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CIENCIA POLÍTICA 

La movilidad de los movimientos sociales

El análisis de las redes de organizaciones de la sociedad civil contraria la tesis de la “oenegización”

Ilustración Nara IsodaLos movimientos sociales desempeñaron roles activos en los procesos de democratización ocurridos en Latinoamérica durante últimas décadas del siglo XX. Desde aquel tiempo hasta los días actuales, muchos de ellos pasaron por una evolución ampliamente registrada en la literatura de las ciencias sociales, especialmente en aquélla dedicada al estudio de la sociedad civil en la región. Un aspecto casi consensual entre los investigadores del sector señala que a partir de la década de 1990 se registró una renovación de la sociedad civil, que transcurrió al modo de una sustitución, esto es: ciertos actores tomaron el lugar de otros. Esto habría culminado, precisamente desde los años 1990, en una preponderancia de las organizaciones no gubernamentales (ONGs), en un desplazamiento que se volvió conocido entre los que estudian dichos fenómenos como “oenegización” de los movimientos sociales.

En resumen, los movimientos populares, integrados por los propios interesados en las demandas de cambio, habrían cedido espacio a las organizaciones que también bregan por cambios, pero en nombre de grupos que no son sus miembros constituyentes (una actividad denominada advocacy en las ciencias sociales). Estas acciones habrían traído aparejada una despolitización de la sociedad civil.

Sin embargo, el politólogo Adrián Gurza Lavalle, de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP), investigador del Centro de Estudios de la Metrópolis (CEM), lleva adelante estudios que contradicen la tesis de la “oenegización”. Un mapeo de las organizaciones en dos de los mayores conglomerados urbanos de América Latina, São Paulo y Ciudad de México, que configuran las “ecologías organizacionales” de las ciudades de la región, demostró que las ONGs conquistaron y mantuvieron su protagonismo, pero los movimientos sociales también se encuentran en una posición de centralidad, pese a las predicciones contrarias. “Nuestras investigaciones contrarían los diagnósticos escépticos, que muestran a una sociedad civil de organizaciones orientadas fundamentalmente hacia la prestación de servicios y a trabajar con temas públicos de manera desarraigada y escasamente volcada hacia la población de bajos ingresos”, dice Gurza Lavalle, quien también es investigador del Centro Brasileño de Análisis y Planificación (Cebrap). “Es más: muestran que la sociedad civil se ha modernizado, se ha diversificado y se ha especializado funcionalmente, con lo cual las ecologías organizacionales de la región se han vuelto más complejas, sin que dicha complejidad implique la sustitución de un tipo de actor por otro.”

Ilustración Nara IsodaEstas conclusiones provienen de una secuencia de estudios que Gurza Lavalle encabezó en los últimos años. Los más recientes los desarrolló en coautoría con Natália Bueno en el CEM, uno de los 17 Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) financiados por la FAPESP. El trabajo cuenta a su vez, en carácter de investigadores invitados, con Ernesto Isunza Vera (del Centro de Estudios Superiores en Antropología Social de Xalapa, México) y Elisa Reis (de la Universidad Federal de Río de Janeiro). Y se enfoca en el rol de las organizaciones civiles y en la composición de las ecologías organizacionales en las sociedades civiles de diversas ciudades de México y Brasil.

Lo que el politólogo presenta en sus estudios de red puede constituir un aporte para que los tomadores de decisiones conozcan mejor la heterogeneidad de las organizaciones civiles. “Existen implicaciones claras para la regulación sobre el tercer sector, que apuntan a que la misma sea menos un chaleco de fuerza y más un marco que les brinde seguridad jurídica a los diferentes tipos de organizaciones de la sociedad civil que reciben recursos públicos o que ejercen funciones públicas”, dice el investigador.

“El trabajo que está realizado Gurza Lavalle, sus alumnos y sus colaboradores, es especialmente valioso, pues, mediante el análisis de redes, permite mapear con mayor rigor y de manera más fina las relaciones entre los movimientos sociales”, dice Marisa von Bülow, docente del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Brasilia (UnB), experta en el estudio de las sociedades civiles latinoamericanas. “El análisis de redes no es necesariamente el mejor método, pero es un muy buen  complemento de métodos tales como las investigaciones cualitativas y de campo, las entrevistas, etc. Permite que se vean cosas que no podrían leerse con tanta claridad por las vías tradicionales. En el caso de las investigaciones de Gurza Lavalle, terminaron mostrando que las sociedades civiles de la región son más diversas y plurales de lo que se pensaba.”

“Los análisis que teníamos eran generalmente lecturas impresionistas o datos sin capacidad de producir inferencias”, dice Gurza Lavalle. El investigador extrajo de la literatura local la evolución de los actores sociales de la región, que identifica dos olas distintas de innovación en la movilización social. Tomando como plano de comparación las organizaciones tradicionales, tales como las entidades asistenciales o las asociaciones barriales, la nueva ola de actores surgida en los años 1960, 1970 y a mitad de los 1980, y la novísima ola de actores que cobró fuerza en los años 1990.

Ilustración Nara IsodaLa primera estuvo caracterizada por la creación de organizaciones en razón de demandas sociales de amplios segmentos de la población durante la vigencia del régimen militar. Ése es el caso de las pastorales incentivadas por la Iglesia Católica y los movimientos vinculados a la vivienda y la salud, y contra la carestía. Las organizaciones de la segunda ola suelen quedar agrupadas bajo la denominación de ONGs, que a su vez dieron origen a las entidades articuladoras, aquéllas que trabajan para otras organizaciones y no para individuos, segmentos de la población o movimientos localizados, como por ejemplo, la Asociación Brasileña de Organizaciones no Gubernamentales (Abong), o la Red Brasileña Agroforestal (Rebraf).

El análisis de redes, según Gurza Lavalle, permitió evaluar la influencia de las asociaciones, “tanto en el seno de la sociedad civil como con relación a otros actores sociales y políticos”. Este resultado se obtuvo a través de la aplicación de un conjunto de mediciones de centralidad que computan los vínculos en el interior de la red, no sólo los directos o de vecindad, sino también y sobre todo los indirectos, o entre una organización y los vínculos de otra organización con la cual la primera interactúa y a los cuales no tienen acceso directo. “Cuando nos relacionamos, estamos vinculados de manera indirecta con los vínculos de los otros”, dice el investigador.

El análisis de redes, según el politólogo, experimentó un desarrollo acelerado durante las últimas dos décadas, y es aplicable a diversas áreas del conocimiento. “Gracias a los avances del análisis de redes, es posible detectar patrones de propagación de enfermedades, por ejemplo, ya que el mismo permite detectar estructuras indirectas que no se encuentran a disposición de los individuos, sino que actúan en un cuadro mayor. Es un camino para superar las caracterizaciones excesivamente abstractas y estilizadas de los actores comunes en las ciencias sociales, pero sin dejar de lado la generalización de resultados”. Según Gurza Lavalle, una de las principales ventajas de este método consiste en que complementa y a su vez va más allá de los estudios de caso, controla las declaraciones de las propias organizaciones estudiadas (autodescripción) e investiga las posiciones objetivas de los actores dentro de las redes, como así también las estructuras de vínculos que condensan y condicionan las lógicas de su actuación.

Se conoce como bola de nieve al método de muestreo utilizado para averiguar la estructura de vínculos entre las organizaciones. Cada entidad fue convocada a citar a otras cinco organizaciones importantes en la marcha del trabajo de la entidad entrevistada. En la ciudad de São Paulo se escuchó a representantes de 202 asociaciones civiles, que generaron un total de 827 actores distintos, 1.368 vínculos y 549.081 relaciones potenciales. Esta red permitió detectar claramente la vitalidad de los movimientos sociales, similar a la de las ONGs. Asimismo, el estudio detectó cuatro tendencias de la ecología organizacional de la sociedad civil en São Paulo y, en menor grado, en Ciudad de México: la ampliación, la modernización, la diversificación y, en algunos casos, la especialización funcional (la capacidad de desarrollar funciones complementarias con otras organizaciones).

Lo que el investigador utiliza como aproximación a los “movimientos sociales” son organizaciones populares, “entidades cuya estrategia de actuación distintiva es la movilización popular”, tales como el Movimiento por la Vivienda del Centro, la Unificación de Luchas de Conventillos y, en una escala mucho mayor, el Movimiento de los Sin Tierra. Éstas, en la red, se ubican en pie de igualdad con las ONGs y las articuladoras. En una posición de “centralidad intermedia” se encuentran las pastorales, los foros y las asociaciones asistenciales. Por último, en condición periférica, se ubican las organizaciones de corte tradicional, tales como las asociaciones de barrio y las comunitarias.

“Las organizaciones civiles pasaron a desempeñar nuevas funciones de intermediación, ora en instituciones participativas, en carácter de representantes de determinados grupos, ora gestionando una parte de la política, o como receptoras de recursos públicos para la ejecución de proyectos”, dice Gurza Lavalle. “Las redes de organizaciones civiles examinadas son producto de bolas de nieve que empezaron en áreas populares de la ciudad, y por eso nos informan al respeto de la capacidad de intermediación de las organizaciones civiles con relación a esos grupos sociales.”

Otros estudios confirman las conclusiones del trabajo realizado por Gurza Lavalle, tales como los de Ligia Lüchmann, docente del Departamento de Sociología y Ciencia Política de la Universidad Federal de Santa Catarina, quien ha venido estudiando a las organizaciones civiles de Florianópolis. “Yo confirmaría la idea de que la sociedad civil es en la actualidad funcionalmente más diversificada que como solía ser, con actores tradicionales que coexisten con los nuevos”, dice. Lüchmann cita, en la capital de Santa Catarina, la actuación de articuladoras tales como la Unión Florianopolitana de Entidades Comunitarias y el Foro de Políticas Públicas.

En el escenario latinoamericano, Gurza Lavalle y Marisa von Büllow ven a Brasil como un caso excepcional de articulación de las organizaciones sociales, pues éstas logran tener acceso al poder público, cosa que no sucede en México. Gurza Lavalle cita como ejemplos los casos del Estatuto de la Ciudad, que tuvo su origen en el Foro Nacional de Reforma Urbana, y del activismo feminista en el interior del Movimiento Negro, cuya historia constituye un componente imprescindible de la configuración del campo de la salud para la población negra en el marco de la política nacional de salud, si bien más conocidos los casos del movimiento por la reforma de la salud o el activismo de organizaciones civiles en la definición de las directrices de las políticas para VIH/ Sida.

Proyecto
Centro de Estudios de la Metrópolis – CEM (nº 2013/ 07616-7); Modalidad Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid); Investigadora responsable Martha Teresa da Silva Arretche; Inversión R$ 7.103.665,40 para todo el Cepid (FAPESP).

Artículo científico
GURZA LAVALLE, A. y BUENO, N. S. Waves of change within civil society in Latin America: Mexico City and Sao Paulo. Politics & Society. v. 39, p. 415-50, 2011.

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