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Genética

Criba fina

Un test de la Fundación Osvaldo Cruz (Fiocruz) detecta infecciones leves de esquistosomiasis

Pasados treinta años desde que un grupo de investigadores del estado brasileño de Minas Gerais crearon el método de detección de la esquistosomiasis adoptado luego en todo el mundo, otro equipo, también de dicho estado, y de la misma institución, encontró un medio para identificar las infecciones leves, no detectables con la técnica actualmente en uso. Investigadores del Centro de Investigaciones René Rachou, de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) de Belo Horizonte, desarrollaron un test diagnóstico de ADN (ácido desoxirribonucleico) que registra vestigios del Schistosoma mansoni , el gusano causante de la enfermedad, con una precisión diez veces mayor: en muestras con como máximo dos huevos por gramo de materia fecal, mientras que el método habitual solamente detecta algo a partir de 24 huevos por gramo.

En la primera prueba de campo, realizada con 194 habitantes de Comercinho, área endémica de la enfermedad en el Valle do Jequitinhonha, norte de Minas Gerais, el nuevo test mostró una sensibilidad de hasta un 97%, y reveló indicios del parásito en muestras en las cuales tres análisis de heces llevados a cabo mediante la técnica tradicional -el conteo de huevos con el microscopio- nada habían registrado. Los investigadores se valieron también de la técnica convencional y, como patrón de comparación, de otras 20 muestras fecales de habitantes de Belo Horizonte no expuestos a situaciones de riesgo, por tal motivo, libres del helminto en teoría. El examen dio negativo en apenas dos casos en los que había indicios del verme, detectados por la técnica tradicional.

“El ADN puede haberse deteriorado en su traslado al laboratorio o pueden haber aparecido sustancias que inhibieron su amplificación en la PCR (la reacción en cadena de polimerasa, una técnica que copia tramos específicos del material genético)”, conjetura Ana Rabello, médica de la Fiocruz y una de las creadoras del nuevo test. Este resultado no invalida aquello que para ella es la señal indicativa más clara de la aplicación del nuevo tipo de diagnóstico: los casos en los cuales el análisis de materia fecal falla.

Los autores del nuevo método confían en que estos dos abordajes podrán complementarse y permitir un tratamiento más abarcador de la esquistosomiasis, enfermedad conocida popularmente en Brasil como barriga d´agua, que afecta a 10 millones de personas en el país, especialmente en las áreas rurales. Esta enfermedad es transmitida por los caracoles Biomphalaria glabrata , y afecta a 200 millones de individuos en todo el mundo, de los cuales 20 millones desarrollan un cuadro clínico grave, con daños irreversibles en el hígado y en el baso. “Por ahora, la erradicación de la esquistosomiasis es imposible”, comenta Ana Rabello. “Con los métodos de diagnóstico y tratamiento en uso actualmente, hemos logrado reducir hasta en un 70% el número de personas infectadas”. Por más que los individuos contaminados sean medicados, no se logra la eliminación total, pues la transmisión prosigue a través de los casos no identificados o no curados.

Pero ahora, al detectar las infecciones leves, se espera dar un salto en el combate contra la enfermedad, e identificar hasta un 90% de las personas efectivamente contaminadas -y con un poco suerte hasta el 100%, dependiendo de la cantidad y la intensidad de la infección en un área endémica. El método, descrito en un artículo publicado en febrero en el American Journal of Tropical Medicine , puede aplicarse también en muestras de sangre, pero no es simple ni tampoco barato. Mientras que el examen común es realizado con un microscopio óptico -que puede ser transportado al campo-, y está listo en un momento, el nuevo test, que utiliza la PCR en laboratorio, empieza con la extracción del ADN del parásito de la materia fecal humana y termina cuando se observa en una especie de radiografía si la muestra analizada exhibe una secuencia de nucleótidos (adenina, guanina, citosina y timina) específica del Schistosoma .

Esta secuencia, que tiene 120 nucleótidos, es una especie de impresión digital del verme. El que la descubrió fue otro minero, Emmanuel Dias-Neto, biólogo molecular que actualmente trabaja en el Instituto de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (USP). A partir de la misma, Dias-Neto armó una secuencia menor, con 20 nucleótidos, el llamado “primer “, que se encaja en esa región específica del ADN del helminto.

Le cupo al biólogo Luís André Pontes, durante su doctorado, y bajo la dirección de Ana Rabello y Dias-Neto, perfeccionar el método, cuyo desarrollo se vería facilitado actualmente con el secuenciamento del genoma del gusano, ya bastante avanzado (lea Pesquisa FAPESP nº 77). Desde 1996, Pontes testeó los primers, hasta llegar a la versión final y cerciorarse de que el ADN utilizado no se confundía con el de otros vermes comunes en las heces humanas. Recientemente, los investigadores lograron, con ese mismo test, detectar fragmentos de otras especies, como el Schistosoma haematobium y el S. japonicum , que infectan al hombre en África y Asia. El secuenciamiento de fragmentos de ADN de esas especies, que ya está en marcha, permite imaginar tests aún más sensibles, capaces de diferenciar a cada una de éstas.

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