revela una diversidad de manchas en naranjas

Reproducción de las planchas originales Eduardo Cesar Una ilustración detallada de Joaquim Franco de Toledo revela una diversidad de manchas en naranjasReproducción de las planchas originales Eduardo Cesar

En el apogeo de la productividad del Servicio de Dibujo del Instituto Biológico, que funciona en un imponente edificio rosado al que se considera como uno de los mayores exponentes del estilo art déco de Brasil, situado en la zona sur de la capital paulista, diecisiete dibujantes producían una profusión de ilustraciones de plantas y animales y sus enfermedades con el objetivo de dotar de visibilidad a la investigación en ciencia, al integrar artículos científicos, clases y folletos de divulgación, entre otros. “Existía una camaradería entre los investigadores, que en general eran médicos, y los ilustradores”, comenta la bióloga Márcia Rebouças, una de las autoras del Catálogo do acervo de ilustradores do Museu do Instituto Biológico, publicado en noviembre.  “Dependían unos de otros para darles visibilidad a sus respectivos trabajos: no existía una idea de que unos fuesen más importantes que otros.”

Esta colección es en buena medida el resultado del esfuerzo de Silvana D’Agostini, contratada en 1977 como dibujante del servicio, que en ese entonces contaba tan sólo con dos profesionales. El volumen de trabajo ya venía disminuyendo y, cuando sus colegas se jubilaron, ella apuntó hacia otro rumbo y se especializó en museología. A finales de los años 1990, el Servicio de Dibujo se extinguió y entonces D’Agostini pasó a formar parte del equipo del Museo del Instituto Biológico; y luego se trasladó al Centro de Memoria. Fue en ese marco que empezó a escrutar ilustraciones en general destinadas a la basura para formar ese conjunto que actualmente cuenta con alrededor de 2.500 dibujos de 37 ilustradores.

Técnicas diversas: enfermedades de aves estudiadas por José Reis, en el dibujo de Lilly Althausen

Reproducción de las planchas originales Eduardo Cesar Técnicas diversas: enfermedades de aves estudiadas por José Reis, en el dibujo de Lilly AlthausenReproducción de las planchas originales Eduardo Cesar

“La percepción de estos originales como documentos históricos es reciente”, explica. En el pasado, la mayor parte de ellos se desechaba tras su envío a la imprenta para componer publicaciones, o terminaba en medio de pilas papeles sin importancia en el despacho o en la casa de los investigadores. Esas obras, ahora recuperadas y en parte expuestas en el libro recientemente publicado, que puede retirarse gratuitamente en la propia institución, echan luz sobre la fructífera sociedad entre ciencia y arte. D’Agostini explica que, pese al avance de la fotografía, la ilustración sigue siendo irreemplazable, debido a la posibilidad que brinda de resaltar los detalles que le interesan al investigador, eliminando así ruidos innecesarios, y reunir en una imagen todos los elementos que componen una descripción. “Muchas veces ni siquiera es necesario que aparezca una leyenda, dada la riqueza de detalles.”

D’Agostini comenta que los científicos solicitaban los servicios de uno de los dibujantes cuando necesitaban registrar imágenes de sus investigaciones, y a menudo seguían de cerca ese trabajo apuntando los detalles relevantes. Era común que ciertos ilustradores tuviesen una mayor afinidad con un tipo de objeto y formasen sociedades más frecuentes con algún científico, aunque pudieran variar de tema. La alemana Lilly Ebstein, por ejemplo, quien a decir verdad era no docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP), era colaboradora asidua de José Reis, quien investigaba enfermedades de aves en el Instituto Biológico (aparte de mantener un profundo compromiso con la divulgación y la educación científica).

El barrenador del café (arriba, por Juventina dos Santos) fue uno de los motivos de la creación del Instituto Biológico

Reproducción de las planchas originales Eduardo Cesar El barrenador del café (por Juventina dos Santos) fue uno de los motivos de la creación del Instituto BiológicoReproducción de las planchas originales Eduardo Cesar

La variedad de técnicas y recursos correspondía a la diversidad de objetos que debían dibujarse. “Usábamos aparatos especiales de dibujo, tales como la cámara  lúcida y el letrógrafo, e instrumentos ópticos tales como microscopios”, recuerda D’Agostini, quien antes de su aprobación en concurso público estaba habituada a aplicar técnicas completamente distintas de dibujo a mano alzada. Entre los materiales se incluían la tinta china, la aguada, los lápices de colores, la acuarela y el pastel. “Echábamos manos de técnicas mixtas a menudo, empleando varios de esos recursos en un mismo trabajo”, comenta, y recuerda la desesperación de una de las dibujantes al pintar una mariposa de alas iridiscentes que cambiaban de color cada vez que las miraba. “¡Era azul, después violeta, y de repente era verde!”. En ocasiones, las estructuras eran tan delicadas que no había un plumín lo suficientemente fino y entonces era necesario oscurecer el papel y retirar la tinta con una de las antiguas hojas de afeitar. “Pero sólo servía aquella que era negra, que después dejo de existir; la de acero inoxidable no funcionaba.”

Aparte de las publicaciones científicas, las ilustraciones eran esenciales para la comunicación más amplia que forma parte de la razón de existir del Instituto Biológico, fundado en 1927 merced al éxito de una comisión creada para el estudio y el combate contra la plaga del barrenador del café, que dejaba huecos en los frutos y amenazaba las cosechas (y la actividad económica) paulistas. Se trata de un minúsculo cascarudo cuya larva entra en la cereza de café por un pequeño orificio y se come todo el interior del fruto, dejando la cáscara hueca. Esta plaga, originaria de África, no tenía un predador natural en Brasil. En una acción precursora del control biológico, un término que todavía no se usaba en aquella época, un empleado del instituto fue a Uganda a buscar a la avispa predadora, para criarla acá en el país y distribuirla en los cafetales.

Joaquim Franco de Toledo (verrugosis del limón, arriba), aparte de ser ilustrador, era botánico

Reproducción de las planchas originales Eduardo Cesar Joaquim Franco de Toledo (verrugosis del limón), aparte de ser ilustrador, era botánicoReproducción de las planchas originales Eduardo Cesar

Pero nada de ello surtiría efecto si no se lo informara a la población rural y a los trabajadores de las plantaciones, que muchas veces dejaban frutos contaminados en el suelo, donde las larvas se desarrollaban y terminaban infectando a otras plantas. “Había películas que se proyectaban dentro de vagones de trenes”, cuenta la bióloga Márcia Rebouças, quien hace 56 años ingresó en el Biológico  como pasante y posteriormente fue técnica de laboratorio, investigadora, directora  del museo y fundadora  del Centro de Memoria.  “El tren paraba cerca de las haciendas, y los propietarios y el personal iban a ver las películas”. Las publicaciones distribuidas incluían minuciosas ilustraciones, pero también recurrían al humor y a formas didácticas de exponer los temas, como en el pequeño libro História de um bichinho malvado, elaborado para su distribución en escuelas.

Hoy en día, la colección mantenida por D’Agostini y Rebouças se encuentra disponible para su consulta y sirve como archivo histórico, pero también como referencia para ilustrar enfermedades de los naranjales (otra plaga que se enfrentó mediante la investigación que se realizó allí) y para un sinnúmero de finalidades. Aunque los departamentos de investigación no suelen contar más con ilustradores en su planta fija, esta actividad sigue siendo importante. “Utilizamos ilustraciones a menudo, fundamentalmente en las publicaciones donde se describen nuevas especies”, comenta la botánica Lúcia Lohmann, de la USP. Pero la especialista explica que a los dibujantes se los contrata por trabajo: ya no tienen una seguridad acerca de cuándo se requerirán sus servicios. Aparte de ser más difícil vivir únicamente de la ilustración científica, es probable que la relación esporádica deje de lado la complicidad entre los profesionales que D’Agostini puso de relieve. “No queremos que la ilustración sea tenida como accesoria, sino como una herramienta fundamental y como una colaboración entre el artista y el científico”, afirma.

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