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artes visuales

El norte de ellos es nuestro Sur

En el marco de una cooperación entre varios institutos, Estados Unidos podrá tener acceso a textos referentes a las vanguardias del siglo XX

Con la mirada fija en la guerra de Medio Oriente, en el precio del petróleo y la oscilación de los mercados internacionales, Estados Unidos probablemente no se ha percatado de ello aún. Pero ha de saber que está en marcha una ocupación silenciosa del país que, de mínima, redundará en una expansión del conocimiento de los estadounidenses referente a la cultura de las naciones vecinas del continente. Sin armas ni sangre, la producción artística moderna y contemporánea de origen latinoamericano ha llegado a ellos para revelarles su riqueza de colores, formas y contenidos.

En el marco de una iniciativa pionera, el Museo de Bellas Artes de Houston (MFAH, por su sigla en inglés), Texas, se alió a instituciones de nueve países de América Latina con el objetivo de suplir el déficit de información sobre artes plásticas de origen latino para un público que tiene una mayo familiaridad con el arte europeo, asiático y africano. Dicha asociación, sellada durante el primer semestre de este año, prevé el cumplimiento de al menos dos metas.

La primera consiste en recuperar los principales documentos que presentan, interpretan y analizan los movimientos de vanguardia latinoamericanos en las artes plásticas — algunos de ellos están fuera de circulación en sus propios países de origen, como el trabajo del arquitecto brasileño Luís Saias, referente a la influencia africana en la producción de exvotos de madera (objetos en retribución por una gracia alcanzada), publicado en 1939 y fuera de catálogo desde entonces. La segunda consiste en publicar dicho material de referencia en forma de libros en inglés o en textos en Internet, en versiones trilingües — en español, portugués e inglés.

Latinos
Ideado por Peter Marzio, director del museo de Houston, este esfuerzo multiinstitucional — que lleva el título de Recuperación de las fuentes críticas para el arte latinoamericano y el arte latino (este último alude a la producción de los estadounidenses de origen latino) — beneficiará a un público bastante amplio: científicos, artistas, docentes y visitantes de los museos, en particular a los miembros de la comunidad latina de Estados Unidos, que crece año a año. El equipo del museo de Houston — el quinto en importancia de Estados Unidos, con un patrimonio de 45 mil obras de arte — pretende también insertar las informaciones rescatadas en el marco del proyecto o recabadas en nuevos estudios en los programas de educación e historia del arte de la enseñanza básica y universitaria estadounidense.

“En Estados Unidos casi no hay libros disponibles en inglés y en castellano sobre el arte latinoamericano y el arte de norteamericanos descendientes de latinos producido en el transcurso del siglo XX”, afirma el director del museo. “Al cabo de algunos años, los docentes no tendrán más excusas para no enseñar arte latino”, dice Marzio, que estima en diez años el tiempo necesario como para alcanzar estas metas y ampliar la colección de arte latino del museo, a un costo de 50 millones de dólares. Más que diseminar el arte producido al sur de la frontera con México, Marzio espera crear un canal de comunicación continua entre los artistas estadounidenses y los latinos.

“Es una iniciativa ambiciosa, pero perfectamente viable mediante los acuerdos de cooperación que estamos concretando”, dice Mari Carmen Ramírez, curadora de arte latinoamericano del MFAH. En abril, Peter Marzio y Mari Carmen estuvieron en Brasil, donde suscribieron un acuerdo de cooperación por cinco años con la FAPESP, que centralizará las actividades relacionadas con el arte nacional.

Relevamiento
La colaboración entre el museo y la Fundación prevé la implementación de proyectos conjuntos de investigación, promoción de eventos científicos y exposiciones, intercambio de información y publicaciones académicas, al margen de intercambios entre docentes, investigadores y estudiantes. La aprobación de los estudios brasileños seguirá el trámite de los proyectos financiados por la FAPESP. Es decir: la Fundación analizará cada propuesta presentada y, cuando se acredite el mérito, costeará el trabajo. “Esta iniciativa tiene mucho que ver con la FAPESP en su rol de estimular el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la cultura en Brasil”, dice Carlos Vogt, presidente de la Fundación.

Ana Maria Belluzzo, de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo (FAU-USP) y coordinadora de la participación brasileña, apunta hacia aquello que considera que es el principal aporte: “Al margen del relevamiento selectivo de los documentos de cada período del arte moderno y contemporáneo, apuntaremos las cuestiones que deben estudiarse para profundizar la comprensión del arte en el continente”.

Peter Marzio empezó a imaginar este proyecto hace casi 20 años. Poco después de asumir la dirección del MFAH, recorrió Estados Unidos en compañía del experto en literatura hispana Nicholas Kanellos, en busca de las mejores obras de los artistas estadounidenses de origen latino, el llamada latino art. Marzio constató que la producción era grande, pero poco se sabía al respecto de ese movimiento artístico contemporáneo. Era la señal indicativa de que sería necesario invertir en arte latinoamericano en los años subsiguientes.

En 1986, Marzio montó una gran exposición de latino art en el MFAH, pero otras prioridades exigieron que el proyecto tuviera que esperar. Hace tres años, el museo creó el Centro Internacional de Arte para las Américas (ICAA), actualmente dirigido por Mari Carmen, y reunió durante tres días a 30 curadores e historiadores del arte de Estados Unidos y de Latinoamérica — entre los cuales se encontraba Ana Maria Belluzzo. De este encuentro saldrían las directivas acerca de cómo impulsar el arte latinoamericano y el latino art en Estados Unidos, origen del proyecto de rescate y diseminación del material crítico sobre el tema.

Y recién este mes ese sueño de 20 años está empezando a tomar forma, con la exposición Inverted utopias (Utopías invertidas ), que exhibirá entre el 20 de junio al 12 de septiembre en el MFAH alrededor de 250 obras de 67 artistas de países latinoamericanos: Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, México, Cuba, Puerto Rico, Colombia y Venezuela. De acuerdo con el equipo del museo, ésta es la primera muestra en gran escala de los movimientos de vanguardia latinoamericanos, tan distinguidos como distantes de los desarrollados en Europa y Estados Unidos.

Organizada por Mari Carmen y Héctor Olea, la exposición abarca el período de 1920 a 1970, y reúne a las obras en seis grupos temáticos: Lo universal y lo autóctono, que contrapone temas nacionales a temas universales; Lo lúdico y lo luctuoso, que rechaza al arte por el arte mismo y asume la crítica a las injusticias sociales y políticas; Progresión y ruptura, con obras abstractas geométricas que incorporan la participación activa del espectador; Lo vibratorio y lo estacionario, en el cual colores vibrantes — contrapuestos o no — dan la sensación de movimiento; Lo óptico y lo háptico, que juega con el tacto y la visión; y Lo críptico y lo comprometido, donde las obras huyen de los medios tradicionales de expresión, como la pintura y la escultura, para escaparle a opresión política de las dictaduras de las décadas de 1960 y 1970 en países como Brasil, Argentina y Chile.

“Durante los 50 años escudriñados por la muestra, los artistas latinoamericanos mantuvieron un diálogo simultáneo con el arte moderno de Europa y de Estados Unidos”, dice Peter Marzio. “Con todo, para muchos norteamericanos, Utopías invertidas brinda una primera mirada sobre la genialidad de estos artistas”. Según la curadora de la muestra, la puertorriqueña Mari Carmen, el objetivo de la exposición es traer a flote aquello que se escamotea de la historia oficial de las vanguardias conocidas por aquellas tierras.

Los visitantes de la exposición pueden sorprenderse al depararse con la robustez de la obra O Atirador de arcos, del pintor Vicente do Rego Monteiro, oriundo de Recife, poco conocido en Brasil y posiblemente ignorado por el público norteamericano. Al igual que en buena parte de su obra, Monteiro utiliza en esa pintura los trazos geométricos típicos del cubismo de Picasso para exaltar el pueblo mestizo brasileño, que cobra cuerpo y volumen en el color ocre. Presente también en las obras de varios otros latinoamericanos, como la del uruguayo Joaquín Torres García y la del argentino Xul Solar, esta subversión es el grito de libertad del arte en el continente, que, tras siglos de influencia europea, se vuelve maduro y autónomo.

Brasil está bien representado en la exposición. El grupo Progresión y ruptura es uno de los que cuentan con el mayor número de representantes, con obras de Lygia Clark, Waldemar Cordeiro y Hélio Oiticica, por ejemplo. Los trabajos nacionales de Cildo Meirelles y Antonio Dias también aparecen con peso en la temática de Lo críptico y lo comprometido. Ana Maria Belluzzo considera que tanto la exposición como la recuperación de las obras críticas constituyen una oportunidad sin igual. “Es la chance de que el arte latinoamericano se establezca en Estados Unidos de una manera aún no vista, con autoridad”, afirma. Por eso, quizás ahora comprendan allá qué quiso decir Torres García, el padre del constructivismo latinamericano, autor de un mapa de Sudamérica en el que el Sur apunta hacia lo alto, cuando afirmó hace casi seis décadas: “Nuestro norte es el Sur”.

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