Imprimir Republicar

Ciencia

Los primos de Luzia

Cráneos refuerzan la teoría de que pueblos de biología distinta colonizaron las Américas

WALTER NEVESCráneo hallado en el sitio de Sumidouro por Lund hace 160 años: rasgos similares a los de LuziaWALTER NEVES

La familia de Luzia no para de crecer. Luzia es el cráneo de una joven prehistórica rescatado en Pedro Leopoldo, localidad de los alrededores de Belo Horizonte, Minas Gerais, Brasil, hace 30 años, que actualmente figura como un de los más antiguos despojos de los colonizadores iniciales de las Américas. La última camada de vestigios humanos incorporados al clan corresponde a 31 cráneos hallados hace 160 años por el naturalista danés Peter Lund (1801-1880) en la caverna de Sumidouro, uno de los sitios arqueológicos de la región de Lagoa Santa (Minas Gerais), la tierra de Luzia. Los cráneos, bien preservados, se encuentran en el Museo de Zoología de la Universidad de Copenhague. Y fueron examinados personalmente por el bioarqueólogo Walter Neves, del Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo (IB/ USP). Y clasificados con la ayuda de un modelo computacional como pertenecientes a los paleoindios con rasgos similares a los de Luzia, cuya edad es de aproximadamente 11 mil años: nariz y órbitas oculares anchas, mejillas proyectadas hacia adelante y cabeza estrecha y alargada. “Con el material del Lund, tenemos ahora datos sobre las características físicas de 81 cráneos de Lagoa Santa, la mayor muestra de esqueletos antiguos de las Américas”, dice Neves, quien el 12 de diciembre de 2005 publicó un artículo sobre el tema en la edición electrónica de la revista científica estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Este conjunto de osamentas de la Prehistoria brasileña, compuesto por 42 hombres y 39 mujeres, con edades estimadas o datadas en entre 7.500 y 11 mil años, desafía la teoría más aceptada sobre los primeros habitantes del Nuevo Mundo. Los cráneos de la región de Minas Gerais apuntan que los primeros conquistadores de las Américas tenían al igual que Luzia facciones semejantes a las de los actuales aborígenes de Australia y negros de África, aunque sea imposible saber cuál era su color de piel, si era clara o era oscura. De cualquier manera, eran muy diferentes a los pueblos de origen asiático, con sus rasgos orientales (mongoloides), que normalmente son descritos por los antropólogos más tradicionalistas como los primeros humanos que pusieron sus pies en nuestro continente. Para catalogar estas ocho decenas de cráneos de la zona como semejantes en términos de constitución física a los habitantes actuales del Subsahara y de Oceanía, Neves, con la ayuda de varios modelos computacionales, comparó alrededor de 50 parámetros morfológicos de los esqueletos con las medidas típicas de los principales grupos étnicos que componen actualmente la población mundial.

Desde 1989, el investigador de la USP y sus colaboradores esgrimen la tesis de que las Américas fueron colonizadas por dos corrientes migratorias de cazadores y recolectores, ambas provenientes de Asia, probablemente por el estrecho de Bering, pero cada una de ellas compuesta por grupos biológicos distintos. La primera habría llegado hace 14 mil años, y sus miembros tendrían una apariencia similar a la de Luzia. Con todo, por razones que aún se ignoran, todos sus descendientes parecen haberse extinguido después de vivir acá durante algunos miles de años, no habiendo hoy en día un solo indio con rasgos similares a los de los antiguos habitantes de Lagoa Santa. El segundo grupo que ingresó en el Nuevo Mundo habría sido el de los pueblos mongoloides, hace aproximadamente unos 11 mil años, de los cuales descienden actualmente todas las tribus indígenas de las Américas.

La tesis de Neves es conocida como “Modelo de los dos componentes biológicos principales”. Neves, que desarrolla sus investigaciones con un financiamiento en el marco de un Proyecto Temático de la FAPESP, siempre recibió la acusación de sus críticos de basarse en una muestra reducida de cráneos. Sus detractores decían que el brasileño había  formulado una teoría de la colonización del continente basada en el análisis de un único cráneo, Luzia, cuyos rasgos físicos serían una aberración, una excepción, y no la regla entre los pueblos de la Prehistoria de las Américas. “Pero actualmente nuestra hipótesis se fundamenta en más de 80 cráneos de Lagoa Santa”, explica Mark Hubbe, alumno de doctorado de Neves y coautor del trabajo publicado en PNAS. “Es difícil que sigan ahora argumentando que nuestra muestra es tendenciosa.”

Pero, ¿los habitantes prehistóricos del vecindario de la capital de Minas Gerais no podrían ser fruto de condiciones geográficas específicas de esa región, habiendo forjado sus características físicas allí mismo, siendo en tal caso poco representativos de la constitución biológica de los primeros colonizadores que se instalaron en otras partes de las Américas? Neves considera esa hipótesis poco probable.

Más allá de las tierras de Minas Gerais
Para él, los rasgos físicos presentes en Luzia y sus contemporáneos deben haber surgido antes de que el Homo sapiens cruzase el estrecho de Bering, es decir, cuando el hombre todavía estaba del otro lado, en África y Asia. “Alteraciones en el formato del cráneo sólo se dan de manera significativa en razón de cambios ambientales extremos”, afirma el investigador. Pero hay un dato favorable a la teoría de que la población de Lagoa Santa no estaba confinada a esas tierras: antiguas osamentas humanas de edad y formas similares a las de los “parientes” de Luzia ya se han encontrado en otras partes del territorio nacional, como en São Paulo y en Bahía, e incluso en el exterior (Chile, Colombia, México e incluso en Estados Unidos).

Pese a las crecientes evidencias de que los pueblos mongoloides no fueron los únicos que colonizaron nuestro continente, y quizás ni siquiera hayan sido los primeros en cruzar Bering, algunas cuestiones referentes a la llegada del hombre al Nuevo Mundo siguen estando en abierto. Al margen de las líneas más conservadoras de la arqueología, en especial la estadounidense, que aboga a favor de la existencia de una sola oleada migratoria rumbo a América hace alrededor de 11.500 años, compuesta de cazadores de rasgos mongoloides, los datos de la biología molecular sobre la población inicial del Nuevo Mundo tampoco coinciden con las tesis de Neves. El análisis del ADN de las tribus actualmente presentes desde Alaska a la Patagonia sugieren que los primeros colonizadores llegaron acá hace entre 12 mil y 35 mil años, antes de lo que plantea la mayoría de los arqueólogos. En síntesis, y más allá de los recientes y significativos avances, la discusión relativa a la llegada del hombre a América sigue estando lejos de haber llegado a su fin.

El Proyecto
Orígenes y microevolución del hombre en América: un abordaje paleoantropológico
Modalidad
Proyecto Temático
Coordinador
Walter Neves – Instituto de Biociencias de la USP
Inversión
R$ 1.473.126,88 (FAPESP)

Republicar