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Memoria

En la propia piel

Hace 106 años, Emílio Ribas y Adolpho Lutz comprobaban la transmisión de la fiebre amarilla debido a las picaduras de mosquitos

Al final de 1901 el presidente del estado de São Paulo, Rodrigues Alves, autorizó al Servicio Sanitario a reproducir un polémico experimento médico realizado en Cuba. En la época, la isla entonces dominada por Estados Unidos era acometida por una grave epidemia de fiebre amarilla con alta mortalidad. Las obras de saneamiento no surtían el efecto esperado y la enfermedad resistía a su erradicación. La voz corriente de la medicina creía que la infección era causada por microorganismos presentes en mohos y aires contaminados por otros enfermos. Sin embargo, el médico cubano Carlos Finlay defendía desde 1881  la teoría de la transmisión a través del mosquito Stegomyia fasciata (rebautizado Aedes aegypti en 1926), pero nunca lo habían tomado en serio en el seno de la comunidad científica internacional. Hasta que en 1900, una comisión de salubristas del Ejército estadounidense, al mando del bacteriólogo Walter Reed, fue enviada a Cuba, y ante la ineficacia de los métodos tradicionales, decidió poner a prueba la hipótesis de Finlay. Al cerciorarse de que la tesis estaba en lo cierto, el S. fasciata comenzó a ser combatido en toda la isla. En seis meses la epidemia estaba bajo control.

Brasil también sufría con epidemias de fiebre amarilla. El médico Emílio Marcondes Ribas (1862-1925), director del Servicio Sanitario paulista desde 1898, era un lector atento de las novedades internacionales. A diferencia de Adolpho Lutz y Oswaldo Cruz, que pasaron temporadas de estudios en el exterior, Ribas fue un clínico que realizó toda su formación académica en Brasil, pero siempre se correspondió con autoridades sanitarias de afuera?, comenta Marta de Almeida, investigadora de historia de la ciencia del Museo de Astronomía y Ciencias Afines (Mast). La epidemia no llegó a la ciudad de São Paulo, pero algunas regiones importantes del estado como Santos y Campinas no se le escaparon. En Río de Janeiro, en ese entonces capital de la República, la infección constituía un grave problema de salud. Entre 1850 y 1902 se registraron 58.063 muertes solamente en la parte urbana del municipio.

Ribas era un defensor de la tesis de Finlay y combatía a la sazón el S. fasciata en el estado, dice Marta. Pero sufría la oposición de parte de un sector de los médicos, quienes no creían en esa forma de transmisión. Cuando se enteró del caso cubano, creyó que podría repetir en São Paulo lo que se había hecho en La Habana como un modo de tomar parte efectivamente en las investigaciones sobre la fiebre amarilla. Autorizado por el gobierno, realizó la primera etapa de los experimentos entre el 15 de diciembre de 1902 y el 20 de enero de 1903. Junto a Lutz, director del Instituto Bacteriológico, se dejó picar durante cinco sesiones por mosquitos infectados con un caso benigno. Otros cuatro voluntarios hicieron lo propio (Oscar Moreira, Domingos Pereira Vaz, André Ramos y Januario Fiori). Los tres primeros no presentaron síntomas, probablemente por estar inmunizados frecuentaban regiones en las cuales la enfermedad era endémica. Pero Vaz, Ramos y Fiori se enfermaron.

En abril de 1903 se llevó a cabo la segunda etapa de experimentos. El grupo control, con tres voluntarios italianos, permaneció encerrado durante 20 días en cuartos protegidos contra mosquitos, llenos de ropas y objetos sucios de orina, vómito y excrementos de enfermos de la fiebre. Ninguno se enfermó. Los trabajos contaron con un seguimiento a cargo de una comisión médica que respaldó el resultado. Ambos experimentos ocurrieron en el Hospital de aislamiento de São Paulo, a lado del Instituto de Bacteriología (actual Instituto Adolpho Lutz). Posteriormente, el antiguo hospital dio origen al Instituto de Infectología Emílio Ribas.

Los experimentos de Cuba y de São Paulo suministraron la base para la realización de campañas profilácticas en el país que tuvieron gran éxito. En 1936, los estadounidenses Max Theiler y Henry Smith desarrollaron una vacuna eficaz con base en una cepa del virus atenuado, y desde 1942 no se registran casos de transmisión en áreas urbanas. Todos los casos dados a conocer recientemente se detectaron en zonas silvestres.

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