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Ciencia

El rol de los olvidados

Tramos de ARN antes considerados inútiles regulan la producción de proteínas vinculadas al cáncer

Como los cirujas, que buscan objetos valiosos entre los desperdicios de la sociedad, algunos biólogos moleculares extraen informaciones preciosas en tramos aparentemente de menor valor del material genético humano. En un artículo que será publicado en poco tiempo más en la revista británica Oncogene, un grupo de investigadores brasileños demuestra que fragmentos normalmente despreciados de un tipo específico de ARN — la molécula del ácido ribonucleico, derivada del famoso ADN y de vital importancia en la producción de proteínas — no son inútiles. Al contrario de lo que aún postulan los manuales de genética, trozos del llamado ARN intrónico antisentido son importantes para la biología de las células.

Y más aún: su mayor o menor presencia en un organismo puede relacionarse con el estadio de desarrollo de enfermedades complejas, y puede que funcione como un marcador del grado de malignidad de ciertas formas de cáncer. Tal hipótesis cobró fuerza luego de que los científicos compararon las cantidades existentes de alrededor de 4 mil segmentos de tres distintas clases de ARN en tejidos sanos y con tumor de próstata extraídos de 27 pacientes. Esta tarea se llevó a cabo con la ayuda de un dispositivo denominado microarray de ADN, construido en el Instituto de Química de la Universidad de São Paulo (IQ-USP).

Al finalizar el trabajo, 12 trozos de ARN revelaron ser muy importantes para determinar el nivel de agresividad del tumor ?seis de ellos eran tramos del hasta entonces despreciado ARN intrónico antisentido. “Demostramos que los mensajes emitidos por este tipo de ARN participan en el proceso de regulación de la producción de proteínas vinculadas al desarrollo del cáncer de próstata”, afirma Sergio Verjovski-Almeida, del IQ-USP, líder del equipo que redactó el artículo referente al descubrimiento publicado enOncogene .

“Ya no puede ignorárselos más en los estudios sobre la expresión de genes en enfermedades, y debe incorporárselos al arsenal de herramientas utilizadas en los estudios del cáncer”. También participaron de este trabajo investigadores del Instituto Nacional del Cáncer (Inca), con sede en Río de Janeiro, y de los hospitales Sirio-Libanés y Albert Einstein de São Paulo.Una pincelada de genómica ayuda a entender qué son estos fragmentos de ARN intrónico antisentido.

Un gen es una secuencia ordenada de bases químicas — adenina (A), citosina (C), guanina (G) y timina (T) — alojada en una de las cintas de la molécula del ADN. A la cinta donde se sitúa el gen se la denomina sentido y a la otra, que es complementaria a ésta, antisentido. Las bases forman dos tipos de zonas en el interior de un gen: los exones y los intrones.

Las regiones con exones suministran la receta que comanda la producción de las proteínas en las células. Entre un exón y otro surgen los intrones, segmentos más largos, que no tienen función aparente. Hasta hace poco, una región con intrón era considera como una “suciedad” en el medio de un gen, sin función biológica. Existen dos tipos de regiones intrónicas: las situadas en la cinta sentido del ADN, dentro del gen, y las ubicadas en la cinta antisentido (vea la ilustración).

Pero, ¿y qué tiene que ver el ARN y el cáncer con todo esto? La explicación es la siguiente: cuando un gen se expresa (se activa) en un tejido humano, ya sea éste sano o con una enfermedad cualquiera como el cáncer, genera trozos de diversas clases de ARN mensajero. A estos fragmentos de ARN los biólogos moleculares los denominan transcritos. Los tramos de ARN procedentes de los exones componen la fórmula de la proteína. Los transcritos oriundos de los intrones (sentido y antisentido) no entran en esa receta y, hasta hace poco, se consideraba que eran basura genómica.

“La literatura científica ya había demostrado que el ARN intrónico sentido participaba en la regulación de la síntesis de proteínas”, dice el biólogo Eduardo M. Reis, otro de los autores del estudio brasileño. “Nuestra contribución consistió en revelar que existen ARNs intrónicos, derivados exclusivamente de la cadena antisentido, que también actúan en ese proceso”. En el caso del cáncer de próstata, uno de estos ARNs intrónicos (tanto el sentido como el antisentido), el RASSF1, funcionó como marcador de agresividad en tumores. Los pacientes con cáncer en estadio avanzado exhibían bajos niveles de este tipo de ARN.

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