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Tecnología

Pequeños y poderosos

Investigadores constatan los efectos protectores del champiñón del sol e indican la forma correcta de usarlo

Carnoso y tierno al tacto, el hongo Agaricus blazei, conocido popularmente como champiñón de sol, estimula el sistema inmunológico y funciona como un poderoso coadyuvante en el tratamiento de la hepatitis C, ya que fomenta un aumento del apetito de los pacientes, que suelen adelgazar en demasía. También reduce los efectos colaterales de los medicamentos antivirales, como la fatiga y los dores musculares.

Constituye asimismo una excelente fuente de proteínas y vitaminas. Cien gramos de este champiñón deshidratado contienen 35 gramos de proteínas, a las que su suman hierro, fósforo, calcio y vitaminas del complejo B. Estas fueron algunas de las conclusiones a las que arribó el equipo de investigadores coordinado por el profesor Augusto Ferreira da Eira, del Departamento de Producción Vegetal de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad Estadual Paulista (Unesp) de Botucatú, luego de cuatro años y medio de estudios.

Los estudiosos verificaron también que muchos de los resultados difundidos por los medios de comunicación referentes al champiñón del sol, como por ejemplo la disminución de tumores, se obtienen únicamente con el extracto concentrado del hongo y no con píldoras y tés. El estudio de las propiedades medicinales del A. blazei, y también del Lentinula edodes, el hongo conocido como shiitake, fue uno de los objetivos de este estudio. La creciente demanda de los productores, en procura de técnicas que asegurasen mejores resultados en el cultivo de estos hongos, también sirvió de incentivo.

Este proyecto, que contó con financiación de la FAPESP, muestra ahora resultados agrícolas, principalmente en el caso del champiñón del sol, que han sido transferidos a los productores, concentrados en las ciudades paulistas de Sorocaba y Piedade, y también en el eje occidental del estado (Boituva, Conchas, Lençóis Paulista, Marília y otras localidades).

Un consumo tradicional
Al igual que otros hongos del mismo género, el A. blazei posee una forma parecida a un paraguas. Es originario de las regiones serranas del Bosque Atlántico del sur del estado de São Paulo. En la década de 1970 fue levado a Japón, donde comenzaron a estudiarse sus propiedades medicinales. El shiitake por su parte realizó el camino inverso. Llegó procedente de Asia de manos de japoneses y chinos, y se lo aclimató a las condiciones brasileñas. Aunque es el segundo hongo más consumido en el mundo, con alrededor del 14% del mercado, aún está muy atrás del líder imbatible: el Agaricus bisporus, el champiñón famoso, originario de Francia, con más del 50%.

Existen en el mundo unas 10 mil especies conocidas de hongos según algunos expertos, de las cuales 700 son comestibles, 50 son tóxicas y entre 50 y 200 se utilizan en prácticas medicinales. Entre los asiáticos, la tradición de consumo medicinal de hongos viene de larga data, tal como lo atestiguan relatos fechados hace casi dos mil años. Y ellos son los mayores consumidores del producto brasileño, de acuerdo con datos del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior. Solamente en el primer trimestre de este año, de los 6.243 kilos (kg) de champiñón del sol seco exportados a un valor de 557.901 dólares (a 89,36 dólares el kilo), casi su totalidad, ó 6.223 kg, tuvo destino en Japón. En 2003, de los 20.072 kg vendidos, 19.368 siguieron rumbo al mercado japonés.

En los últimos años, el A. blazei se tornó bastante conocido en función de los relatos populares referentes a los beneficios brindados por el té de ese hongo, que sería responsable por la recuperación y la mejora del cuadro clínico de pacientes con tumores cancerígenos, cuando se lo administra junto con los tratamientos convencionales, como la radioterapia y la quimioterapia. “Iniciamos la investigación para ver lo que es cierto y lo que no lo es en los relatos propalados por los medios de comunicación”, dice Augusto.

Participaron en el proyecto investigadores ligados a varias áreas: biotecnología, inmunologia, patología, bioquímica y agronomía, con lo cual sumaban, de acuerdo con las cuentas del coordinador, alrededor de 80 profesionales distribuidos en siete equipos. La primera tarea de los investigadores implicados en el proyecto, iniciado en 1999, consistió en verificar si el hongo que se estudiaría era precisamente el A. blazei. Para tal fin se seleccionaron linajes de los estados de São Paulo, Paraná, Río de Janeiro, Minas Gerais y Río Grande do Sul.

El análisis, efectuado por micólogos (estudiosos de los hongos) brasileños, con la participación de israelíes, resultó en el planteo de que los linajes brasileños fuesen identificados como Agaricus blazei (Murr.) ss. Heinem o como una nueva especie, denominada Agaricus brasiliensis, porque son realmente diferentes a los linajes hallados en Florida, Estados Unidos, y descritos por el micólogo estadounidense William Murrill en 1945. El estudio que identifica la especie brasileña, encabezado por Solomon Wasser, de la Universidad de Haifa, Israel, salió publicado en 2003 en el International Journal of Medicinal Mushrooms, la revista internacional de hongos medicinales, y aguarda el dictamen de otros micólogos.

Simultáneamente a este trabajo, los hongos obtenidos en diversas situaciones de cultivo eran enviados a los demás equipos. El grupo responsable de la caracterización bioquímica, coordinado por el profesor Edson Rodrigues Filho, del Departamento de Química de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), analizó varias sustancias provenientes de extractos apolares (los ácidos grasos presentes en los hongos) y también polares (solubles en agua, como las proteínas y los aminoácidos). “En el caso de los extractos apolares del A. blazei se detectaron varias sustancias, entre ellas el ácido linoleico, descrito en la literatura científica como poseedor de propiedades anticancerígenas en animales”, dice Augusto.

Para saber en qué fase del hongo el ácido linoleico se encontraba presente en mayor cantidad, se analizaron varios linajes, recogidos durante la fase joven, caracterizada por el cierre de la parte superior del hongo conocida como sombrero, y en la etapa en la que ésta se encuentra plenamente abierto. De acuerdo con Augusto, el mercado prefiere el hongo más blanco y cerrado para el consumo. “Pero no siempre los hongos jóvenes son los que contienen más principios activos”, añade.

Protección celular
Las pruebas, realizadas por Ana Paula Terezan, alumna de maestría del Departamento de Química de la UFSCar, apuntaron que en algunos linajes, el ácido linoleico aparece más concentrado en la fase abierta, mientras que en otras lo propio sucede en la fase joven, por ejemplo. Las variaciones se relacionaban al linaje y al material utilizado como cobertura dónde se realiza el cultivo, que puede ser turba, esquisto o una mezcla de tierra y carbón.

Otro equipo, coordinado por Lúcia Regina Ribeiro, del Departamento de Patología de la Facultad de Medicina de la Unesp de Botucatú, evaluó la eficiencia de los extractos acuosos del champiñón del sol y del shiitake en ratones, contra tumores y otros daños celulares inducidos químicamente. Este estudio tenía como objetivo evaluar si las tan propaladas propiedades medicinales del hongo ingerido bajo la forma de jugo o de té realmente tenían fundamento. Los experimentos demostraron que los extractos acuosos protegen contra alteraciones genéticas de las células. “Cuando se molieron hongos y se los incorporó al alimento, la mejora consistió en la no aparición de tumores”, comenta Augusto.

Las investigaciones también echaron nuevas luces sobre la forma de extracción y la dosis diaria prescrita de hongos. Algunos productores recomiendan consumir diariamente hasta 40 gramos de A. blazei deshidratado, en una infusión acuosa de un litro a una temperatura de 100 °C y hervido durante entre una y dos horas. Sin embargo, datos obtenidos por el equipo coordinado por Ramón Kaneno, del Departamento de Microbiología e Inmunología del Instituto de Biociencias de la Unesp, contrarían totalmente tales recomendaciones.

“Las pruebas demostraron que los extractos acuosos de champiñón del sol obtenidos mediante hervor disminuyeron la sobrevida de lauchas portadoras de tumores cancerígenos con relación a los tratamientos con jugos, debido probablemente a los efectos hepatotóxicos”, informa Augusto. En función de dichos resultados, los científicos estudian dosis mucho menores que 40 gramos, en forma de polvo o en forma de jugo.

De acuerdo con Augusto, casi todo lo que se dice sobre la disminución de la progresión de tumores, el aumento de la sobrevida de enfermos e incluso la contribución a la regresión tumoral no se ha comprobado con la ingestión de tés (infusiones calientes). Estos efectos pueden observarse únicamente cuando se utilizan fracciones concentradas de champiñón del sol, cuando los principios activos se encuentran más fuertemente presentes.

“En fracciones solubles en oxalato de amonio (extracto ATF), los investigadores del área de inmunología observaron que los tumores cesaban de proliferar. No retrocedían, pero se detenían en un determinado punto”, informa. “Alrededor del 80% de los extractos concentrados (ATF) están compuestos por betaglucanas (polisacáridos), que muestran tener realmente un efecto controlador del tumor.

Augusto pone de relieve que las propagandas orientadas al consumidor se valen de resultados científicos obtenidos con extractos concentrados, lo que no corresponde a los productos que están a la venda en forma de pastillas, por ejemplo. “Pese a que el champiñón del sol es conocido desde hace bastante tiempo con este nombre, un empresario ha realizado un pedido de registro de la marca”, comenta Augusto. El caso recuerda el del copuazú, fruto típico de la región amazónica cuyo registro fue anulado en Japón (lea Pesquisa FAPESP nº 98).

Augusto recuerda que el champiñón del sol tiene efecto en la neutralización de radicales libres (moléculas ligadas a procesos celulares degenerativos) y funciona como un auxiliar importante en algunos tipos de tratamiento, como la quimioterapia, puesto que elimina en parte los efectos colaterales. Con relación a la radioterapia, las pruebas realizadas por el equipo coordinado por la profesora Alzira Teruio Yida-Satake, del Departamento de Dermatología y Radioterapia de la Facultad de Medicina de la Unesp de Botucatú demostraron que los tés de algunos linajes son modificadores de la radiorrespuesta. Si se los ingiere antes de la radiación, no interfieren en el tratamiento.

Con todo, ese mismo té administrado luego de la radiación torna al individuo resistente a la radioterapia. El efecto radioprotector también se ha observado con los jugos administrados tanto antes como después de la radiación. Por lo tanto, el tratamiento podrá no surtir el efecto deseado si al té se lo toma luego de la radiación y al jugo antes o después.

Cuando el proyecto temático se encontraba en su etapa final, Milena Costa Menezes, alumna de maestría dirigida por Carlos Antônio Caramori, de la Facultad de Medicina de la Unesp de Botucatú, empezó a evaluar la influencia de la suplementación dietética con champiñón del sol sobre la evolución del estado nutricional y del tratamiento de la hepatitis C en pacientes del ambulatorio universitario.

Durante seis meses, se suministró una mezcla de seis diferentes linajes a cinco portadores de la enfermedad en forma de polvo. En el marco del estudio se realizó un seguimiento de los pacientes al comienzo del tratamiento antiviral, sin el uso del hongo, y tras la administración del nuevo preparado. El grupo control recibió el mismo tratamiento antiviral. Los resultados apuntaron que el grupo experimental presentó una mejora en todos los efectos colaterales informados — en comparación con el grupo control — pasado el primer mes de tratamiento medicamentoso.

Temperaturas alternadas
La otra parte de la investigación, que se refiere a la tecnología de cultivo, también ha avanzado bastante. Antes de que se iniciara el proyecto, los productores que cultivaban el champiñón del sol empleaban la misma tecnología utilizada para producir el champiñón francés. No obstante, el hongo nativo de Brasil necesita una alternancia de temperaturas para fructificar (entre diez y 14 días de calor, seguidos de entre tres y cinco días de frío y luego nuevamente el mismo período de calor). Para arribar a tal conclusión se los reprodujo en invernaderos adaptados dentro de contenedores las condiciones del cultivo en el campo. Todas las variables fueron controladas mediante un programa de computadora desarrollado por los investigadores.

Para el A. blazei, al margen de la elección de linajes seleccionados, es necesario escoger el compuesto más propicio para el cultivo. Pasto, bagazo de caña, afrecho, estiércol y otros residuos agroindustriales son algunos de los sustratos que se utilizan para inocular la “semilla” del hongo. Durante esta fase, el mismo permanece en un ambiente húmedo, que se asemeja a una sala enmohecida, pero exhala un olor peculiar de almendra dulce.

La reproducción se efectúa con pequeños filamentos delgados (hifas) extraídos del sombrero del hongo. Inicialmente el A. blazei era cultivado únicamente en canteros a la intemperie en el campo, por tal motivo es que se volvió conocido como champiñón del sol. Pero, incluso al aire libre, se lo cultiva con una cobertura de pasto y en ausencia de luz. En el caso del shiitake, su cultivo se lleva a cabo en troncos de madera, un método antiguo y rústico, pero bastante utilizado debido a su bajo costo de inversión.

Los resultados de este proyecto temático sugieren que aún hay mucho campo de investigación para el shiitake y para el champiñón del sol, pero ya se han obtenido varias respuestas. La próxima etapa, acorde con los planos del profesor Augusto, consistirá en orientar el foco hacia los principios activos concentrados en los extractos y correlacionar la intensidad de los efectos medicinales a la época de cosecha, el sustrato y el clima.

El Proyecto
Hongos Comestibles y Medicinales: Tecnología de Cultivo, Caracterización Bioquímica y Efectos Protectores de los Hongos Agaricus blazei Murrill (champiñón del sol) y Lentinula edodes (Berk.) Pegler (shiitake)
Modalidad
Proyecto Temático
Coordinador
Augusto Ferreira da Eira – Unesp de Botucatú
Inversión
R$ 542.578,00 y US$ 261.003

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