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Energía

La reanudación de Angra III

El gobierno brasileño quiere ampliar la participación de la fuente nuclear en la matriz eléctrica brasileña

Luego más de 20 años, la opción nuclear vuelve a integrar los planes de expansión energética en Brasil. En las próximas reuniones del Consejo Nacional de Política Energética, integrado por siete ministros, representantes de los estados y de las universidades, muy probablemente entrará en pauta la propuesta de reanudación de las obras de Angra III. La nueva central, prevista en el Plan Decenal de Energía Eléctrica para el período 2006-2015, va a adicionar al sistema eléctrico nacional 1.350 megavatios (MW) más a partir de 2013.  El gobierno ha decidido ampliar la participación de la generación nuclear en la matriz energética brasileña. Sólo falta anunciarlo, sostuvo el ministro de la Ciencia y Tecnología, Sérgio Resende, durante la ceremonia de conmemoración de los 50 años de la creación de la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN), en noviembre del año pasado.

La aprobación de Angra III por el consejo es una decisión estratégica: señalizará la disposición del gobierno de retomar el programa nuclear brasileño ? interrumpido en la década de 1980 ? y dará respaldo al Plan Nacional de Energía 2030, elaborado por la Empresa de Investigación Energética (EPE), del Ministerio de Planificación, que prevé la construcción de cuatro centrales más en las regiones Nordeste y Sudeste, en los próximos 23 años, dependiendo del ritmo de crecimiento del país.  Otro estudio, coordinado por la CNEN a pedido de la Presidencia de la República, propone la construcción de seis nuevas centrales, con capacidad de generación de 1.000 MW cada una.

Diferente de los años 1970 cuando la opción nuclear se alineaba a la política nacionalista y de desarrollo de los gobiernos militares , la propuesta de ampliación de oferta de energía producida por la fuente nuclear representa una especie de salvaguarda para el desarrollo contra el riesgo de apagones: si, en un escenario optimista, Brasil crece a una tasa de 4,6% al año en las próximas dos décadas, será necesario cuadruplicar la capacidad de generación actual, prevé la EPE. En escenario más pesimista, del crecimiento medio anual de 3,3%, la oferta de energía eléctrica deberá ser mayor que el doble.

Para suplir esa demanda futura  algo alrededor de los 22 mil MW  el Plan Nacional de Energía 2030 prevé la construcción de nuevas hidroeléctricas  como las de Santo Antonio y Jirau, en el río Madeira, por ejemplo , de pequeñas centrales hidroeléctricas (PCH), centrales eólicas, además de centrales térmicas de gas, de carbón y nucleares. De acuerdo con ese planeamiento, la participación de la fuente nuclear en la matriz energética nacional saltaría de los actuales 2,1%  computados los 2.007 MW generados en las centrales de Angra 1 y Angra 2  para hasta 5,6%.

La fuente hídrica seguirá preponderante en la matriz eléctrica nacional, aunque su participación pueda caer de los actuales 75% para 70%, de acuerdo con la EPE, ya que el potencial aprovechable se desplaza para el Norte del país, quedando cada vez más próximo de áreas indígenas y de unidades de conservación, eso sin hablar del enorme impacto ambiental producido por las obras, rígidamente monitoreado por el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama).

La grilla de partida
La propuesta de la EPE de construcción de las cuatro nuevas centrales nucleares será sometida a la consulta pública a lo largo de los próximos meses, pero Angra 3 ya está en ?el bloque de arrancada, de acuerdo con Leonam dos Santos Guimarães, asesor de la presidencia de la Electronuclear, estatal que opera las centrales de Angra 1 y 2 y que será responsable de la conclusión de Angra 3. El proyecto, contratado en 1984, ha sido sistemáticamente renovado. Ya consumió 750 millones de dólares en equipamientos  vaso del reactor, generador de vapor y de presión, entre otros cuyo mantenimiento cuesta algo alrededor de los 20 millones de dólares por año. El presupuesto total para la conclusión del proyecto es de 7,2  mil millones de reales, con financiamiento internacional. El reactor y los sistemas de control serán suministrados por la francesa Areva, las obras de construcción civil quedarán a cargo de la Andrade Gutierrez y las de contención y de fabricación de componentes serán realizadas por otras empresas brasileñas. El índice de nacionalización de Angra 3 será de 54%, semejante al de Angra 2, dice Guimarães.

En la  evaluación de Odair Gonçalves, presidente de la CNEN, la aprobación de Angra 3 es el primer paso para la retomada de un programa nuclear amplio, que incluye desde la fabricación del  combustible hasta la producción de radiofármacos. Tenemos la sexta mayor reserva de uranio del mundo y podemos llegar a ser los segundos en el ranking mundial, ya que sólo 30% del  territorio fue prospectado y solamente a 100 metros de profundidad, afirma Gonçalves. El país cuenta hoy con una disponibilidad de 310 mil toneladas, lo suficiente para generar 8 mil MW para las próximas ocho décadas. El presidente de la CNEN calcula que hay todavía  800 mil toneladas de uranio no estimadas.

La disponibilidad de combustible permite que el estudio coordinado por la CNEN proyecte un escenario de auto suficiencia y contemple la posibilidad de exportación del yellow cake  un polvo amarillo que concentra el mineral de uranio. La exportación no sería un mercado en  sí. Las ventas externas serían temporarias y en cantidad fija, solamente para el financiamiento del programa, él destaca. Necesitamos saber claramente  cuál será  nuestra necesidad, y el volumen de las reservas estratégicas para, a partir de ahí, pensar en exportar.

Además de  materia prima, Brasil registra algún avance en la  tecnología de construcción de reactores y ya domina la tecnología del ciclo del combustible. Hoy el país es diferente de aquel que construyó Angra 1 y Angra 2, observa Cláudio Rodrigues, superintendente del Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares (Ipen). Las máquinas ultracentrífugas para el enriquecimiento de uranio instaladas en las Industrias Nucleares de Brasil (INB), en Resende, en Río de Janeiro, por ejemplo, fueron desarrolladas en el Centro Tecnológico de la Marina en São Paulo (CTMSP) en alianza con el Ipen. Tienen un desempeño competitivo semejante a equipamientos similares utilizados en la Unión Europea y Rusia.

La autosuficiencia tecnológica
Pero hay todavía un largo camino por recorrer  en dirección a la auto suficiencia tecnológica. La retomada de un programa nuclear es esencial. Pero es necesario separar las cuestiones inmediatas de un proyecto sostenible, corrige Ricardo Galvão, director del Centro Brasileño de Investigaciones Físicas (CBPF), vinculado al Ministerio de la Ciencia y Tecnología, que actúa en las áreas más avanzadas de la física nuclear, como la de alta energía y materiales.

El proyecto sostenible al que se refiere Galvão exigirá inversiones en investigación y desarrollo que aproximen al país del estado del arte de la tecnología nuclear de los países europeos, de Japón y de los Estados Unidos. El futuro, de acuerdo con Galvão, está en los reactores de cuarta generación, intrínsicamente seguros, como él dice, refrigerados por gas  y no por agua como los PWR de Angra 1, 2 y 3 , en los sistemas avanzados de generación de calor que utilizan haz luminoso de altísima energía para quemar, además del uranio, también el plutonio, reduciendo significativamente los desechos radioactivos. Ese sistema, conocido como ADS (Accelerator Driven Systems), ya es objeto de un esfuerzo intenso de investigaciones del CBPF y del Ipen.

La fisión nuclear  el proceso de división controlada de uranio 235, utilizada para la liberación de energía que calienta el agua y produce el vapor que da potencia a los generadores también puede estar con las décadas contadas: en la previsión del director del CBPF, hasta mediados de este siglo dará lugar a la fusión nuclear, que utiliza temperaturas altísimas, superiores a los 600 millones de grados Celsius, para fundir dos átomos considerados leves  deuterio y tritio, ambos isótopos del hidrogeno , para generar energía. Quien no domine esta tecnología estará afuera, alerta Galvão.

La factibilidad científica de esa técnica fue comprobada en la década de 1990, pero es muy difícil hacer la fusión nuclear en un laboratorio, destaca Galvão. Un pool de investigadores de la Unión Europea, Estados Unidos, Japón, Rusia, China, India y Corea del Sur estudian la construcción de un reactor termonuclear experimental internacional, que será instalado en Francia, país que tiene el 80% de la energía eléctrica producida a partir de una fuente nuclear.

Brasil ya se acreditó para, en el futuro, integrar ese selecto grupo, con la creación, en noviembre del año pasado, de la Red Nacional de Fusión (RNF). La red brasileña, coordinada por la CNEN, será formada por 15 instituciones de investigaciones y 70 científicos. Contará con un aporte inicial de recursos del orden del 1 millón de reales para el  financiamiento de proyectos. Será activada inmediatamente que sean indicados los miembros de su Consejo Técnico. Se no hubiésemos abandonado el programa nuclear estaríamos en una situación mucho mejor. La tecnología nuclear brasileña no produce efectos de arrastra en la industria nacional y aún hubo dispersión de inteligencia, lamenta Rodrigues, del Ipen.

Masa crítica
Si además de Angra III,  Brasil decidiera reactivar su programa nuclear, va a tener que invertir también en la formación de personal.  En las décadas de 1970 y 1980, en el auge del programa nuclear brasileño, las universidades públicas e institutos de investigaciones formaron recursos humanos para dar soporte al proyecto. A la época, llegamos a tener una centena de personas haciendo doctorado en el exterior, recuerda el superintendente del Ipen. Ese contingente de especialistas substituyó con competencia a los técnicos de la Westinghouse  empresa responsable de la construcción de Angra I  y los de la alemana KWU  subsidiaria de la Siemens, responsable de Angra II. Muchos integran los equipos de investigación de la CBPF, del Ipen, de la CNEN, entre otros institutos, o están en las universidades.

El problema es que sin un programa nuclear que amplíe el mercado la demanda por los cursos de física y de ingenierías nucleares cayó y los cuadros no han sido renovados. La edad promedio del personal del área nuclear es de 50 años. Si en diez años no hubiésemos tenido un programa de recomposición y de contratación, podemos desistir de cualquier proyecto mas ambicioso, reconoce el presidente de la CNEN. En el Ipen la edad media es aún mayor, entre 56 y 57 años. Hoy, de los 400 alumnos de nuestro curso de post-graduación, solamente el 30% está en el área de energía nuclear, afirma el superintendente del Ipen. Es necesario tener demanda para recuperar la inteligencia y participar de manera creciente en el programa nuclear.

Alejandro Szanto de Toledo, director del Instituto de Física de la Universidad de São Paulo (USP), también está seriamente preocupado con el futuro. ¿Cómo entrar de forma competitiva en un programa como ese si no formamos a jóvenes?, indaga.

Las preocupaciones de Toledo son todavía más amplias: él ya articula un gran encuentro con los investigadores y especialistas brasileños en el área nuclear, técnicos franceses y hasta representantes de la Agencia Internacional de Energía Atómica (Aiea) para, juntos, discutir los rumbos de un programa nacional que, además de un balance de tecnologías y de disponibilidad de recursos humanos, tenga en cuenta la cuestión del calentamiento global y de las opciones energéticas no contaminantes: las centrales nucleares producen 4 gramos de CO2 por kilowatt-hora (kWh), ante 446 gramos producidos por centrales de gas; 800 gramos por centrales de petróleo y 998 gramos emitidos por centrales de carbón.

El mundo va hacia la energía nuclear, dice Toledo, citando el ejemplo del Japón, China y la perspectiva de construcción de nuevas centrales también en los Estados Unidos.  Brasil, ha demostrado eficiencia en el programa de etanol y en la producción de combustible a partir de la biomasa, corre el riesgo de ser incompetente en la gestión nuclear. Existen opciones tecnológicas que están siendo desarrolladas en todo el mundo y que estarán listas en 10 a 20 años. ¿Vamos a comprar una caja prieta  o podremos optar? ¿Tendremos competencia para construir reactores de cuarta y quinta generación?. La reunión todavía no tiene fecha marcada, pero deberá tener lugar aún en este semestre.

Radiofármacos
La interrupción de las inversiones y de los intereses políticos en el programa nuclear brasileño en esas dos décadas no comprometió el desarrollo de la producción brasileña de radiofármacos, utilizados en   diagnósticos y en el tratamiento de enfermedades como el cáncer, por ejemplo. En ese período Brasil caminó bien. Tenemos tecnología para atender las demandas de la sociedad, dice el superintendente del Ipen, instituto que produce radioisótopos para uso médico en todo el país.

El dominio de la tecnología de producción, además de atender a la población, generó riquezas para el Estado. Los ingresos de la venta de radioisótopos es mayor  que el  presupuesto de costo y de las inversiones del Ipen, descontando la nómina de pago del personal. Pero el monopolio cobra su precio: esos ingresos van para el Tesoro, mientras que el Ipen sobrevive con el presupuesto. Si ese monopolio tuviera un modelo de gestión semejante al de la Petrobras, sería mucho mejor, expone Rodrigues. Permitiría, por ejemplo, que el instituto invirtiese en la modernización de sus productos que comienzan a ponerse desactualizados en relación a los países desarrollados. Hay fuertes inversiones en nuevas drogas que no conseguimos acompañar, dice. En los grandes centros ya se trabaja con material radioactivo a nivel de proteína que genera drogas eficaces para un determinado tumor. Se trata de un antígeno que ataca solamente la célula enferma, y no el órgano, explica Rodrigues. Si el país no invierte en el desarrollo de esa nueva tecnología, quien pagará el precio del atraso será el enfermo.

Las opciones energéticas
No hay, entonces, unanimidad con respecto a la retomada del programa nuclear en las universidades, institutos de investigación, ni en el gobierno federal. Para José Goldemberg, del Instituto de Energía Eléctrica de la USP y ex -secretario del Medio Ambiente de São Paulo, la fuente nuclear puede ser una alternativa para países como los Estados Unidos, Francia, Alemania, China o Japón, que utilizan intensamente el carbón y el petróleo para generar energía.  Ese argumento no vale para Brasil, afirma, defendiendo la utilización más intensa del potencial hídrico nacional.

Luiz Pingueli Rosa, coordinador del Programa de Planificación Energética de la Coppe, de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), no considera el debate sobre la retomada del programa nuclear un asunto prioritario. La prioridad son las hidroeléctricas, asociadas a otras opciones tecnológicas, dice.

Desde el  punto de vista del precio, la energía nuclear compite con la energía eólica y es más cara que la hidroeléctrica o la térmica de gas, calcula Ruy Góes, director de Calidad Ambiental del Ministerio del Medio Ambiente. La opción nuclear es para los países que no tienen otra alternativa. Recuerda que Alemania invirtió en la producción de energía eólica que, hoy, ya representa el 10% de su matriz energética.

Brasil, que en sus cálculos tiene un potencial para generar 143 gigawatts de energía eólica, utiliza solamente 1.100 MW generados en pequeños proyectos del Programa de Incentivo a las Fuentes Alternativas (Proinfra). El valor propuesto para la energía nuclear, de 138,14 reales por megawatt-hora (MWh) es actualmente menor que el de las  fuentes renovables. La tarifa media para la fuente eólica es la más cara, entre 180,18 reales y 204,50 reales el MWh. Estamos solamente comenzando. Si hay subsidio, el proyecto avanza, prevé Góes.

El problema de los desechos radioactivos
Los principales objetos de las críticas al uso nuclear para la generación de energía son la seguridad de las centrales y el destino de los desechos radioactivos. Nadie se olvide  del peor accidente nuclear de la historia, en 1986, cuando el reactor 4 de la central de Chernobyl, en Ucrania, explotó y esparció una nube de radioactividad por vastas regiones de la entonces Unión Soviética y  de Europa. Se estima  que entre 15 mil y 30 mil personas hayan muerto a consecuencia  del accidente y que cerca de 16 millones tengan secuelas. Nadie se olvida del accidente en el reactor de la unidad 2 de la central nuclear de Three Mile Island, Estados Unidos, en 1976, provocado por problemas en el equipamiento y error de operación. No hubo víctimas fatales en aquel momento, pero tampoco hay informaciones oficiales sobre el número de personas contaminadas por la radioactividad.

El riesgo de accidentes llevó a AIEA y todos los países que tienen centrales nucleares a que revieran las normas de seguridad y que incorporaran nuevos procedimientos y equipamientos, pero aplazó la construcción de nuevas centrales nucleares en los Estados Unidos y en países de Europa. El riesgo debe calcular la magnitud y la probabilidad. En el caso de las centrales nucleares, la probabilidad es baja, pero la magnitud es altísima, argumenta Ruy Góes, director de Calidad Ambiental del Ministerio de Medio Ambiente (MMA). Para él, y para la gran mayoría de los ambientalistas, no existe el cero riesgo.

Está además el problema de los desechos radioactivos que,  en rigor, tienen diferentes niveles de actividad. Los papeles, paños de limpieza, vestuarios, entre otros, utilizados en la central son clasificados como desechos de baja actividad. Son generalmente compactados para la reducción del volumen o incinerados antes de la disposición final. Las resinas iónicas, fangos químicos, revestimientos metálicos etc., de media actividad, son inmovilizados y, en la mayoría de las veces, enterrados a baja profundidad. En el caso de Angra 1 y Angra 2, esos desechos están guardados en un área reservada, dentro de la propia central. El destino de los desechos de baja y media actividad es problema resuelto, dice el asesor de la presidencia de la Electronuclear. Las sugerencias  del grupo coordinado por la CNEN para la retomada del programa nuclear incluyen la construcción de un depósito nacional para desechos definitivo, próximo al área de las dos centrales. Ya los desechos de alta actividad, que resultantes del tratamiento químico del combustible ya irradiado que es descargado del reactor después de producir energía, son altamente radioactivos. Tienen actividad de larga vida, generan cantidades considerables de calor y necesitan ser enfriados por 20 a 50 años  período que coincide con el tiempo de vida útil de la propia central  antes de la disposición final. En el caso de Angra I y Angra II, esos desechos son mantenidos encapsulados dentro de piscinas con 15 metros de profundidad, en el interior de la propia central.

Francia, Alemania y Suiza reprocesan esos residuos para reducir al máximo  su actividad. Otros países están desarrollando tecnologías para disponer esos residuos en depósitos subterráneos de 200 a mil metros de profundidad, en formaciones geológicas milenariamente estables, como las de Yuka Montain, en Nevada, en Estados Unidos. Ya existen depósitos subterráneos semejantes en Finlandia y en Suecia, cuenta el asesor de la Electronuclear. Pero lo que parece ser una solución tecnológica factible para la energía nuclear es el anuncio del final de los tiempos para los ambientalistas. La actividad de esos residuos puede resistir por millones de años. La vida media del plutonio, por ejemplo, es de 25 mil años. Se trata de una orden de tiempo mayor que la historia de la humanidad. ¿Será que vale la pena?, indaga el director de Calidad Ambiental del MMA.

Más empleo en Angra dos Reis
La retomada de las obras de Angra III será bien recibida por la gran mayoría de los 140 mil habitantes de Angra dos Reis, litoral del estado de Río de Janeiro, según afirma José Carlos Lucas Costa, gerente de Respuestas a la Emergencia de la municipalidad local. Convivimos con el problema del desempleo y la nueva central va a utilizar mano de obra local en la fase de construcción y absorber trabajadores calificados cuando estemos en operación, dice. La población convive con el riesgo, pero no tiene más miedo, él afirma. La confiabilidad creció después de varias campañas educativas en las escuelas y comunidad que incluyen visitas al complejo nuclear. Hoy todos saben que la energía de Angra es necesaria para evitar apagones y es limpia.

La Alcaldía, con asesoría de la CNEN, promueve entrenamientos anuales de retirada de la población de las áreas de riesgo en caso de accidentes. Trabajamos con tres niveles de emergencia establecidos por la Aiea, explica Costa. En el primer nivel, el de Eventos No Usuales, la población residente en un radio de 3 kilómetros es trasladada para el barrio del Frade. En el  segundo nivel, de Emergencia General, el radio de movilización es de 5 kilómetros. En el  tercer nivel, de Emergencia General con Agravantes en el caso del rompimiento del núcleo del reactor, él explica, el área de protección se traslada del Frade para el centro de la ciudad.

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