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ECOLOGÍA

Aguas muertas

Seis meses después del desborde de lodo con desechos de minería, el río Doce sigue sin vida y las medidas de restauración continúan indefinidas

Una de las orillas del río Gualaxo do Norte: la franja marrón indica el límite al que llegó el lodo con desechos de minería

Eduardo Cesar Una de las orillas del río Gualaxo do Norte: la franja marrón indica el límite al que llegó el lodo con desechos de mineríaEduardo Cesar

Los investigadores del Grupo Independiente para el Análisis del Impacto Ambiental (Giaia) hicieron algo infrecuente en las expediciones científicas en el transcurso de los nueve días que duró el viaje a la zona afectada por el lodo con residuos de minería que desbordó de la represa de Samarco en noviembre de 2015. De los sitios de recolección ‒desde Mariana, en el estado de Minas Gerais, hasta la desembocadura del río Doce, en el estado de Espírito Santo‒, extrajeron más muestras de agua y sedimentos que los que ellos mismos contemplaban que iban a utilizar. También recogían material para equipos del Instituto de Pesca de São Paulo y de las universidades Federal de São Carlos (UFSCar), Estadual Paulista (Unesp), de São Paulo (USP) y de Brasilia (UnB) a los que les interesaba participar en los análisis.

Otra particularidad del grupo: “Queremos liberar los datos lo más rápidamente posible, por medio del sitio web y de la página del grupo en Facebook”, dijo André Santos, docente de la UFSCar en Sorocaba. Durante la mañana del 31 de marzo de 2016, en la segunda jornada de la expedición, mientras charlaba con el grupo, él ayudaba a ordenar, en cajas de poliestireno expandido, los frascos con las muestras de agua y sedimentos recogidos frente a una cascada del río Gualaxo do Norte, el primero en ser afectado por el lodo que desbordó de la represa. “Aquellos que nos siguen por Facebook se benefician con los resultados de los análisis y de las expediciones”, añadió la bióloga Flávia Bottino, también de la UFSCar.

Este modo de funcionamiento es una consecuencia de la historia del grupo. En el mes de noviembre, inmediatamente después del desborde de la represa, Dante Pavan, biólogo graduado en la USP y consultor de empresas, comentó en su página de Facebook que la situación era “demasiado grave como para quedarnos simplemente compartiendo noticias”. Pavan relató que estaba dirigiéndose hacia el sitio por cuenta propia, para registrar los impactos ambientales y preguntó quién más estaba dispuesto a participar. Rápidamente se formó un grupo inicial, del que formaron parte él mismo, Viviane Schuch, bióloga de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), Bottino y Alexandre Martensen, otro biólogo graduado en la USP.

Para pagar los gastos del viaje de recolección de material para su análisis, un amigo de Pavan, el arquitecto Dino Zammataro, ideó una campaña de financiación colectiva, que recaudó alrededor de 90 mil reales, casi el doble de lo esperado, por medio de donaciones de 1.473 particulares y empresas. Los gastos del viaje y la adquisición de materiales para los análisis también se detallaron con rapidez en el sitio web del grupo. Pavan reconoce una limitación, dado que el trabajo, al ser voluntario, depende de la dedicación y del tiempo libre de cada participante.

059_riodoce_243Seis meses después del accidente, una de las orillas junto a la cascada del río Gualaxo do Norte ha cambiado poco: al borde de un bosque, se ven árboles caídos o inclinados, un vestigio de la fuerza del torrente de lodo. En el lodo seco mezclado con tierra de la otra orilla, brotaban césped y frijoles, plantados por la minera para evitar que los desechos retornen al río y para recomponer el suelo. Era el comienzo del trabajo de recuperación ambiental de la cuenca del río Doce, que la ministra de Medio Ambiente, Izabella Teixeira, calculó, al principio del mes de abril, que tardaría 15 años.

La siembra de gramíneas y leguminosas forma “parte de un plan de emergencia que se está llevando a cabo con la ayuda de organismos públicos”, informó el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama) por correo electrónico. “Una recomposición definitiva depende de diagnósticos más certeros que todavía no han sido elaborados, tales como el espesor de los sedimentos en cada tramo de los ríos afectados”, se añadió en el comunicado.

“No podemos aguardar a que los bosques cercanos a los ríos se restablezcan naturalmente”, comentó Soraya Botelho, docente de restauración forestal de la Universidad Federal de Lavras (Ufla), en Minas Gerais. Botelho advirtió sobre el riesgo de que las gramíneas proliferen demasiado a punto tal de perjudicar el desarrollo de otras plantas aptas para recomponer el bosque perdido a orillas de los ríos. Y opina que sería importante identificar a las especies vegetales capaces de crecer en ese tipo de suelo, muy diferente al natural.

El investigador Sergius Gandolfi, del laboratorio de restauración forestal de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) de la USP, propone dos medidas adicionales. La primera consiste en el aislamiento de los tramos contaminados de los ríos y la remoción de los residuos del lecho, que podrían depositarse en zonas cercanas y cubrírselos con vegetación nativa. La segunda consiste en la apertura de canales paralelos al río principal para la captación y distribución de agua de los ríos no degradados, que también podrían servir para la irrigación rural.

Un río sin vida: la cascada del río Gualaxo. Al lado, Bottino examina el agua y Vicente recoge sedimentos

EDUARDO CESAR Un río sin vida: la cascada del río GualaxoEDUARDO CESAR

Expertos del Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT) proponen controlar la erosión en las costas de los ríos, mediante la construcción de plataformas, barreras y zanjas para evitar que los desechos vuelvan a los ríos. “Las medidas de control podrían preceder a una protección definitiva, que podría ser el plantío de gramíneas”, dijo Omar Yazbek Bitar, geólogo del instituto. “Necesitamos pensar en soluciones específicas para cada fragmento”. Un equipo del IPT también le propuso al Ministerio Público de Minas Gerais la instalación de barreras flotantes, como las denominadas mantas geotextiles, para retener los sedimentos en suspensión antes de que el agua sea captada y enviada a las estaciones potabilizadoras de las ciudades.

Las fundaciones de Apoyo a la Investigación Científica de Minas Gerais (Fapemig) y de Espírito Santo (Fapes) emitieron un llamado a la presentación de propuestas por un monto de 6,6 millones de reales para propuestas de aplicación a corto plazo tendientes a impulsar la recuperación del suelo, el agua y la biodiversidad, así como identificar y reducir los impactos económicos y sociales en las poblaciones de la cuenca del río Doce. Las propuestas seleccionadas se anunciarán en breve.

Una vez elegidas las mejores técnicas de recomposición ambiental, la etapa siguiente consistirá en definir quién mantendrá lo que se implemente. La empresa Samarco, objeto de una demanda civil pública que le exige 20 mil millones de reales por los daños ambientales y sociales provocados en la región, amenazó con irse del estado de Minas Gerais, algo que no desean los municipios de la zona de Mariana, que se ven afectados por la caída de la recaudación derivada de la paralización de las actividades de la empresa desde noviembre. A pesar del desastre, la minera cuenta con un discreto apoyo. Un restaurante del centro comercial de Mariana expone un pequeño cartel al lado de una de sus mesas: “#Samarco se queda# Puesto de recolección de firmas”.

Agua ácida
El derramamiento de 32 millones de metros cúbicos de lodo con residuos de la minera agravó la situación de los ríos que ya estaban degradados por el vertido continuo de desagües y residuos de la minería, además de la pérdida de los bosques que protegían sus costas. “La cuenca del río Doce hoy en día es la que sufre mayores impactos en todo Brasil”, comentó Pavan, con base en los trabajos de campo y de laboratorio del Gaia.

En la mañana del 31 de marzo, vestido con botas y overol de goma, con el agua amarillenta hasta las rodillas, Márcio Vicente, docente de biología en cursillos preuniversitarios, recolectó sedimentos del lecho del río, mientras Bottino, también con botas, instalaba una sonda multiparamétrica con forma de botella de champagne. De la sonda salía un largo cable hasta el monitor, que Vinicius Rodrigues, parado en un tramo firme de la barranca del río, sostenía mientras visualizaba las características fisicoquímicas del agua. Rodrigues, graduado en monitoreo ambiental, notó que el agua de aquel punto, inmediatamente debajo de la cascada, con un pH de 5,5, era más ácida que la del primer punto de la muestra, cercano a un puente de madera del río Gualaxo do Norte, no contaminado por los desechos.

“Al ser ácida y hallarse contaminada por metales, esta agua podría causar dermatitis por contacto”, dijo Natália Guimarães, graduada en farmacia, para quien era su primera experiencia en campo con el objetivo de recoger muestras para su supervisora de maestría, Vivian Santos, docente de la Universidad de Brasilia (UnB) quien realizó los primeros análisis de las concentraciones de metales. El análisis de las muestras de la primera expedición indicó niveles altos de hierro, aluminio, manganeso, zinc y arsénico, lo cual contribuía a hacer de ese agua algo a evitar, tal como Guimarães ya había comprobado. Un compañero de ella se tocó con el guante mojado el brazo y su piel clara se enrojeció e irritó en segundos.

Bottino examina el agua y Vicente recoge sedimentos

EDUARDO CESAR Bottino examina el agua y Vicente recoge sedimentosEDUARDO CESAR

La turbiedad todavía era alta: inmediatamente debajo de la cascada, fluctuaba entre 490 y 500 unidades nefelométricas de turbidez (UNT), bastante por debajo de los 15 mil registrados en noviembre, pero superiores a las 25 UNT del agua transparente del primer punto de recolección.

El exceso de partículas sólidas en el agua impide el paso de la luz, algo esencial para que las plantas acuáticas micro y macroscópicas realicen la fotosíntesis y sobrevivan. Y sin plantas, no hay animales. “Por ahora, en los tramos de los ríos más cercanos a la represa, que fueron contaminados por los desechos, no estamos detectando ningún tipo de ser vivo”, dijo Luciana Menezes, investigadora del Instituto de Pesca, quien examinaba los microorganismos del lecho del río.

El pueblo de Bento Rodrigues, el primero en ser afectado por el aluvión de lodo, revelaba que no fue solamente el río lo que murió. Había pocas paredes en pie de las casas sin techo de una comunidad donde residían alrededor de 300 personas. El antiguo campo de fútbol del pueblo estaba tapado por una represa de desechos contenidos por un dique de piedra, recientemente construido por la minera. Los técnicos del Ibama y del Ministerio Público de Minas Gerais argüían que tales diques resultan ineficaces para contener el exceso de sedimentos y podrían desmoronarse con lluvias fuertes.

A lo largo del curso del río Doce, como las represas de los municipios de Rio Doce, Governador Valadares y Aimorés, en Minas Gerais, y Baixo Guandu, en Espírito Santo, retenían los sedimentos, poco a poco, el agua se tornaba más limpia. Los investigadores notaron la reaparición del fitoplancton y zooplancton, y oyeron relatos de pescadores refiriendo que ahí había peces nuevamente, aunque todavía escasos. “En las cercanías de la desembocadura, los residuos llegaron a la planicie y a las plantaciones de cacao, diseminándose mejor que en las áreas montañosas del interior de Minas Gerais”, dijo Pavan. “Tan sólo llegaron al mar los sedimentos anaranjados, diminutos, que penetran profundamente en la arena de los ríos y de las costas marinas”.

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