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ECOLOGÍA

Redescubriendo una selva

La construcción del anillo metropolitano impulsa expediciones científicas a Serra da Cantareira, en el Gran São Paulo

El comienzo de una carretera: la vegetación nativa que será removida en una de las obras del tramo norte del anillo metropolitano

Eduardo CesarEl comienzo de una carretera: la vegetación nativa que será removida en una de las obras del tramo norte del anillo metropolitanoEduardo Cesar

Al comienzo del mes de febrero, en una de las expediciones semanales que realizan los investigadores del Instituto de Botánica a las áreas que serán atravesadas por el tramo norte del anillo metropolitano ‒la autopista de 180 kilómetros (km) de extensión que se encuentra en fase final de construcción alrededor del Gran São Paulo‒, la botánica Cintia Kameyama reconoce y recolecta especies de plantas probablemente raras de la sabana brasileña que crecen en un campo aledaño a una chacra ubicada a seis kilómetros del aeropuerto de Guarulhos. “La carretera pasará por aquí y esta área de bosque va a desaparecer”, comenta ella, mientras separa las plantas recogidas. “El último túnel del anillo metropolitano comienza ahí”, dice el botánico Paulo Ortiz, señalando hacia un cerro cubierto de árboles, entre los cuales se destacan las flores coloridas de los árboles de la gloria.

Inmediatamente después, Regina Shirasuna regresa de una caminata hasta un conglomerado de árboles trayendo consigo una pala y varias bolsas que tan sólo cubren las raíz de las plantas que recogió: “Voy a trasplantarlas hoy mismo”. En seis meses de trabajo, los equipos de rescate han recogido unas 200 plantas y se las llevaron para cultivarlas en el instituto. Entre las 20 áreas visitadas, algunas se usaban para arrojar cadáveres o encuentros de grupos religiosos, que se congregaban en los claros del bosque para cantar alto y, cuando los investigadores pasaban, los saludaban con un “¡paz, hermano!”. El trabajo de campo se intensificó en abril, cuando otros grupos de botánicos comenzaron a recolectar bromelias y otras plantas raras colgando de los árboles del monte que será talado a orillas de Serra da Cantareira, la mayor sierra selvática urbana del país, con 30 kilómetros de extensión, en buena parte ocupada ya por barrios populares y condominios lujosos, en la zona norte de São Paulo y municipios vecinos.

Simultáneamente, biólogos y veterinarios ingresaron a la selva para cortar la vegetación más baja y provocar gran alboroto para rescatar crías y espantar hacia lo alto de la sierra a los que pudieran huir. Trabajaban con prisa: enseguida llegarían las topadoras para arrasar con la vegetación nativa en las áreas que serán ocupadas por los carriles del tramo norte de la autopista de circunvalación, que tendrá 44 km de extensión, buena parte de la misma en Guarulhos. En tres años, cuando esté listo, ese tramo completará el anillo vial por donde se desviarán los camiones que arriban desde otras regiones del país y hoy deben pasar por las avenidas marginales, entorpeciendo el tránsito de los residentes en el Gran São Paulo.

Como consecuencia de las exigencias ambientales, impensables hasta hace pocas décadas, cuando las autopistas se imponían sin reparos sobre las selvas del país, probablemente nunca antes se contemplaron tantos cuidados para la construcción de un camino, donde hasta los ingenieros tuvieron que resignar su autonomía y trabajar codo a codo con los investigadores de los institutos de Botánica y Forestal. Para complicar las cosas, la carretera pasaría por barrios densamente poblados de São Paulo y Guarulhos y cerca del Parque Estadual de Cantareira, un área de preservación de remanentes del bosque atlántico. Con sus 80 km2, el parque abarca cuatro municipios ‒São Paulo, Mairiporã, Caieiras y Guarulhos‒ y cobija un 25% del área original y al menos un 60% de la cobertura vegetal de la sierra, además de proteger las cabeceras que proveen agua a los habitantes de la metrópolis desde finales del siglo XIX.

Desde que comenzó a planificarse, hace 10 años, el trazado del tramo norte experimentó transformaciones radicales con el objetivo de reducir los impactos ambientales. Una de las propuestas apuntaba a pasar por el norte de Serra da Cantareira, no por el sur, como en el trayecto aprobado. “Analizamos decenas de posibilidades de trazados, interactuando con las alcaldías y secretarías de medio ambiente de los municipios que serían afectados”, dice Carlos Henrique Aranha, director de Prime Engenharia, una empresa de control ambiental contratada por Desenvolvimento Rodoviário S.A. (Dersa), la empresa pública encargada de la construcción del tramo norte.

La ciudad y la sierra: el Núcleo Cabuçu y la continuidad de selvas protegidas por el parque

Francisco Vilela/ IFLa ciudad y la sierra: el Núcleo Cabuçu y la continuidad de selvas protegidas por el parqueFrancisco Vilela/ IF

El trazado final es el resultado de muchas negociaciones, no sólo entre los organismos del gobierno. Las protestas y las presiones de los habitantes de la región norte de la capital y de los municipios que serán afectados por las obras devinieron en varios ajustes: la carretera esquiva una cancha de tenis, un tanque de agua que había sido recién construido cuando se anunció la obra, un condominio de lujo y un palo borracho con 15 metros de altura repleto de bromelias. Pero ocupará el terreno de la escuela en una avenida de tierra en los suburbios de Guarulhos, que deberá ser reconstruida en otro sitio. Nadie dice que el trazado de la carretera ‒cuya construcción tendrá un costo aproximado de 6.500 millones de reales‒ sea perfecto, pero “lo de hace 10 años era más impactante”, dice Geraldo Franco, investigador del Instituto Forestal. “La obra ya ha sufrido un bloqueo por causa de la oposición de ONGs y organismos ambientales del gobierno que analizaron los informes de impacto principalmente al respecto de Serra da Cantareira”, comenta Franco. La autopista que comenzó a construirse cortará el parque por medio de túneles.

Para reponer lo que se tala
Para mitigar el impacto de la obra, la regla es simple: reponer lo que deba removerse. Dersa anunció que garantizará indemnizaciones o nuevas viviendas para las 3.490 familias afectadas por la obra. También existe una gran preocupación por la fauna ‒que incluye a unos mil perros y 800 gatos propiedad de los residentes‒ y por la flora. “Probablemente recogeremos menos que en el tramo sur, puesto que los animales tendrán dónde huir”, dijo el veterinario Plínio Aiub, coordinador del grupo de empresas encargadas de ahuyentar o recuperar la fauna, en el marco de una reunión de planificación realizada al comienzo de febrero en Dersa.

Al frente de las topadoras: corte de la selva baja y rescate de plantas y animales; bromelias y orquídeas recogidas y preservadas en viveros; y rana arborícola de una de las áreas de la futura carretera

Francisco Vilela/ IF Al frente de las topadoras: corte de la selva baja y rescate de plantas y animales; bromelias y orquídeas recogidas y preservadas en viveros; y rana arborícola de una de las áreas de la futura carreteraFrancisco Vilela/ IF

En la región por la que pasará la carretera, de acuerdo con inventarios previos, habitan 234 especies de aves, 49 de reptiles y 65 de mamíferos, entre los que se incluyen monos aulladores, perezosos, venados, mofetas y erizos. Se analiza la construcción de túneles y corredores con cuerdas entre los árboles en las rutas que cortan la sierra para evitar atropellamientos y facilitar el paso de los animales. “¿Funcionará? Hay que probarlo para saber”, dice el ecólogo Márcio Port-Carvalho, del Instituto Forestal. La vegetación nativa que deba cortarse tendrá que reponerse: se trata de la reforestación compensatoria, tal como ya se hizo en el tramo sur, inaugurado en 2010, y se adoptará también para el tramo este, que ya se está construyendo.

En 2007, como condición para la aprobación del proyecto de construcción del segmento sur, los organismos ambientales estaduales y federales determinaron que Dersa replantara 1.016 hectáreas de selva (cada hectárea equivale a 10 mil metros cuadrados), en zonas cercanas a la futura autopista, para compensar la pérdida de 200 hectáreas del bosque atlántico que circunda al Gran São Paulo. Hasta enero de 2012, en un tercio de las 147 áreas plantadas, la mayoría de los árboles había muerto o no había crecido tal como se esperaba, debido a inundaciones, incendios intencionales, heladas, invasión de ganado y oposición de los vecinos residentes (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 191).

Ahora está prevista la reposición de unas mil hectáreas en zonas cercanas que aún están siendo delimitadas. Un problema al cual los expertos aún no le han encontrado solución consiste en cómo reponer las áreas de sabana inesperadamente identificadas en los municipios de Guarulhos y Arujá, que ahora se consideran valiosas porque representan un tipo de vegetación eliminada con el crecimiento de las ciudades y con obras tales como el aeropuerto de Guarulhos. Se contempla reaprovechar el suelo que deba ser extraído en las nuevas áreas, pero no existen garantías de que tal estrategia funcione, pues hasta ahora los biólogos, agrónomos e ingenieros forestales no han logrado mantener de manera satisfactoria las plantas de la sabana fuera de las áreas donde crecen naturalmente.

“Los estudios al respecto de la producción de plántulas de especies de la sabana aún son incipientes”, recuerda Franco. La movilización de personas y máquinas involucradas en la construcción del tramo norte está aumentando la visibilidad de la sierra cubierta por bosque atlántico, lo cual ayuda a los habitantes de São Paulo a orientarse geográficamente, aunque todavía es poco conocida. Cada año, 90 mil residentes de la ciudad visitan el Parque de Cantareira (abierto solamente los fines de semana), a 20 kilómetros del centro de la ciudad, desde donde puede observarse una magnífica vista de la metrópolis, a mil metros de altura. No es tanto si se lo compara con el Parque do Ibirapuera, que recibe 70 mil visitantes tan sólo durante un sábado con buen tiempo. Así como los visitantes, los estudios relativos a los animales y a las plantas del Parque de Cantareira no son abundantes. “Todavía hay muchas especies de árboles, entre ellas dos del género Cinnamomum, que esperan su descripción”, dice João Batista Baitello, biólogo del Instituto Forestal.

En 2010, su colega Frederico Arzolla presentó 101 especies de arbustos y árboles que crecen en claros que se habían abierto para la instalación de torres de transmisión de energía eléctrica, y en 2011, otras 179 especies de árboles halladas en 11 kilómetros de sendas en el interior del parque. Desde el comienzo del siglo pasado, los estudios se concentran en las áreas mejor conservadas del parque, tales como el Pinheirinho, que Baitello visitó por primera vez ni bien lo contrató el instituto, en 1976.

Ayer y hoy: una foto de la década de 1940 donde se observa un pau-furado, un árbol de hasta 40 metros de altura (con delantal, el anatomista Calvino Mainieri) y una de las carreteras que atraviesan la sierra

Acervo J.B. Baitello/ IFAyer y hoy: una foto de la década de 1940 donde se observa un pau-furado, un árbol de hasta 40 metros de altura (con delantal, el anatomista Calvino Mainieri) y una de las carreteras que atraviesan la sierraAcervo J.B. Baitello/ IF

Seis años después, Osny Tadeu de Aguiar y él presentaron el primer estudio amplio de esa región, con 189 especies de árboles, entre ellas algunas majestuosas, tales como el cedro-faia [Roupala brasiliensis], el guatambú [Balfourodendron riedelianum], la canela-preta [Ocotea catharinensis], el jequitibá-branco [Cariniana estrellensis], el pau-terra [Qualea grandiflora] y el pau-furado, la mayor de todas, con hasta 40 metros de altura y 3 de diámetro. El parque alberga 678 especies de árboles y 866 de animales ya descritas, de acuerdo con el plan de manejo, el inventario más completo elaborado hasta ahora. Ese trabajo, al que puede accederse en el sitio web del Instituto Forestal, también presenta áreas prioritarias que deberían estudiarse mejor.

La diversidad biológica se debe a la combinación de dos tipos distintos de bosque atlántico, el umbrófilo denso de montaña, hallado en las sierras, y el semideciduo, con árboles que pierden parte de sus hojas durante las épocas más secas del año, y a la diferencia de altura que varía entre los 775 y 1.200 metros. Según Alexsander Antunes, experto en aves del Instituto Forestal, la época de fructificación de una misma especie puede variar de acuerdo con la altura: el palmito dulce [Euterpe edulis], por ejemplo, fructifica entre abril y junio en las regiones más bajas y al final del año en las más altas, proporcionando de ese modo frutos para los campaneros [Procnias] y zorzales [Turdus rufiventris] a lo largo de todo el año.

Una selva con historia
La Cantareira está muy unida a la historia de la capital paulista. “Muy probablemente los árboles utilizados para construir las vigas sobre las paredes de tapia del Pátio do Colégio, construido en el siglo XVI, provenían de Serra da Cantareira”, dice Baitello, quien a continuación muestra una placa de canela-preta con al menos 460 años de antigüedad, que un residente de la ciudad, José Nunes de Vilhena, le regaló a don Bento José Pickel, el sacerdote benedictino curador del herbario del entonces denominado Servicio Forestal, que más tarde sería el Instituto Forestal. Como los hacendados buscaban más tierras para plantar café, té o caña de azúcar, el desmonte en la sierra aumentó bastante hasta finales del siglo XIX, cuando el gobierno estadual resolvió intervenir, expropiando haciendas para proteger las cabeceras de ríos o riachos que abastecían a la ciudad.

A propósito, el nombre Cantareira proviene de la palabra cántaro, donde los moradores y viajeros guardaban el agua. “La conservación ambiental en el estado de São Paulo comenzó aquí, incluso antes de crearse el concepto de parque o reserva”, dice Arzolla. El parque nacional más antiguo de Brasil, el de Itatiaia, fue creado en 1937. La creación del Servicio Forestal en 1911 y de la Guardia Forestal un año después, aseguró la preservación de la selva y de buena parte de los animales que la habitaban. Ya no se avistaban yaguaretés ni pecaríes, como consecuencia de la fragmentación de la selva y de la caza intensiva, pero el parque y las áreas cercanas albergan una de las mayores poblaciones de carayás (Alouatta clamitans) del país. “Aquí viven centenares de carayás”, dice Port-Carvalho, quien está finalizando una estimación de la población de esos animales. Entre las cuatro especies de primates nativos halladas actualmente en la Serra da Cantareira, la única bajo amenaza de extinción es el tití de orejas blancas (Callithrix aurita).

Una de las mayores amenazas radica en el cruzamiento con otras especies de tití que no habitan en la sierra, tales como el mico estrella (Callithrix penicillata). “La semana pasada, por primera vez, observé a un C. aurita socializándose con un grupo de C. penicillata en un área aledaña a Cantareira”, relata Port-Carvalho. “Entre los parques del bosque atlántico, en éste resulta más fácil observar animales, tanto monos como aves”, dice Antunes, quien reside en un condominio ubicado a dos kilómetros del parque en cuyo jardín habitan carayás, tucanes y otras 80 especies de aves. Desde 2005 ha identificado en el parque 250 especies de aves, incluyendo algunas que aún no se han visto en la ciudad de São Paulo, tales como el busardo coliblanco, el carpintero grande y el ibis escarlata. Los macucos o tinamús, ya raros en el estado de São Paulo, pueden avistarse en el parque “con relativa facilidad”, dice Port-Carvalho. “Cuando se llega a lo alto de la sierra en un día húmedo, con la neblina levantándose, pueden observarse puntitos amarillos moviéndose por el suelo”, relata Gláucia Cortez, bióloga del Instituto Forestal. Los puntos amarillos son los sapitos gota de oro (Brachycephalus nodotergak). No se sabe cómo reaccionarán las plantas y los animales ante la reducción de la selva, las obras y luego, con la carretera. “Los impactos negativos para algunos grupos de animales pueden aparecer sólo después de varios años, por eso es importante realizar un monitoreo a largo plazo”, advierte Port-Carvalho. Los que están planificando, construyendo o controlando la nueva carretera se encuentran en alerta. “Nos vigilarán todo el tiempo”, dijo un ingeniero de Dersa. Ellos temen que los residentes de los condominios cercanos a la obra fotografíen y divulguen por internet cualquier irregularidad, ni bien la noten. A mediados de abril, Plínio Aiub y su equipo ya habían hallado ‒y trasladado hacia regiones más seguras de la selva‒ serpientes y arañas, además de haber observado grupos de monos capuchinos que aparecían para espiar. “Nos llamaron para rescatar a una cascabel y encontramos una Phyllomedusa, un género de rana arborícola que normalmente habita en áreas bajas y húmedas, pero se encontraba en una región alta y seca”, dice. “En el tramo sur, capturamos animales hasta el último día de la obra. Ellos tienden a regresar a donde estaban antes”.

Artículos científicos
ARZOLLA, F.A.R.D.P. et al. Composição florística e a conservação de florestas secundárias na serra da Cantareira, São Paulo, Brasil. Revista do Instituto Florestal. v. 23, n. 1, p. 149-71, 2011.
BAITELLO, J.B. et al. Estrutura fitossociológica da vegetação arbórea da serra da Cantareira – Núcleo Pinheirinho. Revista do Instituto Florestal. v. 5, n. 2, p. 133-61, 1993.
LEONEL, C. (Org.). Parque Estadual da Cantareira: Plano de manejo. 1ª ed. São Paulo: Fundação Florestal, 2009 (livro eletrônico).

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