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Carta de la editora | 201

Maravillosas historias de portugueses

Disfruto del especial privilegio de contar con algunos queridos amigos y amigas, en la franja entre los 30 y los 90 años, de múltiples formaciones culturales y profesionales, con quienes inmediatamente puedo intercambiar ideas cuando un asunto me fascina o, mejor aún, literalmente me entusiasma. Digo esto a propósito del tema del reportaje de tapa de la presente edición de Pesquisa FAPESP, un gran proyecto de investigación sobre las dimensiones del Imperio Portugués, iniciado en 2004, bajo la coordinación de la historiadora Laura de Mello e Souza. Tan pronto como empecé a leer la versión final del texto elaborado por nuestro editor de humanidades, Carlos Haag, me encontré pensando en cuánto los relatos de la historia real pueden atraparnos con la misma fascinación con la cual, primeramente, oímos maravillosas historias de hadas y brujas, gnomos y elfos, príncipes encantados y reyes sanguinarios. Y, más adelante, nos entregamos, por ejemplo, a la extraordinaria experiencia estética –por no mencionar otras dimensiones– que representa leer Crimen y castigo o al desconcertante viaje que propone En busca del tiempo perdido, a quien no desiste de su lectura. Ficticias o reales, las grandes historias convergen en ese poder de deslumbrar y atrapar nuestra atención por la magia de la narración. Pero al avanzar en la lectura del reportaje, éste me condujo a pensar en otro asunto, más ceñido al campo de la historia de Brasil, constituido por las discusiones tan frecuentes en mi generación, al respecto de cuánto que las heridas de nuestro país derivaban del origen portugués en la formación de la nación brasileña. Y ahí entró en escena mi viejo hábito de no postergar la escucha de los amigos en medio de las excitantes conjeturas que se me suscitan.

Quería saber si para otras generaciones era común un gratuito ejercicio de imaginación sobre la posible superioridad de nuestro país en el caso de que hubiese sido colonizado por los franceses, fracasados en sus incursiones por la vasta colonia lusitana del Atlántico Sur, por los holandeses, que incluso se establecieron en el nordeste durante un cierto tiempo, o, mejor aún, por los ingleses, quienes francamente prefirieron mantenerse más al norte. Y sí, era así, concluyeron los consultados, situados en un gradiente que, a partir de mi propia generación, se extiende 30 años por delante y 30 años hacia atrás. Y en la buena prosa que la era de internet tanto amenaza, me propusieron una infinidad de otras inquietudes derivadas de ese menosprecio a los portugueses que largamente cultivamos, fruto en parte de un resentimiento poscolonial (tan bien expresado popularmente en los chistes de portugueses), y al cual Laura de Mello e Souza hace referencia. Acabé cada una de esas charlas recomendándoles a mis amigos que no dejaran de leer el reportaje que comienza en la página 18, una sugerencia que extiendo aquí a todos nuestros lectores. Y para avalarla, cito este breve y delicioso aperitivo del texto que procura expresar qué conocimientos nuevos efectivamente ha producido el proyecto sobre las dimensiones del Imperio Portugués: “No se trata ni de la visión de un ‘imperio controlador’, ni del ‘imperio incapaz de controlar’, sino de un imperio que, conocedor de la inmensidad oceánica que separaba sus partes, comprendió la necesidad de mantener relaciones con periferias relativamente autónomas, conectadas con la metrópoli por lazos holgados. Sin que, sin embargo, Lisboa dejara de ser el centro desde donde emanaba el poder. La distancia entre el rey y los súbditos, que podría erigirse en un problema, resurge ahora como una ‘virtud’ de gobierno”.

Coincidente en grado sumo, el reportaje que abre la sección de ciencia de esta edición centra su mirada en el sitio donde comenzó la acción colonizadora de los portugueses en este territorio que se convertiría en Brasil: Baía de Todos os Santos. Y lo hace para referirse a un programa de investigaciones de fuste, que intenta producir conocimiento multidisciplinario en ese lugar, comenzando por una dimensión ambiental, esto es, el mapeo de las fuentes de contaminación que la afectan y de las corrientes marinas que la atraviesan. Ahí mismo es donde se encuentran los primeros resultados de las investigaciones, abordados, a partir de la página 44, en el texto de nuestro editor de ciencia, Ricardo Zorzetto, quien viajó hasta Bahía para observarlos in situ. Pero las ambiciones del programa son mucho más amplias que lo que palpable hasta ahora, e incluyen estudios geológicos, antropológicos e históricos, por citar los más importantes.

Para salir un poco de lo habitual, destacaré en la presente edición el excelente texto del profesor Ismail Xavier, en la sección de arte, sobre Paulo Emilio Salles Gomes, una figura clave de las reflexiones sobre el cine brasileño e incluso del propio cine internacional (página 88). ¡Buena lectura!

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